Hay una cierta conexión entre el crecimiento de los gobiernos y la indolencia de los ciudadanos. Entre la pereza humana y los gobiernos grandes. Una historia la ilustra.

Una fábula de pereza y dioses

Cierto día en cierto lugar, iba un joven conduciendo una carreta. Tiraban de ella dos fuertes bueyes. El camino era peligroso.

En una distracción, el joven, que pensaba en su amada, causó que la carreta y los bueyes cayeran a un barranco.

No era profundo. El joven, que había logrado evitar la caída, estaba desconsolado mirando hacia el barranco. Lamentando el accidente, comenzó a lanzar maldiciones para luego implorar a los dioses y a Hércules mismo solicitó su ayuda. 

Pidió, exigió, reclamó la ayuda de ellos durante buen tiempo al mismo tiempo que gritaba maldiciones y lamentos. Estuvo así buen tiempo, hasta que junto a él apareció el mismo Hércules.

Al verlo, el joven exigió que Hércules usara su fuerza para sacar del barranco a sus bueyes y la carreta. Hércules entonces dijo:

— ¡Baja tú mismo al barranco e intenta sacar a los animales! Puedes hacerlo. El barranco no es profundo y los bueyes podrán subir por sí mismos si son bien arriados. No invoques a los dioses para hacer lo que tú puedes hacer. Los invocarás inútilmente.

La obvia moraleja

Lo delicioso de estas fábulas es que siendo tan ricas en significado en muchos producen una sensación de indiferencia y decepción. Como si en ellas nada hubiera de contenido, una tonta historia y nada más que eso.

Y, sin embargo, la situación descrita es otra manera de reafirmar esa idea de «ayúdate a ti mismo que Dios te ayudará». O las de «a los audaces la fortuna les ayuda», «a quien lucha y suda, la suerte le ayuda». Por no mencionar «a quien madruga Dios le ayuda».

Describe esta fábula ricamente a las personas que, faltas de iniciativa, esperan que sus problemas sean solucionados por otros.

Se dice que al marinero Dios ayuda en las tormentas siempre que al timón esté el mismo marinero. Los perezosos, se nos cuenta, no reciben ayuda divina.

Es mi impresión que el joven de la carreta en el barranco bien ilustra a un tipo de persona de nuestros días. Las que muestran la conexión entre pereza humana y gobiernos grandes.

A ese que ya no busca la ayuda divina sin esforzarse en sus tareas, sino al que busca a otro dios que ha construido y pide de él la solución de su vida. Su nuevo Dios es el gobierno. Ya no se pide ayuda a Hércules, sino al gobierno.

No hablo solo de personas que así viven en espera de favores gubernamentales, grandes y pequeños, sino también de buena cantidad de intelectuales que han cimentado sus ideas en la ilusión de que no hay problema que los gobernantes no puedan resolver. 

Han elevado a nivel de filosofía abstracta la posición del joven que cómodamente se sienta a reclamar ayuda. Pereza humana y gobiernos grandes están relacionados. A más pereza más gobierno.

Y una cosa más…

La historia la tomé de Grimm, Jacob Ludwig Karl. 350 cuentos y fábulas que debes leer antes de morir (Golden Deer Classics) (Spanish Edition). Oregan Publishing. Kindle Edition. E hice mis adaptaciones.