El contrapeso político del ciudadano independiente. La vital labor del electorado para fragmentar el poder y evitar sus abusos.

La idea

Es parte de la sana política de cualquier país el defender las libertades de sus ciudadanos mediante un régimen político con una efectiva división del poder, que no es más que la aplicación práctica de la noción esquematizada por Montesquieu.

En esta columna se explora una faceta no acostumbrada de esa división, la del contrapeso político del ciudadano independiente. Es decir, la independencia política de la persona con respeto a su gobierno y que sirve para evitar concentración de poder gubernamental.

Para analizar esta idea examino primero un factor de riesgo. Después examino a la sociedad en la que existen personas cuya posición constituye una defensa contra el abuso del poder.

El riesgo de los incondicionales gratuitos

El régimen autoritario que llega al poder por la vía democrática solamente puede ser sostenido por un tipo de mentalidad, la de personas que consideran positivo renunciar a sus libertades y ponerse a las órdenes de los dictados y caprichos de un tercero.

Esto es querer poner la propia vida en manos de otro. Desear colocar a la propia existencia de la voluntad de otro. Anhelar querer depender de los dictados de otro. Considerar deseable el perder a la libertad personal para solo obedecer las órdenes de otro.

Este es el problema en el fondo de los regímenes autoritarios y es llamativo en extremo. Este es el ciudadano que no es independiente y que no sirve de contrapeso político al poder.

Tocqueville (1805-1859) se niega a creer que tal tipo de persona exista.

«¿Hay un hombre cuya alma sea tan mezquina como para querer depender de los caprichos de un solo miembro de su comunidad en lugar de obedecer las leyes que él mismo ayudó a establecer, es decir, si cree que su nación exhibe las cualidades necesarias para hacer un uso adecuado de la libertad? No creo que exista un hombre así». Tocqueville, Alexis de. Ancien Regime and the Revolution (Penguin Classics) (pp. 14-16). Penguin Books Ltd. Kindle Edition. 

¿Es posible que alguien piense que es mejor «depender de los caprichos de un solo miembro de su comunidad en lugar de obedecer las leyes que él mismo ayudó a establecer»? Tocqueville dice que no y, sin embargo…

Hay ciudadanos incondicionales gratuitos

Es como una perturbación social significativa el aceptar que sí existe ese tipo de persona. Que sí hay gente que prefiere dejar de lado a su independencia y a sus libertades para poner su vida en manos de otro. Son los incondicionales gratuitos del gobierno que excede y abusa de su poder.

Hay incondicionales no gratuitos, esos que viven del régimen autoritario y de él hacen su modo de vida. Ellos pueden entenderse. Sin el régimen autoritario no tendrían manera de vivir con comodidad. 

Pero lo llamativo son los incondicionales gratuitos. Los que por convencimiento propio llegan a pensar que es mejor anhelar una vida sin libertades y sin leyes en la que la que se depende de los dictados de otro, quien sea que esté en el poder y que a ellos ha hechizado.

Conozco a algunos casos de incondicionales gratuitos. Son personas de apariencia razonable cuyo modo de vida no depende del gobierno en turno, pero que lo apoyan de manera total, sin condiciones. No hay en ellos pizca de crítica. Sea lo que sea lo que haga el gobernante, su aprobación es inmediata.

Y, por si fuera poco, tienen una piel muy sensible ante cualquier crítica que reciba ese quien los ha hechizado.

Esto es especialmente llamativo entre la gente joven, de la que se esperaría rebeldía y descontento ante el autoritarismo. ¿No son los jóvenes quienes más aman a su libertad?

Me resulta incomprensible que ambicionen una sociedad en la que son solo dependientes de las órdenes de la autoridad. Esos que se rebelan contra la autoridad familiar adoran convertirse en esclavos de la autoridad gubernamental.

La existencia de personas que han sido convencidas de que tendrán una mejor vida si renuncian a su libertad y dejan su vida en manos de los caprichos del gobernante.

No sirven de contrapeso al poder

🔎 Este tipo de persona, los fans de gobiernos y gobernantes, lejos de ayudar a dividir el poder y evitar su abuso, colaboran activamente a la pérdida de libertades y son cómplices de los abusos de poder. Son lo opuesto a la idea de que el ciudadano debe ser independiente y actuar como un contrapeso al poder político.

La sociedad preparada para evitar abusos de poder

El proponer que las personas y sus ideas sirvan de freno a los abusos de poder, siempre reales, de todo gobierno, es una idea más compleja que el simple esquema de la división de los poderes políticos.

El ciudadano que es independiente y que puede servir como contrapeso al poder político vive en una sociedad que está preparada para esa eventualidad. Esa preparación es revelada en parte por un autor muy perspicaz:

«[…] en el corazón de todas las sociedades en el mundo, aquellas sociedades que, durante un largo período de tiempo, siempre tienen la mayor dificultad para escapar de un gobierno absoluto, son precisamente aquellas en las que la aristocracia ha desaparecido, para nunca reaparecer». Tocqueville, Alexis de. Ancien Regime and the Revolution (Penguin Classics) (p. 12). Penguin Books Ltd. Kindle Edition. Mi traducción.

Habla de la situación francesa antes de la revolución, cuando todo estaba centralizado en París, en la monarquía, y había desaparecido el poder local de la aristocracia, la que fragmentaba al poder central. Si desaparecen esos contrapesos será difícil escapar al poder absoluto.

🔎 El tema es fascinante: la dificultad para escapar de un gobierno despótico depende de la existencia de otras formas de poder que limiten al poder central. La aristocracia local de esos tiempos habría una de las formas de escapar al poder central abusivo, que la revolución allí hizo más extremo.

En tiempos presentes, puede hablarse de otros elementos de defensa de las libertades, como los sectores empresariales y las universidades (si es que no son ya súbditos de las ideas del gobierno).

«[…] donde los hombres ya no están vinculados entre sí por raza, clase, gremios o familia, todos están demasiado listos para pensar simplemente en sus propios intereses, siempre demasiado predispuestos a considerar a nadie más que a sí mismos y a retirarse a un individualismo estrecho donde todo bien público se extingue». Ibídem, (p.13).

Es ese «pensar simplemente en sus propios intereses, siempre demasiado predispuestos a considerar a nadie más que a sí mismos» la otra manera en la que pierde el contrapeso más fuerte que permite escapar de un gobierno despótico.

Y ese gobierno, para subsistir, necesita fomentar el retiro del ciudadano de la esfera pública a la privada, dejando los asuntos públicos solo en manos gubernamentales.

🔎 Son las asociaciones, los clubes, los partidos, las iglesias, las escuelas, los círculos de amigos, las redes sociales, las ONGs, los medios noticiosos dominantes, los bloggers, y toda posible asociación social lo que forma el otro contrapeso al poder despótico.

Y todos ellos están formados por ciudadanos que de mil maneras posibles sirven de contrapeso a la invasión política de sus libertades. Si ellos, los gobiernos tienen el camino libre hacia el despotismo.

La conducta del ciudadano independiente

En pocas palabras, cada ciudadano tiene una responsabilidad de servir como freno a los excesos de poder y sus abusos. Debe él aceptar que es un ciudadano independiente que servirá de contrapeso al poder político siempre con inercia de crecimiento.

Entre sus deberes ese ciudadano debe conducirse de estas maneras.

1. Evitar ser un incondicional de su gobierno

No hay ciudadano que más traicione sus deberes políticos que el convertirse en un fanático del gobierno, al que todo aprueba y defiende como si fuese su misma persona. Actuar así es actuar irresponsablemente.

2. Siempre ser escéptico de todo gobierno y gobernante

Esto es ser independiente y tener com principio de conducta el sospechar sanamente de todo lo que hacen los gobiernos.

Es descartar la falacia de la buena intención y estar atento a los trucos usuales de los gobernantes. Es ser realistas cuando prometen lo imposible. Y hacer esto, incluso cuando no parezca justo hacerlo, como una medida de precaución.

3. Estar informado y abierto a otras opiniones

Hasta donde pueda, el ciudadano que que independiente y sirve como contrapeso al poder político es alguien que intenta conocer y que, sobre todo, está abierto a escuchar puntos de vista contrarios sin insultos. Es alguien que puede discutir con tranquilidad.

4. Debe valorar su libertad

Este es el corazón que debe orientar su conducta, amar a su libertad y estar dispuesto a defenderla. Cuando en una sociedad se abandona esta pasión por la libertad, ella abre sus puertas al dictador.

Resumen

Lo que he hecho es proponer la idea del contrapeso político del ciudadano independiente, el mayor de los frenos que existe en contra de gobiernos totalitarios. No es un esquema político, ni una estructura gubernamental.

Es cultura, usos y costumbres arraigados que forman el dique más poderoso en contra de gobiernos excedidos y gobernantes autoritarios.

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Y unas cosas más para los curiosos…

Convendría echar una mirada a algunas de estas ideas: