Análisis de las opciones nucleares en una guerra. ¿Emplear o no armas atómicas? Un examen de posibilidades de uso y la importancia de su racionalidad.

El examen de la guerra justa y sus condiciones necesita además de esas consideraciones la consideración de realidades. Es decir, el abandono del idealismo imposible.

Uno de los más grandes peligros que existen en la política es la aceptación de que posiciones ideales son alcanzables. Es decir, que lo considerado perfecto puede ser logrado.

La opciones nucleares en una guerra

Un caso que lo ilustra es el problema de las armas nucleares —que es el que analizo a continuación de manera esquemática usando los conceptos de Cave, P. (2009). This Sentence Is False: An Introduction to Philosophical Paradoxes. Continuum, pp. 124 y ss.

El ejemplo es simple, el de dos naciones que tienen relaciones diplomáticas tensas y también, posibilidad de opciones de uso de armas nucleares.

Dos alternativas básicas

Eso lleva a dos posibles opciones extremas que numero como 1 y 4 porque hay dos intermedias que más tarde trato:

  • Alternativa 1: la nación A tiene armas nucleares y la nación B no las tiene. Es la mejor opción para el país A.
  • Alternativa 4: la nación A no tiene armas nucleares y la nación B sí las tiene. Es la mejor opción para el país B.

Ninguna de esas opciones es atractiva para ambos simultáneamente, por lo que la situación de cualquiera de ellas resultará momentánea.

La tercera alternativa, la realista

Quien no posea opciones nucleares intentará conseguirlas, lo que lleva a la opción 3, la señalada toda en negritas (más tarde viene la 2):

  • Alternativa 1: la nación A tiene armas nucleares y la nación B no las tiene. Es la mejor opción para el país A.
  • Alternativa 3: las dos naciones A y B poseen armas nucleares. Las dos están en igualdad de circunstancias.
  • Alternativa 4: la nación A no tiene armas nucleares y la nación B sí las tiene. Es la mejor opción para el país B.

La segunda alternativa, la idealista

Pero existe otra opción, la alternativa 2 y que es muy obvia, es la opción idealista, la señalada toda en negritas:

  • Alternativa 1: la nación A tiene armas nucleares y la nación B no las tiene. Es la mejor opción para el país A.
  • Alternativa 2: ninguna nación posee armas nucleares.
  • Alternativa 3: las dos naciones A y B poseen armas nucleares. Las dos están en igualdad de circunstancias.
  • Alternativa 4: la nación A no tiene armas nucleares y la nación B sí las tiene. Es la mejor opción para el país B.

Concluyendo

Por separado, cada país preferirá la opción nuclear que le da la superioridad individual, pero eso no es garantía de nada y es entonces donde se hacen deseables las opciones más propicias a lograr un acuerdo mutuo —que son la 2 y la 3.

La 2 es la ideal, la de un mundo ideal y la que debería ser lograda con todo el esfuerzo posible —pero contiene un problema serio.

Ella supone que los gobiernos de los dos países respetarán el acuerdo de no opciones nucleares al mismo tiempo que tienen ambas el incentivo de tenerlas y alcanzar la opción ideal para cada una de ellas (la 1 y la 4).

Entonces se presenta una opción más real, la 3, en la que se alcanza una igualdad —ambas naciones tienen ahora un equilibrio de opciones nucleares.

No es la posición ideal para ninguna de ellas por separado y no es la posición perfecta e ideal. Es una alternativa realista que tiene un supuesto digno de mencionar.

La racionalidad supuesta

La alternativa en la que ambas naciones tienen ociones nucleares contiene el supuesto de la racionalidad de los gobiernos de ambas naciones.

Los dos gobiernos reconocen que el ataque nuclear por parte del otro equivale a tener un contraataque similar, con un resultado neto negativo para ambos países. Es un fuerte incentivo negativo.

El gobierno del país A sabe que si ataca al país B con armas nucleares, este contestará con armas nucleares también —y viceversa. La destrucción sería mutua y nada hay que ganar al final. Un buen argumento, más fuerte que el de la alternativa 2 que es la ideal.

Es un buen ejemplo de cómo la alternativa considerada ideal —en este caso la de no armas nucleares— no es la más aconsejable. El análisis, sin embargo, no termina con esto.

Todas las opciones mencionadas contienen una hipótesis de racionalidad en las decisiones de los gobiernos, la que lleva a una en la que las dos naciones tienen armas nucleares, están en equilibrio nuclear y evitan su uso pensando en la consecuencia de una destrucción mutua.

Guerra y racionalidad

Las condiciones de una guerra posible de calificar como justa contienen el supuesto de la racionalidad de los gobernantes de los países en pugna. Ello implica adoptar al realismo como mejor práctica que el idealismo.

Si se retira la hipótesis de la racionalidad del gobierno, las opciones se abren. Hablo de un gobierno cualquiera, el gobierno de la nación C, que ahora entra al círculo de naciones nucleares.

Si su gobierno es razonable, actuará de la misma manera —pero si no lo es, no le detendrá el riesgo de destrucción mutua.

Quizá sea eso incluso la meta del gobierno de la nación C, el lograr una destrucción mutua o al menos un daño severo mutuo. Si esto es cierto, la opción preferida para ella es la de ser ella la única poseedora de opciones nucleares —y la menos atractiva la de un compromiso de que ninguna tenga, que es la ideal que queda de nuevo descartada.

También rechazará la opción de no tener ella opciones nucleares y aceptará, como única posibilidad, la de tener las tres naciones armas de ese tipo.

Pero con un problema serio, el de que el riesgo de destrucción mutua no será un freno tan efectivo como lo sería en el caso de gobiernos racionales o al menos temerosos de contraataques.

Estos gobiernos racionales, al enfrentar al gobierno irracional, tendrán dos opciones distintas:

  1. (1) el país A tratará de atraer hacia sí como aliado al país C ejerciendo influencia sobre él en contra del país B —lo mismo que intentará el país B;
  2. (2) en alianza los países A y B tratarán de evitar que el país C tenga armas nucleares.

Lo ideal sería que el país C no tuviera armas nucleares, pero los otros dos países tendrán un gran incentivo individual para que las posea si el país C es su aliado —consecuentemente existe un incentivo adicional en el país C para tener armas nucleares, el lograr alianzas con poderosos.

Termino aquí —mostrando en primer lugar cómo las situaciones ideales pueden estar peleadas con lo que en la realidad resulta bueno y aceptable.

Las condiciones de una guerra justa son racionales y eso implica ser realistas no idealistas.

Y unas cosas más para el curioso…

Véase El dilema de usar la bomba atómica como ejemplo del realismo que merece el tema.