Parodia política hoy 

La parodia, la parodia política, tiene en nuestros días una llamativa presentación. El gobernante, que debería ser el sujeto de la parodia hecha por otros, es ahora el autor mismo de su parodia.

Veamos esto algo más de cerca. Comencemos con la definición de ‘parodia’: una imitación burlesca, un remedo con humor. Una copia dirigida a ser jocosa. Las connotaciones de caricatura burlona y de simulación humorística redondean el significado de parodia.

Dirigida a celebridades que están en boca de todos, no es casualidad que la parodia sea muy principalmente dirigida a quienes tienen más visibilidad en una comunidad y entre ellos nadie hay más visible que el gobernante. Quien se piensa es merecedor de gran respeto, es traído al nivel cotidiano común perdiendo lo sagrado que podría tener.

En nuestros tiempos, la parodia política no tiene ya ese rasgo de atrevimiento con tonalidades de lo prohibido. Es común, una realidad diaria de la vida política. Un autor ha comentado al respecto:

«La parodia es tan antigua como el tiempo, pero hay algo en esta risa literaria que parece nuevo: ya nada es tan sagrado. En una sociedad secularizada, el hombre común en ascenso aparece en primer plano con una lengua ácida que desdeñaría y echaría abajo a todas las jerarquías. Desde este punto en adelante, los estados pueden ser evaluados por el equilibrio que alcanzan entre la parodia y el patriotismo». Hill, Charles. Grand Strategies: Literature, Statecraft, and World Order (p. 64). Yale University Press. Kindle Edition. Mi traducción.

Las cosas, mucho me temo, han ido aún más allá de la parodia política usual a la que conocemos como una acción de burla dirigida al gobernante y que tenía ese efecto mental de canalizar descontento. 

La parodia política ortodoxa toma a la celebridad política y la caricaturiza. Es una transformación que toma a lo serio, formal y adusto y lo convierte en algo informal, atrevido y gracioso. A veces bien hecho, como en este video.

O a veces no tanto, como en este caso.

Llego ahora a mi punto, que quizá merezca esta segunda opinión. Ha llegado el punto en el que ese que era el sujeto de la parodia, el gobernante serio y adusto se parodia a sí mismo. Un caso de este tipo.

O tome usted esta frase de Evo Morales y considere que muy bien podía pertenecer a una parodia suya. 

«En Europa casi todos son calvos, y esto es por las cosas que comen, mientras que en los pueblos indígenas no hay calvos porque no comemos otras cosas. Pueden verme a mí, por si acaso. Estoy seguro, casi seguro (espero no equivocarme), de aquí a cincuenta años todo el mundo será calvo».

Quien debía ser el gobernante sujeto posible de una parodia resulta ser el autor de ella en su realidad cotidiana. Este es el fenómeno al que me refiero. ¿Qué hacer cuando algún personaje político dice cosas como estas?

«Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie».

«Deseo que la UNESCO legisle para todos los planetas».

«Cuando nuestro gobierno llegó al poder, la nación estaba al borde del abismo. Desde entonces, hemos dado un gran paso hacia adelante».

O el fantástico «Yo ya fui al futuro y volví y vi que todo sale bien», del mismo autor de la aparición de H. Chávez en forma de «pajarito chiquitico».


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