¿Quién es un especulador? La definición, los tipos y clases de especulación. Precisiones de sentido común y consideraciones morales. La realidad es más compleja que la caricatura usual.

¿Quién es un especulador? Su definición

Muchas veces las cosas son al revés. Lo opuesto a lo pensado. Lo contrario a lo que parece tener sentido. Hay cosas que van contra la sabiduría convencional. Contra la opinión simple y superficial.

Un caso clásico y no es, por mucho, el único:

«El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, dijo hoy que el precio de la carne sube por culpa de “un conjunto de especuladores” y advirtió que el Gobierno tomará medidas para que se retrotraigan los aumentos en la mercadería. Además, el funcionario calificó a los economistas opositores a la gestión de Cristina Kirchner como “agentes encubiertos de grupos económicos”». La Nación, 4 febrero 2014.

Parece como si fuera imposible hacer entender la naturaleza de la especulación a demasiados. El «especulador» es uno de los villanos favoritos entre los culpables usuales de todo mal económico.

La definición acostumbrada

Especulador es la persona que especula. Y especular es «Meditar, reflexionar, pensar». También es «Hacer suposiciones sin fundamento».

Pero lo que más interesa es otra acepción:

«Comprar bienes que se cree van a subir de precio para venderlos y obtener una ganancia sin trabajo ni esfuerzo […] Buscar provecho o ganancia fuera del tráfico mercantil». wordreferece.com

En muy pocas palabras, especular es algo muy simple de comprender.

Es la acción de comprar bienes a un precio que se piensa será mayor en el futuro. Así se sencillo. Comprar ahora con la intención de vender tiempo después.

En tono es negativo. El especulador intenta obtener una ganancia «sin trabajo ni esfuerzo». La realidad del especulador es bastante más compleja que eso.

El especulador, su conducta

La persona que especula es una persona que tiene conductas con elementos como los siguientes.

Orientado al futuro

El especulador hace cálculos acerca del futuro y toma acciones hoy que él cree que le serán beneficiosas más tarde.

Si piensa que las tasas de interés subirán más adelante, quizá adquiera una hipoteca hoy a tasa fija. Si cree que el valor del dólar irá hacia abajo, venderá sus dólares.

El especulador, en realidad, sí trabaja. Piensa y reflexiona para tratar de tomar decisiones correctas.

Asume riesgos

Si su cálculo sobre lo que sucederá es correcto, tendrá beneficios. Si es equivocado, tendrá pérdidas. El especulador acepta la responsabilidad y los riesgos de sus decisiones.

Si calcula que las acciones de la empresa A subirán en el futuro, las compra y ellas bajan, la pérdida es suya. Si sus cálculos dicen que abrir un restaurante de comida vegana será negocio, lo hace y sus resultados, buenos o malos, serán su responsabilidad.

El especulador, en realidad, sí hace esfuerzos. Trabaja, calcula y hace inversiones de riesgo.

Por tanto, la idea usual del especulador es inexacta. Eso de «obtener una ganancia sin trabajo ni esfuerzo y buscar provecho o ganancia fuera del tráfico mercantil» no corresponde con la realidad.

Tipos de especulador

La realidad es que toda persona que actúa en el presente motivada por su cálculo en las circunstancias futuras, es un especulador. Y muy pocas personas son las que no se conduzcan de esa manera.

Especulador empresarial

Este tipo de especulador adquiere materiales y recursos que combina en un producto final. Él espera que el total de los costos sea inferior al precio de venta y que su producto sea aceptado por los compradores.

Esta es la especulación que hacen inversionistas, emprendedores, inventores. Es una manera de llamar a la toma de riesgos que son aceptador por creer que así se tendrán beneficios futuros.

Especulador cotidiano

Este especulador es el universal y frecuente. Es todo aquel que actúa creyendo que en el futuro su conducta presente le dará beneficios. Implica toda decisión posible.

Quien hoy contrae matrimonio lo hace porque piensa que el el futuro eso será bueno. Lo mismo le sucede a quien acepta un empleo en la empresa B y renuncia a la companía C. Y quien hoy compra una oferta de whisky al dos por uno porque cree que eso le ahorrará dinero más tarde.

Especulador tradicional

El otro tipo de especulador compra un bien y lo almacena. Espera que suba de precio en algún tiempo, para luego venderlo con una ganancia. Es también un riesgo que presenta la posibilidad de perder.

Este es el tipo de especulación que tiene una muy mala reputación. ¿La merece? Por lo pronto, debe aceptarse que hacer eso implica esfuerzo, trabajo, gasto y riesgo.

Funcionamiento de la especulación tradicional

Comprar a precio bajo

El primer paso es encontrar un bien, el que sea, que se venda a un precio bajo. Lo suficientemente bajo como para hacer suponer que él se elevará en el futuro.

Digamos un producto como carne, maíz, oro, espárragos, trigo, cobre, acciones lo que sea.

Al comprar, el especulador demanda el bien y ejerce presión hacia arriba en los precios. Es decir, realiza una acción que tiende a elevar el precio del bien.

Tiempo de espera

Viene luego un segundo paso, un tiempo de espera. El especulador aguarda que por la razón que sea, el precio suba. Esto puede suceder o no, en montos variables, que significarán ganancias o pérdidas.

Decisión de venta

Como tercer paso, el especulador toma una decisión de venta. Esto significa un aumento de la oferta y una presión en los precios hacia abajo. Puede perder o puede ganar.

No es complicado de entender. Lo anterior explica cómo funciona la especulación desde el punto de vista del especulador mismo. Las cosas se ponen interesantes cuando las cosas se ven desde el punto de vista del resto.

Estabilización de precios

Cuando los precios están bajos, muy pocos demandan el bien. Aunque tienen la oportunidad de comprarlo a precios bajo, no lo hacen. La cantidad demandada es baja y los precios también.

El especulador remedia el problema del oferente al comprar lo que pocos quieren. Tiene a elevar los precios.

Cuando los precios están altos, hay muchos que demandan el bien. La cantidad demandada sube y el especulador remedia el problema aumentando la oferta y ejerciendo presión en los precios hacia abajo.

El efecto neto de la conducta del especulador es llamativo: estabiliza los precios hasta cierto punto, en la medida en la que compra y vende.

Es un efecto interesante que no se comprende muy bien, uno de estabilización de precios. Y, más aún, tiene un beneficio en ambas partes. Un caso de efectos no intencionales positivos.

En resumen

Cuando pocos demandan el bien, el especulador tradicional beneficia al oferente con su demanda. Cuando muchos lo demandan, él beneficia al demandante con su oferta.

Esto es fascinante porque es lo opuesto de la acusación estándar contra el especulador.

Al especulador se le acusa de propiciar y crear escasez del bien. La realidad es que el especulador compra cuando el producto es abundante y muy pocos lo quieren.

Espera a que cambien las circunstancias, suban los precios y, entonces, vende remediando la escasez.

Todo esto sucede en un mercado libre. Pero si se tiene un mercado intervenido por el gobierno, las cosas pueden cambiar, creando oportunidades de búsqueda de rentas (lo que no es especulación, sino negocio turbio, o capitalismo de amigos).

También, suele confundirse especulación con fraude y engaño que son cosas muy distintas.

Y una cosa más…

Una buena idea sobre el tema:

«Al contrario de la creencia popular, en la mayoría de los casos la especulación desempeña un papel positivo en la economía. Aumenta la liquidez, facilita un ajuste más suave de los precios a las circunstancias cambiantes y permite redistribuir el riesgo». blogeconomia.uahurtado.cl

Bonus scriptum: más sobre al especulación

Entendiendo a la especulación

Por Samuel Gregg — Acton Institute

Introducción

Especulación es una de esas palabras que pone los pelos de punta a muchos cristianos. Evoca visiones de gente que tiene ganancia fácil sin esfuerzo aparente y algunos la asocian con las crisis financieras.

Entonces, ¿qué debe pensar un cristiano sobre la especulación?

El Catecismo de la Iglesia Católica identifica a «la especulación en la que uno se las ingenia para manipular artificialmente el precio de los bienes con el fin de obtener una ventaja en detrimento de los demás» como «moralmente ilícita» (CIC # 2409).

Esta redacción indica que hay formas legítimas de especulación, aunque estas no se especifican.

Especulación, algunas precisiones

Especulador reprobable

La justicia de diferentes opciones calificadas como «especulativas» depende de las características específicas de cada determinada opción.

La especulación que depende, por ejemplo, de falsedades, está mal porque decidir mentir es, en términos cristianos, siempre malo.

Sería igualmente injusto para una empresa financiera el tratar de manipular el mercado de futuros expresando a los demás optimismo o pesimismo excesivo sobre las perspectivas de un producto dado.

Especulador legítimo

Esos ejemplos son muy diferentes del tipo de especulación que lleva a la realización de juicios prudentes acerca de lo que se compra y vende en el mercado de valores a la luz de lo que, sobre la base de conocimientos, experiencia y evidencia, se juzga que es probable que suceda en el futuro.

Necesidad de reflexión

La especulación puede ser abusada o mal utilizada.

Pero sólo porque los bancos dan algo de crédito a las personas equivocadas, eso no quiere decir que debamos eliminar el crédito por completo, ni el mal uso de las técnicas especulativas vuelve necesario un cercenamiento severo de la especulación.

También hay mayor y menor grado de especulación, en función del tamaño de la «apuesta» y qué tanto puede preverse razonablemente el futuro.

Cuando un banco, por ejemplo, concede un préstamo pequeño de dos años a un negocio establecido con un historial de reembolso oportuno de los préstamos, lo hace con un alto grado de certeza de que el préstamo será pagado.

La escala de la especulación —y riesgo— se incrementa en el caso de, por ejemplo, un fondo de cobertura que opte por tomar prestada una gran cantidad de dinero con el fin de especular sobre el valor futuro de una mercancía o moneda en períodos variables de tiempo.

Los forward dealings, como se les llama, buscan capitalizar los movimientos de precios esperados que me permiten vender caro y comprar barato.

Esto puede implicar la compra de productos, acciones, o materias primas en la expectativa de que, mientras tanto, los precios caerán (una transacción bear) o aumento (una transacción bull).

El grado de incertidumbre en torno a todos estos factores significa que el riesgo especulativo es generalmente más alto que un préstamo a un pequeña empresa estándar.

La especulación, una constante

Dado el grado inevitable de especulación involucrada en cualquier decisión económica, es difícil ver cómo la especulación en sí misma podría ser mala en el sentido de que todo acto de adulterio, por ejemplo, es intrínsecamente malo.

También debemos recordar que la especulación consiste en tomar un riesgo, y el riesgo siempre ha sido entendido como legitimación de un justo derecho a los beneficios resultantes.

La especulación, ya sea en divisas o materias primas, no es un ejercicio exento de trabajo. Cuando un fondo de cobertura decide ir «largo» o «corto» en el precio futuro de un bien, rara vez lo hace por mero capricho de alguien.

Estas empresas emplean a un gran número de pronosticadores, agentes e incluso matemáticos modeladores, en un esfuerzo por hacer la más exacta estimación especulativa posible.

Aunque a menudo retratada como una actividad que se traduce en una enorme ganancia sobre la base de poca mano de obra, la especulación implica a menudo muy grandes cantidades de trabajo realizados por grupos de personas altamente conocedoras que pueden perder mucho (incluyendo sus empleos) si cometen errores significativos de juicio.

Especulación sin engaño

Lo importante a destacar aquí es que la capacidad de alguien para obtener un beneficio como un especulador no emana del engaño a nadie —ni de ninguna habilidad mágica de su parte para hacer que el precio de los artículos de primera necesidad, tales como el aumento de los alimentos y la comida, para así ponerlos fuera de la capacidad de los pobres para pagarlos.

En lugar de eso, logra un beneficio porque correctamente estimé que, por ejemplo, la demanda de petróleo sería mayor que el suministro de petróleo en el futuro.

Del mismo modo, la pérdida procedería de mi fracaso para calcular que el suministro de petróleo iba a superar a la demanda en el plazo de un año.

También hay que estar atento a las formas en las que la especulación puede contribuir a una mejor utilización de los recursos económicos.

La especulación —ya sea en monedas, alimentos, productos— puede, por ejemplo, contribuir a la estabilidad relativa de la vida económica, ayudando a calibrar la oferta y la demanda de muchos bienes más allá del corto plazo.

Mucho más podría decirse de la especulación. En condiciones específicas, sin duda puede tener efectos negativos.

Pero antes de que los católicos condenen (o sin reservas alaben) la especulación, es importante que entendamos esta herramienta financiera en toda su complejidad.

Sólo entonces podremos emitir un juicio sobre un acto de especulación en el mercado.

Y otras cosas más…

El autor de esta última columna es Samuel Gregg. Agradecemos a Legatus Magazine y al Acton Institute el permiso de traducción y publicación. Samuel Gregg es research director en el Acton Institute. Su más reciente libro es Tea Party Catholic.

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