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La causa del desprecio de la ley. El porqué con tanta frecuencia se desdeña a las leyes, violándolas sin gran preocupación. La causa, su combinación única de justicia y fuerza.

Desprecio de la ley, el problema

El respeto a la ley es una de las bases de toda sociedad que prospera y florece —una condición necesaria y que tiene un componente sustancial: leyes que se hacen cumplir y al mismo tiempo son merecedoras de respeto.

El respeto a la ley es producto de, en buena proporción, la respetabilidad de la ley misma —es decir, el ciudadano debe ver en la ley un ordenamiento digno de adhesión y aprecio.

En buena parte el progreso y el bienestar de una sociedad dependen del desarrollo correcto de la noción de justicia que tengan sus ciudadanos.

Una buena conciencia de justicia les llevará a más conductas respetuosas de la ley, que en caso de no tener ese sentido de justicia —pero además, les llevará al entendimiento de que puede haber leyes injustas y, más aún, a entender que sus obligaciones y deberes van más allá del círculo estrecho de lo que manda la ley.

Dos circunstancias posibles

Esto presenta dos situaciones posibles que puede presentar una ley:

• Cuando una ley cualquiera ley es vista con estimación y deferencia, o incluso con admiración, esa ley tiene más probabilidades de ser cumplida y obedecida.

• Cuando la ley, cualquiera que ella sea, es vista con desprecio y desdén, incluso con menosprecio, esa ley tiene menos probabilidades de ser obedecida y acatada.

¿Qué es lo que hace que una ley sea vista con respeto o bien con desprecio? —una opinión que dependerá de cómo sea percibida esa ley.

El motivo central del respeto a la ley

Percibido en un sentido muy claro, el la coincidencia que la ley tenga con la idea de justicia que posee en ciudadano. Un fenómeno de congruencia entre el sentido de justicia del ciudadano y lo que la ley mande.

Una ley, por tanto, percibida como injusta causará en el ciudadano una reacción de desprecio y no se sentirá tan obligado a obedecerla, como en el caso opuesto, cuando sí perciba que la ley es justa.

Es decir, el desprecio de la ley es el resultado, en mucho, tiene como causa el apego a la justicia que el ciudadano perciba en ella.

Ley alineada con justicia

La ley en sí misma, cualquiera que sea y que debe estar alineada con su propósito central, el hacer respetar a la justicia bajo el poder del gobierno.

Como escribió F. Bastiat, «en las mentes de las personas, la ley y la justicia son una y la misma cosa». Es decir, las personas tienden a pensar que si algo es legal, eso significa que también debe ser justo y moral. Sería muy extraño que no fuera así.

Cuando el ciudadano tiene una conciencia desarrollada de justicia, esta persona tenderá a respetar la ley con convicción —pero se rebelará de distintas maneras ante una ley a la que considera que viola su sentido de justicia.

En este escenario, la idea de justicia —y la de moral también— es mucho más amplia que la de la ley, dando la posibilidad de acciones que sean vistas como legales, pero no como morales.

Pero cuando el ciudadano no tiene desarrollada su conciencia de justicia, esta persona será más fácil de gobernar, más sumisa —porque ella presupondrá que si está en la ley eso significa que inevitablemente es justo y no hay más discusión al respecto.

En este otro escenario, la idea de la justicia —y de la moral también— es muy limitada y coincide con lo que la ley establece. No hay aquí ya más posibilidad que la de considerar que si una acción es legal, eso la hace también moral y justa.

Combinación de justicia y fuerza

Las dos ideas van juntas. Ley y justicia son inseparables. La mente las asocia indisolublemente. La ley debe ser justa y si no lo es, entonces tampoco es realmente ley.

Es natural esto, pero hay algo que falta. Otro elemento muy unido a la ley.

La ley está unida a la noción del uso de la fuerza para hacerla cumplir y para castigar a quien la viole. Esto permite una visión mejor de la ley, algo como justicia por la fuerza. Suena un tanto extremo, pero es real.

Un gobierno aplica la ley, esa ley tiene que ser justa, y la aplica usando la fuerza. No hay otra posibilidad. Sin la justicia, la ley queda como un solo despliegue de fuerza y eso es causa del deprecio que sufre.

Ley: justicia y fuerza

La ley de nada serviría si careciera de esa fuerza que la acompaña. La ley no puede dejarse libre de ser o no cumplida. Entonces tenemos a la ley íntimamente ligada a justicia, pero también a fuerza.

F. Bastiat lo expresa así: «La ley es justicia organizada». Por eso es que la causa del desprecio a la ley comienza cuando esta se ve como fuerza sin justicia, dejando de convencer al ciudadano de actuar legalmente.

Fuerza justa

La mezcla de justicia y fuerza que es la esencia de la ley, lleva a la pregunta obvia. ¿Hasta dónde debe llegar esa fuerza de aplicación?

El mismo Bastiat planteó la pregunta:

«¿Puede la ley —la que necesariamente requiere el uso de la fuerza— ser usada racionalmente para otra cosa que no sea la protección de los derechos de todos? Desafío al que sea a llevarlo más allá de este propósitos sin pervertirlo, volviendo a la fuerza contra el derecho». Bastiat, The Law

Será difícil encontrar a quien se atreva a proponer el uso de la fuerza gubernamental fuera de sus límites naturales de defensa de la persona. Si acaso esos límites de rebasaran, ello sería causa del desprecio de la ley por parte del ciudadano.

De nuevo, Bastiat trata esto:

«Cuando la justicia se organiza por la ley —es decir, por la fuerza— esto excluye la idea de usar a la ley (la fuerza) para organizar cualquier actividad humana, sea el trabajo, la caridad, agricultura, comercio, industria, educación, arte, o religión. La organización por ley de cualquiera de éstas destruiría inevitablemente la organización esencial —justicia». Ibídem

Tiene fuerza esta forma de pensar. ¿Existe una justificación del uso de la fuerza para regir el comercio, a la producción, al arte, o a la educación?

Solamente cuando dentro de esas actividades se dañe a la persona y sus intereses y nada más que eso.

La posibilidad se aprecia muy claramente en el caso de la religión: sería absurdo justificar el uso de la fuerza para organizar así las creencias y ceremonias religiosas (a menos que ellas violaran los derechos de los demás).

La causa del desprecio de la ley

La ley es una combinación única de justicia y fuerza que la convierte en justicia obligatoria con amenaza de castigo. Por tanto, sin justicia, la ley se convierte en un mero ejercicio de poder sin limitaciones y eso es causa de su desprecio.

El que sea esa combinación de justicia y fuerza, más aún, le impone límites a la ley. Cuando ellos son rebasados, eso es causa también del desprecio de la ley.

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