Para algunos gobernantes la naturaleza humana puede modificarse. Puede amoldarse la naturaleza humana a las ideas del régimen que el gobernante quiere establecer. Él creará a la nueva persona que su gobierno necesita.

Comencemos por ver algo sobre nosotros mismos, antes de ver la posibilidad de si la naturaleza humana puede modificarse. Especialmente nuestra naturaleza social.

Naturaleza humana social

Hagamos un ejercicio razonable que quizá persuada a algunos. Tratemos de examinar nuestra naturaleza. Afortunadamente, un filósofo actual ha escrito algo que nos facilita eso.

«Los seres humanos vivimos naturalmente en comunidades, unidos por la confianza mutua. Necesitamos un hogar compartido, un lugar seguro en el que nuestro reclamo de ocupación sea indiscutible y donde podamos llamar a otros para que nos ayuden en tiempos de amenaza». Scruton, Roger. Conservatism: An Invitation to the Great Tradition. St. Martin’s Press. Mi traducción.

Es una elaboración sobre la idea muy vieja de que somos seres sociales por naturaleza, el zoon politikon de Aristóteles: creamos y vivimos en sociedades, desarrollamos sociedades. Tenemos que vivir en sociedades.

Somos sociales y eso tiene efectos

Nuestra naturaleza social tiene consecuencias. Vivir en sociedad, tener relaciones unos con otros, revela requisitos. Vuelvo a R. Scruton (un autor muy recomendable)

«Necesitamos la paz con nuestros vecinos y los procedimientos para asegurarla. Y necesitamos el amor y la protección que brinda la vida familiar. Revisar la condición humana en cualquiera de esos aspectos es violar imperativos arraigados en la biología y en las necesidades de la reproducción social». Scruton, Roger. Conservatism: An Invitation to the Great Tradition. St. Martin’s Press. Mi traducción. 

En otras palabras nuestra naturaleza social tiene ciertas necesidades, como las buenas relaciones entre todos, incluso el amor y sus consecuencias, como la caridad. Pero eso no es todo. 

Hay allí una advertencia: cuando se pretende cambiar esa naturaleza se produce una violación de «imperativos arraigados en la biología y en las necesidades de la reproducción social».

Coloco esa idea en un plano que simplifica el entendimiento, al menos el mío. 

¿Puede el gobernante modificar a la naturaleza humana?

Veamos en ese plano dos posibles conductas de un gobernante. Sus ideas, propuestas, políticas y decisiones, se mueven sin duda alrededor de una idea acerca de la naturaleza humana.

El gobernante puede tomarla como una constante que no puede modificar. O bien, puede pensar que la naturaleza humana puede modificarse a su voluntad.

1. Naturaleza humana como una constante. 

Con esta posición, el gobernante presupone cosas como las expresadas en esas dos citas. Existe una naturaleza humana que es una constante universal, y que incluye cosas como vivir en sociedad, necesitar paz en las relaciones mutuas. Además de requerir amor, lo que crea instituciones como la familia y organismos voluntarios de ayuda. Más deseos de mejorar la posición propia, capacidad para pensar, necesidad de libertad…

En fin todas esas cosas que definen quiénes somos realmente. Es una constante real que impone al gobernante limitaciones.

Debe él actuar bajo la restricción que le impone la naturaleza humana. Su papel es conocerla, saberla, examinarla y encontrarla para tener un buen desempeño como gobernante. Sabe que la naturaleza humana no puede modificarse.

2. Naturaleza humana como una variable 

Bajo esta suposición, el gobernante no tiene ya limitaciones a sus ideas, propuestas y acciones. Pensará que cualquiera que ellas sean, los humanos nos adaptaremos, como barro en sus manos.

Es eso que le permite simplificaciones, como la de C. Marx de que en el futuro el hombre socialista podrá «ser cazador en las mañanas, pescador al mediodía y agricultor por la tarde».

Una clara hipótesis de que la naturaleza humana no sea una constante que limita posibilidades de gobierno.

Concluyendo

Es la diferencia entre un gobernante con los pies en la tierra y un gobernante envuelto en ensoñaciones. 

El gobernante que reconoce una naturaleza humana es una constante que lo limita, acepta un margen de acción demarcado que pone una frontera a sus posibilidades. Y, sin perder ideales, actúa aceptando un espacio demarcado de acción.

Por otra parte, el gobernante que cree que la naturaleza humana es una variable que puede manejar a su antojo, desconoce límites. Construye ensoñaciones imposibles que intentará implantar con el arma que tiene en la mano, la coerción estatal. De aquí nace el totalitarismo.

En fin, las diferencias entre muchos políticos, si se va a su fondo, es su idea acerca de la naturaleza humana y si él cree que es una constante que le pone límites o una variable que le permitirá implantar su propia utopía.

Y una cosa más…

Hay gobernantes que piensan que la naturaleza humana puede modificarse para acomodarla a sus modelos de gobierno. Están equivocados. La naturaleza humana es una constante que limita al poder. Y tiene la cualidad de producir efectos no intencionales cuando se intenta modificarla.

Hay una buena cantidad de columna sobre el tema general en ContraPeso.info: naturaleza humana.