Liberalismo y aborto. Los argumentos liberales en contra del aborto. La discusión del momento de ser persona. Y el asunto de la violación y el aborto.

Quienes somos liberales —defensores de la libertad humana— solemos ser acusados por los conservadores y religiosos. Nos acusan de ser partidarios del aborto.

En verdad no lo somos. Incluso podemos ser fuertes oponentes al aborto. El siguiente es un intento analítico de examinar la relación entre liberalismo y aborto y establecer que el liberal debe rechazarlo. Aunque, sin embargo, reconozco que algunos liberales lo apoyan.

La tesis que sostengo a continuación usa principios liberales que sirven para establecer que el aborto es una práctica en contra de las creencias liberales. Primero defino términos y después señalo esos principios.

Mentalidad liberal: establecimiento de posición

El liberalismo defiende la libertad humana y sus manifestaciones en terrenos políticos, económicos y culturales. Por eso, resulta obvia su oposición a posiciones como el socialismo, el totalitarismo, el intervencionismo, el estado de bienestar que limitan a la libertad de la persona.

El liberalismo cree que las personas tienen capacidad y razón suficiente como para llegar a acuerdos de mutuo beneficio en los que las partes aceptan responsabilidad de sus acciones. No acepta violencia, ni fuerza en esos acuerdos de colaboración.

Aborto: una definición

Es la terminación del embarazo, dentro del vientre de una mujer, y que produce la muerte de la persona que se encuentra en su interior —la que puede recibir diversos nombres en esa etapa de su vida.

En la realización de un aborto participan varias personas: quienes realizan el aborto, quien está embarazada y quien está dentro del vientre.

6 principios liberales contra el aborto

Los siguientes seis puntos son creencias o principios básicos del liberalismo en relación al aborto. Los que en este caso se usan para demostrar la oposición que existe entre quienes defendemos a la libertad humana y quienes apoyan la realización de abortos.

Algunas de las condiciones fueron ya señaladas en «The Free Market Case Against Abortion». Este texto me fue básico en la escritura de ésta columna.

1. Acuerdos voluntarios entre los participantes

Es un principio liberal que los acuerdos mutuos deben contar con aprobación de todos los que participan. Esto es el consenso de las partes al realizar una acción cualquiera conjunta.

Si se trata de la compra-venta de un bien, el comprador y el vendedor deben acordar esa acción con mutuo consentimiento sin que ninguno de ellos se imponga al otro.

Un aborto no puede ser voluntario porque carece de la aprobación de una de las partes que en él participan, la persona que se encuentra dentro del vientre materno. Por definición el aborto es un acto contrario al liberalismo porque no cuenta con el consentimiento de una de las partes que intervienen.

2. Acuerdo de no violencia entre las partes

Otro principio liberal señala que no puede haber violencia entre las partes que llegan a un acuerdo.

En una acción libre y voluntaria no cabe la violencia, ni el uso de la fuerza en las partes que intervienen. Las partes que realizan una acción libre lo hacen voluntariamente, sin que entre ellas exista daño.

Un aborto es por naturaleza violento en extremo, ya que significa la muerte de una de sus partes. Es innegable que una de las partes, después de la acción del aborto, será lastimada de modo irreversible.

Una situación que solo puede ser implantada por medio del uso de la fuerza. Por definición, el aborto es una acción violenta en contra de una de las partes y, por ello, es contrario a los principios liberales.

3. Acuerdo de beneficio mutuo entre las partes

Por necesidad, los acuerdos voluntarios sin violencia se realizan porque las partes que en ellos participan presuponen que terminaran en una situación mejor posterior al acuerdo.

Un comprador, en un mercado libre, adquiere un bien porque piensa que así su bienestar posterior será mayor. Es el mismo objetivo que tiene quien ofrece un bien en venta: su situación posterior a la venta será mejor que la situación previa. Todos ganan.

El aborto viola este principio, ya que una de sus partes terminará en una posición claramente peor, muerto.

Es imposible aceptar que de manera voluntaria y consciente alguien aceptará realizar una acción en conjunto con otras personas, para terminar en una situación notablemente peor que la original. Es más clara aún ya la oposición entre liberalismo y aborto

4. Acuerdo de suficiencia de las partes

Se admite y reconoce que las partes tienen suficiencia para acordar entre sí, lo que previene la participación de un agente adicional que modifique el acuerdo.

Las personas son capaces de reflexionar sobre las acciones que realizan y atender sus problemas buscando las soluciones que ellas crean mejores. Impedir que ellas realicen esas acciones daña el bienestar de la persona y limita sus libertades.

El aborto viola este principio de libertad porque una de las partes aún no tiene suficiencia para llegar a acuerdos libres por ella misma. De lo que se deduce que en esas condiciones nadie tiene derechos para alterar su vida futura, cuando sí tenga esa suficiencia. Ninguna persona o institución puede alterar irreversiblemente su vida futura.

Una persona, menor de edad, dentro y fuera del vientre materno, sin embargo puede tener representantes legales y tutores que se guían por el bienestar del representado, no pueden causarle daño alguno de manera intencional y directa.

5. Acuerdo de aceptación de responsabilidad

La libertad humana y su ejercicio supone necesariamente que las personas son responsables de las consecuencias de sus actos. La contrapartida de la libertad es la responsabilidad.

En una acción comercial, como la firma de un contrato de trabajo, las personas tienen la libertad de firmarlo, pero también la responsabilidad de realizar las acciones a las que se comprometieron.

La concepción de una persona es consecuencia de la realización de actos libres, realizados por dos personas que implícitamente aceptan la responsabilidad de sus actos (la concepción producto de una violación, obviamente no opera en este caso, que debe tratarse como una excepción de este principio pero de acuerdo con el resto).

La realización del acto sexual, de manera libre y acordada sin uso de fuerza, no puede estar exenta de la responsabilidad de aceptar las consecuencias que tiene en ambas personas.

El aborto es un medio que retira artificialmente una de esas consecuencias y, por eso, socava a la libertad. Otra manera de mostrar la oposición entre liberalismo y aborto.

6. Acuerdo sobre el valor intrínseco de la persona

Es un principio liberal sólido y principal aceptar que cada persona tiene en sí misma valor y dignidad igual que el resto. Todas las personas son iguales en su libertad intrínseca y tienen capacidad para realizar acciones voluntarias entre sí.

Todas tienen derecho a la vida en el sentido de que ninguna otra persona puede quitarles su vida.

El aborto viola este principio, al no reconocer que dentro del vientre materno se encuentra una persona, a la que se mata intencionalmente y se violan estos seis principios liberales.

El centro del desacuerdo

El reconocimiento de la oposición entre liberalismo y aborto puede ser concluida de los seis princicipios anteriores.

Una acción que va contra la ética racional y que es contraria al espíritu que las leyes deben tener como herramientas de creación de bienestar.

Pero, obviamente, la discusión no queda solucionada en la práctica con los seis principios liberales. Lo que se debe a una causa: no existe un acuerdo sobre el momento en el que existe una persona. Sobre este punto, se tienen dos creencias distintas:

• Quienes defienden el aborto se justifican sosteniendo que quien está dentro del vientre materno no puede considerarse una persona con derechos hasta pasado cierto tiempo desde su concepción. Un cierto número de semanas, o incluso hasta que nace.

• Los opositores del aborto señalan que desde el momento de la concepción se es una persona completa y con derechos. Estar dentro del vientre materno es una de las diversas etapas de desarrollo por las que todas las personas pasan.

El momento de ser persona

Las dos posiciones, por tanto, difieren en un punto central y que es el origen básico del conflicto. Si pudiese determinarse el momento en el que alguien ya es persona con derechos, la discusión estaría prácticamente resuelta.

Sostengo que la posición más razonable es la de aceptar que la vida da comienzo en el momento de la concepción —lo hago cimentado en dos argumentaciones.

La duda de cuándo

Primero, si se acepta que existen dudas y diversas opiniones que están en desacuerdo sobre el momento del comienzo de la vida de la persona, la posición más razonable es la de aceptar la posición que menos daño causa.

Es obvio que la posición que menos lastima es la que dice que la vida comienza desde la concepción. Si se aceptara que la vida comienza, por ejemplo, a las 12 semanas y eso es erróneo, el resultado inevitable sería el matar a personas.

El anterior es un argumento de precaución, basado en aceptar la duda sobre el momento en el que comienza la vida y actuar en consecuencia: es mejor no abortar porque no se sabe si el cigoto, el feto es ya una persona o no.

Es el argumento que esgrime Tadeusz Pacholczyk al decir que «el embrión humano debe ser tratado como si ya tuviera alma, aun y cuando pudiera no ser así. Debe ser tratado como si ya fuera una persona desde el momento de la concepción, aun y cuando exista la posibilidad teórica de que no sea así».

Desde el primer momento

El segundo argumento se sustenta en otra idea —la de que desde su concepción, en ese mismo instante, el cigoto es una persona que está en una de las etapas de su vida.

Existen etapas de vida, como niñez, vejez y otras. Y una de ellas es la caracterizada por estar dentro del vientre materno. No tiene relevancia ni consecuencia, para ser considerada persona, que ella esté dentro o fuera del vientre materno.

Además, la aseveración de que la vida comienza a las 12 semanas, o en cualquier otro momento exacto, requeriría una prueba científica que no existe. Tendría que probarse que antes de ese tiempo no existe vida en lo absoluto.

Por igual, decir que la vida como persona inicia en el momento del nacimiento, supondría que lo que está dentro del vientre materno no tiene vida anterior. Pueden verse más razonamientos biológicos.

La práctica del aborto sólo podría ser legitimada aceptando que la vida de una persona carece de derechos mientras está dentro del vientre materno y los adquiere en la semana 12, o en el momento de nacer; pero no antes.

Una postura sin fundamento sólido y equiparable a la definición legal de mayoría de edad, que es arbitraria. La ley está para proteger a las personas.

En resumen

He mostrado que los principios del liberalismo se oponen al aborto —seis creencias liberales pueden ser usadas como argumentos en contra de la práctica.

Segundo, definí que el centro de la controversia sobre el aborto se encuentra en la discusión de cuándo se es una persona con derechos. Y en este punto argumenté en pro de dos razones que van en contra del aborto.

Bonus scriptum: ahora sobre el tema del aborto y la violación

Violación y aborto

Por Tadeusz Pacholczyk 

Recuerdo haber escuchado alguna vez sobre un filósofo que visitó a un grupo de estudiantes en una escuela secundaria privada, en el Medio Oeste de Estados Unidos. 

Les dio una plática sobre Ética, y expuso algunos argumentos para hacer ver que el aborto voluntario siempre era antiético e injusto.

La inversión de papeles

Una chica de 14 años levantó su mano y le preguntó si haría una excepción a esa postura en casos de violación.  El filósofo le regresó la pelota invitándola a hacer un «experimento» con la manera de razonar.

Le pidió que considerara el caso hipotético de que su propio papá se hiciera violador: 

«Si tu papá violara a una mujer, y nosotros lo juzgamos por el crimen, ¿crees que estaría bien que dijéramos “bueno, como tu papá es culpable de la violación, te ejecutaremos a ti, su hija de 14 años?”»

La joven y sus compañeros contestaron unánimemente «No».  Él continuó con esa misma lógica preguntándole si esto estaría bien en el supuesto de que en lugar de 14 años ella tuviera dos, y luego si tuviera dos meses.  Los jóvenes contestaron unánimemente  «No».

Violación y aborto

El filósofo replicó «¿Cómo puedo decir entonces que  el aborto por violación está bien?  Permitirlo es matar a un bebé en el vientre materno por un crimen que cometió su padre. “¿Estaría bien?”».

Este razonamiento congruente y desapasionado hizo ver a los alumnos que cuando se debaten temas éticos o bioéticos es necesario analizar las propias conclusiones e ir más allá de lo emocional.

La violación siempre será un crimen grave e inconcebible, una tragedia de proporciones enormes.  Cuando la mujer queda embarazada, a veces se ofrece el aborto como una forma de reparar la violación. 

Pero alentar a un segundo trauma después del ya sufrido es una respuesta equivocada a una situación que debe atenderse con mucha más sensibilidad y compasión.

Puede suceder que en estos casos la emocionalidad y la ira se dirijan hacia el bebé, a pesar de que un hijo concebido en violación es solo un espectador inocente, y víctima de las mismas circunstancias de su madre.

El hijo no merece morir

Este bebé no debería ser tratado como aliado del violador.  El verdadero delincuente y culpable es siempre el violador, nunca el hijo. 

El criminal debe ser aprehendido y castigado con todo el rigor de la ley, y dado que las sentencias para crímenes así pueden ser muy blandas en ciertas regiones o localidades, nuestro sistema legal debe abocarse con empeño para corregirlas.

Las mujeres que han sufrido el ultraje de la violación merecen algo mejor,  no que pongamos encima un segundo trauma al primero. 

Nuestra principal obligación es brindarle amor y apoyo a la mujer que ha sido víctima de este crimen, y cuando existe un hijo concebido, con más razón ellos dos necesitan nuestra protección amorosa.

En ciertas situaciones bioéticas a veces se ofrece una respuesta en apariencia compasiva, pero totalmente antiética en realidad.  Percibir las directrices correctas y pensar con la razón, y no con las emociones,  puede resultar difícil en casos trágicos como la violación.

Es posible que nos veamos tentados a razonar que un hijo concebido por violación solo servirá para recordarle a la madre el evento traumático que sufrió, y que ella «estará mucho mejor» sin ese recordatorio.

Un estudio

Sin embargo, resulta interesante que un estudio publicado en Marzo de 2000 descubrió que esta presuposición no es válida.

David C. Reardon, Julie Makimaa y Amy Sobie analizaron los testimonios reunidos durante nueve años por  Elliot Institute y Fortress International, para obtener una imagen completa de los efectos del aborto en la mujer que ha sufrido el trauma de la violación.

Estos autores escribieron un libro que derrumba el argumento de que el aborto es necesario y útil después de la violación.

«La vasta mayoría de las mujeres participantes (y sus hijos) manifestaron su apreciación de que el aborto NO es una buena solución a los embarazos por violación, y que éste conduce a más trauma físico y emocional para la mujer.  En sentido opuesto, ninguna de las mujeres que llevaron su embarazo a término mostraron arrepentimiento de haber tenido sus hijos o el deseo de haber abortado».

Violación y aborto, la conclusión

Analizándolo, la violación no puede justificar nunca el aborto, aunque en cada uno de los más de 55 países que ya cuentan con el aborto a la orden, el paso inicial fue un cabildeo intenso para conseguir aprobarlo en los llamados «casos difíciles» –especialmente aborto e incesto–.

De todos los abortos,  el 99.96%  se realizan por razones nada relacionadas con la violación, de manera tal que se ha recurrido a la rara excepción para amparar todos los otros casos.

Jugar con la baraja emocional ha sido de gran éxito en la arena pública, lo que hace evidente la urgente necesidad de debatir más razonadamente y sin apasionamiento sobre los verdaderos bienes que están en juego.

En palabras del exabortista Dr. Bernard Nathanson:

«Si no estuviera en riesgo una parte de la humanidad, ninguna mujer debería estar sujeta a la degradación de tener un hijo bajo estas condiciones. Pero ni la vergüenza, ni la degradación, ni el sufrimiento emocional tienen el valor moral de la vida. Sólo la vida es moralmente igual a la vida». 

Respetando la vida del bebé indefenso e inocente no caemos en el grave error de ese razonamiento que trata de hacer ver que una maldad puede justificar otra maldad. 

La verdadera compasión nos invita a sufrir con, acompañar y proteger a las víctimas de la violación brindándoles nuestro amor, protección y apoyo incondicionales, en lugar de hacer corto circuito a la situación ofreciéndoles falsas «soluciones».

Y una cosa más

Tadeusz Pacholczyk, autor de «Violación y aborto» hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard. Tadeusz Pacholczyk es sacerdote de la Diócesis de Fall River, Massachusetts, y se desempeña como Director de Educación en The National Catholic Bioethics Center, en Philadelphia, el que nos otorga el permiso de reproducción. Escribe sobre temas de Bioética, La traducción de sus columnas es de María Elena Rodríguez.