Incentivo de tiempo
Péndulo como un incentivo

La mejor política económica posible. La manera óptima en la que un gobierno puede tratar a la economía para lograr la mayor prosperidad posible. Una cuestión de incentivos que ayuden a ir en esa dirección.

Punto de partida

Es una fórmula común. Una petición generalizada. Viene de esos que reclaman que exista una política industrial nacional. Quieren la mejor política económica posible

Desean mayor gasto público. Se le considera una condición necesaria para el crecimiento. ¿Lo es? Lo más probable es que no, más bien es otro de esos clisés inútiles.

El gasto público

Veamos lo del gasto público más de cerca con la ayuda de un libro, el de Becker, G. S., & Nashat, G., The Economics of Life, (1997, New York: McGraw-Hill).

Iniciemos con una parte de esa supuesta mejor política económica que pueda existir, la del gasto público. Lo primero que tenemos que responder es quién gasta mejor, con mayor productividad, el sector privado o el público.

Los autores dicen que en la experiencia Occidental, los gobiernos hacen inversiones peores que los inversionistas privados.

La consecuencia de lo anterior es obvio, si usted quiere tener una buena política económica en el país, ella no debe incluir un aumento en el gastso público, más bien una disminución.

El dinero no cobrado en impuestos será mejor manejado por los particulares que por los gobernantes. Es obvio. Lo que gasta un gobierno tiene una procedencia única, el bolsillo de la gente. Lo que gasta o invierte un gobierno es lo que no gasta ni invierten los ciudadanos.

Por tanto, lo mejor que puede hacerse es dejar la mayor cantidad de recursos en manos de quien mejor invierte, y ese no es el gobierno.

La otra parte, los subsidios y apoyos

Ahora vayamos a otra parte de la política económica, la de apoyos a industrias consideradas claves y que merecen tratamientos especiales, al menos según los «expertos».

La típica decisión de política es apoyar a algunos sectores, como los de tecnología avanzada, entre los que destaca la de energías alternativas. O los agrarios para tener autosuficiencia alimentaria, o lo que sea que se le ocurra al gobernante, quizá apoyar a la industria petrolera.

Otro libro, el de Myddelton, D. R., They Meant Well: Government Project Disasters. (2007 London: The Institute of Economic Affairs) tiene una lista de fracasos del gobierno inglés y que no son excepción en otras partes.

Los gobiernos tampoco son buenos tomadores de decisión en asuntos de inversiones, apoyos y subsidios.

Primera conclusión y el otro peligro

Por consiguiente, es posible llegar a cierta conclusión razonable, la de que la mejor política económica posible es la que permite a los particulares tomar las mayor cantidad posible decisiones de inversión y gasto. La experiencia muestra eso en todas partes.

Hay otra faceta que recuerdan los autores de The Economics of Life.

Es la irresistible atracción que tienen las políticas industriales para grupos de presión que van a la autoridad, hacen cabildeo, y así intentan lograr tratos favorables, préstamos directos, garantía de créditos, exenciones fiscales, lo que a usted se le ocurra.

Las inversiones que así se hacen están distorsionadas desde su origen. El cálculo de se rendimiento se hace sobre la base falsa de, por ejemplo, menores impuestos o un préstamo blando que impide ver la realidad. Las decisiones de inversión están sustentadas en ficciones fabricadas por el gobierno.

Es por tanto razonable la idea de que la mejor política económica posible es no centralizar decisiones de inversión en los gobiernos.

Dejando que quien mejor decide inversiones tome esas decisiones es lo más lógico que puede hacerse. Sí, aunque eso equivalga a negar el clisé tan repetido de definir una política económica gubernamental.

La conclusión puede ser probada comparando el desempeño acumulado de empresas estatales o con apoyos gubernamentales, contra empresas privadas. Puede pronosticarse que esa comparación arrojará un dato claro: las empresas de mejor desempeño serán consistentemente las privadas.

Un gobernante invierte dinero ajeno en proyectos cuyo fracaso no le representa un daño personal; pero un particular invierte recursos propios en un proyecto cuyo fracaso le representaría un daño personal.

Un futuro sin vikingos

Encontrar a la mejor política económica que es posible tener en un país nos lleva ahora hasta Sevilla y Lisboa en el siglo 8. Fecha en la que se vivía con una amenaza, la invasión de vikingos.

Suponga usted que tiene un campo con una casa, en la que siembra y tiene algunas gallinas. Vive más o menos bien, para la época.

Piensa usted mejorar su propiedad, de la forma que sea, quizá con un nuevo techo y sembrar para cosechar el año que viene. Resulta, sin embargo, que hay una variable imprevista que causa incertidumbre: las invasiones vikingas que saquean periódicamente la zona.

Eso cambia las cosas. Usted no estará muy motivado a sembrar si no tiene una razonable certeza de recoger los frutos en unos meses más. Usted ha dejado de hacer cosas para el futuro y tal vez no le interese reparar el techo de la casa que quemaron los vikingos la última vez que invadieron la zona.

Las invasiones alteran la confianza

La variable central en esas decisiones es la confianza razonable en el futuro, la suficiente como para que usted decida trabajar hoy y disfrutar sus resultados más adelante. Es una suspensión voluntaria de su trabajo hoy, del empleo de sus recursos y sus talentos.

La consecuencia es un futuro malo en relación al que se tendría en caso de que los vikingos no hicieran sus incursiones de saqueo. Y, si eso sucede, entonces quizá a usted o a otro se le ocurra construir un molino de agua. Toda una inversión que necesita a ese sentido de un futuro confiable.

¿Qué es un futuro confiable para usted en esa situación? Que no invadan los vikingos, me dirá. Correcto. Eso significa que futuro confiable es la creencia en que usted disfrutará mañana de los frutos de su trabajo de hoy.

Esa es la clave: usted no quiere vikingos en su futuro, es decir, no quiere incertidumbre. No quiere vivir con el riesgo de que alguien llegue y le robe sus propiedades, ni lastime a su familia. Lo fascinante de esta situación es que los vikingos ocupan un lugar que otros pueden tomar.

Otros que alteran la confianza

Si no hay ya vikingos, puede haber bandas de ladrones que van por el país robando y saqueando. Puede haber invasiones de otras tierras y naciones.

También, puede ser que el monarca en turno decida ir a la guerra con su vecino para reclamar su trono y decretar un impuesto que a usted le significa perder gallinas y cosechas.

Segunda conclusión

La mejor política económica posible es la que, además de colocar la mayor parte de las decisiones de inversión en manos privadas, provee confianza en el futuro. La confianza de que puedan disfrutarse los resultados de esas inversiones.

¿Para qué construir un molino de agua si pasado mañana lo queman los vikingos? Se pierde lo que así se hubiera producido. Usted se sentirá motivado a trabajar en el monto en el que los frutos futuros de ese trabajo puedan ser gozados por usted y quien usted decida.

Los vikingos se transforman

Los vikingos se han refinado mucho y comprendido que en cada saqueo obtienen menos porque la gente trabaja menos. Han entendido el principio anterior y le proponen a usted un trato.

Vendrán cada año y le confiscarán el 40% de los frutos de su trabajo. No es una buena situación, pero es mejor que la anterior cuando le confiscaban todo y quemaban su casa.

Usted acepta, pero lo hace con desgano pues casi la mitad de los resultados de su trabajo le será confiscado. Y, peor aún, usted sufre además los saqueos de bandas de ladrones.

Los vikingos, al cabo del tiempo, se dan cuenta de que recogen menos de lo que esperaban y deciden hacer algo realmente novedoso. Le dicen a usted que cada año pasarán a recoger solamente el 10% de los frutos de su trabajo y que a cambio de eso le darán servicio de protección contra invasiones de otras partes y contra ladrones.

La cosa ha cambiado totalmente. Los vikingos refinados seguramente recogerán más de lo que esperaban y cada año en aumento. Usted piensa que el intercambio vale la pena y se siente motivado a trabajar confiando en un futuro razonablemente seguro.

El resto de sus vecinos pensará igual y todos serán menos pobres, o más ricos, como quiera usted verlo.

El punto es ese principio de conducta humana: las personas trabajarán más y con más esfuerzo en la proporción que calculen que podrán gozar mañana de su trabajo presente. Esa confianza en el gozo futuro es el principal motivador del trabajo y el incentivo central de la innovación.

Toda política económica que no considere ese principio estará mal diseñada y tendrá alta probabilidad de fracaso.

Considerar a la naturaleza humana

Lo que sigue es un elemento más sutil que la mejor política económica posible debe tomar en cuenta. También se refiere a los incentivos que mueven a la conducta humana.

Para examinar eso, debo referirme a dos variaciones que puede tener esa política económica.

1. Política económica de libertad

Bajo ella, la mayor parte posible de las decisiones de inversión y gasto es dejada en manos particulares y la gran responsabilidad gubernamental es la construcción y mantenimiento de un estado de derecho que proteja a la persona y a sus propiedades.

2. Política económica de intervención estatal

Bajo ella, buena parte de las decisiones de inversión y gasto son tomadas por el gobierno, el que adopta como su gran responsabilidad funciones de redistribución de la riqueza y dar apoyos y respaldos selectivos a sectores económicos.

¿Cuál de las dos dará mejores resultados?

La evidencia presentada antes sugiere con fuerza que la mejor política económica posible es la que deja en manos particulares la mayor parte de las decisiones de inversión y gasto y que hace del gobierno el gran responsable de mantener el imperio de la ley y las instituciones.

Muy bien, pero hace falta ver más de cerca las razones por las que esa política funciona mejor que la otra. La causa son los motivos y estímulos que contiene, los que explico en lo que sigue.

Una persona y dos ofertas de empleo

Supongamos que el lector está en busca de empleo y tiene ante sí dos ofertas entre las que debe seleccionar una. Los dos empleos son idénticos excepto por esto:

  • Opción A. Sueldo de 100,000 al mes. Tres meses de vacaciones. Bono anual de 200,000.
  • Opción B. Sueldo de 50,000 al mes. Tres semanas de vacaciones. No hay bono anual.

La decisión es tan obvia que no la menciono. Lo interesante es examinar los criterios usados para tomar esa decisión.

Beneficio personal

Entre dos trabajos idénticos se preferirá el que represente más ingresos totales a la persona. Un empleador lo verá de la otra manera: entre dos empleados idénticos se preferirá al que menos salario solicite.

Y eso mismo puede aplicarse a las decisiones de compra, venta e inversión. Quien tome la decisión preferirá la alternativa que más le beneficie, lo que en una situación de libres iniciativas producirá eso que ha sido reconocido: sin buscarlo abiertamente, se producirá beneficio a los demás.

Si acaso el gobierno alterara esos beneficios personales, las personas modificarían sus decisiones y sus conductas ya no tendrían ese efecto no intencional de beneficiar a otros también.

Tercera conclusión

La mejor política económica posible debe respetar a la naturaleza humana que busca obtener los mayores beneficios personales, es decir, el mejor uso posible de sus propiedades. Eso será de beneficio general mientras exista un estado de derecho que proteja a la persona y a sus propiedades.

Resumen, la mejor política económica posible

Ha sido examinado el tema apuntando tres cualidades de esa política de gobierno. Tres cosas que debe hacer:

  1. Dejar las decisiones económicas en manos de quienes más saben y más incentivos tienen en hacerlas fructificar.
  2. Producir un ambiente de confianza y tranquilidad para hacer atractivas las decisiones de inversión de plazo largo.
  3. Aprovechar el interés personal de tener un beneficio.

Y unas cosas más…

Deve verse:

El error de ignorar a los incentivos
¿Qué son efectos no intencionales? Definición

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