El método de la ciencia
Observación, lupa y limón verde

El conflicto entre fe y razón. ¿Se contradicen ellas totalmente o quizá son complementarias? La realidad sugiere que una acompaña a otra y que eso es mejor que rechazar a cualquiera.

Introducción

La narrativa usual es aproximadamente así:

Los religiosos son unos ingenuos que toman como dogma cosas que no tienen evidencia científica y no pueden se probadas.

Es una narrativa que acusa de no usar a la razón, de creer todo lo que diga la fe, que todo se ve como dogma, que no hay apertura a discusión de creencias.

Más aún la narrativa concluye:

La fe contradice a la ciencia y a la razón. No se puede ser científico y tener fe en la religión. Son contradictorias.

Conflicto entre razón y fe

Es una acusación de credulidad, de ingenuidad y de estupidez. Establece oposición irremediable entre la fe religiosa y la razón científica. No solo se trata de diferencias, sino de contraposición y conflicto absoluto entre la fe y la razón.

Lo que intento en esta columna es examinar esa opinión, la que, de ser verdad, significaría que la razón obligaría a cancelar toda creencia de fe. Y que, por su lado, la fe dictaría dejar de creer en la razón.

Un paréntesis curioso

Al menos en el caso del catolicismo, es curioso acusarlo de ignorar a la razón porque de lo opuesto han sido acusados los católicos. De usar demasiado la razón y descuidar la fe (una acusación lanzada, si recuerdo bien, por primera vez en tiempos del nacimiento del Protestantismo).

Esta acusación afirma que los católicos usan demasiado a la razón, que ponen demasiada atención en análisis intelectuales, en razonamientos deductivos y en aplicaciones de la lógica. Se dice que ha sido demasiado afectados por los griegos.

La religión, dicen unos, no es así de racional, sino de fe incuestionable en la religión y sus fuentes. No tiene necesidad alguna de escribir tratados de Teología. Incluso, podría ser blasfemo el tratar de usar la razón en asuntos de Dios y la fe en él. ¿De qué sirve la Lógica en asuntos divinos?

Volviendo al tema central

El conflicto entre razón y fe fue bien expresado por una persona de esta manera:

«Solo puede creerse en lo científico, el resto es una fe de la que no merece la pena hablarse, especialmente la religión que no es nada más que mitos. Yo no tengo fe en nada, yo soy científico y busco evidencias. Creo en lo que puede demostrarse con pruebas».

Se llama en lo general Positivismo y afirma que el único conocimiento que es real es el conocimiento científico, obtenido por medio ese método de observación, medición, experiencia tangible y experimento.

Los problemas incurridos

Creer eso tiene una pequeña falla: su idea central no puede ser probada de manera científica, como pediría. No hay prueba de laboratorio que demuestre que solo son admisibles ese tipo de evidencias. Pero, eso no es todo.

Problemas de medición

¿Cómo medir la belleza de pinturas de Caravaggio, o de sinfonías de Beethoven, o de la literatura de Poe? No hay manera de hacer esto en un laboratorio.

O, también. ¿Qué hacer cuando los datos de un experimento pueden ser interpretados de varias maneras? Obviamente hay discrepancias en las ideas de los científicos.

Por igual, ¿cómo enfrentar un razonamiento meramente mental, sin posibilidad de ser sujeto a prueba científica?

El error de establecer un conflicto irremediable entre la razón y la fe, está en reducir el número de fuentes de información que tenemos, creyendo que lo único válido es lo que viene de demostraciones tangibles y evidencias sensibles.

Lo que es solo mental, como la Filosofía, es desechado por molesto. Vaya, Sócrates sería un tonto bajo esta perspectiva: aceptar la muerte antes que negar sus creencias.

Y, lo que solo es un «deber ser» también tiene problemas, como el demostrar científicamente, en un laboratorio, que es bueno ser compasivo, o que es mala la soberbia, o que es malo tener fe.

Hay fe en todas partes

La verdad es que la fe domina nuestras vidas. Está presente en nuestros actos siempre. No solo tenemos fe en otros, también la tenemos en nosotros mismos.

Confiamos en opiniones nuestras, en decisiones propias, en consejos de expertos, en la gente que construyó nuestra casa, en el abogado que consultamos. En quien armó los frenos del automóvil.

Tener fe es algo de lo más razonable que puede hacerse. Por el contrario, un mundo sin fe sería irracional. La realidad es que la fe no es propia de las religiones solamente, es un asunto universal, cotidiano, en todas nuestras acciones.

Y eso, mucho me temo, afecta también a quien sostiene ese conflicto y sostiene que la fe y la razón se oponen. También esa opinón tiene su sostén en una cierta fe.

Dos posiciones sobre la razón

Colocar toda la confianza en la razón tiene dos posibles acepciones o modos de uso de ella:

1. Confianza total y única en la razón

La total confianza en la razón y su poder para con ella conocer la realidad que rodea al ser humano, entendiéndola y elevando a la razón como el criterio máximo a seguir.

Entonces la vida es regida bajo el criterio de que todo aquello que no pueda ser explicado por la razón o más aún, en un laboratorio, es desechado.

2. Confianza ponderada y prudente en la razón

La ponderada confianza en la razón y su poder para conocer a la realidad y explicarla, pero reconociendo que parte del proceso de aprendizaje es el ensayo-error.

Entonces la vida es regida por un principio que establece que hay cosas que la razón no explica y que no por ello deben ser puestas de lado. Es concluir que de y razón se complementan una a otra.

Por tanto…

La diferencia entre ambas posiciones es su dosis de confianza en la razón, desde la absoluta hasta la prudente.

La total confianza en la razón lleva, en las ciencias en las que la observación es posible, a crear el hábito de ignorar como nulo valor todo lo que no sea sujeto de esa observación.

La consecuencia de esta forma de pensar limita al saber humano a lo que es sujeto de observación científica, como la reacción de sustancias químicas.

Desde luego, esa posición de absoluta confianza tiene un problema: las equivocaciones humanas, los errores de la razón, las pifias de la ciencia. Las ha habido, existen y no hay razón para decir que ellas se han terminado.

Es verdad quizá que el trayecto general de la ciencia es de progreso, pero si esa es la tendencia general, también incluye errores que hacen al menos tener que reconocer que la razón tiene errores y que no es perfecta.

También debe reconocerse que existen terrenos en los que la observación no es posible para lograr el conocimiento. Son los campos que han sido llamados metafísicos: ética, política, arte, epistemología y las demás.

Son los campos que enfrentan las verdades de mayor trascendencia y que investigan de dónde venimos, a dónde vamos, qué es lo bueno, por qué existe el mal, cómo conozco.

Sujetos a la razón, pero no a la medición

¿Cómo experimentar el origen humano? Pueden hacerse estudios antropológicos y tenerse hallazgos, pero nada de eso da la respuesta última sobre el origen humano, ni sobre la existencia de Dios, ni de las razones por las que existen normas prescriptivas.

Sobre esto la distinción se mantiene: son temas sujetos al análisis de la razón, pero no son observables, ni sujetos de experimentación.

Confiar enteramente en las ciencias de ese tipo, por ende, es un error que mutila la esencia humana y la deja sin explorar las más importantes cuestiones. Un ser humano guiado sólo por la ciencia experimental es un ser incompleto.

El desprecio de lo no científico y medible tiene esos dos efectos simultáneos, el de un conocimiento incompleto y el de una libertad sin guías.

No es negativa la ciencia

No son malas en sí mismas las cuestiones tecnológicas, ni los avances de la ciencia, ni el creciente bienestar. Lo negativo de ellos está en nosotros que hemos sido colocados en una posición que menosprecia lo no tangible, y deja eso a nuestro criterio personal sin preparación para resolver sus cuestiones.

Nadie en lo individual está preparado para contestar preguntas sobre lo no observable y por ello necesita igual instrucción que la requerida por la necesidad de uso de una nueva maquinaria.

El problema radica en que existe la preparación para calcular la resistencia de materiales, pero no para enfrentar decisiones morales, como el comprar mercancía pirata.

Descuido religioso

A esta distracción debe adicionarse el descuido de la religión y su menosprecio, con la consecuencia natural de dejar un vacío mayor, pues ella es una fuente de respuestas a esas interrogantes esenciales humanas.

Esta situación ha sido tratada innumerables veces y en algunas de ellas se ha señalado una de sus peores consecuencias, la sed de poder.

Cuando el vacío moral, que eso es de lo que hablo, es llenado por las ansias de poder, su consecución todo lo legitima, como se ha visto en los terribles regímenes del siglo 20 que asesinaron a millones de inocentes: si la vida humana es despreciable, ésa es una de sus consecuencias.

Sin embargo, si se reconoce y sabe que la vida humana es invaluable, habría al menos obstáculos de consideración para oponerse al abuso del poder.

Las dos son escalofriantes

«No hay conflicto entre ciencia y religión; según los estándares materialistas convencionales, las dos son igualmente escalofriantes». Vernon Smith.

Cito de nuevo a Vernon Smith:

«¿Qué es la fe y cómo podría ser relevante tanto para la ciencia como para la religión? La respuesta que usaré es una definición del Nuevo Testamento que también se aplica a la ciencia. Hebreos 11: 1: “Ahora bien, la fe es la sustancia de lo que se espera, la evidencia de lo que no se ve”. El significado expresado aquí se aplica fundamentalmente a la ciencia como a la religión; ambos se preocupan por las realidades invisibles de la verdad». Smith, Vernon. The Evidence of Things Not Seen: Reflections on Faith, Science, and Economics (pp. 1-2). Acton Institute. Mi traducción.

El conflicto entre fe y razón produce pérdidas

El religioso que niega a la ciencia pierde lo mismo que el científico que niega a la religión. Sus pérdidas son cuantiosa, la posibilidad de saber más.

Ciencia

De manera un tanto simplista, la ciencia es una buena forma de responder a una pregunta fascinante, ‘cómo’. Sus respuestas son explicaciones acerca de cómo funciona esto o lo otro, cómo se explica que veamos el cielo azul, o que los objetos caigan y cosas de ese tipo. 

Son explicaciones, descripciones razonadas y probadas que se alimentan con ideas previas en las que se ha colocado cierta fe o credibilidad, la suficiente como para ser probadas y confirmadas. Es fantástico y fascinante, pero me temo que no es todo. Hay más y es escalofriante.

Religión

Y, también vista sencillamente, la religión es una forma de responder a otra pregunta, ‘por qué’.

Sus respuestas no son explicaciones de corte científico, son razones, orígenes, fundamentos. Terrenos en los que la ciencia no funciona, como la religión no funciona en los terrenos científicos.

El caso del big bang

La gran explosión que es el inicio. La ciencia nos da esa explicación y lo hace bien, incluso nos da una fecha probable, 13,7 ± 0,2 miles de millones de años.

Es un ‘cómo’ bien respondido, al menos hasta que no salga otra explicación más ajustada a la realidad comprobable.

Correcto, no hay problema con eso, pero queda esa otra pregunta, ‘por qué’ inició. ¿Salió de la nada o no? ¿Por qué sucedió todo eso? No es responder a cómo sucedió, sino a porqué. Cosas que causan escalofrío.

Estas no son cosas que se presten a ser estudiadas en un laboratorio probando hipótesis, el que parece ser el mundo entero para quienes se encierran en su cómodo rincón conocido.

Quizá se trate de la existencia de mentes demasiado cerradas que existen para reñir unas con otras, los religiosos que no ven más allá de su rincón y los científicos que hacen lo mismo en el suyo. 

La ciencia, con sus maravillosos instrumentos que miden tantas cosas son los que «nos proveen con la evidencia indirecta de las cosas no vistas», como escribió el mismo V. Smith. No poder ver la evidencia de algo no significa que ese algo no exista.

Una meditación final para el creyente

Si Dios nos hizo seres pensantes, con razón, sería contradictorio que no la usemos creyendo que es mala o indebida. ¿No sería acaso algo bueno usar la razón, su propia herramienta, para intentar conocer mejor a Dios? .

Si se nos pidiera solamente fe, no necesitaríamos pensar. Con la total sumisión bastaría, pero mucho me temo que el convencimiento sería incompleto. Es con la razón que la fe crece y se torna en creencia sólida. Y es con la fe que la razón se guía y tiene sentido.

Tener a la fe y a la razón como dos opciones en conflicto y mutuamente excluyentes destruye a la naturaleza humana. ¿Cómo decidir entre ser puramente espirituales o meramente materiales, cuando somos las dos cosas?



Y unas cosas más…

Debe verse:

Ciencia y religión. ¿Renunciar a una u otra?

Conviene ver alguna de las siguientes columnas:

Notas extras: ¿razón y fe están en conflicto?

La apariencia indica que sí. No son pocos los que dicen que la ciencia indica que la religión en una mentira colosal.

Siguen algunas ideas al respecto, especialmente relacionadas con el cristianismo.

Escrituras

Las escrituras sagradas están en contra de lo que se conoce por medio de la ciencia, se afirma, y eso prueba que ellas son falsas.

Pero hay otra posibilidad, la de que las escrituras correctamente entendidas están de acuerdo con la ciencia, por ejemplo, lo que sabemos de Astronomía.

Eso indicaría que no es correcto usar a las escrituras cristianas para contradecir eso de lo que estamos muy seguros en asuntos científicos, en asuntos como la edad de la tierra y similares.

Sería una locura usar a las escrituras para negar al ADN (del que ellas no dicen nada).

Cosas distintas

Otra forma de examinar este asunto de razón y fe es suponer que ellas tratan cosas distintas y son cosas separadas. La ciencia intenta conocer a la realidad tangible y la religión intenta conocer a Dios.

Es cierta esa distinción al menos en una impresión inicial, pero lo que me detiene para aceptarla es la división tajante y total.

Después de todo la ciencia intenta conocer a la creación divina y ella es una manera de conocer a Dios. Ser co-creadores indica la conveniencia de conocer la realidad, como en Física o Química.

Ciencia y razón

Suele suponerse que la ciencia es el clímax de la razón y que la razón no puede ser usada en religión, pues esta pide solamente creer sin cuestionar. Tampoco es esto persuasivo. La ciencia no tiene el monopolio de la razón.

La Teología, por ejemplo, es el resultado de usar a la razón para conocer a Dios y es un esfuerzo que usa a la lógica para llegar a conclusiones.

Buena cantidad de libros que he leído acerca de religión son muestras de usos reales del poder de raciocinio.

Subjetividad

Lo que está fuera del terreno de la ciencia, se ha dicho, no tiene sentido y son asuntos que mejor deben dejarse a las creencias subjetivas personales. ¿Es cierto? De cierta manera en un sentido.

Es cierto que la ciencia no puede ser aplicada en zonas como la existencia del bien y del mal; tampoco para demostrar la existencia o no de Dios.

Todas esas cosas que no son sujetas a medición ni experimentación, sin embargo, pueden ser mejor conocidas usando a la razón.

No pueden menospreciarse a todo ese conocimiento que se ha creado en asuntos éticos, lógicos y, en general, filosóficos. Es decir, la razón también tiene utilidad en asuntos que no son zonas científicas. No supongo que sea conveniente limitar tanto a la razón.

Dios y la razón

Es mi creencia que si Dios nos dio a la razón, ella es buena y podemos usarla para conocerlo a él y a su creación, sin que haya contradicción esencial. 

Por esto me opongo a los científicos que cree que la razón es exclusiva de ellos y sus estudios y, también, a los religiosos que desprecian a la razón creyendo que no tiene un uso religioso. 

Y le temo a una situación creada por ese error de separar a la razón de la fe, la religión (y de la moral). Alguien lo describió muy bien:

«La fuerza moral no ha crecido en conjunto con el desarrollo de la ciencia; por el contrario, ha disminuido, porque la mentalidad tecnológica limita la moralidad a la esfera subjetiva». Ratzinger, Joseph Cardinal. Christianity And The Crisis Of Cultures (p. 27). Ignatius Press. Kindle Edition, 2006. 

Finalmente

La situación es paradójica. Empleando a la razón tenemos un adelanto notable en ciencia y tecnología, pero renunciando a la razón en otros campos tenemos un retraso notable.

Lo que no es científico lo hemos etiquetado como emocional, subjetivo y relativo. Quizá sea este el grave error de nuestros tiempos, el suponer que razón y fe están en conflicto.