ciclo intervencionista

La agricultura es solo una industria y nada más que eso. Ella debe ser productiva, eficiente y competitiva, como el cualquier otra empresa que quiere sobrevivir. Pero se ha politizado y eso tiene un gran costo que pagan todos.

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La mentalidad estándar

La forma política acostumbrada de pensar en el campo es especial. No se considera que la agricultura es simplemente otra industria como cualquier otra.

Al contrario, se trata a la agricultura como una industria privilegiada, digna de cuidados y subsidios, de ayudas y apoyos. Si cualquier otro sector económico fuera tratado así, ellos sería causa de protestas por injusticia.

«El campo recibirá apoyo como nunca, dice AMLO» dijo un encabezado reciente —u otra noticia de fecha similar que no es única:

«Campesinos franceses de varias regiones se instalaron ayer en los alrededores de París para protestar contra el estancamiento de sus ingresos y una competencia que consideran desleal. Bloquearon con tractores las carreteras hacia la capital, para exigir negociaciones con el sector de la distribución». jornada.com.mx

Más aun, la agricultura es un origen de reclamos proteccionistas que pide ser tratada como una industria privilegiada. Por ejemplo, esta protesta de 2008:

«Se realiza en Ciudad de México una multitudinaria caravana de campesinos y activistas sociales que protestan contra la más reciente de las novedades del TLCAN, el área de libre comercio que integra EE.UU., Canadá y México. El último capítulo del tratado supone la desregulación total del comercio de algunos productos básicos en la economía mexicana, como el maíz, los fríjoles, azúcar y leche». news.bbc.co.uk

El sector mimado y activista

La agricultura, que debería ser solo una industria más entre muchas, ha tomado una posición privilegiada. Es recipiente continuo de favores gubernamentales que no recibe ninguna otra industria. Y, peor aún, es origen de reclamos y demandas al gobierno.

Por ejemplo, en 2018 en los EEUU:

«El gobierno federal gasta más de 20 mil millones al año en subsidios para empresas agrícolas. Alrededor del 39% de los 2.1 millones de granjas de la nación reciben subsidios, y la mayor parte de las donaciones se destinan a los mayores productores de maíz, soya, trigo, algodón y arroz». downsizinggovernment.org

La conclusión es sencilla. La agricultura es solo una industria más entre muchas. Pero en la realidad, ella ha sido colocada en un lugar especial en el que recibe y reclama (y del que se esperan votos a cambio, un caso de clientelismo)

Un caso a principios de 2008

En ese entonces, en México, volvió a decirse que el tratado de libre comercio con Canadá y EEUU era un asunto de seguridad nacional. La frase es buena y llama la atención.

Lo afirmaron representantes de organizaciones campesinas. En pocas palabras, no quieren que el tratado se aplique a sus terrenos.

Dijeron que por causa del tratado, que dejaría entrar con menos obstáculos productos agrarios de otros países, unas 300,000 familias campesinas serán sumidas en la pobreza.

Afirmaron que son familias que cultivan para su propio consumo… y esto no lo entiendo. Si comen lo que cultivan, las importaciones poco las afectan. Y si son pobres, eso no fue producto de las fronteras abiertas que antes no existían.

Dijeron que se perderá la soberanía alimentaria y que eso no debe ser. Otra de las cosas que son nacionalmente correctas y que nos mandarían a una situación ideal, según esas organizaciones, en la que todo lo que comemos deba ser producido por ellos.

Todavía más

No tiene mucho sentido práctico. Es tratar de mantener el status quo, que les crearía un monopolio legal. La agricultura no quiere ser tratada solo como una industria más, quiere tener privilegios de protección.

Otro de los argumentos fue el de la amenaza del estallido social, muy útil en estos menesteres. Es una clásica postura reaccionaria de organizaciones campesinas y que piden detener la apertura del comercio exterior.

Uno de esos dirigentes declaró que no estaban de acuerdo con quien dijo que el campo ha mejorado en los últimos años, que los que han ganado son uno de los sospechosos usuales, las transnacionales que especulan, y exigen que sea el gobierno el que regule los precios… o sea, ponerse en la situación en la que ellos en realidad los fijan presionando al gobierno.

La situación es fascinante de observar. Tiene todos los elementos clásicos de la política.

Hace afirmaciones sin pruebas, contradictorias entre sí, carentes de números y falsas, en las que hay elementos adicionales de sentimientos patriotas y chantaje con uso de violencia.

Hay otro elemento que hace a esta situación digna de estudio. Ella muestra muy bien la etapa en la que México se encontraba entonces, cuando se estaban dando cambios que benefician a la larga a todos, pero ellos dañan a grupos beneficiados con el sistema anterior.

No querían perder sus beneficios y estaban dispuestos a todo, literalmente. Nada tan sensible hay en las personas como sus bolsillos, y estos cambios se sufren precisamente allí.

Creo que fue George Gilder quien escribió que usualmente el proteccionismo es el refugio usado por los negocios que están fracasando y desean mantenerse vivos. Hay aquí una clave de comprensión del problema, tal vez.

Para esas organizaciones, el agro no es un negocio común, sino una forma de obtener ingresos del resto de la sociedad por la vía del gobierno.

Si se entendiera que la agricultura es solo una industria entre varias, que debe ser redituable y que en poco difiere del resto de las empresas, las cosas cambiarían.

Y esto me lleva a mi punto central. El campo no ha sido entendido como un negocio o una empresa, ni por el gobierno, ni por muchos otros.

Ha sido entendido como una fuente de privilegios y favores que son pagados por el resto de los ciudadanos. La correcta evaluación de la reforma agraria apunta eso sin duda.

Y a mediados de 2008

Los gobernantes tienen su gracia. Por ejemplo, el presidente Calderón en México lanzó en ese tiempo un plan de medidas que buscaron reducir los precios de los alimentos.

Un plan de emergencia, anunciado como una gran medida gubernamental: los políticos están preocupados por precios al alza.

Lo que el presidente mexicano anunció fue la eliminación de impuestos a la importación de trigo, maíz blanco y amarillo, frijol y demás, como sorgo y soya.

Resulta entonces que para reducir precios ahora liberan la importación de productos y eso quiere decir que los precios altos anteriores se debían a otra cosa que el mismo gobierno hizo, limitar las importaciones.

Primero las limita, luego las libera. Es como de locos.

La agricultura es solo una industria más

No tiene sentido producir en casa lo que en otras partes tiene un precio menor. Nada complicado. Si en otras partes el maíz es más barato que el que usted produciría, entonces le conviene comprarlo a quien sea que lo produzca, en su propio país o fuera de él.

Y entonces usted puede especializarse en producir otras cosas que los demás demanden…. para comerciar con ellos.

La lógica es perfecta, pero ha sido alterada por los gobernantes: se les ocurre proteger a los agricultores quienes dicen que el país debe ser autosuficiente para producir, digamos maíz.

Quizá lo podíamos comprar más barato a otros agricultores en Argentina, o EEUU, pero se insiste en producirlo localmente y sale más caro. De allí el remedio de urgencia ahora, que debía ser la regla y no la excepción: libre comercio irrestricto de todo para beneficio de las personas.

¿Quién gana en esa alteración de la lógica? Antes que nada, el que pierde es el consumidor, todos los mexicanos.

Los que ganan son dos, los gobiernos que ganan más poder y los productores agrícolas que producen lo suficiente como para vender. Y como las ayudas a los productores de lo que podría importarse más barato salen de los impuestos, resulta que usted es el que les ayuda a ganar más de lo que debieran.

No podía faltar esta parte en el plan de Calderón, quien incluyó entre las acciones planeadas «apoyos a los pequeños productores», «tecnificación del campo» y similares.

Lo mismo de siempre, repetido por el nuevo gobierno mexicano, y que es precisamente lo opuesto a lo que debe hacerse. Un agricultor no es diferente a otros productores, pero se las ha arreglado para convencer al gobierno que recibir ayudas es algo patriótico.

Si todos los productores fueran como los del campo, entonces también deberían recibir ayudas, incluyendo a lo fabricantes de bolígrafos, pantuflas y jabones.

La verdad es que la tierra es un medio de producción más, igual que otros, y que no merece tratamientos especiales. Dividir la tierra, como su hizo en México, con el ejido, produjo votos para el PRI, pero no alimentos.

La agricultura es en verdad solo una industria, no esencialmente diferente al resto. Ella debe ser productiva, eficiente y competitiva, como todas las demás.

Y, sin embargo, al politizarse, la agricultura se convirtió en un instrumento de poder.


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Y otras cosas más para el curioso…

Debe verse:

¿Cómo evaluar propuestas y políticas de gobierno?
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