intervencionismo moral

La nueva moral negociada. La creación de un código ético modificado en cada ocasión y sustentado en los intereses de las partes. En donde establece la moral quien más poder tenga.

Introducción

El tema es uno de esos que se llama de fondo, es decir, tiene dos características básicas.

Por un lado, es algo de consecuencias gigantescas en nuestra vida. Por el otro es uno que produce un aburrimiento terrible. Son esos, por lo general, los rasgos principales de los asuntos más importantes.

El tema es el de lo moral o ético (ya ve, le dije que era aburrido). Es importante porque es lo que guía nuestras acciones. Dependiendo de nuestras creencias morales haremos unas cosas y otras no.

Estoy hablando de lo que consideramos bueno y de lo que consideramos malo.

Una nueva moral negociada

Existe una nueva noción de moral y ética que es digna de poner sobre la mesa. No es la noción normal, la que establece que lo bueno es lo congruente con la naturaleza humana y que lo malo es lo que va contra ella.

Esta nueva moral afirma que lo moral en negociable por ser un fenómeno social que define a lo bueno como algo que compagina intereses personales entre la gente y nada más. Una moral acomodada a la resolución de conflictos.

Se trata de una conjugación caso por caso del interés personal con el interés colectivo. De acuerdo con esto, lo bueno es producto de una negociación de intereses entre dos partes. Sí, la moral es negociada.

El fenómeno es digno de ser notado explícitamente porque forma parte de la enseñanza oficial en las escuelas y los adolescentes, y muchos de ellos, vivirán el resto de su vida creyendo que eso es la moral, el negociar intereses del momento con otros.

Características de la moral negociada

1. Sin principios centrales

El más obvio de los fectos de ese nueva definición de moral es que no tiene principios estables ni sólidos. Lo que es un caso resulte de esa negociación de intereses, puede ser diferente en la siguiente ocasión.

Es decir, lo bueno ayer puede ser lo malo hoy y mañana, nadie sabe. La moral, entonces, se vuelve no una fuerza ordenadora y de estabilidad, necesaria para prosperar, sino una fuente de desconfianza e incertidumbre, lo que produce miseria.

2. Gana el más fuerte

Otra característica es natural, en la negociación de intereses tiene más probabilidad de ganar el de mayor fuerza y poder. La moral negociada entonces se modifica de acuerdo con el poder que posea una de las partes y ella se convierte en la fuente de la moralidad prevaleciente.

3. Definición personal variable

Si mi moral está orientada por mis intereses personales, yo los defino como yo quiera, sin limitaciones y sin reglas. La moral negociadal no me impone ningún criterio excepto lo que me beneficia según mi propia opinión.

Si para ser bueno se me pide que considere los intereses de otros, me enfrento a esos otros que tendrán intereses propios también sin limitaciones. Todo se vuelve una lucha de intereses a resolverse por necesidad en una negociación.

4. Desconocimiento de los otros

La nueva moral negociada requiere que compagine mis intereses personales con los intereses de otros. Pero no hay definición de esos intereses de terceros. Puede ser alguien bien identificado, pero también no serlo.

¿Quiénes son y cómo puedo negociar con intereses de grupos o colectividades? No puedo en lo personal negociar con todos, por lo que el único medio es que ellos tengan un representante.

¿Quién representa a los intereses de los terceros, o incluso del pueblo? La única respuesta es el gobierno y lo que él diga.

Consecuentemente, lo moral es lo que yo pueda negociar con el gobierno: si la ley me lo permite, entonces no solo es legal, sino también es moral.

El gobierno, gracias a la nueva moral será quien determine lo que es o no ético. Sí, el gobierno es la fuente de la nueva moral. Y como es el más fuerte, se sufrirá intervencionismo moral.

Consecuencias graves

Ya ve usted, se lo dije, es aburrido y al mismo tiempo de consecuencias gigantescas: la moral y lo ético, de acuerdo con ese nuevo concepto, será una serie cambiante de reglas que se modificarán dependiendo de lo que piense quien ocupe el gobierno.

Sin un código moral estable y cierto

El origen de la falla de la nueva moral negociada se encuentra en la carencia de una fuente externa y objetiva de reglas morales y que suele ser una serie de creencias acerca del ser humano individual, con dignidad y valor propio.

Todo sin importar lo que piense el resto y lo que ordene un gobierno. Es una falla enorme ignorar esto.

La nueva moral, por ejemplo, señalaría como reprobable a todo lo que usted haga en caso de que lo haga solo para usted. Suena bonito y es un reclamo a la caridad, pero piense usted que esa sería la caridad definida por el gobernante y que consideraría egoísta y prohibido el que usted no haga lo que él o la mayoría quieren.

Moral dictada por el gobierno

Esta nueva moral es el sueño totalitario en el que el individuo no tiene valor y su conciencia está dictada por lo que el resto piensa de acuerdo con lo que los gobiernos dictan.

Nada habría ya nada que pudiera detener a gobiernos o leyes o mayorías injustas, porque la justicia estaría definida como lo que sea que piensen otros, en concreto el gobernante, cambiante cada día y en cada lugar.

Es, en verdad, un intervencionismo moral del gobierno y, por eso, una violación de derechos y libertades pues cancela el equilibrio entre poderes. La hiperactividad legislativa es una de sus manifestaciones con legisladores ordenando la vida privada de los ciudadanos.

Resumen

Lo que hice fue apuntar a la existencia de una moral que es producto de negociaciones de intereses entre partes y en las que, si una de ellas es el gobierno, los principios morales terminan siendo dictados por los gobernantes a su conveniencia y antojo.

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Y unas cosas más para los interesados…

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Consumo dictado por moral estatal

Por Leonardo Girondella Mora

El consumismo y el consumo «irracional» fueron el tema de una conversación con una persona, la que reproduzco abajo en sus partes centrales. Me parece que allí se muestra la idea de la moral negociada que termina por ser una dictada por el gobernante.

—Creo que las personas tienen patrones de consumo que son impulsivas, que no son racionales. Compran lo que no necesitan, consumen sin razón. Hablo del consumismo, de la sociedad de consumo —dijo la persona.

—¿Podría ampliar esa idea? —pregunté

—Es lo de consumir sin sentido, comprar cosas por razones de apariencia e imagen personal. Quieren ganar más para gastar más en cosas que no son necesarias para vivir. Debiera haber algo que evite eso.

—Concuerdo con usted en que la gente compra cosas que para otros son tonterías. Pero si las compran, ¿no será porque ellas sí las necesitan o creen necesitarlas?

—No, me refiero al consumo de cosas que no son vitales, como el tener el último modelo de teléfono celular cuando el anterior sirve perfectamente. Debería el gobierno entrar a regular esas cosas para evitar que la gente haga compras injustificadas, incluso inmorales.

—¿Compras injustificadas e inmorales?

—Sí,como lo del teléfono, o el comprar prendas de vestir para estar a la última moda. Eso es lo que resulta irracional e inmoral. Sería por el propio bien de ellas el acabar con todo eso.

—¿Usar al gobierno para hacer que la gente consuma lo que necesita y hacerlas felices?

—Sí, o algo por el estilo, algo que regule la compra de zapatos tenis demasiado costosos cuando otros de menor precio servirían igual.

—¿Por qué usar la coerción gubernamental? Parecería que las autoridades tendrían el poder de la razón, ellas y solo ellas.

—Pero es que a todas luces hay compras que no se justifican, eso lo vemos a diario.

—¿Bajo qué criterio son injustificables, el de usted, o el de algún otro?

—Bajo todo criterio racional. No tiene caso comprar esas máquinas para hacer café con cápsulas cuando una cafetera normal puede usarse.

—¿Quién establecería el criterio de justificación que llevara a prohibir esas cafeteras, o los zapatos tenis caros?

—Una oficina de gobierno, una que regulara productos dando autorización de qué productos son necesarios y cuáles no. Eso podría hacerse y es una buena idea.

—¿Qué criterio usaría esa oficina de gobierno para prohibir o autorizar?

—Pues es obvio, las necesidades reales de la gente, ese sería el criterio.

—Si la gente compra lo que no necesita, ¿cómo es que se necesitaría la coerción gubernamental? Después de todo, si lo compran es que lo juzgan necesario para ellas, aunque otro opine que no.

—Puede ser que la gente crea que lo necesita, pero es obvio que no cuando se piensa un poco. A la gente debe ponérsele orden moral en su gasto.

—¿Cuál orden? ¿El que usted piensa que es el racional, o el de quién?

—El de la razón de la necesidad real para vivir.

—No se necesita un libro para vivir, ni tampoco música, ni pinturas en las paredes, tal vez ni siquiera más de tres camisas, ni colchones. ¿Prohibiría usted todo eso? —insistí.

—No, por supuesto que no. Eso si es razonable comprar, Lo que digo es que debe evitarse que la gente compre lo que no necesita, lo que no es necesario para una vida normal.

—¿Quién y bajo que criterios se determinaría qué es lo normal?

—Pues lo que fuera normal, lo que realmente se necesitaría.

—No me ha contestado.

—Bueno, pues lo que establezca un comité de personas expertas y que de allí salgan normas que luego el gobierno convierta en ley.

—Entonces, usted propone que se obligue a la gente a comprar lo que haya sido concluido por los expertos.

—Sí, al final de cuentas, eso es lo que digo que hay que hacer, porque sería lo racional y lógico.

—Debe concluirse que entonces debe imponerse la moral estatal a la gente. Lo racional según lo definan expertos.

—Sí, eso es, exactamente.

—Eso le obligaría a usted a comprar cosas de acuerdo con lo que ellos digan y podría ser que no estuviera de acuerdo con lo que ellos decidan.

—No, yo compro racionalmente, con lógica. Lo que sucede es que son otros los que no compran de esa manera.

—Vaya, entonces se trata de imponer en otros el criterio que usted tiene, a pesar de que ellos no estén de acuerdo. ¿Cómo sabe que usted compra racionalmente y los otros no?

—Eso se ve todos los días. Cuando comparo mis compras con los demás, me doy cuenta de lo irracionales que son los demás.

—Correcto, ya entendí lo que usted propone. Me queda muy claro.