En su sentido original, la libertad estaba asociada íntimamente con la idea de la virtud. 

Era en realidad libre ese que era capaz de dominar sus pasiones y desórdenes. Ese que podía gobernarse a sí mismo y, por tanto, podía aspirar a vivir en una sociedad de personas libres.

Pero en su sentido presente, la libertad ha sido entendida como liberación de la virtud. La libertad, en nuestros días, es deshacernos de la noción del dominio sobre las pasiones personales. Ya no es la libertad de quien puede gobernarse a sí mismo, sino la de quien desprecia al dominio de uno mismo.

Las fuentes de la virtud del hombre libre, en su sentido original, estaban contenidas en la cultura. Eran normas, tradiciones, creencias, expectativas manifestadas en instituciones y asociaciones de la vida social: escuelas, clubes, iglesias, familias, matrimonios. 

De todo eso salía una inspiración personal para la libertad virtuosa y ese dominio sobre las pasiones y los deseos. Esto es importante porque si usted entiende a la libertad como liberación de normas, tradiciones, creencias, expectativas manifestadas en instituciones y asociaciones, llegará necesariamente a un lugar indeseado por quien defienda a la libertad.

Un efecto colateral no intencional de la transformación de la libertad en liberación. Cuando usted se quita de encima la idea de la libertad virtuosa, abre la puerta a que el vacío sea llenado con la intervención estatal. Eso que se llama intervencionismo moral.

«Con la liberación de individuos de estas asociaciones, existe una mayor necesidad de regular el comportamiento a través de la imposición de una ley positiva». Deneen, Patrick J.. Why Liberalism Failed (p. 38). Yale University Press. Mi traducción.

Es como una broma cruel que algunos que defienden a la libertad y lo hacen con toda la intensidad de la que son capaces, cuando se olvidan de la virtud y el dominio de sí mismo, abren la llave a los gobiernos para nombrarse autoridad moral. No es casualidad que en México exista la intención de que el gobierno produzca una Constitución Moral.

Fascinante situación en la que el defensor de la libertad puede ver a personas liberadas pero ignora que ellas están rodeadas de regulaciones estatales que han llenado el vacío moral que la liberación ha producido.

El mismo autor citado antes lo explica como un reemplazo:

«En este mundo, la gratitud hacia el pasado y las obligaciones hacia el futuro son reemplazadas por una búsqueda casi universal de gratificación inmediata: la cultura, en lugar de impartir la sabiduría y la experiencia del pasado para cultivar las virtudes del autocontrol y la civilidad, se vuelve sinónimo de la excitación hedonista, crudeza visceral y la confusión, todos orientados hacia la promoción del consumo, el apetito y el desprendimiento».Ibídem, p. 39.

La libertad, mucho me temo, debe ser entendida como asociada con virtud, esa ambición de dominio sobre uno mismo. Eso que hace entender lo indebido de, por ejemplo, los encuentros sexuales sin compromiso.

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