medios de comunicación

Noticias falsas o noticias falsificadas. No son iguales y la diferencia importa. Actos que tienen siglos de uso político y que dependen del ingenuo que las crea y redistribuya.

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Definiciones: noticias falsas o noticias falsificadas

No son lo mismo. Tienen una diferencia notable, la de la intención de engañar.

Noticia falsa

Una noticia falsa es esa que no corresponde con la realidad. Por la razón que sea lo que reporta es falso. La responsabilidad de ella radica en el medio.

El medio ha fallado al reportar algo que no es cierto. Su intención no ha sido engañar. Simplemente ha cometido un error.

Tiene la noticia falsa una modalidad. La noticia distorsionada por la inclinación política o ideológica del medio, incluyendo la posibilidad de censura o auto-censura. Y, por supuesto, el amarillismo.

Estas son noticias al menos inexactos. Hay una lista de ejemplos estadounidenses.

Noticias falsificadas

Quiero poner atención en la otra noticia, la falsificada intencionalmente. Es la creada y fabricada con la meta de ser creída por la mayor gente posible a la que se quiere engañar.

La que es emitida consistentemente por su fuente y no es un error aislado, sino una práctica frecuente y voluntaria de diseminación de información falsa.

¿Por qué? Quizá por simple diversión del que la crea cuando ve a su creación convertida en algo popular. Pero también porque la noticia representa un beneficio propio o un daño al enemigo.

Gracias a que en estos tiempos cualquiera puede crear una página web, las noticias falsificadas han crecido notablemente; difundidas además por las redes sociales. Como los rumores falsos de antes, pero ahora en una escala colosal.

La noticia falsificada no es la noticia falsa con humor, eso que se lleva años haciendo The Onion en los EEUU; o El Deforma en México («Televisa prepara novela sobre una pareja que deberá luchar por su amor al ser separada por el muro de Trump»)

Me refiero a la noticia no tanto falsa o inexacta por error, sino la falsificada con plena intención de engañar. «Elecciones en México: 7 de las noticias falsas más sorprendentes que detectó “Verificado 2018”»

Ha sido reportado que un joven en Macedonia ganó 60,000 dólares produciendo eso, mayoritariamente tratando de atraer a partidarios de Trump.

En resumen

Estamos en una situación que demanda al menos una actitud de suspicacia mayor a la acostumbrada. Es cierto, estamos frente a la producción frrecuente de noticias falsificadas.

Noticias falsificadas que son creídas. Un ejemplo famoso fue el del «pizzagate», con consecuencias desafortunadas. Otro fue el del endoso papal a la implantación de chips.

Total, todos enfrentamos ese fenómeno de noticias falsificadas intencionalmente con algún fin reprobable: engañar y mentir para favorecer a una idea, una persona, u otra cosa.

La distinción que he hecho entre noticias falsas y noticias falsificadas es descriptiva y útil. Sin embargo, en el lenguaje acostumbrado seguirán llamándose noticias falsas. Las denominadas fake news.

Noticias falsas, precisiones

Inevitabilidad

Es la resignación porque eso seguirá de una manera u otra. No hay manera de detener a tales noticias. Ellas aparecerán con frecuencia y con apariencia de ser creíbles, incluyendo la distorsión de una noticia real.

Mayor escepticismo necesario

La necesidad de desarrollar un escepticismo mucho mayor en todas las personas, o al menos en las más posibles.

Nunca faltará el crédulo que con una inocencia mayúscula crea todo y lo difunda suponiendo que está ayudando a diseminar una verdad incuestionable.

Todos tenemos uno o más amigos de ese tipo, distribuidores incansables de noticias que son tan sensacionales como falsas.

La «rata de KFC», creo, es un clásico que atrae al amante de lo escandaloso a compartir la revelación, como un servicio social, en las redes sociales.

Preferencias personales

Entrará en funcionamiento el filtro mental de aprobación crédula de todo lo que apoye a las opiniones propias. Y rechazo inmediato de todo lo que las niegue. Esto va mucho más allá de la noticia de que Facebook cerraría cuentas por mala ortografía.

Quienes estén en desacuerdo con alguna noticia, real o falsificada, la descartarán aduciendo que se trata de una noticia falsificada, aunque no lo sea. Es una buena salida para lograr comodidad mental dejando de pensar.

Si alguien, por ejemplo, tiene opiniones malas del presidente de su país, puede pronosticarse que estará más dispuesto a creer noticias falsificadas que refuercen esa opinión previa. Y a rechazar noticias verdaderas que la contradigan.

Si alguien es socialista, estará notablemente inclinado a creer y difundir noticias que favorezcan a sus ideas. Al mismo tiempo, estará muy inclinado a rechazar noticias verdaderas que lo contradigan. Igual que les sucede a liberales, conservadores y progresistas.

El partidario de Trump verá con beneplácito un reporte de mentiras de H. Clinton, pero no difundirá lo mismo sobre Trump (Irlanda está aceptando emigrantes en caso de ser elegido Trump). Vea What is fake news?

Más resignación

Volver a resignarse porque hay cientos de páginas web creadoras de noticias falsificadas. Ello no sería un problema de no ser por la credulidad e iniciativa personales que las lleva a ser difundidas sin pasar por el menor filtro de autenticidad.

Al final de cuentas, la responsabilidad de creer o no está en la audiencia, la que al parecer aún no desarrolla ese escepticismo necesario que debe estar a la par en esta era de la (des)información.



Y unas pocas cosas más…

Debe verse:

Características de los medios de comunicación masiva

Otra idea:



[La columna fue revisada en 2019-07]

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Notas extras sobre noticias falsas y fake news

Por Eduardo García Gaspar –   23 noviembre, 2017

Nuestros tiempos, supongo, padecen el mismo síndrome de todos los anteriores, el suponerse únicos y distintos. Un ejemplo.

Tome usted ese supuesto nuevo asunto, las fake news. Mal traducido como noticias falsas, son en realidad noticias o información falsificadas. Intencionalmente falsificadas.

Una instancia de información falsificada es el material, creado por Rusia y usado con la idea de influir en las elecciones estadounidenses.

«Facebook Inc dijo el lunes que agentes basados en Rusia publicaron unas 80.000 publicaciones en la red social en un periodo de dos años con la intención de influir en la política de Estados Unidos, y que unos 126 millones de habitantes del país habrían leído dicho contenido». es.reuters.com

El material usado en ese caso trae recuerdos de otros tiempos.

Historia de las noticias falsas

Otros tiempos que también tuvieron ese mismo fenómeno, aunque obviamente sin Facebook, ni Twitter. Para esto, debemos ir pocos siglos atrás y conocer algo acerca de los panfletos.

Un panfleto es una publicación breve y económica, presentada sin encuadernación formal.

Se presenta sin cubierta y contiene opiniones, puntos de vista, e información que desea hacerse pública rápidamente. Puede incluso ser de una sola página, o de varias decenas.

Tiene usos múltiples, desde publicidad comercial hasta propaganda política y era un medio de rápida difusión.

Una modalidad particular del panfleto es el libelo, cuyo contenido persigue difamar a personajes públicos usando historias falsas. Sí, fake news de hace siglos.

Las reinas

Poco antes de la Revolución Francesa, muchos libelos acusaban falsamente a María Antonieta de actos vulgares con alto contenido sexual. Un factor que, sin duda, ayudó a que la reina acabara en la guillotina.

El libelo es usualmente vulgar, satírico, burdo, con dosis pornográficas, que persiguen poner en una situación ridícula y débil a algún personaje público. Catalina la Grande, de Rusia, fue material de libelos sexuales groseros y rudos.

Del libelo vulgar, de una o pocas páginas, escrito o ilustrado, puede pasarse al libelo de apariencia seria y válida, que daba la apariencia de periodismo, citando fuentes confidenciales nunca nombradas.

Incluso dando la apariencia de un periódico formal, como la Gazetier Cuirassé, impreso en Londres con «noticias» de Francia.

Sí, fake news del siglo 18, producidas fueran del país al que iban dirigidas. Las hay, al menos, desde el siglo 16 y están disponibles en una colección. Los libelos franceses de tiempos de su revolución suman más de 23,000.

Concluyendo

No, las noticias falsificadas y la creación de rumores falsos no es algo precisamente nuevo.

Aclaro esto por lo que creo que sucede al pensar que estamos en presencia de un fenómeno reciente solo porque se presenta en Facebook, Twitter o medios similares.

No son nuestros tiempos algo excepcional en este sentido. Y, si nos vamos más atrás, encontramos, en el fondo, algo que mucho tiene que ver con nuestra propia naturaleza, la mentira.

Y mentir, mucho me temo, es una constante en la historia humana.

Uso político y el segundo jugador

Tener la intención de engañar a otros afirmando cosas falsas no es novedad. Aunque sí pueda reclamarse alguna originalidad menos antigua en la especialidad de producir noticias falsificadas en el campo político con la intención de alterar a la opinión de la gente.

Eso es algo de utilidad y provecho en regímenes que se sustentan en buena parte en decisiones colectivas, como en las elecciones democráticas, lo que nos lleva a otra cuestión.

Para que una mentira tenga éxito se necesitan dos, el mentiroso y, segundo, alguien que la crea.

La clave está en ese segundo personaje y su credulidad. Los tiempos actuales, al igual que los anteriores, hacen necesaria una cualidad, eso que llamamos razón.

Le podemos llamar sentido común, agudeza, perspicacia, o sagacidad. Es ese sano escepticismo que nos llama a sospechar de lo que es dudoso, de lo demasiado extremo como para ser creído.

Algo nuevo, supongo, es la velocidad con la que se difunden las noticias falsas. Tome usted, por ejemplo, a cualquiera de las «noticias» acerca de Coca-Cola y verá que habrá personas que de inmediato se vuelven repetidoras, reenviando la noticia por WhatsApp o similares.

No creo que muy diferente al que después de ver un libelo, en París, en 1780, lo daba a sus vecinos, el de volverse un repetidor de noticias falsificadas, como la de la rata empanizada de KFC.

En fin, tenemos los mismos problemas de siempre, con otra apariencia, en otros medios, pero no, no, las noticias falsificadas no son precisamente algo nuevo. Un eterno problema de credulidad e ingenuidad.

Dos clásicos

No resisto la oportunidad de mencionar dos de los casos más exitosos de noticias falsificadas. Uno, Los protocolos de los sabios de Sión.

«[…] la publicación antisemita más famosa y ampliamente distribuida de la época contemporánea. Sus mentiras sobre los judíos, que han sido desacreditadas repetidamente, continúan circulando hoy en día, especialmente por Internet. Los individuos y grupos que han utilizado los Protocolos están unidos por un propósito común: diseminar el odio a los judíos». ushmm.org

También, el caso de La leyenda negra, destinada a desprestigiar a España, que junto con el anterior, tienen todavía hoy una influencia considerable.

La credulidad combinada con inocencia y candidez frente a una pieza de información en los medios que coincide con las ideas propias. Una tentación irresistible de todos los tiempos.

Tendencia a la credulidad

Imagine a quien hace siglos tuvo en sus manos un libro como el Amadís de Gaula, con sus fantásticas narraciones caballerescas. Alguien lo expresó con claridad.

«Cuando los lectores del siglo XVI tuvieron en sus manos un libro impreso, le otorgaron absoluta credibilidad y realidad a lo que en él estaba escrito. Si no fuera verdad, ¿cómo podía estar impreso entonces? Y los denominados libros de caballerías, ¿no reproducían y certificaban, acaso, aquellas historias que ya conocían de oídas?» Barletta, Roberto. Breve historia de Francisco Pizarro (Spanish Edition) (Kindle Locations 714-717). Nowtilus.

Y eso podría repetirse dentro de varios siglos: «Cuando los lectores de finales del siglo 20 y principios del 21 vieron en una pantalla noticias en Internet, dieron gran credibilidad a lo que allí vieron. Si había sido puesto en línea, tenía que ser verdad; además confirmaba lo que ellos ya pensaban y creían».

Lo que sucede es muy humano. Tenemos ganas de creer todo eso que concuerda con lo que ya creemos. Una especie de inocencia intencional que hace de lado a los más mínimos filtros racionales y abre la puerta a la aceptación absoluta de las más alocadas piezas de información.

Un fenómeno de inocencia voluntaria, de candidez intencional frente a los medios y sus contenidos. Tiene ella tres componentes claros:

1. Una pieza de información pública, disponible en los medios, los que sean; desde la más seria fuente hasta la más dudosa.

2. Una mentalidad a la que es información pública ofrece un soporte, una demostración de veracidad y certeza.

3. La aceptación incondicional de esa pieza de información, sin ser pensada ni analizada. Es tomada como una confirmación absoluta de las ideas propias y, se concluye, debe ser reenviada a muchos otros.

El mecanismo de esos elementos funciona al revés cuando la pieza de información pública contradice a las opiniones propias: ella se descarta y olvida.

Usted puede ver ese fenómeno en todo su esplendor durante las elecciones políticas y cómo reaccionan los partidarios de cada candidato. Presentan ellos un panorama desolador por la ausencia de eso que debía ser tan humano como la razón.

Esto que he descrito no es nuevo, sucede y sucederá. Reconocerlo es un adelanto que sirve solo para tratar de disminuirlo a un mínimo razonable. Nos sucede a todos y lo mejor que podemos hacer es estar conscientes de ello para evitarlo en todo lo posible.

Un ejemplo de humor aprovechando esa credulidad