gobernantes imperfectos

La posibilidad de un gobierno perfecto. La probabilidad de tener gobernantes sabios, inteligentes y virtuosos, mejores que el resto de los ciudadanos. En quienes pueda confiarse todo el poder sin peligro alguno de abusos ni errores. La hipótesis del ángel que gobierne.

La hipótesis del gobierno ideal

El intervencionismo económico tiene un fundamento que no ha sido hecho explícito —en su versión popularizada, se piensa que creará una sociedad perfecta, estable, justa que hará la vida de la persona una carente de preocupaciones.

📌 Es la hipótesis del ángel que será seleccionado para gobernar y dar paso a la posibilidad de un gobierno perfecto. Esta es la hipótesis no explícita de toda doctrina política que se basa en la expansión del poder y funciones gubernamentales.

Orígenes y continuidad de la idea

Su antecedente es la idea platónica de una sociedad que no cambia porque ha alcanzado la perfección bajo el mando de una autoridad que no puede ser cuestionada.

En su modalidad moderna, la posibilidad de un gobierno perfecto sigue vigente —el intervencionismo estatal hará posible esa sociedad perfecta, la recuperación del paraíso, en el que todos tienen trabajo de por vida, se produce lo que se necesita a precios justos y no hay motivo alguno para protestar ante esa autoridad benévola.

Esta hipótesis del ángel gobernante puede verse hoy en día —por ejemplo en la crisis económica de 2008.

En su versión reportada por la mayoría de los medios dominantes contiene una idea central que es cimiento de todo: si hubiera existido una buena regulación estatal la crisis no se habría tenido —y para remediarla no hay más opción que más regulación estatal en busca de ese mundo sin preocupaciones.

Poco o nada se dijo de las acciones de Fannie May y Freddie Mac, de la laxitud de la Fed, de la influencia gubernamental para financiar hipotecas artificiosamente, de la reglamentación existente.

Son demasiado complicadas esas explicaciones —la gente necesita algo más simple de entender y que los reporteros alcancen a comprender, como culpar a la codicia de los financieros, la voracidad de los inversionistas y, por supuesto, la necesidad de más reglas impuestas por los gobiernos.

En este terreno mi punto es claro —la necesidad de una explicación simplista de la crisis para consumo popular, por supuesto, pero también para consumo de otros dos actores, el de reporteros sin preparación y el de gobernantes con ambición.

Y esa explicación que satisface a ellos tres es simple de escribir: la crisis, cualquier crisis o problema, se debe a falta de intervención estatal. Ella lo corregirá todo.

La hipótesis del ángel gobernante

Si las crisis y problemas se remedian con más amplias capacidades y poderes de gobierno, sigue la lógica, es obvio que el resto de los problemas se resolverán de la misma manera, con más intervención estatal —el paraíso terrenal puede recuperarse por medio de gobiernos con más poderes y más atribuciones.

A la mayoría escapa el supuesto del que parte esa idea, la que presupone que el gobierno es perfecto e intervendrá sin cometer errores porque los gobernantes son perfectos —una posibilidad escasamente realista.

En la mente popular, que abraza explicaciones simples y aborrece las que le obligan a pensar, ignora esa imposibilidad y anticipa un paraíso posible, el de una sociedad sin preocupaciones que creará ese gobierno sin defecto alguno.

Definiendo la idea

La posibilidad de un gobierno perfecto es el supuesto que considera posible toda doctrina que basa sus políticas en la centralización y acumulación de poder y funciones en el gobierno. La pregunta obvia es si ello es una expectativa realista.

La hipótesis del ángel gobernante que forma al gobierno perfecto hace concluir que nada hay que no pueda y resolverse satisfacerse por medio del gobierno —servicios médicos gratuitos universales, créditos blandos, apoyos al campo, subsidios a la industria, altos salarios por decreto, educación pública desde primaria hasta universidad, casas para todos, alimentos baratos.

Los intelectuales

En la mente del intelectual, que adora mundos simples con explicaciones vagas y obtrusas, el paraíso terrenal es anticipado también, el de una sociedad con estructuras justas, precios justos, remuneraciones justas, en total armonía de acuerdo con un plan preconcebido por los iluminados —ellos mismos y sus héroes intelectuales.

Porque se ven a sí mismos como los protagonistas de la hipótesis del ángel gobernante que harán posible al gobierno perfecto que requiere la idea de que todo lo resolverá el gobierno.

Los medios

En la mente de los medios, que clama por explicaciones sencillas que pueda comprender quien escribe sobre temas que no conoce y que presupone que su audiencia es tonta, el paraíso puede recuperarse y es anticipado en su hipótesis inicial eterna: el gobierno debería hacer algo.

No importa que mil veces haya reportado fallas de gobierno, su fe en él sigue siendo ciega y piensan que sí es una posibilidad real el tener un gobierno perfecto que produzca una sociedad perfecta.

Los académicos

En la mente académica, que crea modas sustentadas en el manejo de palabras de escaso significado, el paraíso es posible y se anticipa en lo políticamente correcto —con palabras clave del nuevo lenguaje: tolerancia, muticulturalidad, justicia social, comercio justo, género, igualitarianismo.

Términos defendidos como si fuesen dogmas inapelables que sólo pueden ser impuestos usando la autoridad de los gobiernos. Una buena parte de ellos adoctrinan a sus alumnos con la idea de que el gobierno perfecto sí es una posibilidad y que, por ello, deben tenerse gobiernos cada vez mas grandes y poderosos.

Los gobernantes

Y en la mente de los gobernantes, que se ven a si mismos como salvadores universales de cualquier problema, el paraíso puede tenerse en esta tierra, si tan solo se les dejara hacer lo que ellos quieren —el mismo reclamo de Platón.

La hipótesis del ángel gobernante se vuelve realidad con ellos y, son quienes harán posible a un gobierno perfecto —porque ellos son perfectos.

El resultado neto

El efecto visible es la gran popularidad de doctrinas políticas cuyo cimiento y justificación es la expansión del poder del gobierno —pero lo que no es visible es la hipótesis de la que parten.

Las doctrinas políticas de este tipo suponen que es una posibilidad real tener un gobierno perfecto, formado por gobernantes que son perfectos y tomarán medidas perfectas —no hay evidencia alguna de que esto haya sucedido jamás.

Conclusión

Lo que he tratado de mostrar es la idea oculta que se encuentra en todas las doctrinas que proponen gobiernos amplios, crecidos y con amplios poderes de intervención en la vida de las personas.

Esas doctrinas suponen la posibilidad de tener gobiernos perfectos formados por gobernantes perfectos —cuya intervención en la sociedad dé como resultado una sociedad perfecta.

Bajo esa hipótesis sería totalmente razonable tener ese gobierno de amplios poderes y funciones —pero existe un problema: no es posible tener personas perfectas que formen un gobierno perfecto.

La posibilidad del gobierno perfecto presupone que los gobernantes son honestos, sabios, incapaces de equivocarse —en resumen, ángeles a los que se le debe dar poder sobre seres comunes, una hipótesis irreal.

Es decir, esas doctrinas de gobiernos todopoderosos se basan en la existencia de seres humanos que sean ángeles, con la condición de que unos pocos de esos ángeles sean llevados al poder total y los demás sean sumisos a ellos—no creo que haga falta demostrar que la hipótesis es falsa.

Notas extras sobre la hipótesis del ángel convertido en gobernante: un paréntesis histórico

[El lector que no desee profundizar en la idea puede suspender su lectura en este punto —pero quien quiera adentrarse más en ella, es invitado a continuar.]

Los ejemplos de la política vieja no dejan de tener vigencia en la nueva y lo sucedido en siglos anteriores contiene instructivas lecciones para las personas actuales —son lecciones acerca de la posibilidad de un gobierno perfecto.

Luis XIV de Francia

Uno de los gobernantes prototipo, dignos de estudio, cuya personalidad harían bien en conocer muchos gobernantes y directivos de empresa. Luis XIV (i638-1715) fue llamado el Rey Sol y subió al trono a la edad de cinco años en 1643.

Gobernó bajo el dominio del cardenal Mazarino hasta 1661 y de allí en adelante, lo hizo con independencia personal. Fue esposo de la infanta española María Teresa y tuvo amantes como quizá se suponía que debía tenerlas: La Vallière, Montespan y Madame de Maintenon, con la que, tras quedar viudo casó secretamente en 1680.

Colbert fue su ministro de finanzas. Fue el monarca que aseveró que el estado era él. Tiene la reputación de hacer instituido lujosas fiestas, pero sobre todo los rituales de la corte. Esas que hacían del amanecer de su majestad una ceremonia atendida en público, que incluía una reverencia al pasar por enfrente de su cama, estuviera él o no.

Pero a lo notable es su correspondencia. Una de sus cartas contiene un párrafo que lo coloca en un plan ciertamente superior al de sus sucesores, los que quizá creyeron que gobernar era aceptar la pompa de la corte y nada más.

Luis XIV fue más allá: las ceremonias cortesanas eran la fachada de algo con mucho mayor fundamento, el gobernar. A un nieto, en marcha a España para ser rey, le escribió,

«No favorezcas a las personas que más te adulen y ten, en cambio, consideración a quienes se atrevan a desagradarte por tu bien. No descuides tus asuntos por el placer; hazte un plan de vida que fije el tiempo destinado al descanso y a la diversión. Presta toda tu atención a los asuntos de gobierno. Antes de decidir, comienza escuchando cuanto puedas. Haz todo lo posible por conocer con exactitud a todos los hombres destacados para poder servirte de ellos cuando los necesites. Sé amable con todos y no digas nada ofensivo a nadie». de Gombrich, Ernst H. (1998). Breve historia del mundo [1935]. Barcelona. Península, p. 231.

France-001560 - Louis XIV“France-001560 – Louis XIV” by archer10 (Dennis) is licensed under CC BY-SA 2.0. Luis XIV

El punto es simple y tiene varios ángulos

Primero, leer historia es obligado para el que quiere saber de política y aún más para el que está en política.

Segundo, en esos escritos de hace muchos siglos se encuentran consejos y experiencias que son vigentes en su totalidad.

Y tercero, que es lo que quiero señalar, el gobernar en un asunto serio, muy serio —uno que no puede ser sustentado en la posibilidad imposible de un gobierno perfecto con un gobernante perfecto al frente.

Eisenhower

En otro estilo, el presidente Eisenhower de los EEUU aparecía con igual imagen, más dedicado al golf que al gobierno [Johnson, Paul. Modern times : the world from the twenties to the nineties, pp. 461-4].

Pero debajo de esa apariencia había inteligencia y refinamiento. Quien confunde al poder con el gozo de la autoridad y el cumplimiento de sus caprichos, es un mal gobernante.

Sí, hay pompa y boato, aduladores y sicofantes —pero quitando ese velo, hay una labor de amplias responsabilidades.

¿Cuántos gobernantes y altos ejecutivos han fracasado por rodearse de un séquito de rendidos zalameros? ¿Cuántos de ellos han fallado en sus responsabilidades por anteponer prioridades personales a los deberes de su función?

Sin duda se requiere tener bien puestos los pies en la tierra para que un subordinado contradiga a su superior y este en lugar de hacerlo de lado, lo eleve. Lo que digo es aplicable a los jefes de estado y a todos los que son cabeza de instituciones. Suelen ser ellos víctimas de sus propios engaños y realidades fantasiosas creadas por ellos mismos.

La expectativa de tener ángeles gobernantes que hagan perfecto a su gobierno es una posibilidad que debe descartarse.

General Dwight D. Eisenhower, Supreme Allied Commander“General Dwight D. Eisenhower, Supreme Allied Commander” by Marion Doss is licensed under CC BY-SA 2.0

Locura y estupidez, como el resto de los humanos

Generaciones anteriores, en tiempos anteriores, sin duda pasaron por problemas. Suponer que los tiempos pasados fueron sin excepción mejores, es una hipótesis aventurada e insostenible. Un breve repaso a la historia bastará para confirmarlo.

Y, sin embargo, no es infrecuente encontrarse con esa percepción de estar viviendo ahora los peores tiempos de toda la historia. Una evidencia presentada consistentemente es el totalitarismo: los regímenes de Mao, Stalin, Hitler, Por Pot; más la dinastía de Corea del Norte y otros dictadores.

Solo los tres primeros tienen en su cuenta la matanza de unos 130 millones de personas, más otros distinguidos acompañantes en la lista de asesinos masivos.

Esas escalas de matanzas no se sufrieron antes, aunque la medida comparativa apropiada tendría que ser la proporcional al tamaño de la población.

Estos tiempos nuestros no están exentos de problemas, de problemas realmente serios y graves; y esa situación ha sido la que ha caracterizado en general a todos los tiempos anteriores.

Eso que produce a los «malos tiempos»

Las cosas que producen crisis severas, problemas graves, todo lo que genera esa reacción de estar viviendo en tiempos convulsos y realmente malos.

Una de esas cosas que crean a los malos tiempos es la desconfianza general —una percepción universal de incertidumbre y que produce un medio ambiente de inquietud e inseguridad generalizada.

Una situación relacionada con temor y sobresalto que tienden a crecer al no poder esperar un futuro razonablemente predecible. No es que los riesgos desaparezcan por completo, sino que se perciben a tal nivel que crean percepciones de mayor probabilidad de sucesos indeseables. Es, en resumen, un incremento de la desconfianza en el futuro.

¿Qué puede producir esa desconfianza masiva en el futuro? Creo que una causa es la existencia de regímenes agresivos impredecibles —gobiernos con extremo poder interno, al estilo totalitario, y agresivos en lo exterior.

A lo que añado la baja calidad de gobiernos y gobernantes que han acumulado poder y responsabilidades en tal cantidad que requieren retirar recursos de labores productivas y dedicarlas a financiar actividades ineficientes y improductivas.

Las crisis de finanzas públicas del estado de bienestar son una instancia de esto, como antes lo fueron los costos de guerras.

La posibilidad irreal de un gobierno perfecto

Es un problema político de locura y estupidez, bien tratado en la obra de B. Tuchman, que se agrava con el abandono de la razón: las más insensatas y atolondradas promesas políticas pueden ser, y con frecuencia son recibidas por un electorado que las cree posibles.

Algo como la tesis de R. Scruton en uno de sus libros —los desastres de la historia han sido el efecto de un optimismo infundado y de errores de razonamiento.

Si eso es cierto, entonces el problema político real puede definirse como el evitar que la locura y la estupidez, es decir, la imperfección, lleguen al poder — que si llegan, tengan el poder acotado y una duración corta. La idea de K. Popper.

Considerar que es una posibilidad real el tener a gobernantes perfectos es una muestra de un optimismo extremo pues ningún ser humano lo es —y, pero aún, el poder mismo trastorna al cualquier ser humano.

Al final

Lo que he intentado aquí es sacar a la superficie una creencia demasiado optimista de algunas doctrinas políticas. La hipótesis de que es posible tener gobiernos perfectos con gobernantes perfectos en cuyas manos pueda confiarse un gran poder sin pesos ni contrapesos.

A esta creencia la he llamado la posibilidad de un gobierno perfecto, o bien, la hipótesis de ángel gobernante. Son suposiciones imposibles y de lo que hay evidencia abrumadora —y más aún, cuando se ignora su imposibilidad se crean gobiernos que son pesadillas autoritarias.



Y solo unas cosas más…

Debe verse:

Gobernantes imperfectos, gobiernos imperfectos
Una guía para la evaluación de gobernantes

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