Más allá de las intenciones buenas

Creación de incentivos correctos —esos que tengan el efecto final positivo. No un asunto en el que las buenas intenciones basten, sino un asunto de medios adecuados a esas intenciones.

Un ejemplo ayudará a comprender ese contraste entre tener buenas intenciones solamente y usar los medios adecuados para alcanzarlas: esos incentivos correctos.

En un buque los marineros guardan sus monedas de oro en cajas individuales de las que solo cada uno tiene llave. Cada marinero conoce el número de monedas que tiene.

Debido a una tormenta se abren todas las cajas y las monedas caen al suelo dentro de una habitación cerrada. ¿Cómo devolver a cada marinero las monedas que tenía antes del accidente? Nadie sabe lo que tienen los otros, pero sí lo suyo.

El lector puede ponerse en el lugar del capitán y diseñar un modo de lograr esa buena intención —la de que cada quien obtenga lo que originalmente era de su propiedad. Para lograrlo considero a dos conductas posibles del capitán.

A. El capitán ingenuo de solamente las buenas intenciones que querrá devolver a cada marinero el número de monedas que cada marinero poseía —y que no considera nada más que esas buenas intenciones.

Lo que sea que haga seguramente fallará. Si decide tomar como buena la palabra de cada marinero se expondrá al riesgo de mentiras —los marineros en esta situación, especialmente los primeros tendrán un incentivo para mentir y que el capitán ha ignorado.

B. El capitán sagaz de los incentivos que querrá que cada marinero recupere lo suyo, pero que es realista y no soñador. Puede él pensar en tener incentivos para que todos los marineros digan la verdad.

Puede hacer algo como esto: ordenar a cada marinero que escriba en un papel el número de monedas de oro que poseía en su caja individual; toma los papeles y hace la suma de esas cantidades; pero antes de que escriban ese número les dice, «Si la suma de los números de esos papeles no coincide con el número de monedas contadas las arrojaré al mar».

El punto que he deseado resaltar es el contraste que existe entre (1) guiarse solamente por los buenos propósitos y las admirables intenciones y (2) guiarse a las buenas intenciones poniendo atención en los medios a usar —los incentivos en el caso que he descrito. 

Y resalto el punto porque demasiadas veces las buenas intenciones sirven de sola justificación a acciones que no darán los resultados esperados. La amenaza de tirar por la borda a las monedas motivará a todos a decir la verdad —y esto es mejor que confiar ciegamente en la palabra de todos.

Si acaso se tiene la intención de reducir la pobreza, las buenas intenciones solamente podrán justificar algún programa de ayuda gubernamental que otorgue una cierta cantidad mensual a personas con bajos ingresos —pero sin considerar a los medios el programa podrá fracasar: esa cantidad se convierte en un incentivo para mantenerse en la pobreza (al dejar de ser pobre, se dejaría de recibir esa ayuda).

Finalmente, si un aumento del salario mínimo persigue combatir la pobreza —esa es una buena intención y solamente eso, que debería considerar si es ese el medio para hacerlo o existen otros medios o incentivos que lo lograran realmente.

Addendum

El libro con el ejemplo de los marineros es el de Steven E. Landsburg, The Armchair Economist: Economics and Everyday Life (New York: Free Press, 1995), 29.

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