Falacias engaños
Trucos de la mente

La falacia del espíritu móvil. Una modalidad de razonamiento que comete equivocaciones al sustentarse en el acomodo de tiempos y épocas de manera que así se justifiquen ciertas ideas. Como, también, la falacia del juicio histórico.

Introducción

Una falacia que describe a un modo erróneo de razonar y que se sostiene en el uso de tiempos y épocas a conveniencia suya

«Hacen lo que en estos tiempos se hace», dijo la persona. Agregó: «Van a la cama con cualquiera y hablan de amigos con derechos». Y repitió, «Son estos los tiempos que vivimos y poco puede hacerse».

Hay en eso una buen grado de fatalismo, esa actitud de resignación que lleva a concluir que nada es posible de cambiar y ante lo que solamente queda una aceptación de la realidad sin pretensión mayor al conformismo. La sumisión irremediable ante la realidad.

La falacia del espíritu móvil

Una realidad que se verbaliza en expresiones como «estos tiempos» o «esta época».

Formas de hablar y que resumen lo que se piensa es la cultura del momento, la forma de pensar que existe ahora. R. Scruton llama a esto «la falacia del espíritu móvil» [moving spirit].

«[…] la falacia de asimilar todo lo que está sucediendo en el mundo en el que se habita, incluyendo los propios proyectos, al “espíritu de los tiempos”. Usted comete [esta falacia] cada vez que ve a las acciones libres de individuos vivos como las consecuencias necesarias de los tiempos en los que viven». Scruton, Roger. The Uses of Pessimism.

Lo llamativo de la idea es el calificar a esa manera de pensar como una falacia, es decir, como un modo engañoso de pensar, un error de razonamiento.

Los errores de la falacia

Por un lado, comete un error de consideración, que es el negar a la libertad humana. Para la falacia del espíritu móvil la persona solo puede dejarse llevar inevitablemente por los tiempos suyos.

Coloca a la persona como un títere de fuerzas poco definidas, o definidas a modo, frente a las que está indefenso. No tiene otra opción que sujetarse a lo que los tiempos dicen, sea lo que sea.

📌 Y, además, crea un modo de pensar que tiene sentidos de interpretación del pasado, del presente y del futuro. Como leyes inevitables de la historia.

Una especie de teoría de etapas o cambios ordenados de cierta manera para que coincidan con alguna concepción personal que explique a la historia, al estilo de K. Marx, por ejemplo.

No está mal examinar etapas históricas, aunque sea en etapas sencillas de comprender, pero existe un brinco demasiado atrevido cuando se interpretan con la ausencia de libertad e iniciativa personales.

Quien razona apoyándose en el decir «estos son los tiempos en los que vivimos», ha creado una fuerza vaga y poderosa que le impone al menos la resignación ante lo que se piensa es inevitable.

Una fuerza que se mueve en el tiempo exigiendo ciertas conductas a todos y sin posibilidad de hacer algo distinto.

¿Progreso siempre acumulado?

La cosa se pone interesante con algunas observaciones de Scruton acerca de la falacia del espíritu móvil. Especialmente llamativa y engañosa es la idea que las leyes de la historia hacen pensar en la acumulación inevitable de progreso y avance.

• Hay campos en los que es admisible aceptar etapas y pensar en ellas como una trayectoria de progreso acumulado, como en la ciencia. Hay allí acumulación de conocimientos de un momento al siguiente.

• Pero esa acumulación de conocimiento no existe en todos los campos y, por eso, es una falacia suponer que el espíritu de cada tiempo lleva una trayectoria de progreso, en la que cada etapa muestra un avance sobre la anterior.

Los retrocesos son posibles

Los campos en los que no existe esa línea de avance histórico son el arte, la moral, la filosofía. No son campos de técnica y ciencia, en los que es posible acumular conocimiento. Por tanto, puede haber retrocesos artísticos, por ejemplo, o filosóficos.

También en la política puede haber retrocesos a períodos peores que los pasados. La mejora continua no está garantizada.

Si lo estuviera no se habrían tenido regímenes como el nazi y el soviético; tampoco guerras, ni terrorismo. No significa que no haya cambios, sino que esos cambios no necesariamente significan mejoras y avances.

Por consecuencia, está equivocado quien sea que piense que en estos campos se tienen siempre avances: creer que porque es nuevo es mejor no es una verdad asegurada.

Pueden existir cosas anteriores mejores y que merecerían ser conservadas. De mi parte, en lo que esto me hace pensar primero es en el arte, donde lo nuevo no es necesariamente mejor a lo previo.

Un amigo cita ejemplos de estos retrocesos: la Cuba de Castro, la Venezuela de Chávez, la Alemania de Hitler, la Cambodia de Pol Pot. Casos en los que la etapa anterior seguramente no era loable, pero la siguiente fue aún peor. Creer que en política lo siguiente será mejor es una falacia; puede ser peor, mucho peor.

Conclusión

La creencia del progresista que supone que por definición sus nuevas propuestas son mejores es de una imaginación injustificada.

Es bien posible que su liberación sexual no sea mejor que la sexualidad respetada; que el estado de bienestar no sea mejor que el gobierno vigilante de libertades; que sus listas de derechos sociales no sean mejores que los derechos naturales.

La idea es realmente genial y se sustenta en la sencilla propuesta de que en ciertos campos los humanos hemos tenido avances pero también retrocesos y que el progreso no es una garantía que razonablemente pueda esgrimirse para justificar que las nuevas ideas en, política o arquitectura, por ejemplo, sean un avance.

El problema es, por supuesto, tener la inteligencia para diferenciar.

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La falacia del juicio histórico

Es otra modalidad de la falacia del espíritu móvil. La falacia del juicio histórico usa como argumentación la predicción de que en algún momento futuro se tendrá un juicio contundente que resolverá la controversia en cuestión.

Y, por ende, el juicio presente debe evitarse esperando que en algún momento posterior el asunto tenga respuesta.

Discusión

Un hombre hablaba hace tiempo sobre Fox, el entonces presidente mexicano y dijo, «Ya será la historia la que lo juzgue». No es una frase original.

La usó López Portillo para defenderse de los ataques que recibía al final de su administración. Ahora mismo se ha usado para defender la presidencia actual en México: «Dejen al presidente que haga y el juicio histórico le dará al final la razón».

Los problemas de la falacia del juicio histórico

El juicio de la «historia»

La realidad es que no existe alguien que se llame «historia» y que se dedique a emitir juicios críticos en momentos por venir, igual que un juez dicta sentencias hoy.

Esa «historia» es inválida como un ente emisor de dictámenes que deben esperarse. Cuando mucho esa historia es una colección de opiniones, algunas juiciosas otras menos, que pueden diferir entre sí. ¿A cuál de todas esas opiniones podrá uno referirse?

Evitar juicios presentes

Pero hay más en la falacia del juicio histórico. Ya que se pide un juicio que es posterior, se trata de una forma de quitarse de encima un problema presente: «no me juzguen ahora, esperen al futuro, lo que ustedes dicen ahora no vale, lo legítimo ya vendrá».

Hay una dosis de verdad en eso, porque después de todo, el tiempo suele dar mayores perspectivas sobre los sucesos.

Sin embargo, sustentar todo en la exclusividad de un juicio futuro, resulta exagerado: no se pueden esperar años para emitir un juicio. Sería absurdo posponer el juicio a un ladrón, o a un asesino, para tener un mejor conocimiento y un dictamen mejor.

Acudir al juicio futuro equivaldría a evitar los juicios presentes y estar ahora concentrados en emitir juicios.

¿Cuánto tiempo esperar?

El juicio histórico que reclama esta falacia presenta un problema de fijación de tiempos. ¿Cuántos años esperar para tener un juicio histórico sólido? No hay manera de responder a eso.

Imagine el lector el extremo tan ridículo al que podría llegarse bajo esa argumentación del juicio histórico: el nazismo habría tenido que dejarse libre, invadiendo otras naciones, durante el tiempo que permitiera lograr un juicio de ese tipo.

Lo que presenta ese problema. ¿Cuánto tiempo debe esperarse para sustentar un juicio así? ¿Seis meses, diez años, treinta? No hay una respuesta razonable, y lo mejor, podría tratarse de tener un juicio futuro, digamos dos días después, o una hora posterior al hecho.

Es posible emitir juicios presentes

Afortunadamente estamos en una posición buena. Sabemos lo suficiente de muchas cosas como para saber las consecuencias de actos presentes y eso ayuda a emitir juicios ahora mismo.

Sabemos, por ejemplo, que la falta de división de poderes y que la limitación a la libertad de expresión conducen a sistemas de gobiernos totalitarios Por eso podemos opinar con base razonable sobre regímenes que acumulan poder en su presidente.

También sabemos lo que sucede cuando existe una elevación del monto circulante y lo asociado que ella se encuentra a los déficits gubernamentales.

Por eso podemos opinar razonablemente sobre lo peligroso que es que un gobierno recurra a su gasto como motor de desarrollo. No hace falta que nos esperemos a ver lo que suceda y veinte años después digamos que se cometió un error… cuando pudimos haberlo evitado.

Conclusión

Atenerse al juicio de la historia, por tanto, parece más una posición cómoda de defensa primitiva que lleva a errores presentes.

Sí, desde luego, en el futuro habrá opiniones sobre los eventos actuales, igual que aún sigue escribiéndose sobre Napoleón, la Gran Depresión, o la Guerra del Peloponeso. Pero eso no anula la posibilidad de juicios y opiniones actuales.

Hay campos en los que la falacia del juicio histórico será aceptada como ridículo por todos, como en los casos de un fraude, o de un robo.

Y hay terrenos en los que ese juicio resulta más aceptado, a pesar de sus defectos, como los de la política y la economía, que suelen ser más resbaladizos, por no hablar de las áreas de filosofía y ética. Es aquí donde la idea tiene más cabida e incluso aceptación.

Creo, en conclusión, que la falacia del juicio histórico es otra de las ideas chatarra que dañan nuestra vida. Me refiero a ideas como el relativismo, por ejemplo, o la de que nuestra posición social determina nuestras creencias.

Todas ellas tienen en común una peligrosa combinación: hay en ellas una dosis de verdad, pero al mismo tiempo son explicaciones parciales.

Esa combinación es la que logra que ellas sean aceptadas sin mucho pensar y convertidas en dogmas que no aceptan análisis. El juicio de la historia es una frase bonita con bases imposibles cuando se usa como forma de evitar juicios presentes.

Es cierto que el tiempo da mayores perspectivas, pero eso no impide la emisión de opiniones muy razonables en este momento.

Y, curiosamente, la falacia del juicio histórico, que hace peticiones de un juicio histórico posterior contiene una contradicción en si misma, pues si aplica lo mismo que solicita, entonces debería esperarse un juicio de la historia sobre el mismo juicio de la historia.

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Y unas cosas más para los curiosos…

Debe verse:

Leyes de la idiotez humana: compendio y corolarios

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