tolerancia

La indiferencia social producida no intencionalmente por los reclamos de tolerancia y multiculturalidad. Un efecto colateral de consecuencias que crea insensibilidad en las personas.

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El tema y la idea

Lo que propongo es la idea de que los llamados y reclamos de tolerancia y multiculturalidad incluyente pueden producir un efecto no intencional de insensibilidad e indiferencia social.

El reclamo de tolerancia

Una sociedad multicultural. Diversa, policultural, variada, plural, tolerante, incluyente. Este es un fuerte reclamo de nuestros tiempos. Una ambición política producida por dos ideas simultáneas.

  1. La tolerancia concebida como una aprobación implícita e indiscriminada del resto. 
  2. La suposición de que más variedad cultural significa necesariamente mayor riqueza cultural.

La idea del reclamo se entiende bien en el multiculturalismo definido como:

«[…] una pluralidad cultural que convive armónicamente […] cómo distintas sociedades con un acervo cultural disímil conviven entre sí […]». definicion.mx

O bien en la explicación de la tolerancia social:

«Es un concepto relacionado con la aceptación y con la consideración ante las acciones u opiniones de otras personas cuando estas [son] diferentes de las propias o se contraponen al marco personal de creencias. La tolerancia se erige como un valor básico para convivir armónica y pacíficamente. No solo se trata de permitir lo que los demás digan o hagan, sino de reconocer y aceptar la individualidad y las diferencias de cada ser humano». es.wikipedia.org

El reclamo de la sociedad tolerante y multicultural, por tanto, es el de convivencia mutua, algo en extremo positivo. Pero también contiene la semilla de dos ideas riesgosas.

  1. La conveniencia de evitar juicios críticos de otras personas y culturas ya que eso puede convertirse en intolerancia.
  2. La suposición de que todas las culturas y creencias son iguales.

Examino cada una de esas dos ideas riesgosas en mi demostración de que la indiferencia social puede ser producida no intencionalmente por los reclamos de tolerancia e igualdad.

1. ¿Son todas las culturas iguales?

No, no todas las culturas son iguales, ni valen lo mismo. Es superior la cultura que tiene como valor a la multiculturalidad y la tolerancia e inferior la que no.

Entre sí solamente podrán convivir las personas en culturas de las que forme una parte central la noción de tolerancia, o mejor dicho, de libertades personales. Eso será imposible de lograr cuando una de las culturas no acepte las ideas de tolerancia, respeto y, sobre todo, libertades.

El descubrimiento es útil. Si la variedad de culturas es un elemento que enriquece a la sociedad que la vive, debe aceptarse que ella solo es posible cuando esas culturas tienen en común a la libertad humana. Si acaso alguna cultura no tiene ese rasgo, ella no será compatible con el multiculturalismo ni la tolerancia.

Añado que la esperanza de comprensión mutua entre culturas en extremo distintas por medio del diálogo resulta en exceso optimista. Supone que la otra cultura también posee el valor de creer que el diálogo arregla diferencias al permitir acuerdos. Una hipótesis no necesariamente aplicable a todo caso.

Pero hay más que esa realidad de encontrar culturas que no son compatibles con la posibilidad de convivencia o coexistencia armoniosa de diversas formas de pensar. Comprender esto adicional es tal vez algo sutil porque es un efecto no intencional de la tolerancia.

Me refiero al problema muy bien ilustrado en las declaraciones de Mahmoud Ahmadinejad:

«Como dijo el imán [Khomeini], Israel debe ser borrado del mapa […] Todo el que reconozca a Israel arderá en el fuego de la furia de la nación islámica; cualquier [líder islámico] que reconozca al régimen sionista reconocerá la rendición y la derrota del mundo islámico». lanación.com.arg

El efecto colateral

Es posible que la tolerancia entendida como un desacuerdo respetuoso y de buena voluntad con culturas diferentes se convierta en indiferencia social producida no intencionalmente. La tolerancia se convierte en division y separación, pero no en convivencia

Si esto sucede, la sociedad sufriría al reducirse su integración y solidaridad interna. Sería una colectividad de nombre solamente, formada por grupos aislados entre sí.

El reconocimiento de la diferencia cultural produce ese problema no previsto originalmente: la existencia de culturas que lejos de festejar la diferencia cultural la desprecian y se contentan con vivir en un mismo territorio sin otra actitud que la de separarse entre sí.

El multiculturalismo y la tolerancia, como algunas otras ideas de nuestros tiempos, padece de un problema de idealismo extremo sustentado en magníficas intenciones pero endebles suposiciones. El idealismo aumenta en proporción directa a la distancia entre el problema y uno mismo, como dijo John Galsworthy.

Lo que he sugerido es que la tolerancia y la multiculturalidad pueden tener el efecto de indiferencia social producida no intencionalmente.

2. ¿Ser tolerante es evitar juicios críticos?

Me refiero aquí a la consecuencia lógica de la exaltación desmesurada de la tolerancia, definida como aprobación indiscriminada de cualquier acción que se considere como diversidad o multiculturalidad.

Eso, en pocas palabras, es una solicitud real de renuncia al juicio y a la crítica de todo (excepto de esa solicitud). Lo ha comentado un autor:

«Solamente si enseñamos a los jóvenes a criticar les ofrecemos realmente cultura. De otra forma, lo que llamamos cultura es una indolencia mental colectiva» Roger Scruton.

El efecto colateral

Es la petición de la indolencia mental, es decir, el mandato de suspensión de juicios y discernimiento; el abandono de la sensatez y la razón. Es, en otras palabras, la exaltación de la abulia mental. Dejar de pensar se ha convertido en parte central de la cultura deseada.

La promesa es la natural. Se nos dice que así viviremos mejor, en paz y sin violencia.

«La comprensión, reconocimiento de la diversidad cultural por parte de los miembros de una sociedad lleva a un enriquecimiento cultural, respeto mutuo y mejor convivencia social». significados.com

Pero si ese respeto mutuo se convierte en ausencia de opinión y juicios, entonces se llega a la indiferencia social producida no intencionalmente. El problema es que sin juicios no hay propiamente cultura ni civilización.

El fenómeno está bien ilustrado en las modificaciones curriculares de estudios. Se descarta el sistema anterior que exigía pensar y emitir juicios, para dar entrada a un sistema nuevo que exige lo opuesto, dejar de pensar y exige celebrar todo, así sea lo más descabellado.

Conclusión

Para dejar las cosas claras. Poco a poco, paso a paso, hasta lograr costumbre y aprobación incondicional, se ha llegado al punto en el que el valor más cotizado en la persona es la anulación de su capacidad racional y, como consecuencia, el dar su aprobación implícita a todo.

Eso es a lo que me refiero al sugerir a la indiferencia social producida no intencionalmente por reclamos excedidos de tolerancia personal y cultural.

En su comienzo lógico, las peticiones de tolerancia y respeto a la diversidad cultural no son nada más allá de lo obvio: respeto a la persona y su dignidad, con una condición recíproca, la de que la persona que pide sea respetada su persona respete también la del resto.

Pero en su degradación posterior, las peticiones de tolerancia y respeto a la diversidad se refieren no solo a lo étnico, sino a cualquier conducta personal, y sin la condición de reciprocidad.

Quien pide respeto hacia su modo de vida y creencias no se siente obligado a respetar el modo de vida y las creencias del otro. Y la solución termina por ser la indiferencia social y el desinterés mutuo

Ese respeto original fue llamado tolerancia y esta se convirtió a esa petición formal de indolencia mental: no juzgues, no enjuicies; aprueba, consiente y da por bueno a todo. Una petición que tiene como hipótesis evidente que no debe emitirse juicio alguno. El efecto neto es la idiotización masiva por ignorar que existe la verdad.

Ahora el asunto es si esa forma de pensar que exalta a la indolencia mental puede tener oportunidad de mantenerse en el plazo largo. ¿Puede sobrevivirse a la negación de la verdad, de la autoridad, del significado de la vida, del pensar y emitir juicios? Mucho me temo que no.

Su supervivencia dependerá de esos que vayan contracorriente y mantengan vivas a las ideas de verdad y objetividad, de autoridad y legitimidad, de razón y sensatez. Y eso incluye a quienes mantengan vivas a las ideas de lo sagrado y lo trascendental.

Todos esos a quienes curiosamente se enjuicia en medio de una cultura que pide no enjuiciar a nadie. Es decir, la indiferencia social producida no intencionalmente por reclamos excedidos de tolerancia y multiculturalidad terminan aniquilando la espontaneidad personal que crea a la sociedad y la mantiene viva.

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Y unas cosas más…

Debe verse al menos una de estas dos ideas:

¿Hay intolerancia buena y deseable?
El dilema de respetar opiniones o personas

Otras ideas relacionadas:


[Actualización última: 2020-09]

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Las ideas anteriores eran superiores

Continúo con la idea de la indiferencia social producida no intencionalmente por los reclamos generales y excedidos de tolerancia, multiculturalidad, inclusión y similares.

Apunto ahora que esos reclamos, que son muy bienvenidos, están contenidos ya en otras ideas anteriores que son superiores porque están mejor expresadas y contienen más riqueza

Una breve historia

Una vez hace muchos años, un consultor de empresas pasó una hora explicándome la importancia de la calidad del servicio al cliente. Abundó en muchos detalles. Al final, le dije que me complacía escuchar que las creencias religiosas seguían vigentes.

Sorprendido, me miró pidiendo una explicación: todo lo que él había dicho viene como consecuencia del principio religioso que establece que amarás a los demás, que tratarás a otros como quisieras ser tratado tú mismo. Todo eso de dar calidad al cliente no es nada original, ha estado en la Biblia desde hace milenios. Es la regla de oro.

Una situación similar señaló Daniel Henniger del WSJ (16 agosto 2007), al hablar de diversidad y tolerancia. Se nos pide que respetemos a quienes son diferentes a nosotros. Igual que antes, se trata del mismo principio, el amar al prójimo como a uno mismo.

La regla de oro versus la tolerancia

Mi punto es que la indiferencia social producida no intencionalmente por la tolerancia y la multiculturalidad no es producida por el principio de tratar a los demás como uno quisiera ser tratado.

La regla de oro pide actuar en bien de los demás, no indiferencia, ni desinterés. Al contrario, solicita juicio y razón para ayudar a otros, y para pedir la ayuda de ellos. Muy superior a la sola tolerancia.

Me parece razonable pensar que estas cosas y otras como ellas son una buena ilustración de lo que sucede cuando queremos poner de lado a la religión y ella termina filtrándose de cualquier manera en nuestra mente sin que nos demos cuenta porque usamos otras ideas.

Hablamos de solidaridad con los pobres, que simplemente es una forma de decir que debemos actuar como en la parábola del buen samaritano. Volvemos a esos valores porque no podemos vivir sin ellos, sin las guías que nos indiquen lo que está bien y lo que está mal.

Un buen caso de esto es el de la tolerancia ante la diversidad. Se ha convertido en un mandamiento, secular, pero mandamiento al fin, predicado por sociólogos, políticos y todos los que quieren ser políticamente correctos.

Me alegra que eso suceda porque muestra lo que digo, que aún el más laico de los sociólogos, el más ateo de los políticos y la más agnóstica de las personas reconoce una idea religiosa.

Es posible que no se dé mucha cuenta de ello, pero en realidad lo hace. Claro que existe un peligro, el de que esa idea secular por sí sola tiene poca autoridad y con facilidad puede ceder su lugar a la siguiente moda intelectual.

En cambio, la religión es más estable. Los 10 Mandamientos no han cambiado en milenios y sin quererlo siquiera, resurgen una y otra vez a veces disfrazados con términos nuevos.

Son tan poderosos y tan naturales que, como dije, se cuelan a pesar de todos los esfuerzos que tratan de evitarlo. Se inventan nuevos nombres y se encuentran nuevas aplicaciones, pero allí están. El más ateo de los socialistas o de los liberales habla del bienestar de los demás, de la necesidad de ayudar a los pobres, de cosas que al final de cuentas están en la Biblia.

Con la ventaja de que en esos viejos mandatos no hay indiferencia social producida no intencionalmente.

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