igualdad

Las cuotas son una solución favorita para lograr igualdad. Se crean proporciones de personas preclasificadas que deben ser parte de algo. Proporciones de mujeres, etnias o cualquier grupo considerado débil para así tener diversidad.

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Lograr igualdad con cuotas de raza

La columna de Victor Davis Hanson, Ivory Cower, university presidents have lost their dignity, narra varios casos en lo que su autor muestra la distorsión mental de quienes ponen atención en lo políticamente correcto.

La Universidad de California, Berkeley

El problema que el rector detectó a su arribo, no fue de tipo académico, sino de «diversidad». El problema que encontró fue el siguiente: La población de la universidad no es igual a la población de su estado:

  • Estudiantes afroamericanos en Berkely, 3%; pero en California los afroamericanos son el 6.5%.
  • Estudiantes hispanos en Berkeley, 9.5%; pero la población hispana en ese estado es el 33%.
  • Estudiantes nativos indígenas en Berkeley, 0.4%’ pero esta población en California es de casi 1%.
  • Estudiantes asiatico-norteamericanos en Berkeley, 45%; pero en California esta población es el 11%.
  • Estudiantes blancos en Berkeley, 33%; pero en California esta población es de 45%.

¿Hay desproporciones? Desde luego —esa es la situación normal esperada, pues no puede suponerse que cada subgrupo social refleje perfectamente a las proporciones del total de la población. Esperarlo es un error.

Un 100 sería una representación perfecta de acuerdo a la población; por debajo sería una representación menor y por arriba, una mayor:

  • Afroamericanos, 46.
  • Hispanos, 29.
  • Nativos indígenas, 40.
  • Asiático-norteamericanos, 409.
  • Blancos, 73.

Todos los grupos raciales tienen una representación menor a la de su proporción en la población de California —todos, menos los asiáticos. ¿Debe ser una universidad el reflejo perfecto del resto de la población?

No, si el tema es bien analizado, pero esas diferencias son una muy buena excusa para hacer de lado la misión universitaria de excelencia en la educación y poner atención en un problema fabricado que necesita solucionarse porque está en contra de la «igualdad». ¿Qué hacer?

La respuesta es obvia, forzar las distribuciones de estudiantes para que ellas coincidan con las proporciones de la población. Implantar cuotas para lograr igualdad y diversidad

Si hay 33% de hispanos en el estado, por fuerza tiene que haber ese mismo porcentaje o uno muy similar en la población estudiantil —y cuando eso se logre, la «diversidad» habrá sido alcanzada, solucionando la «discriminación».

Por tanto, la acción correcta es sacar a cuanto asiático sea posible para dar cabida a estudiantes del resto de las razas —el doble de afroamericanos, el triple de hispanos, el doble de indígenas locales y un poco más de blancos.

Todos ellos entran y se expulsan a los asiáticos. Hanson, el autor de la columna, dice que de esto puede aprenderse mucho de las patologías que sufren las universidades actuales de su país.

Los problemas de las cuotas para lograr igualdad y diversidad

Los criterios usados tienen problemas serios que dificultan tener un aplicación de esas cuotas.

La raza

El criterio de raza usado para definir los grupos es primitivo en el mejor de los casos. Supone que puede determinarse en cada persona un ejemplar puro de la raza a la que hace referencia.

¿Qué hacer con el estudiante que es mitad latino y mitad sajón? ¿Cómo clasificar a un estudiante que es un octavo francés, un octavo español, mitad asiático y una cuarta parte negro?

No hay respuestas posibles y si llegan a darse, ellas serían en extremo racistas: la raza en la que se es clasificado marcará si es o no posible que entre a una universidad.

El mérito

El criterio de mérito es puesto de lado. Ya no importa la capacidad ni el mérito para estudiar, lo que importa es la raza, así sea mal definida.

¿Se impedirá la expulsión de latinos o de afroamericanos para mantener las cuotas buscadas a pesar de reprobar materias? Es una auténtica negación de lo que intenta ser una universidad.

Discriminación

La medida sería rematadamente discriminatoria, porque llevaría al rechazo de gente capaz que no pertenece a la raza buscada y la aceptación de gente incapaz que sí pertenece a la raza adecuada.

Muchos talentosos terminarían sin entrar a la universidad y muchos incapaces serían aceptados. Las universidades, como efecto de esto, disminuirían su nivel académico.

El planteamiento de la situación

Las cuotas para lograr igualdad y diversidad, para ser justificadas, adoptan una visión concreta de la situación que perciben. Esto permite comprender mejor el error cometido.

La realidad de una situación

La situación está expuesta en estos términos: un subgrupo cualquiera de la población no contiene proporciones similares de los segmentos del resto de la sociedad.

Por ejemplo, en una universidad el 2% de los estudiantes son latinos, pero en la población, los latinos representan el 10%. O igual, las mujeres son el 51% de la población pero ellas son el 10% de los altos ejecutivos o 30% de los legisladores.

La situación es un problema

Se comprende esa realidad como un problema y no como una realidad aceptable. Esas desproporciones no deberían existir —todo subgrupo de la población debería ser una muestra representativa de la población.

Si hay 51% de mujeres en la población, debería haber un 51% de mujeres en las universidades. Y todavía más, debería haber 51% de mujeres en cada carrera y en cada generación de graduados.

La expectativa desarrollada es esa, la de encontrar en cada subgrupo una proyección de la población en general.

Sesgo en los grupos

Tercero, la selección de los grupos es sesgada. No todos los criterios de representación son importantes, ni todos los grupos merecen atención.

Si el 5% de la población es vegetariana y solo hay 1% de dentistas vegetarianos, eso no es relevante. La atención está puesta en ciertos grupos, como en este caso, la raza, o el sexo, o lo que sea que represente a un grupo considerado débil. Esos que se consideran minorías.

Los criterios que más suelen ser mencionados son los de sexo y raza —sería tonto mencionar que no hay buena representación en el estudiantado de personas mayores de 50 años.

Y se pone atención en ciertas razas, pero no en otras, como en el caso de Berkeley, donde la sub-representación de raza blanca no es vista como un problema, pero sí la de latinos y afroamericanos.

La no búsqueda de explicaciones

En la implantación de cuotas para lograr igualdad y diversidad no hay esfuerzos para la búsqueda de explicaciones.

Si acaso, por ejemplo, se encuentra que las mujeres son significativamente menos del 50% de los profesionistas de medicina, o de las carreras de matemáticas, o de los puestos ejecutivos más altos, una mentalidad académica real buscaría explicaciones de ese hecho en complejos análisis y estudios.

No sucede esto cuando se está bajo los efectos de la «igualdad y diversidad». Allí se brinca a conclusiones inmediatas que todo lo explican por medio de la discriminación intencional de unos sobre otros.

Alteración del currículo de materias

Con el pretexto de encontrar diversidad y reconocer igualdad, una universidad puede justificar cursos de lo que se le ocurra a cualquiera. Un ejemplo de esto:

«Chicana and Chicano studies is an interdisciplinary field that takes as its focus of study Chicana/o-Mexicana/o, other Latina/o populations, the US-Mexico border/lands, and society at large. […] Students will learn to critically interrogate assumptions about race/ethnicity, class, gender, citizenship, and sexuality, among other axes of power, as well as understand the influence of border/lands in marking the experiences of Chi- cana/o-Mexicana/o communities and society at large». San Diego University

Rechazo a toda crítica

Si a alguna persona se le ocurre criticar las cuotas para lograr igualdad y diversidad, de inmediato va a ser atacado de tal manera que se le forzará a pedir al menos disculpas públicas y quizá hasta renunciar a su puesto si es que trabaja en esa universidad.

Se le vería como un tipo que discrimina contra el grupo minoritario y eso es terrible en la mentalidad de la academia actual, cuyos integrantes se arrodillan bajo esa nueva deidad de la «diversidad».

En resumen, las cuotas para lograr igualdad y diversidad

Encuentran ellas problemas donde no los hay, rechazan explicaciones y se convierten en una obsesión de igualdad bajo el paraguas de la diversidad.

La diversidad puede ser entendida como una herramienta que fuerza la existencia de situaciones que son ilógicas e irracionales —como el establecimiento de cuotas por raza, por sexo, o la difusión obligada de agendas políticas usando los recursos de otros.


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Y unas cosas más para el lector curioso…

Conviene ver

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Cuotas de mujeres en política

Por Eduardo García Gaspar

Hubo un programa de radio en el que se invitó a una serie de mujeres miembros de algunos partidos políticos mexicanos. Hablaron de «La Mujer y la Democracia».

El tema de ese programa era el de la participación de la mujer en la política, la que fue considerada como un problema porque en ese terreno las mujeres no tienen la proporción que poseen en la población.

Esto es cierto, el 50 por ciento de los puestos públicos no son ocupados por mujeres.

La solución simple

Y ante esa situación innegable, ellas hicieron lo que todo político hace. Tomaron el problema y lo politizaron encontrándole una solución boba, la de cuotas para lograr igualdad.

Por fuerza, por ejemplo, los candidatos de los partidos debían ser mitad de cada sexo. Es la clásica salida política: imponer una regla forzada y olvidarse del por qué de la situación.

Los hombres, todos, por medio de un malévolo plan querían reducir el papel de las mujeres en un claro caso de discriminación. Y contentas con esa explicación, insisto, encontraban la única solución política, que es esa de cuotas forzadas de mujeres.

La desproporción de sexos en diversas ocupaciones es más la regla que la excepción y éste es un fenómeno que debe estudiarse, no politizarse.

La realidad

Supongamos que en posiciones de cirujanos hay más hombres que mujeres y que eso quiere solucionarse imponiendo cuotas para lograr igualdad de sexos. Va a haber problemas.

Puede ser que no existan tantas candidatas mujeres que hayan hecho esos estudios, o que ellas en una proporción mayor hayan dejado la carrera. No lo sé.

Pero lo que sí sé es que hay que ver las causas antes de tomar medidas correctivas que pueden ser peores. Y esto no lo hace el gobernante que politiza el asunto.

Más aún, usted no puede esperar que todas las profesiones contengan proporciones iguales del resto de la población. Y querer forzar eso puede producir peores efectos.

Lleva esto a definir discriminación femenina como la selección de un candidato hombre para un trabajo que una candidata mujer podría hacer mejor.

Consecuencias

Es decir, el criterio de desempeño es puesto de lado y se prefiere a alguien que no es mujer, sabiendo que el trabajo a realizar será mal hecho o no tan bien realizado.

Encuentro difícil de creer que la regla imperante y única sea preferir trabajos malos pero hechos por hombres que mejores trabajos hechos por mujeres. Porque el criterio central para seleccionar a un candidato para un trabajo es su capacidad para realizarlo.

Si es mujer u hombre, eso es lo de menos. Y si se fuerzan cuotas por sexo, el resultado puede fácilmente ser la selección de candidatos no adecuados, que inmerecidamente ganan una posición por razones ajenas a su habilidad.

Se acaba en una forma pervertida de discriminación. En fin, todo lo que he querido mostrar es un defecto de la clase política, la que vive en eterna búsqueda de problemas en la sociedad para ofrecer soluciones que se vuelven banderas políticas, causan animosidades e ignoran los análisis.

Esas mujeres del programa de radio dijeron bobadas no por ser mujeres, sino por pertenecer a la clase política… y sus bobadas van a empeorar el problema, no a solucionarlo.