Diseño del mejor gobierno desde base cero. Un proyecto imaginario, el de encontrar los principios más sólidos sobre los que pueda construirse el mejor gobierno posible desde nada. Un ejercicio mental de gran utilidad.

Punto de partida

Quiero partir de un supuesto y de allí partir siendo lo más lógico posible — el supuesto de que se encarga a una persona diseñar la esencia del mejor gobierno posible partiendo de cero.

La misión del lector, si quiere aceptarla, es analizar las bases centrales para el diseño del mejor gobierno desde base cero que pueda realizarse en papel. Un mero ejercicio teórico pero que tendrá gran utilidad práctica.

No se solicita crear un gobierno perfecto, ya que ellos es imposible —se trata únicamente del diseño del mejor posible desde una base cero.

Grandes caminos posible de arranque

Esta tarea de diseño contiene dos partes muy claras:

  • La selección de los gobernantes y
  • La definición de las bases y funciones de ese gobierno mejor posible.

Todo gobierno tiene dos elementos constitutivos, el de las personas que lo forman y el de los modos, procesos y formas conforme a las que ellas gobiernan.

Las dos vías se examinan a continuación, recordando la misión asignada: el diseño del mejor gobierno posible desde base cero.

A. Selección de Gobernantes

En cuanto a la selección de los gobernantes se tienen alternativas posibles —entendiendo que el objetivo es un solo, el de buscar la mayor calidad posible de esas personas: sabiduría, conocimiento, honestidad, experiencia y lo que siga.

El mejor gobierno posible debe poner atención en la calidad de los gobernantes. El razonamiento es obvio —ese gobierno debe tratar de lograr colocar en los puestos de mayor poder político a las personas más adecuadas para gobernar.

Lo anterior presenta una decisión con dos opciones.

1. Encontrar a los mejores y eso es todo

Es una de las opciones —la de seleccionar a las personas que más tengan esas cualidades y dejarlas gobernar en libertad, sea una sola o varias. Confiando en ellas, su calidad personal garantizará un buen gobierno por largos períodos.

El diseño del mejor gobierno desde base cero, entonces, ha tenido una solución sencilla: seleccionar a los más capaces y dejarlos en libertad para gobernar. No es una opción infrecuente.

2. Encontrar a los mejores y ponerles limitaciones

Es la otra opción —la de resolver el problema de la eventualidad de uno o más gobernantes «defectuosos», es decir, no tan buenos como supone la primera opción.

Esta es una posición prudente que considera un riesgo real —¿qué hacer en caso de que los gobernantes no resulten ser tan buenos como se deseaba? Hay la posibilidad de que no sean tan sabios, ni tan virtuosos, por no mencionar el peligro de que abusen del poder.

Conclusión

La vía para el diseño del mejor gobierno desde base cero que pone su enfoque en la calidad de los gobernantes ha servido para obtener una conclusión de utilidad —la de tomar en consideración el riesgo de gobernantes malos.

Es decir, gobernantes que abusen del poder, que sean menos sabios de lo deseable y menos virtuosas —un problema considerable que tiene dos facetas para su solución:

  1. La forma en la que puedan ser reemplazados por otros.
  2. La manera en la que se limiten los abusos potenciales de poder.

🔎 Ya que no hay garantía alguna de que esas personas sean realmente todo lo que se espera de ellas, la alternativa es posible de desechar —lo que incluye sistemas políticos dictatoriales, totalitarios, absolutistas y similares.

El diseño del mejor gobierno desde base cero, por tanto, no puede tener una solución razonable en la buena intención de encontrar solamente a los mejores candidatos a gobernar —que es la misma conclusión a la que llega K. Popper: no es quién gobierno lo que importa sino cómo gobierna.

B. Definición de reglas de gobierno

Esta es la otra vía a examinar para el diseño del mejor gobierno posible desde base cero. Se refiere a los procesos, formas, principios que especifican la forma de gobernar —con independencia de quién lo haga.

Entonces, la misión de construir ese mejor gobierno posible debe encontrar algún criterio que indique la esencia de la mejor manera de gobernar —sobre lo que ya se sabe una al menos: no presuponer que los gobernantes son sabios y virtuosos.

Una manera promisoria de iniciar la misión es reconocer la realidad de que es una situación en la que seres humanos gobernarán a otros seres humanos —es decir, de entre personas iguales entre sí unas gobernarán a otras.

Personas gobernarán a personas

Esto lleva a considerar a la naturaleza humana —seres que son libres, racionales e iguales en dignidad se gobernarán entre sí, siendo todas ellas imperfectas.

De lo que puede inferirse que la condición central de todo gobierno es respetar la libertad, racionalidad e igual dignidad de todos —sean gobernantes o gobernados.

Una forma de expresar esta condición esencial del mejor gobierno posible es armonizar la libertad, la racionalidad y la igualdad de las personas —es una labor de protección a las personas mismas y al fruto de su trabajo. No hay mayor responsabilidad gubernamental que esa.

🔎 Esto significa que el mayor riesgo que debe evitarse en el diseño del mejor gobierno posible desde base cero es el abuso del poder —definiéndolo como la anulación de libertad, racionalidad e igualdad humanas.

C. El diseño del gobierno desde base cero

Si lo anterior es cierto, eso significa que el diseño del mejor gobierno que sea realista tener tiene que resolver un problema inherente a todo gobierno —el riesgo constante del abuso de su poder.

Entonces las bases del diseño del mejor gobierno posible desde base cero deben tener esa orientación central —la de crear un gobierno con una estructura tal que las probabilidades se abuso de su poder sean mínimas y puedan ser fácilmente corregidas cuando sucedan los abusos.

Estrategia para evitar abusos de poder

La gran estrategia es la obvia. Si el abuso de poder crece en probabilidad conforme esa poder aumenta, entonces debe tenerse un gobierno con el poder mínimo para realizar sus funciones adecuadamente.

Entonces, la más básica consideración es la de un gobierno con el mínimo poder absoluto posible necesario para realizar su función central —la de aceptar y proteger la libertad, racionalidad e igualdad de los gobernados. Esta es su razón de ser y la razón central por la que todo gobierno debe tener límites.

Conclusión

He propuesto al lector una misión que quizá quiera él aceptar, la del diseño del mejor gobierno posible desde base cero —y a la que he dado un principio doble para su construcción.

La de evitar que su diseño dependa en la poco probable opción de encontrar a quienes se cree serán los mejores gobernantes. Y la de tener un gobierno en el que los abusos de poder sean mínimos y encuentren una corrección sencilla y rápida.

Este ejercicio debe arrojar una buena cantidad de escepticismo sobre las escuelas políticas que se sostienen en la atrevida creencia de crear gobiernos con gran poder y facultades suponiendo que los gobernantes son siempre sabios y virtuosos.

Una nota para el lector

Quien haya aceptado la misión deberá antes que nada responderse a sí mismo cuáles son sus creencias esenciales sobre la naturaleza humana.

Es un elemento no previsto explícitamente en la tarea asignada de construir las bases esenciales del mejor gobierno posible —la existencia de una serie de creencias básicas que son tomadas como evidentes por sí mismas y que son la fuente desde la que todo lo demás emana.

Creencia sobre la naturaleza humana —definida como libre, racional y digna—, sin lo que no podría juzgarse indebido el abuso de poder que comete un tirano que no comparta esa creencia.

El conjunto de esas ideas es lo que permite hacer juicios morales sobre lo bueno y lo malo —las que hacen posible decir que el abuso de poder es malo, que creer que hay personas inferiores es reprobable, y muchas otras cosas más de índole moral y que exaltan a la honestidad, la prudencia, el saber, el castigo de la violencia y el resto.

Sin duda es el descubrimiento de estas creencias es lo más importante en la tarea del diseño del mejor gobierno posible desde base cero —la de concluir que deben existir ideas previas sobre lo bueno y lo malo, lo deseable y lo reprobable. Todo eso que hace posible pensar en la posibilidad de tener un buen gobierno.

Termino con una consideración obvia: una posibilidad de abuso de poder, la más atroz de todas, es la del gobierno que se asigna la determinación de lo que es bueno y es malo —una posibilidad que es el más grande abuso de poder en el que pueda pensarse.

Termino con una frase de Santo Tomás de Aquino:

«Es así que los hombres se esconden de los tiranos como de las bestias crueles y no hay diferencia entre ser atacado por un tirano y ser destrozado por una bestia salvaje».

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Y unas cosas más para los curiosos…

Conviene ver algunas de estas ideas:

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Diseño del mejor gobierno desde base cero: notas adicionales y confirmaciones

Naturaleza humana

Si la misión que se le asignara a un grupo de expertos fuera la del diseño de un gobierno partiendo de cero, una de las primeras cosas que ellos tendrían que hacer sería el determinar rasgos del ser humano —debería tenerse una lista de tales características, como el aceptar o no que es un ser libre.

Sería muy diferente un gobierno para seres libres que uno para seres sumisos.

Igualmente se tendría que determinar si todas las personas son iguales en dignidad esencial o no —de ser desiguales en su valor, un gobierno podría crear legítimamente castas de esclavos.

Lo que intento hacer a continuación es poner la atención en otro de los rasgos de las personas humanas, su imperfección —y lo que ella implica como consecuencias en la misión de diseñar un gobierno congruente con este rasgo de imperfección humana.

La imperfección humana

La primera tarea es definir imperfección en los humanos, algo que todos los días puede constatarse, pero que requiere alguna sistematización.

La imperfección puede verse en dos niveles distintos, el de los errores cometidos, por ejemplo, en el cálculo de una fórmula, en la equivocación de un científico, en el mal pronóstico de un hombre de negocios, en la adopción de una mala política fiscal, una mala ley mercantil —son errores del saber.

El otro nivel se refiere a otro tipo de acción imperfecta, al mal obrar intencionalmente con acciones que son dañinas para la persona misma o para otros.

Son ejemplos de imperfección de este tipo, las acciones de un criminal que roba, secuestra o asesina, las del que bebe en exceso, que conduce sin precaución, ingiere drogas, trabaja con descuido, abuso de su poder.

El primero de los niveles hace referencia a acciones imperfectas que se cometen sin intención —el segundo a acciones que se cometen intencionalmente. Ambas acciones, intencionales o no, producen situaciones indeseables.

No creo necesitar más elaborar sobre esto. Si se reconoce la imperfección humana y se acepta que ningún ser humano está exento de ella, los encargados de diseñar un sistema de gobierno deberán considerar tal naturaleza para decidir alguna posición entre dos opciones extremas de gobierno.

• Un gobierno totalmente dependiente del hallazgo de las mejores personas a las que se daría el poder de gobernar —es decir, del monopolio de la fuerza legítima necesaria para esa tarea.

Deben ser personas excepcionales en los dos sentidos de la imperfección: muy sabios para evitar errores de en las acciones, y también muy virtuosas, para evitar malas acciones intencionales.

• Un gobierno muy escasamente dependiente del hallazgo de esas personas, sino del diseño de mecanismos que eviten hasta donde sea posible las dos manifestaciones de imperfección —un sistema general de controles de poder y de discusión y corrección de acciones.

Perfección imposible

Por definición ninguno de los dos sería un gobierno perfecto, lo que es axiomático —no pueden generar un gobierno perfecto seres que son imperfectos.

La decisión de los diseñadores del mejor gobierno deberá considerar qué tanto depender del hallazgo de personas excepcionales —definidas como las menos probables de cometer errores de razonamiento y de realizar acciones indebidas que dañen.

Si optan por la alternativa de depender altamente de la selección de personas excepcionales, enfrentarían un problema insoluble: la selección del comité de personas que a su vez fueran lo suficientemente sabias y virtuosas como para seleccionar a los gobernantes con esas mismas características —tendría que tenerse, entonces, a un comité que seleccionara a los miembros del comité elector de gobernantes, pero no hay manera de resolver el problema de elegir al primer comité o grupo, sino con otro grupo que a su vez debe ser elegido por otro.

No hay solución al problema de elegir a los más sabios y virtuosos, excepto por auto nombramientos entre un grupo de auto elegidos a esa posición. La opción de un gobierno con alta dependencia del hallazgo de los más sabios y virtuosos contiene, por tanto, al menos un problema insoluble de selección de esas personas.

No habría tampoco manera de evitar las consecuencias de la imperfección de los gobernantes —no existiría garantía de que siempre ellos tomaran las mejores decisiones de gobierno, ni tampoco garantía de que no cometieran abusos de autoridad sobre los gobernados.

El gobierno altamente dependiente del encuentro de los más sabios y virtuosos sería un diseño de gobierno con altos riesgos de fallas al depender de personas imperfectas.

Más aún, es una posibilidad real que los puestos de gobierno atrajesen no a los más sabios y virtuosos, que preferirían ocuparse de otros menesteres más congruentes con sus rasgos —atraerían a personas menos virtuosas y menos sabias, a los deseosos de gozar de los privilegios del poder.

Evitar los efectos de la imperfección: abuso de poder

Los razonamientos anteriores son una muestra de las argumentaciones que pueden hacerse en contra de los gobiernos muy dependientes de la selección de personas sabias y virtuosas —señalando los altos riesgos de dejar sin control ni limitación a personas de las que se ha creído son más sabias y más virtuosas que el resto.

Puede concluirse que, si es que efectivamente es necesario un gobierno, él debe depender menos del hallazgo de personas excepcionales y más de un arreglo tal que permita tener mínimos de los dos efectos que produce la imperfección humana —los errores y los abusos de poder.

Los responsables del diseño de un gobierno, al renunciar a la alternativa de selección de los mejores, pasarían a tener frente a sí el reto de crear mecanismos que lograran evitar esas faltas de la imperfección humana. Podrían ellos recurrir a las ideas siguientes, todas dirigidas al problema de las acciones intencionalmente malas de abuso de poder:

• Para evitar el abuso del poder, fragmentarlo de manera que ninguna de las partes y personas de un gobierno pudiese usar el poder de manera ilimitada. La división funcional actual —ejecutivo, legislativo y judicial— sería una de esas posibilidades.

• También para evitar el abuso del poder, este podría fragmentarse por medio de una división geográfica en estados con autonomía y que son parte de una federación —los estados presentarían un freno a las tentaciones del gobierno central, siempre que ellos tengan ingresos propios. Es decir, los estados deben poder decretar impuestos propios y no depender del poder central para sus ingresos.

• Otra manera de evitar el abuso del poder es la de evaluaciones periódicas del gobierno y sus partes, con un mecanismo ciudadano de aprobación o rechazo —son las elecciones en fechas predeteminadas y que permiten reelegir a gobernantes o sustituirlos dependiendo de los votos ciudadanos.

Podrían, los expertos, pensar en otras formas de lograr ese mismo objetivo —el de corregir hasta donde es posible la comisión de abusos de poder por parte de gobernantes. Podría, por ejemplo, añadirse una serie de leyes que protejan las libertades de expresión, lo que daría voz a quienes sienten que han sufrido esos abusos y a la evaluación del desempeño gubernamental.

Más fuertes leyes de propiedad que protejan al ciudadano de expropiaciones, también son mecanismos que evitan la acumulación de poder y por tanto minimizan su abuso —lo que hace deseable un mecanismo explícito que impida a los gobiernos la adquisición de poderes fuera de los políticos: le tendría que ser prohibido ser propietario de empresas y medios de comunicación.

Evitar los efectos de la imperfección: cometer errores

Los riesgos de los errores de opinión, juicios equivocados y malas decisiones gubernamentales ha recibido menos atención que los peligros de abuso de poder —son los riesgos inevitables que produce la imperfección humana de por ejemplo, gobernantes que emiten una ley defectuosa, o implantan una política errónea, o sencillamente no tienen la capacidad mental requerida para el buen desempeño en sus puestos.

Me parece natural que el más necesario de los instrumentos del gobierno diseñado por los expertos en su misión, es la de permitir la entrada de mecanismos correctivos —si los errores son inevitables, debe siempre tenerse la opción de cambiar eso que produjo un error: cambiar al mismo gobernante y cambiar a la ley o política que ha resultado equivocada.

El cambio de gobernante puede lograrse con el mismo mecanismo de elecciones periódicas, que son un mecanismo de evaluación pública siempre que exista la posibilidad de reelección. El cambio de leyes y políticas puede ser también una consecuencia de los cambios de gobernantes.

Otro mecanismo posible de corrección de errores, antes de que sean cometidos, es la discusión de sus propuestas —lo que debe ser previo a su emisión y necesita gobernantes autónomos, no dependientes de un gran poder central, que sirvan de contrapeso. Puede incluso pensarse en mecanismos como un referéndum. El punto de estos mecanismos es la posibilidad de examinar ampliamente las propuestas de gobierno, muy especialmente cuidando sus efectos colaterales.

La revisión de asuntos por parte de entidades y personas independientes entre sí, incluyendo a los medios y la opinión pública, tiene una desventaja palpable y seria: hace lenta la toma de decisiones.

Conclusión

Finalmente: hasta ahora he defendido la alternativa de diseño de un gobierno que parte del reconocimiento de la imperfección humana, que hace inútil la opción de un gobierno altamente dependiente de la selección de los más sabios y virtuosos, y que hace preferible el diseño e implantación de mecanismos que hagan mínimas las posibilidades de abusos de poder, de errores de gobierno y que permitan correcciones de ellos.

Quiero terminar con una consideración que me parece que los expertos a quienes se ha asignado esta misión, deben hacer sobre la sociedad a la que se gobernará.

Mientras que es aceptable la idea de que los más básicos principios del gobierno diseñado por ellos sean universales, existirán detalles muy dependientes de la cultura de esa sociedad —creencias, valores, hábitos, costumbres, historia, religión, moral y otros.

La clave que creo que ellos deberán tener es la educación y valores de la sociedad. Si acaso en ella no se valora altamente la libertad, o no se tiene interés en las cuestiones públicas, un régimen altamente dependiente en mecanismos como los descritos tenderá a ser poco entendido y abandonado, para con facilidad ser sustituido por el de la selección de los sabios y virtuosos, que es de más sencilla comprensión y tiene el riesgo de convertirse en un gobierno que abusa.