Razón y fe. Un asunto de enemistad y oposición, ¿o uno de unión y complemento mutuo? La decisión es central porque es un asunto de supervivencia de la civilización. Es absolutamente mejor optar por no renunciar a ninguna de las dos.

Reason, Faith, and the Struggle for Western Civilization
de Samuel Gregg

Un libro muy recomendado por ContraPeso.info sobre razón, fe y la supervivencia de la civilización occidental.

Reason, Faith, and the Struggle for Western CivilizationReason, Faith, and the Struggle for Western Civilization by Samuel Gregg
My rating: 4 of 5 stars

Realmente un gran libro. Bien escrito, claro, razonado y bien argumentado. Todo en una obra breve que va al grano. Y ese es, sospecho, un asunto de supervivencia de la civilización occidental. Si no sobrevive, las cosas que sucedieron en el siglo XX regresarán (sí, Nazismo y la barbarie de la URSS, Pol-Pot y similares).
Ese asunto es la compatibilidad entre razón y fe. Entre ciencia y religión. Cuando no se acompañan una a la otra, malas cosas pasan. La fe sola, sin razón, lleva a patologías como el terrorismo religioso. La ciencia, sin fe, produce horrores, como el Holocausto. Ese es el drama en el fondo de la tragedia de nuestros días.
Ha sido una opinión mía, durante ya algún tiempo, que eso que describe S. Gregg es real. El espíritu de nuestros tiempos que limita a la razón al campo de la ciencia experimental y que piensa que la fe es nada mejor que superstición, es el mismo error que comete quien piensa que todo lo que existe es la fe en dictados divinos que no admiten examen.
S. Gregg toma como base intelectual de su obra ideas que provienen de Benedicto XVI, las que tratan este tema. A ello adiciona multitud de fuentes y evidencias que presentan a sus ideas como algo razonable y justificado. Y apunta algo que yo desconocía, el «Böckenförde Dilemma»… fascinante.
En fin, una gran lectura. Importante y de consecuencias graves.

View all my reviews

Bonus scriptum: más sobre el tema

Razón y Fe: Complementarias

Eduardo García Gaspar — 22 agosto, 2017

Demasiada simpleza

En estos tiempos de demasiado tweets y poco seso, las cosas se simplifican demasiado permitiendo que las simplezas echen raíces. Una de esas simplezas es la creencia de que razón y fe son opuestas y se niegan una a la otra.

La consecuencia planteada es la natural para esa simpleza: seleccione usted una o la otra. Son mutuamente excluyentes e incompatibles. Al menos eso es lo que se nos dice una y otra vez. Con insistencia tal que llega a ser aceptado como algo evidente en sí mismo.

Razón y fe ¿son realmente excluyentes?

Al menos hay bases para ponerlo en duda y para eso podemos remontarnos unos siglos atrás. Hasta los tiempos de Santo Tomás de Aquino.

Sobre él, escribe R. Tarnas, que el gran impacto que tuvo fue la certeza que poseyó acerca del «ejercicio juicioso de la inteligencia racional y empírica del hombre», una cualidad que los griegos habían desarrollado dándole poder.

Entonces tenemos a un santo católico alabando a la razón y tomando herramientas griegas para aplicarlas al terreno religioso.

¿Oposición a las ideas griegas? Al contrario, y eso es muy revelador. No solo no hay oposición, sino que funcionan juntas, se complementan entre sí.

Más en el fondo, ellas no se oponen, sino que se enriquecen una a la otra. Cierto que se considera que la fe trasciende a la razón, pero no se tiene miedo a que «los trabajos de la razón secular [sean] una amenaza para las verdades de la fe religiosa».

Razón y fe, en realidad van juntas

Hablo del convencimiento de Aquino de que «al final, las dos no pueden estar en conflicto y que su pluralidad serviría por tanto a una unidad más profunda».

Esta mentalidad tuvo sus consecuencias y produjo la herencia que promovía el estudio de la Creación por medio de la razón que caracterizó a Occidente durante siglos y lo sigue haciendo.

No fue sorpresa que se tuviera una buena cantidad de sacerdotes, hermanos, obispos, cardenales, abades y papas que son considerados científicos.

Véase, por ejemplo, una lista de 244 de ellos. Vea, por ejemplo, las contribuciones de los escolásticos tardíos a la economía en una gran obra de A. A. Chafuén.

Un obstáculo al pensamiento

¿Por qué limitar al pensamiento y creer que razón y fe son distintas y opuestas? Me parece obvio que sería más constructivo partir de la idea de que, al menos, no son excluyentes.

Cierto, podrán tener confrontaciones, pero ¿no es acaso mejor ampliar la mente a la posibilidad de que al final coinciden?

Después de todo, para el cristiano Dios es la Verdad y si él nos dio el don de la razón, será difícil aceptar que la razón no sea otro camino que también nos lleve a él.

Esta es una crítica a ambos, que en diferentes posturas concluyen que fe y razón son opuestas. Eso cree el religioso que niega a la razón, como el racional que niega a la fe.

Es el conflicto entre ellos lo que produce esa suposición improductiva de que fe y razón son excluyentes.

Debe añadirse una buena dosis de realidad en el tema, para entender que es inevitable que se presenten ocasiones de conflicto entre ellas.

Sucede cuando la razón descubre algo que se contrapone a lo que la fe ha descubierto. Esto producirá etapas de desencuentros entre ambos bandos, aunque también momentos de coincidencia.

En un mundo imperfecto sucederá eso. Es iluso suponer que se vivirá siempre una perfecta harmonía entre razón y fe. Nuestros tiempos son otra etapa en la que domina la idea del desencuentro entre ellas. Eso es todo, tal vez.

En resumen

A) Suponer la oposición excluyente entre fe y razón impone una limitación artificial de entrada,

¿Acaso no puede hacer la razón contribuciones a la fe y viceversa? Las han hecho y no hay razón por la que eso no pueda continuar.

Prefiero actuar en un escenario que no me imponga esa restricción que obstaculiza a eso mismo que trata de defenderse, sea la razón o la fe.

El religioso que niega a la razón debilita las oportunidades de cimentar su fe. El racionalista que niega a la fe igualmente debilita su razón.

B) Una sin la otra se extravían y estropean. Cuando una de ellas descarta a la otra se descarría, yendo por rutas que no son precisamente buenas.

Caen las dos en el fundamentalismo, acusándose una a la otra de la falta que ellas cometen. En su deseo de independencia, deterioran y corrompen lo bueno que cada una de ellas tiene cuando se acompañan.

C) Por naturaleza, me parece, ambas posturas, fe y razón, tienen una fuerte inclinación a querer independizarse de la otra.

La situación ideal en la que ambas se complementan es un estado de cosas frágil y difícil, que se pierden con pasmosa sencillez.

La obra consultada para esta columna fue The Passion of the Western Mind: Understanding the Ideas That Have Shaped Our World View, de Richard Tarnas, de la que he citado partes.

Y unas cosas más…

¿De verdad hay oposición entre razón y fe?

Por supuesto, aceptar que entre ambas puede haber choques y diferencias, la más utilizada de ellas es el caso de Galileo. Fueron religiosos hombres de ciencia, como Newton. Y que hombres de ciencia llevaron hábitos religioso, como Copérnico.

Eso nos indica que para algunos al menos, no hay tal oposición. Tome usted a Santo Tomás de Aquino y verá un hombre que no le tenía miedo a usar la razón en sus escritos, ni a filósofos paganos.

Hay otros casos de gente que usó la razón sin concluir que la religión es incompatible: Pascal, Descartes, Mendel y otros.

Elegir ambas, no una sola de ellas

En fin, parece como si en realidad la contraposición entre religión y razón no fuera más que una postura exagerada. La religión y la razón son dos formas complementarias de entender y conocer la realidad.

Quienes nos dicen que razón y fe son contrarias y opuestas, y que por lo tanto la fe debe desaparecer, están en una posición extrema y poco confiable.

Una posición que en realidad es la misma de quienes reprueban a la razón y sólo quieren religión. Ellos también creen que la ciencia y la religión son enemigas sin posibilidad de conciliación.

Si uno piensa bien las cosas, con menos agitación y cerrazón, veremos la conveniencia de no quitarnos oportunidades de conocimiento haciendo de lado a cualquiera de las dos, religión o ciencia.

A quienes niegan a la razón y quieren sólo la revelación religiosa, les diría que Dios nos dió ese don de pensar y que por eso no puede ser malo. Dios no nos habría hecho racionales si eso no fuera también uno de las facultades de Dios mismo.

A quienes niegan la fe y confían sólo en la razón, les diría que no desperdicien una fuente adicional que explica nuestro mundo y que no lo hace nada mal. Sería una posición contra la razón misma el poner de lado otra fuente de conocimiento.