La conexión entre libertad económica y civilización. La libertad humana, en todas sus expresiones, produce eso que se llama civilización. Un estado de cosas que permite una vida segura, estable y en el que puede confiarse de gozar de los frutos del trabajo personal.

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Existe una conexión entre civilización y libertad económica

Esa es la idea central que muestro en esta columna —la relación íntima que se tiene entre la existencia de la libertad de iniciativa económica de las personas y el florecimiento de la civilización.

Considerado de otro lado, la idea propone que donde no exista esa libertad económica tampoco existirá civilización.

La idea de ‘civilización’

Dadas las múltiples interpretaciones del término, para propósitos de esta columna debe entenderse de la manera siguiente:

Civilización es un estado imperfecto de cosas en una comunidad que ofrece estabilidad, seguridad y confianza a quienes allí viven, de tal manera que ellos pueden trabajar y esforzarse teniendo una certidumbre razonable de que podrán gozar de los frutos obtenidos.

Parte de ella es eso que se conoce como estado de derecho, imperio de la ley y que hace percibir un ambiente en el que no se teme a abusos del gobernante, ni a amenazas externas ni internas.

Se vive en paz razonable y en un clima de seguridad personal. Las personas en ese ambiente son respetuosas de la ley, pueden confiar entre ellas y viven con un sentido de virtud.

Allí se ha logrado, se mantiene y es razonable esperar una prosperidad creciente que mejora niveles de vida, eleva productividad, facilita inversión, incentiva investigación, crea cultura, educación y tiempo libre.

Civilización y libertad

La libertad es parte esencial de la civilización. Es la que permite a las personas tener iniciativas personales que logran innovación, mejoras y adelantos —tanto que una sociedad con libertades suprimidas no puede llamarse civilizada.

La libertad es eso que permite acumular contribuciones personales por millones desde generaciones anteriores hasta las presentes —sin haber otra posible manera de lograr el cúmulo innumerable de esas aportaciones que es su conjunto forman el ambiente que se llama civilización.

Civilización y gobierno

La autoridad política juega un papel vital en una civilización —el de mantener ese ambiente de seguridad, confianza y certidumbre que permite a las personas suponer que gozarán de los frutos de sus trabajo en el largo plazo.

Esta es la razón de ser del gobierno y la ley —y lo hace por medios distintos, como la división del poder, la emisión de leyes justas, servicios de policía, representación diplomática y tribunales eficientes, justos y honestos.

El mayor riesgo que representa el gobierno es el abuso de su autoridad, algo siempre presente y que una civilización atiende como prioridad central.

La defensa de la libertad económica

Defender a los mercados libres, por más razonada que sea su defensa, es un error cuando olvida el cimiento en el que se sostiene —un olvido que debilita la argumentación a favor del que es claramente el mejor sistema económico.

Es el error de una defensa que ignora la conexión entre libertad económica y la civilización. Sin este argumento, la defensa de los mercados libres y la libertad económica queda en un mero argumento de formación de precios reales, asignación eficiente de recursos y procesos beneficiosos de intercambio.

Los mercados libres merecen una mejor defensa —con lo que debe entenderse, un discurso más amplio que el meramente descriptivo de procesos económicos.

Si se defiende a la libertad económica, sus adalides deben decir insistentemente que no argumentan solamente a favor de un sistema económico, sino de la libertad humana total que produce civilización —la adición de un elemento filosófico.

Más, la visión de una sola libertad

La conexión entre libertad económica y civilización, más aún, permite agregar otro argumento en defensa de esa libertad.

Si se cree en la libertad económica, como un bien en sí mismo, resulta obvio que se crea también en otras libertades —las políticas, las educativas, las culturales, de expresión, religión y otras más.

El liberal debe aceptar que su defensa de los mercados libres es en realidad la defensa de la libertad humana —y no solamente la exaltación de un proceso de formación de precios que es notablemente superior al intervencionismo económico.

Esto hace que el defensor de los mercados libres deba hablar también de la naturaleza humana —pues si defiende a la libertad es que entiende a la persona de esa manera: libre, racional, responsable y no como el socialismo, que la define como incapaz, irracional e irresponsable.

Una defensa completa de la libertad

En lo que quiero hacer hincapié es en que la defensa de la libertad económica es en realidad la defensa de una cierta forma de pensar acerca de lo humano —y que es esa forma de pensar lo que no deben olvidar incluir señaladamente en sus argumentos.

Con frecuencia se escuchan admirables argumentaciones en favor de lo mercados libres que olvidan eso —y acaban por convertirse en posiciones estrechas que todo quieren resolver por medio de razonamientos económicos liberales que acaban en el simple consejo de creer que la sociedad perfecta sería aquella en la que todos hicieran lo que quisieran, sin límites.

Olvidan que los mercados libres son una consecuencia de un mucho más vasto marco —de toda una civilización que en compañía de otras ideas tuvo un desarrollo de muy largo plazo.

El olvido que intento enfatizar, en la defensa de la libertad económica, es el de dejar de considerar que ella es parte de una civilización —y que al no defender a esa civilización, la defensa de esa libertad nace impedida y mutilada.

Es la civilización que entendió a la persona como individual e irrepetible, imperfecta y racional —así como responsable por su libertad, lo que le hace tener que aceptar las consecuencias de sus acciones y rendir cuentas por ellas.

Una civilización que acepta reglas y normas universales y objetivas —con un marco general reconocido de que hay actos indeseables y acciones loables. Rascando un poco siquiera, el defensor de la libertad económica verá, seguramente con sorpresa en muchos casos, que defiende a la civilización que es greco-romano-judeo-cristiana.

Conclusión

La defensa de los mercados libres, quiero resaltar con insistencia, es mucho más que el alegato en pro de sin duda el mejor sistema económico que se conoce —es también la argumentación a favor de la libertad humana individual y de la civilización en la que esa idea nació, maduró lentamente y produjo la manera de pensar que, entre otras cosas, reprobó el abuso de la autoridad gubernamental.

Cuando se olvida que la defensa de la libertad económica es también la defensa de una civilización, el resultado será el predecible —una derrota sonora ante formas de pensar que socavan  a la civilización que produjo a los mercados libres.

Estoy hablando de que el defensor de la libertad económica se convierte en un aliado inconsciente de sus opositores cuando olvida que también debe defender ciertas creencias que, tal vez, le parecerán, conservadoras y dignas de olvidar.

Este es Hayek (1899-1992), un ídolo de los defensores de la libertad económica:

«No necesita enfatizarse más que el verdadero individualismo afirma el valor de la familia y de todos los esfuerzos comunes del grupo y la comunidad pequeña, que cree en la autonomía local y en las asociaciones voluntarias y que en verdad su defensa descansa principalmente en la creencia de que mucho de lo que ocasiona el llamado a la acción coercitiva el Estado puede ser mejor realizado por la colaboración voluntaria». The Essence oh Hayek

La conclusión es difícilmente más clara: defender a los mercados libres es también defender a la idea de la civilización entera.

Y eso es un olvido que hace fracasar sus esfuerzos —incluso a pesar de que están en lo cierto. Un olvido que debilita al libre mercado, incluso a pesar de su fortaleza y explica, al menos en parte, la popularidad de sistemas económicos malos. Más de Hayek:

«[…] la existencia de convenciones y tradiciones comunes dentro de un grupo de personas les permitirá trabajar conjuntamente de manera sosegada y eficiente con mucho menor organización formal y obligatoriedad que un grupo sin ese antecedente común». Ibídem

El esquema de la defensa

En resumen, ha sido apuntado que la correcta y completa defensa de la libertad económica debe incluir dos puntos adicionales a los usuales:

  • Existe una conexión entre civilización y libertad, lo que incluye a la económica.
  • La libertad es una sola y se manifiesta de diversas maneras, una de ellas es la económica —como la de expresión y otras más.

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Y unas cosas más…

Debe verse:

Pros y contras del mercado libre

Otras ideas relacionadas:



[Actualización última: 2020-12]

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Civilización y libertad de expresión y económica, su conexión

Sí un escritor de novelas dice que él debe escribir sin trabas lo que tiene en su mente, no hay razón por la que una persona no pueda trabajar sin trabas en donde a ella le plazca.

Si un filósofo puede escribir en sus libros las ideas que se le ocurren, no hay causa por la que un emprendedor no pueda abrir una fábrica para producir el producto que se le ocurrió.

Tanto derecho tienen el escritor y el filósofo, como la persona y el emprendedor. No hay diferencias entre ellos. Ambos están ejerciendo su libertad, cada uno en su campo.

Un curioso caso contradictorio

Eso lleva a la llamativa situación de intelectuales que simultáneamente solicitan lo siguiente:

  • Reclaman libertad de expresión para escribir, pintar y demás —y luchan contra el gobierno que lo intenta.
  • Reprueban libertad económica para invertir, producir, trabajar —y apoyan al gobierno que lo hace.

Los intelectuales piden libertad para ellos, pero se olvidan de la libertad de los demás. Por eso hay a escritores como García Márquez, que escribe lo que se le pega la gana donde hay libertad, pero dice que no hay nada más bello que la carencia de libertad en Cuba.

También es por eso que Carlos Marx pudo escribir su ataque a la libertad dentro de un ambiente de libertad. De donde no había libertad de expresión, Marx fue expulsado hasta que acabó en Inglaterra, donde pudo escribir y pensar lo que quiso y escribió diciendo que la libertad debe ser aniquilada porque ella es una ideología burguesa.

Tener libertades parciales es un estado temporal solamente —no es concebible la larga duración de un estado de cosas en las que existe libertad de expresión, pero no libertad económica.

La contradicción de defender unas libertades pero no otras tiene su origen en ignorar la naturaleza única de la libertad humana, que es libre —y hacer de lado la conexión entre la libertad en general y la civilización, lo que incluye a la de expresión epro también a la económica, como el resto de ellas.