Capitalismo

La moral del libre mercado. La defensa de la libertad económica hace bien en mostrar sus resultados muy superiores. Pero comete un error si en su defensa no incluye argumentos morales, que tiene y también son superiores.

.

Introducción

Esta columna presenta un examen de los aspectos morales del libre mercado, sosteniendo que la defensa de la libertad económica en sí misma no es suficiente. Necesita una dimensión moral o ética para lograr ser completa.

Un olvido del capitalista y el liberal

Comienzo por apuntar el olvido de la dimensión moral del libre mercado. Sus argumentos están correctamente sustentados en sus resultados muy superiores a otros sistemas económico, pero eso no es suficiente.

La defensa del liberalismo y el capitalismo queda incompleta si no se agregan aspectos morales y sus derivados legales.

Demasiado ocupados en defenderse de los ataques socialistas y en explicar las bondades de los mercados libres, los liberales tienen poco o escaso tiempo para ver una de las columnas que sostiene sus ideas.

Dejándola de lado, debilitan su posición. Me explico.

Sí, es cierto que los sistemas de libertad económica son mejores que los de intervencionismo estatal. Producen más prosperidad y, mejor aún, respetan a la naturaleza humana. Poca duda hay sobre esto.

Los opositores al liberalismo, al capitalismo, a todo lo que signifique libre mercado, mantienen así ocupados a los liberales y capitalistas. Los distraen y les hacen olvidar algo vital.

El mercado libre necesita estado de derecho

En esas discusiones se sufre ese olvido del elemento legal y moral. Para que funcione bien, el capitalismo necesita un orden legal, eso que se llama estado de derecho. Otros pueden llamarle imperio de la ley.

Es ese estado en el que el gobierno se responsabiliza de hacer respetar las libertades y los derechos de personas individuales: cumplimiento de contratos, respeto a la propiedad, castigo a delitos y demás.

Sin eso, el capitalismo no puede funcionar. Así de simple, lo que nos lleva al siguiente nivel, que es cuando las cosas comienzan a ponerse interesantes (y a donde no suele llegarse).

El libre mercado necesita principios morales

Si se requiere de leyes, eso inevitablemente significa que se requiere de normas morales. Esta conclusión, que es ineludible, suele irritar a algunos. Pero es cierta.

Cuando alguien propone una ley, la que sea, eso se debe a que ha hecho una evaluación ética previa. Ha concluido que esa ley es buena.

Por ejemplo, una ley que castigue el robo, o el secuestro, o la invasión de propiedades. Todas ellas reconocen que hay un elemento anterior de valuación moral. El robo es malo, la propiedad es buena, lastimar a otros es malo.

Es decir, sobre la ley, anterior a ella, por encima de ella, hay un juicio moral que es imposible de ignorar. La conclusión es obvia, si el capitalismo necesita un estado de derecho, el estado de derecho necesita una moral.

Sí, el capitalismo tiene que tener una moral que lo apoye y que se base en al menos un elemento clave, la libertad humana.

Esto suele irritar a muchos. He visto a capitalistas irritados cuando se habla de esto, y también a socialistas. Curiosa situación de muchos de ellos que se enfurecen incluso cuando se habla de moral capitalista.

Los socialistas dicen que es un oxímoron, esa figura de la retórica que reúne dos conceptos opuestos, como «silencio ensordecedor». Los capitalistas quizá piensen que no se necesita, que lo que ellos defienden es la libertad y nada más que eso.

La dimensión moral del libre mercado

Hasta aquí, apunto estas ideas que muestran el punto de que el capitalismo y el liberalismo tienen una dimensión moral y ética que deben usar en su defensa.

  1. La defensa de la libertad económica usa su superioridad clara de resultados, pero olvida sus aspectos morales.
  2. La libertad económica necesita un estado de derecho para poder dar resultados y eso implica reconocer un marco legal, el que no puede existir sin normas morales.
  3. Ya que el capitalismo y el liberalismo defienden a la libertad personal, la propiedad privada y la vida, eso significa que están aceptando principios morales.

Mire usted lo curioso que resulta lo que leí una vez, «el capitalismo no necesita una moral, le basta la libertad». Decir eso es necesariamente un juicio moral. Decir que no necesito moral es hacer un juicio moral.

La consecuencia de ignorar la moral dentro del capitalismo es la obvia: no puede mantenerse el sistema a la larga sin esa implantación de la ley y la moral que están detrás. Hacen mal, por tanto, los liberales que ignoran el tema.

La libertad humana necesita moral

Quienes defienden a la libertad humana, y en especial a la libertad económica, tienen frente a sí un desorden potencial cuando ignoran el otro componente de la libertad, la libertad.

En otras palabras, defender al capitalismo sin usar argumentos morales y éticos, es una defensa débil e inefectiva. E. Burke (1729-1797), el escritor, político, filósofo irlandés, lo expresó de manera genial:

«Los hombres están calificados para las libertades civiles, en exactamente la proporción que su disposición para poner cadenas morales a sus apetitos; en proporción a que su amor por la justicia esté por encima de su rapacidad».

La idea puede ser esquematizada con estos elementos:

• La libertad defendida sin atención a otra cosa puede convertir a su defensa en un llamado ilimitado de autonomía personal que no contiene elementos de respeto y conservación —una ruta a su extinción.

• La libertad debe ser aunada a elementos que la hagan sostenible indefinidamente y para todos —lo que lleva a consideraciones que la conserven universalmente.

• La libertad es esencialmente personal, ejercida individualmente —lo que conduce a la existencia necesaria de normas aceptadas por la persona, las «cadenas morales a sus apetitos» y el «amor por la justicia por encima de su rapacidad».

La dimensión moral de la libertad

Quien sea que quiera defender a la libertad y lo haga sin consideración limitativa, destruirá eso mismo que quiere defender — es decir, los liberales deben ser también defensores de normas morales y eso es inapelable.

Creo que esto puede ser demostrado con la propiedad privada como una norma moral de respeto necesario que hace posible a la libertad y su conservación.

Si la propiedad privada no es defendida, tampoco lo es la libertad, pues entre ellas existe una conexión vital. La libertad de ningún tipo puede existir donde no exista también la propiedad privada de bienes personales y también de medios de producción —por lo que tiene que existir también ese «amor por la justicia» que lleva a sojuzgar a la rapacidad del robo.

El capitalista y el liberal necesitan argumentos morales

Si proyecto lo anterior hasta extremos razonables, debo concluir que el defensor de la libertad debe ser, de cierta manera, un conservador razonado que también resguarde un código moral que fortalezca sus argumento y su defensa de la libertad económica en concreto.

La inadvertencia de la importancia moral para la defensa de la libertad es lo que ha producido —en mi opinión— la acusación común y acostumbrada del capitalismo. La siguiente crítica muestra el efecto de hacer olvidado los argumentos morales del libre mercado:

«Si bien el capitalismo ha llevado al mundo a lograr enormes avances y alcanzar un desarrollo importante, las inmoralidades propias del sistema capitalista lucen como un precio elevado por el progreso que hasta el momento se ha alcanzado. El capitalismo, liderado por los gobiernos, multinacionales y hasta por pequeños imperios económicos locales, ha cometido grandes injusticias y atropellos en su propósito por hacer crecer su riqueza». csocialescm.blogspot.mx

Cuando se olvida que quien defiende a la libertad también defiende valores morales y obligaciones éticas, este abre sin gran conciencia una grieta considerable a su defensa —por la que puede entrar su opositor apropiándose de ideas como la dignidad humana y usarlas en provecho de los ataques a la libertad.

El defensor de la libertad necesariamente sostiene la idea de dignidad humana merecedora de libertades —pero al relegar que también defiende la moralidad de la dignidad humana cede ese elemento a su opositor, quien usará a la dignidad humana para su provecho contra la libertad.

Es decir, quien defiende a la libertad tiene que tornarse en un defensor de «cadenas morales» opuestas a los apetitos y excesos; defensor de la justicia por encima de codicia y avaricia —y si no lo hace, su defensa será en extremo débil.

El capitalismo, la libertad económica, es sin duda el mejor sistema para la creación de riqueza y el combate a la pobreza y ningún sistema es mejor que él. Esto ha sido demostrado hasta la saciedad.

Pero esa defensa fuerte de la libertad económica, por esa vía exclusiva, es endeble sin su componente moral —que es lo que hace posible lo que ha sucedido, es decir, la defensa moral del socialismo. Una falla notable del liberal.

No solamente la libertad económica

Quienes defendemos a la libertad en contra de los ataques de las mentalidades socialistas, comunistas, intervencionistas, dictatoriales, totalitarias y el resto de ellas, deseamos proteger no solo a la libertad económica.

Por lógica inapelable, defender al capitalismo y al liberalismo por ser libertad económica, también significa la defensa de otras libertades.

• La libertad política, lo que equivale a la defensa de sistemas demócratas y republicanos que promueven gobiernos limitados y bajo estricto control.

• La libertad cultural, lo que equivale a las libertades de expresión, educación, religión, opinión, arte y demás, que colocan a estas áreas fuera del control político.

• La libertad económica, lo que equivale a la libertad de trabajo, producción, innovación empresarial, venta y consumo, en un ambiente libre de interferencia gubernamental. El libre mercado.

El común denominador entre esos tres puntos es el natural para el libre mercado, el capitalismo y el liberalismo, la libertad humana —algo considerado como el mayor valor humano, y que debe defenderse donde existe, o tratarse de implantar donde no existe.

La interferencia estatal

¿Es la libertad el poder hacer lo que la persona quiera, sea lo que sea? Incluso el más radical de los liberales respondería que no porque entendería que el acto libre de robar un banco no es bueno —aunque sea realizado en total libertad por el ladrón.

Esto es lo que ha llevado a pensar en el principio de no afectar la libertad ajena —concluyendo que todo acto libre es bueno con tal de que no afecte la misma libertad que otros tienen. La idea es la de igual libertad para todos y eso prohibiría robos, asesinatos y similares.

El principio de no dañar a otros, sin embargo, parece incompleto porque deja abierta la posibilidad de considerar aceptable la libertad de la persona para dañar a su propia libertad —una situación incongruente: no poder dañar a otros pero poder dañarse a uno mismo.

La respuesta liberal más común es pragmática y establece límites a la interferencia estatal:

  • El gobierno debe intervenir para evitar que la acción de uno dañe la libertad de los otros —es la prohibición y castigo de robos, fraudes, asesinatos y similares;
  • No debe meterse en los actos decididos por voluntad libre de ambas partes, como la prostitución y la compra-venta de drogas —el de fumar en restaurantes;
  • Tampoco debe intervenir en actos propios que dañan a uno sin lastimar a otros, como el no usar cinturón de seguridad.

Poniendo toda su fuerza en limitar a los gobiernos su poder para anular con leyes a las libertades personales hace una defensa enérgica y razonable. Efectivamente, nada tiene qué hacer el gobierno prohibiendo bebidas alcohólicas, por ejemplo.

Pero eso hace olvidar al liberal que acciones como el consumo de drogas, el abuso del alcohol, o la prostitución son moralmente reprobables. La ley no los debe prohibir, pero falta responder si la persona misma debía libremente prohibírselas a sí misma.

Todo lo que he tratado de hacer con lo anterior es apuntar un olvido del liberal, el que preocupado con la tarea de defender a la libertad de los ataques gubernamentales, ha puesto toda su atención en aspectos legales —y se ha olvidado de la posibilidad de que haya acciones tomadas en entera libertad y que sean contrarias a la misma libertad personal.

El punto central

📌 La defensa moral del libre mercado, si quiere ser completa y efectiva, debe ir más allá de centrarse en la innegable superioridad para producir prosperidad general.

De no incluir los aspectos morales y éticos de la libertad humana para defender al libre mercado, sus argumentos resultarán débiles. Peor aún, dejarán un vacío que sus enemigos aprovechan gustosos.

Otro elemento moral de los mercados libres

Un mercado libre se reconoce porque en él funciona un mecanismo de determinación de precios que son el producto acumulado de decisiones personales —las que son efecto de las valoraciones individuales.

Diferentes personas, con diferentes estándares de valoración de los bienes, interactuando entre sí, forman precios que varían mostrando los valores asignados por ellas a esos bienes, en su intercambio.

Siendo propietarias, las personas siguen su natural inclinación al intercambio, ofreciendo lo que menos valoran en relación a lo que más valoran en un cierto momento y un cierto lugar —los precios formados son información indispensable para tomar decisiones de compra y venta.

Esto obliga a concluir que la información que permite a las personas actuar y formar precios no es posible de acumular centralmente —es decir, nadie puede determinar precios reales centralmente.

Los mercados libres son la mejor forma conocida para determinar precios reales que puedan ser usados para tomar decisiones eficientes y aprovechar al máximo recursos limitados —es decir, abandonar el sistema de libre mercado tendrá el efecto de desperdiciar recursos y eso afectará negativamente el bienestar de las personas.

Surge un dilema moral inevitable

Si se acepta, como es cierto, que el sistema económico de mercados libres, capitalismo, o liberalismo, es el que mejores resultados produce creando prosperidad general, eso hace surgir un dilema moral.

¿Es correcto y debido seleccionar otro sistema económico que produce menos prosperidad y que incluso causa pobreza y miseria? El problema puede ser visto esquemáticamente:

  • El sistema económico A es el que más prosperidad sostenida produce.
  • El sistema B produce menos prosperidad que el sistema A —incluso el sistema B en dosis intensas eleva la miseria.
  • ¿Cuál de los dos sistemas económicos debe implantarse como obligación moral y ética?

La respuesta es obvia y representa la aplicación de un principio moral de aprovechar el conocimiento para hacer el bien.

📌 Con un pequeño gran detalle adicional —las personas actuarán moral o inmoralmente con independencia de si viven bajo el sistema económico A o el B.

Libre mercado: defensa completa

Es la defensa ortodoxa de los mercados libres. Tiene su lógica y es cierta. Afirma que la libertad económica manifestada en mercados libres, con derechos de propiedad bien establecidos e intercambios voluntarios, es la mejor forma para lograr prosperidad.

Es verdad, ese sistema de libertad económica dispersa riesgos, aprovecha conocimientos esparcidos, usa talentos abundantes y permite crear riqueza sin precedentes en la historia. La evidencia es abrumadora examinado esto con datos de pobreza.

La defensa de la libertad económica tiene demostraciones fuertes que son prueba de la solidez de los razonamientos que promueven a la libertad económica como el mejor régimen posible para crear bienestar creciente.

Esa es la defensa acostumbrada de los mercados libres, de la libertad económica. Y no es mala, al contrario, es vigorosa y concluyente. Sin embargo, es una defensa incompleta por lo general.

Pienso que los defensores de la libertad económica usan muy buenos argumentos y tienen pruebas contundentes acerca de los resultados, no perfectos, pero sí admirables de los mercados libres. Pero es una defensa insuficiente e inacabada de los mercados libres porque no tiene una dimensión moral.

Los faltantes

Suele carecer de una dimensión integral que comprenda que al defender a la libertad económica de las personas se tienen otras creencias que también deben valorarse y defenderse.

Sobre todo, hay una defensa de la creencia en una naturaleza humana que es esencialmente libre y que tiene capacidades para razonar, decidir y actuar; que puede tener conductas buenas pero también malas; que crea leyes y costumbres y necesita guías de comportamiento.

Y todavía más. Esa naturaleza humana acumula experiencias y conocimientos produciendo cultura, tradiciones, costumbres, reglas, civilización, normas que permiten la existencia de la vida en común. Todo en un conjunto de convivencia que es difícil de explicar racionalmente y con diseños espontáneos que son frágiles e imperfectos.

Todo ese conjunto de convivencia con múltiples elementos que interactúan entre sí es lo que sostiene a la libertad económica y son su defensa moral.

Cosas como leyes aplicadas objetivamente, protección ante abusos de autoridad, libertades adicionales a la económica; instituciones estables y una razonable expectativa en un futuro con poca incertidumbre en buena parte creada por la existencia de normas de comportamiento que premian la convivencia y castigan el daño ajeno.

Conclusión

Quien defiende a la libertad económica y los libres mercados debe también defender todo eso que hace posible a esa libertad: esa razonable expectativa en el futuro estable y que permite trabajar ahora para gozar mañana. Y eso lo logran los principios morales.

Ese futuro estable que debe defenderse en conjunto con la libertad económica, es el olvido usual que hace incompleto el argumento a favor de la libertad económica.

¿Cómo crear ese futuro percibido como estable, es decir, sin amenazas a los frutos del trabajo propio?

Ese futuro es producto de gobiernos limitados que funcionan bajo el imperio de la ley, y que se encargan de hacer cumplir. Leyes derivadas de experiencias acumuladas durante siglos. Pero también, es producto de una cierta expectativa de conducta de la gente común que respeta normas más allá de lo que marca la ley.

Y tanto la ley como las normas de comportamiento cotidiano tienen una fuente común, que es un código moral, ético, o como usted quiera llamarle. Es decir, para sorpresa de muchos, la libertad económica necesita también una defensa moral. La de ese sistema moral que le permite existir, sin el que la libertad económica no sería posible.

Eso significa que suponer que la libertad económica apoya a la idea de una sociedad liberada de toda moral crea el enemigo interno que la destruirá. Sin una cierta moral no puede existir esa libertad económica que tanto se desea defender.

La libertad económica, los mercados libres, el capitalismo, el liberalismo, necesitan un sustento moral para poder existir.

Ahora el punto es de dónde sale ese código moral que produzca leyes justas y comportamientos buenos. Mucho me temo que solamente hay una fuente última, firme y sólida, para ese código moral que permita defender a la libertad económica.


.

Y algo más para los curiosos…

Debe verse esta idea:

Capitalismo, mercado libre y moral

Otras ideas relacionadas:

Acerca de la notable disminución de la pobreza en el mundo véase también Global Poverty Rates and Economic Growth.



[Actualización última: 2020-08]