Dios y fe

Dios y los problemas de la maldad y del sufrimiento. Una situación difícil de explicar porque, después de todo, si Dios existe y es bondadoso, no hay razón para la existencia del mal.

.

Dios, la maldad y el sufrimiento

Pocos días después de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 en los Estados Unidos, escuché un noticiero americano en el que intervenían varias personas con sus comentarios.

El conductor habló por teléfono con un rabino y con gesto de ansiedad, le hizo una pregunta. «¿Por qué suceden estas cosas? ¿Cómo es que Dios permite acciones malas?»

Esta es la objeción mayor que se opone a la existencia de Dios y que altera nuestra apuesta obligatoria sobre ella. lleva a muchos a concluir que no puede Dios existir dado el mal que existe en el mundo.

La respuesta del Rabino

El rabino oyó la pregunta y sin mucho pensarlo, hizo una mención de la libertad humana. Los humanos somos seres libres que tienen ante sí opciones, unas son terribles, pero aún así podemos optar por ellas.

Los actos terroristas son acciones consecuencia de la libertad humana; algunas personas voluntariamente decidieron realizar acciones terribles. No son la excepción, aunque su extremismo es enorme. Igual hacen en esencia quienes realizan actos malos.

El que roba, el que mata, el que daña. Todos esos son actos decididos gracias a la existencia de la libertad humana. Si eso es así, la siguiente es una pregunta lógica y tremenda. 

La nota de un ateo

Un comentario de un lector a una columna titulada No Creo en Dios, Soy Ateo , argumenta que existen realidades que llevan a afirmar que Dios no existe. Una parte de ese comentario dice textualmente así:

«Bueno aquí va una lista de porque no creo en Dios ni en seres divinos. Si Dios existiera no habrían guerras. Si Dios existiera no habrían asesinatos.. Si Dios existiera no habrían enfermedades.. Si Dios existiera no habrían niños huérfanos. Si Dios existiera no habrían maltratos. Si Dios existiera no habría pobreza. Si Dios existiera el mundo sería justo. Si Dios existiera todos tendríamos las mismas oportunidades. Si Dios existiera no habrían desigualdades. Si Dios existiera no habría racismo, machismo ni movidas de esas. Ahí lo dejo porque si no tendría una lista interminable que no acabaría jamás».

No puede uno sino simpatizar con la idea básica, la de que existe una realidad que se evalúa como indebida. No es lo que debía ser. Es una poderosa demostración de la innata idea humana que distingue entre lo que es y lo que debe ser.

📌 Pero una cosa es aceptar que hay realidades injustas y crueles, y otra muy distinta usar esa realidad para demostrar que Dios no existe.

Dios y el problema de la maldad

Es un problema que fascina. Lo ha hecho por siglos, milenios. Una y otra vez sale a la superficie. Las respuestas que se le dan, varían.

Las hay realmente inteligentes, pero también verdaderamente imbéciles. Existen las complejas e incomprensibles y, por supuesto, las simples y comprensibles.

Es el problema de Dios del dolor, del sufrimiento. de la maldad. Que lo padecemos es una realidad innegable, incluso para Candide, el personaje célebre de Voltaire. Porque padecemos dolor, sea físico o espiritual, conocemos lo opuesto. Llamémosle felicidad.

Sabiendo la existencia de felicidad y dolor, obviamente preferimos la primera e intentamos evitar el segundo. Nada que no se comprenda con sencillez. Pero entonces surge la pregunta. ¿Por qué sufrimos y padecemos dolor? La pregunta se complica indeciblemente con un factor.

Si existe un Dios que nos ama eso plantea un problema serio, ¿por qué permite esa maldad y ese sufrimiento?

No creo que existe una respuesta satisfactoria para todos. Unos concluyen que es una prueba de que no existe Dios, al menos el que dice amarnos. Quizá exista ese al que no le importamos, o quizá no exista.

Un atisbo de respuesta

Quienes mantienen la creencia en Dios, a pesar de permitir el sufrimiento, suelen tener algunas ideas interesantes sobre Dios y el problema del dolor y la maldad.

Una de ellas es la que dice que el dolor es inevitable por causa de la libertad humana. Podemos hacer el bien, pero también el mal y es el mal el que causa dolor. Como el que sufre quien padece un robo, o es golpeado por un ladrón.

No está mal y explica, por ejemplo, el dolor que causa el terrorismo en personas inocentes. Pero no es una respuesta total.

Queda por explicar el sufrimiento causado por actos que nada tienen que ver con la voluntad humana. Por ejemplo, los muertos por una calamidad natural, como un sismo o un tsunami o una pandemia.

Casi podemos dividir en dos las causas del dolor y del mal.

A. Una, las acciones humanas indebidas, como una matanza en una escuela por parte de un trastornado, o los asesinatos de los narcotraficantes. O, también, las guerras por ambición y los actos terroristas. Claramente son actos humanos que producen dolor y su causa última es la posibilidad de optar por el mal.

B. La otra, todos esos sucesos que nada tienen que ver con la voluntad humana, como terremotos e inundaciones. O cosas como pandemias y enfermedades que no son consecuencia directa de la voluntad humana. No son intencionales, como un accidente aéreo. ¿Por qué las sufrimos y, si Dios existe, por qué las permite?

No hay una respuesta fácil, ni aceptable para todos. El Libro de Job, en la Biblia, trata esto de manera genial, pero no es una respuesta clara. Simplemente podemos decir que Dios lo permite, o lo opuesto, que porque existen esos males, Dios no existe.

Ponerse a pensar

Mi punto es que esa decisión es de cada uno, por supuesto, pero que no debe ser tomada a la ligera. Debe pensarse y pensarse muy bien. Tiene consecuencias enormes en nuestra vida. Para mí es una realidad que me inquieta. Se le llama incluso una tensión en nuestras creencias.

Comparto con usted algunas ideas mías al respecto, advirtiendo que no son una respuesta que sea aceptable para todos.

Como católico creyente y practicante, me inquieta, pero no me hace dejar de creer en Dios. Y en las cosas que he leído sobre religión, se intuyen algunas cosas razonables.

Una de ellas es el mero origen de nuestro mundo después del Paraíso. Dios sí creó ese mundo de felicidad total, pero ese mundo sufrió una perturbación que continúa: ya no vivimos en ese mundo perfecto, pero podemos volver a él si queremos.

Lo que debemos hacer es seguir a Cristo, que es el camino religioso (o algo similar en otras religiones). Si no se cree en esto, no hay otro remedio que aceptar esta vida y sus dolores, sin aspirar a nada más.

Y, creyendo en Cristo, sé que Él pasó por sufrimiento y dolor en esta tierra. Es decir, no somos los únicos, también Dios ha pasado por lo mismo. Eso me lleva a no poder considerarme excepción y reclamarle la felicidad total para mí en este mundo.

Voltear el argumento

Otra idea al respecto, la de voltear el argumento y decir: Dios permite el dolor y lo que maravilla es que no permita más sufrimiento en este mundo a seres que están destinados a la gloria feliz de una vida eterna sin dolor alguno.

• Puede imaginarse a un mundo perfecto en su totalidad —en el que no hubiera asesinatos, mi guerras, ni maltratos, ni injusticias, ni nada por el estilo. Para que ese mundo existiera se tendrían solo dos alternativas.

  • Una, un mundo en el que todos las personas en todo momento se comportaran de manera ejemplar y justa.
  • Otra, la de un mundo en el que las personas fueran robots gobernados centralmente por Dios teniendo así una conducta ejemplar en todo momento.

• Con respecto a la segunda, es obvio que Dios no gobierna a los seres humanos como si fueran robots que siguen sus mandatos sin cuestionarlos, una situación que anularía la libertad humana.

Esto permite considerar que Dios ha hecho libres a las personas, las ha dejado con la capacidad de decidir sus acciones, de lo que ahora es posible concluir que ese mundo malvado e injusto es una creación humana, producida por seres que con libertad han decidido cometer injusticias, robar, hacer la guerra y demás.

• Por consiguiente, decir que la existencia de acciones malvadas es una prueba de que Dios no existe, resulta un razonamiento equivocado.

Todo lo que podría concluirse es que Dios ha hecho libres a las personas y que ellas no se comportan como debieran, como Dios lo manda. Son sus decisiones indebidas las que hacen de este mundo uno imperfecto, no las decisiones de Dios.

• La afirmación que sí resulta justificada y lógica es la que sostiene que todos esos hechos indeseables, como los robos y las guerras, tienen una causa que es indirectamente de Dios —si Él no hubiera hecho libres a las personas y las dirigiera como Él desea este mundo sería perfecto.

Pero hizo libres a las personas y esa es la clave que soluciona el problema de la maldad en el mundo.

La siguiente pregunta

Queda, por supuesto, la interrogante de por qué Dios hizo libres a las personas. La respuesta cristiana es directa: las creó a su semejanza y eso significa ser libres, poder pensar, poder sentir. Fue un trato preferencial, una creación especial, una distinción sobre el resto de sus criaturas.

Con la libertad abrió la posibilidad de mayor mérito posible, la de seguir sus mandatos por decisión propia y libre —pudiendo hacer exactamente lo opuesto, ignorarlo y violar sus mandatos. Es la desobediencia de sus mandatos lo que causa la maldad en el mundo y ella es una consecuencia de la libertad.

Queda también otra interrogante, la de por qué ha creado este mundo imperfecto en el que hay desastres y situaciones injustas. La mejor respuesta que conozco a esta pregunta es una muy directa.

Dios sí creó ese mundo perfecto e ideal para el ser humano, lo hizo intencionalmente para que allí vivieran personas libres —se le conoce como Paraíso y fue perdido por un acto libre de desobediencia. Toda la Creación sufrió una perturbación y se cayó en un mundo imperfecto, consecuencia de la primera falta de la libertad dada.

Conclusión

En resumen, no dudo de la indignación que produce y los efectos que crea en las personas el aceptar que se vive en un mundo lleno de situaciones indebidas y malvadas —es algo que muestra el sentido que los humanos tienen de lo que debe ser y que prueba la existencia de lo que se conoce como bueno y moral.

Pero llevar esa indignación hasta el extremo de convertirla en una prueba de que Dios no existe, es un paso atrevido que no tiene solidez. Pero ese enfado si puede usarse para mostrar que las personas son libres y que demasiadas veces cometen actos malvados que son la causa de un mundo imperfecto.

Si todos, en todas partes y momentos, tuvieran un comportamiento acorde con los mandatos de Dios, este mundo sería perfecto. No lo es porque los seres humanos son imperfectos. Siendo libres pueden decidir hacer el bien o el mal. Lo único que prueba la maldad en el mundo es la imperfección humana.

En esa queja de un mundo con sufrimiento y un Dios bondadoso, hay algo alentador y que anima: el reconocimiento de que un mundo en el que las personas siguieran los mandatos establecidos por Dios sería perfecto.

.

Y unas cosas más…

Debe verse:

Las alternativas y sustitutos de Dios

Otras ideas relacionadas:

.

Dios y el problema de la maldad

Porque Dios, se supone, es un ser infinitamente bondadoso, quien ha creado al mundo y a nosotros. Si Dios es tan bueno, no hay explicación para aceptar un mundo en el que hay esa perversidad.

Vivimos en un mundo donde existe la maldad, lo que hace pensar que la Creación es imperfecta, que Dios no es infinitamente poderoso, ni bondadoso. Es el problema de Dios y la existencia de sufrimiento, dolor y maldad.

En pocas palabras, llegamos a la conclusión de que Dios no ha creado un mundo bueno, como se supone que debería ser toda creación suya. 

Uno se puede quedar a este nivel y deducir eso, que Dios no ha creado un mundo perfecto y que por lo tanto, Él no es perfecto. Y para la apuesta obligatoria acerca de su existencia, se concluye que Dios no puede existir.

Pero yendo un poco más a fondo sobre el problema del dolor y Dios, uno se encuentra con cosas que cambian esa impresión.

¿No creó Dios un mundo perfecto? La verdad es que sí lo hizo. 

Basta recordar el Paraíso para confirmarlo. Era el mundo perfecto, pero fue drásticamente cambiado por la existencia de un factor bárbaro, la libertad humana. Tenemos la posibilidad de tomar otros caminos, que no son los de Dios.

Esto lleva a otra consideración, la de la posibilidad de que Dios creara seres que no tuvieran la posibilidad de hacer cosas malas. Sí, es cierto, hay esa posibilidad, pero esos seres sin posibilidad de pecado, no serían humanos, sino robots sin opciones, programados para solo hacer ciertas cosas y no otras.

La libertad

La libertad es parte esencial de la naturaleza humana, un don Divino en realidad, que nos da poder incluso para renunciar a nuestro Creador. La libertad es un valor humano, y no hay ninguno mayor que él.

Y eso nos hace tener responsabilidades, las del uso de esa libertad. ¿Es la libertad la posibilidad de hacer lo que yo quiera? Sí, pues es el poder tomar decisiones de los actos que se deseen, como poner bombas o como donar sangre.

Aunque la verdad, yo no me siento muy a gusto con esa definición, por lo que me gusta colocarla en otros términos, los de la libertad como una oportunidad de hacer eso que se debe hacer.

No lo que quiera hacer, sino lo que debo hacer, que es muy diferente. Es obvio que, por tanto, la libertad debe estar acompañada de un código de conducta que establece el deber hacer.

Sin ese código, la libertad sería insensata. Y Dios no nos falló. Nos dio un código sencillo, los Diez Mandamientos, pero fue un paso más allá, nos dio también algo que es impresionante, la extensión lógica de esos mandamientos, el Sermón de la Montaña.

Ambas piezas están allí, a disposición de todos, por lo que la libertad bien usada no es sino una decisión personal, hacer lo que allí está plasmado.

Una conversación sobre Dios y la maldad

— Se supone que Dios lo puede todo y lo sabe todo y eso quiere decir que conoce a la maldad y tiene el poder para hacerla desaparecer. Pero ya que la maldad existe eso quiere decir que Dios no lo puede, o que no lo sabe todo dijo la persona.
— ¿Podría usted explicar eso con otras palabras? —pregunté.
— Si Dios existiera entonces no existiría el mal, como los muertos en Orlando o enn Francia, porque Dios tendría el poder para detener ese mal, pero como ese mal existe, entonces Dios no existe, o no es todopoderoso.
— Ya entiendo. Incluso podría pensarse en otra posibilidad. Si Dios existe, es todopoderoso y lo sabe todo, y a pesar de eso permite la existencia del mal, podría ser que no le interesara nada nuestro mundo y lo malo que en él sucede.
— ¡Es cierto! También podría ser eso. En fin, creo que la existencia del mal, que es real y demostrable, puede usarse como una prueba de que Dios no existe, o de que no es tan poderoso como se piensa. O no sabe que el mal existe, o no le interesa el mal que nos sucede, como las guerras.
— Bien, ¿hay otra explicación que se le ocurra a usted? —pregunté.
— No, no veo otra explicación. El que la maldad exista es algo que va contra la creencia de que exista un Dios bueno que todo lo puede y todo lo sabe. Creo que es algo que se justifica, el pensar así.
— ¿Es Dios alguien también perfecto en racionalidad, digo, alguien que no se equivoca? —pregunté
— Eso dicen los que creen en él, que todo lo puede, todo lo sabe, que es infinitamente sabio y bueno. ¿Pero cómo puede ser sabio y bueno quien tolera que el mal exista y tengamos esos ataques terroristas y muertes de inocentes?
— Si Dios es infinitamente sabio, o al menos eso suponemos, quizá pueda haber otra explicación que nos aclare esa contradicción que usted señala. ¿No podría ser que Dios siendo la sabiduría misma tenga una razón sólida para tolerar el mal? Es una posibilidad.
— Es cierto, es una posibilidad. Si todo lo sabe, si es infinitamente sabio, eso podría significar que tenga una razón para permitir que el mal exista. Una razón que se nos escapa a quienes no sabemos todo, ni somos tan sabios. Entiendo lo que usted ha dicho —dijo ella.
— En realidad, únicamente he preguntado si existe una razón para que Dios permita el mal y que imagino deba ser una razón de peso. ¿Podría ser que permitiendo el mal se lograra un bien mayor? Algo que si el mal no existiera, no pudiera tenerse.
—No podemos conocer esa razón para tolerar el mal porque no somos tan sabios, pero atrevernos a pensar en ella es algo que siento que es un deber —dijo la persona.
— ¿Qué razón tan poderosa podría ser esta que justificaría tantas cosas tan malas? No se me ocurre nada en este momento. ¿A usted sí?
— Tampoco, pero podríamos pensar en una razón humana, una que tiene que ver con las personas y no con los animales. Los animales no usan chalecos con explosivos. Podría ser que tuviera que ver con la libertad —dijo ella.
— ¿Con la libertad? No suena descabellado. La libertad significa la facultad de poder decidir poner bombas en trenes, o matar bebés en el vientre materno. ¿La libertad es ese bien mayor que hace que Dios permita la existencia del mal?
— Puede ser y no es nada mala idea.
— ¿Cómo sería un mundo en el que no se pudiera escoger hacer el bien o el mal? —pregunté.
— No seríamos libres… seríamos como esclavos de la voluntad de Dios, quien tomaría las decisiones nuestras y nosotros no podríamos negarnos a ello. Bueno, entonces sí es posible que exista Dios y que exista el mal, al mismo tiempo.