pobreza

Las mejores maneras y formas de ayudar a los pobres es un tema complejo que debe comenzar por la mentalidad correcta, es decir, cómo enfrentar el problema. De eso trata esta columna para poder responder la pregunta de fondo, cuándo se deja de ser pobre.

I. Socorro o solución

Para desarrollar las mejores formas de ayudar a los pobres, conviene hacer una distinción inicial, diferenciando al socorro dado a los pobres de la solución de la pobreza.

La diferencia entre caridad y solución, en el área de la pobreza, es el tema que quiero explorar en esta parte —para lo que utilizo un ejemplo que ilustrará las ideas.

Tomo el caso de una familia que vive en una zona rural y está clasificada en la categoría de pobre —sus miembros tienen ingresos acumulados de menos de tres dólares diarios. El padre, la madre y tres hijos viven en una casucha de dos habitaciones y piso de tierra.

¿Cómo ayudar a esa familia? ¿Cómo resolver su problema? Las posibles formas de hacerlo es lo que quiero examinar partiendo de dos esquemas básicos posibles: el socorro dado y la solución encontrada.

Ambos esquemas persiguen el mismo objetivo principal de ayudar a esa familia, atendiendo su situación de pobreza, pero difieren totalmente. Y, además, ayudan a encontrar la respuesta de cuándo se deja de ser pobre.

Esquema del socorro

Es un tipo de ayuda a casos como el de esa familia y que puede ser ilustrado con las ideas de apoyo, asistencia y auxilio —como ayudas gubernamentales.

La naturaleza del socorro está en su velocidad, siendo un apoyo casi instantáneo de asistencia, con resultados visibles inmediatos —algo muy ubicado en el tiempo, a un período de plazo corto.

Un ejemplo del esquema del socorro es el de una caravana de ayuda que en tiempos de frío recorre lugares como en el que vive esa familia, distribuyendo comida, ropa, cobijas y juguetes —o los programas de asistencia gubernamental que dan dinero o equivalentes.

Esquema de la solución

Es otro tipo de ayuda a situaciones como la de esa familia y que puede ser ilustrado con las ideas de remedio y respuesta —que resultan en la familia dejando de necesitar socorros o programas de ayuda.

La naturaleza de la solución se encuentra en su lentitud, siendo un apoyo de escasa visibilidad inmediata y con resultados que podrán verse en el plazo largo y mediano.

Un ejemplo del esquema de la solución es el de una escuela técnica en la que se preparan los miembros de esa familia para cosechar con mayor productividad y vender sus cosechas —logrando así dejar de ser pobres.

Diferentes enfoques

El efecto de los dos esquemas debe ser ya aparente y una pieza necesaria en la mentalidad que se necesitan al tratar de encontrar los mejores sistemas para ayudar a los pobres.

• El socorro atiende y supone remediar una situación específica de plazo inmediato —como el frío y las cobijas. Es lo que se hace en las ocasiones de desastres naturales, cuando se hacen donaciones de recursos y bienes a los afectados de terremotos o huracanes.

El objetivo del socorro es la compasión de resultados inmediatos y rápidos frente a situaciones que ameritan acciones sin demora.

Este socorro mide su éxito en el muy corto plazo atendiendo una situación de corta duración, como la necesidad de alimentos y agua durante una inundación.

• Por la otra parte, la solución atiende y supone poner remedio a una situación que no es accidental, ni de plazo corto —es la compasión que busca resultados de largo plazo en el remedio de situaciones prolongadas.

Si el socorro busca poner en manos de esa familia bienes y recursos para atender una situación inmediata, el esquema de la solución busca lograr que esa familia pueda adquirir por sí misma esos bienes y recursos. La diferencia es enorme entre los dos esquemas.

Cada esquema tiene su uso adecuado

El socorro es el mejor de ellos para atender situaciones que requieren urgencia y son temporales, como la atención a los damnificados por un huracán —y establecen una obligación moral de ayuda al prójimo pero por medio de ellos no se deja de ser pobre.

La solución es el mejor esquema para atender situaciones que requieren poner fin a una situación constante, como la elevación del ingreso personal o familiar —estableciendo también una obligación moral de ayuda al prójimo.

Conclusión

De lo anterior, puede concluirse que confundir sus alcances constituye una equivocación colosal.

Es totalmente desatinado intentar solucionar a la pobreza con el esquema de socorro, igual que es absolutamente errado remediar un problema de ayuda a damnificados con el esquema de la solución.

Más aún, con el esquema de socorro la pobreza de mantendrá e incluso crecerá, creando hábitos y costumbres de ayuda esperada que los pobres incluso reclamarán como derecho de ellos y obligación del resto.

Siendo la pobreza una situación de incapacidad para generar ingresos propios, ella solamente puede ser solucionada en plazos medios y largos, haciendo que el pobre se baste a sí mismo y tenga una aceptable autonomía económica (véase Pobreza: Definición Causal).

Entonces, ¿cuándo se deja de ser pobre? Solamente bajo el esquema de la solución, cuando se ayuda a la persona para que por sus propios medios consiga dejar de serlo. Bajo el esquema del socorro, nunca dejará de serlo.

Dos grandes principios para solucionar pobreza

La mentalidad que busca encontrar las mejores formas de ayudar a los pobres debe tomar en cuenta estos dos principios centrales:

En una situación temporal, de urgencia y necesidad inmediata, la mejor opción es el esquema de socorro —el que consiste en la donación de bienes, recursos y tiempo personal para atender el problema presentado (aunque él no incluya a pobres).

📌 En una situación que busca remediar una condición establecida y duradera de pobreza, la mejor opción es el esquema de la solución —el que consiste en hacer que la persona cree y desarrolle los conocimientos y habilidades para, por ella misma, generar ingresos que la eleven de su situación actual.

Lo que he hecho, en su fondo, es estructurar la vieja frase:«Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida».

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II. Propósitos y medios

Otra parte del enfoque que debe tener el encontrar las mejores formas de ayudar a los pobres debe considerar una diferencia entre las intenciones y los medios, es decir, ente los propósitos y los instrumentos. Aspectos de consideración para la pregunta de cuándo se deja de ser pobre.

Intenciones y propósitos

Primero, la intención y el propósito —ayudar a los pobres, especialmente a los más miserables, es encomiable. Muy pocos estarían en desacuerdo con ese empeño.

En sí misma, la intención compasiva contienen un elemento que merece ser destacado. Asume que hay bondad en los bienes materiales y que ellos no son inherentemente malos, pues la pobreza es entendida como carencia de esos bienes materiales.

Como corolario de la intención de ayudar a los pobres debe entenderse que es válido el hacer posible que quienes ahora son pobres dejen de estar en esa condición —por medio de una solución genérica que consiste en la posesión y consumo de bienes materiales.

La intención y el propósito es ayudar a los pobres a remediar su situación por medio de bienes materiales —lo que, en otras palabras, se entiende como elevación del estándar de vida, o la posibilidad de una existencia digna.

Esto es el entendimiento de la pobreza como un problema que necesita ser atendido y que suscita el propósito de ayudar a los pobres. La intención que detona el necesario paso siguiente —el de los medios e instrumentos para alcanzar esa meta.

Métodos, medios e instrumentos

Segundo, los métodos y vías —todos esos mecanismos, fórmulas, modos y maneras es las que es posible alcanzar las mejores maneras de ayudar a los pobres a remediar su situación.

El procedimiento amplio y genérico es conocido: si la pobreza es la carencia de bienes materiales, entonces ella se resuelve con esos bienes —quien los posea más allá de un cierto límite, deja de ser pobre.

El asunto, por lógica innegable, es resolver una incógnita —la de qué tipo de medios y maneras son los que resuelven la situación de mejor forma y con mayor eficiencia y solidez en el tiempo. 

Se trata de caridad inteligente, de compasión racional —es decir, de encontrar la solución para que dejen de ser pobres y no seguir siendo pobres que reciben socorros continuos.

Lo que sigue es una lista de lo que pienso son los principales criterios con los que deben cumplir los medios empleados para resolver situaciones de pobreza.

Largo y mediano plazo

Los mejores medios para ayudar a los pobres son los que permitan que esas personas por sí mismas resuelvan su situación —es decir, una solución indirecta que permita en el tiempo autosuficiencia personal y sin dependencia externa.

Por ende, los peores medios son los que colocan al plazo corto como su medición central —por lo general basándose en transferencias temporales de recursos que remedian situaciones de inmediatez pero no de períodos sostenidos.

Libertad personal

Los mejores medios son los que incentivan el uso de los talentos y las habilidades personales para realizar sus propias iniciativas —lo que aumenta las posibilidades de autosuficiencia personal y su cimiento de largo y mediano plazo.

Por ende, los peores medios con los que obstaculizan el aprovechamiento de los talentos personales aprovechados en iniciativas individuales —lo que produciría dependencia debido a la pasividad del esperar socorros y ayudas.

Sustentabilidad

Los mejores medios son los que permiten la creación permanente de riqueza material —no los que frenan la producción de riqueza y así limitan la disponibilidad general de recursos en uso. Otro de los requisitos de las mejores formas de ayudar a los pobres.

Por ende, los peores medios con aquellos que descuidan como prioridad a la creación de recursos —los que habitualmente subrayan solo prácticas redistributivas descuidando la creación de riqueza.

Seguridad personal

Los mejores medios incluyen una situación política de imperio de la ley —un estado de derecho sólido con buenos sistemas judiciales, legales y policiacos. Es lo que protege a la persona, a sus propiedades y a la riqueza que ha creado por sí misma.

Por ende, los peores medios son los que descuidan la importancia del estado de derecho —y que por eso, abren la puerta a oportunidades de ingresos por la vía criminal.

Cultura moral

Los mejores medios para ayudar los pobres están cimentados en principios morales que premian el trabajo, el esfuerzo, el ahorro, la previsión y la responsabilidad personal —para lograr la creencia en la capacidad propia para mejorar individualmente.

Por ende, los peores medios con los que debilitan creencias morales que asocian a esfuerzos personales con mejora individual —los que, por lo general, son socavados por prácticas de estado de bienestar.

Conclusión

Sostengo que la principal causa por la que se implantan medidas incorrectas para ayudar a los pobres a salir de su condición es una peculiaridad merecedora de ser realzada abiertamente —porque ella es con asiduidad totalmente ignorada.

Esa peculiaridad es la consideración única de las intenciones de ayuda a los pobres —una actitud de piedad, misericordia y conmiseración tan extrema que omite tomar en consideración a los medios y su evaluación.

Esto es lo que produce la implantación sólida de medios ineficientes y contraproducentes, casi siempre construidos sobre la idea de una política monotemática de redistribuciones de recursos por la vía gubernamental.

«El modelo económico actual debe recomponerse; el mercado no reparte la riqueza y tiene que ser el gobierno quien lo haga, dijo Aquiles Córdova Morán, Secretario General del Movimiento Antorchista […] quien tiene la obligación de arreglar lo que está mal, es el gobierno, ellos tienen que repartir la riqueza […] » diariomomento.com

Mi tesis es cristalina: una gran proporción de los fracasos de las políticas de ayuda a los pobres es debida al error de dejar que las emociones de las buenas intenciones impidan el análisis de los mejores instrumentos para hacerlo —y se implanten medidas toscas y burdas que proponen redistribuciones de riqueza por la vía estatal.

¿Cuándo se deja de ser pobre? No cuando se sigue dependiendo de ayudas y socorros de buenas intenciones, sino cuando la persona por sus propios esfuerzos logra y mantiene ingresos suficientes —y eso solo puede lograrse bajo las condiciones mencionadas.

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III. Medios económicos

Las mejores formas para ayudar a los pobres, además de lo anterior, deben respetar a la realidad. Es decir, deben considerar el funcionamiento de la Economía —a ella y a sus leyes, sin lo que cualquier ayuda tendrá problemas (véase Sí hay leyes económicas y son reales).

En lo que sigue tomo solo un caso, el de un bien cualquiera que los pobres no pueden adquirir y que resulta importante que esté a su alcance para ayudarlos.

Haciendo accesible un bien

Una persona P no tiene la capacidad de adquirir un bien b que es necesario para una vida digna. Desde ese punto, un análisis sencillo sugiere que la situación puede remediarse de dos maneras posibles:

  • Reduciendo el precio de b hasta el punto en el que P pueda adquirir el bien y la situación se remedie.
  • Aumentando el ingreso de P hasta el punto en el que b pueda ser adquirido y la situación se remedie.
  • Naturalmente, la tercera manera es una combinación de ambas —reduciendo el precio y aumentando el ingreso.

La ventaja obvia de este esquema es que provee un marco de comprensión de la pobreza con una dirección hacia soluciones posibles —las que están planteadas en tres rutas generales posibles.

  • Tomar acciones que permitan una reducción del precio de b.
  • Tomar acciones que permitan elevar el ingreso de P.
  • Tomar al mismo tiempo ambos tipos de acción.

Existe un requisito natural que dichas acciones deben tener — y se trata de ser acciones que den soluciones sostenibles en sí mismas, es decir, duraderas e indefinidas, que respeten a la realidad de las leyes de la Economía.

Este requisito descarta acciones de efecto corto o transitorio —como lo serían el obsequio del bien b, o la donación de dinero para comprarlo. Aunque existan circunstancias urgentes de ayuda inmediata justificada para esto, lo que se busca es una solución lo más permanente posible.

1. Acciones para reducir el precio del bien b

Estas acciones pueden tomar rutas de muy diferente naturaleza —posibles de distinguir dependiendo de su método.

Una ruta directa es la intervención estatal para, por decreto, reducir el precio de b de forma que P pueda comprarlo —o métodos similares, como el subsidio a la producción de b, reparto de despensas, más otras variantes similares.

La otra ruta, indirecta, es la promoción de la inversión y fundación de empresas competidoras, entra las que varias producen b —haciendo que la competencia y la abundancia de b produzcan una reducción en su precio.

2. Acciones para elevar el ingreso de P

También, estas acciones pueden ir por dos rutas de muy distinta naturaleza.

Una ruta es la directa de intervención estatal y que puede tomar muchas modalidades —como ayudas en efectivo, pensiones a mayores, salarios mínimos, reparto de utilidades, agencias de ayuda social, seguro de desempleo y otras similares.

La otra ruta, indirecta, es la misma anterior —la promoción de inversión y apertura de empresas que, como efecto colateral, creen empleos en ellas y en sus proveedores, incluyendo posibilidades de capacitación y entrenamiento.

Dos caminos

La atención a la solución de la pobreza, por tanto, tiene dos grandes posibles soluciones —que son capaces de mezclarse entre sí, pero en donde resulta preferible la ruta indirecta de la promoción de la inversión y la fundación de empresas.

Preferir ese camino es la solución preferible porque la ruta directa de la intervención estatal tiene una falla por diseño: ella no es sustentable por si misma al necesitar financiarse con recursos de sectores creadores de riqueza —por lo que no son soluciones permanentes ni durables.

No es posible negar que existen circunstancias en las que la urgencia de la ayuda a personas pobres solo puede realizarse mediante obsequios o traslados gratuitos de bienes y servicios —pero eso provee reparaciones momentáneas sin perspectiva de largo plazo sostenible.

Conclusión

Las mejores maneras de ayudar a los pobres deben respetar a las leyes de la Economía para lograr soluciones estables y sustentables —lo que significa entender a la pobreza de una cierta manera.

La pobreza debe entenderse no como la imposibilidad de P para adquirir b, sino como la incapacidad de P para generar ingresos propios y adquirir b —un problema de convertirse en un elemento productivo para su propio bien y el de los demás, produciendo reducciones de precios en mercados competitivos.

Lo anterior, por último, tiene el mérito de señalar que los remedios por la vía estatal no son soluciones sustentables en el plazo largo, es decir, no solucionan la pobreza en realidad sino solamente la ilusión de haberla remediado —pues esas personas siguen siendo pobres, aunque no lo aparenten, porque no pueden aún por ellas mismas dejar de serlo.

Por tanto

Se han planteado criterios que son obligatorios en la búsqueda de als mejores maneras para ayudar a los pobres.

Se ha diferenciado al socorro inmediato de corto plazo en situaciones urgentes de la solución definitiva de mediando y largo plazo.

Se ha separado a la buena intención de ayudar a los pobres de las formas e instrumentos que pueden lograrlo.

Ha sido resaltada la necesidad de emprender ayudas respetando a las leyes económicas para poder tener éxito.

¿Cuándo se deja realmente de ser pobre? No cuando se sigue dependiendo de ayudas, socorros y programas de asistencias, sino cuando el pobre abandona su condición por ser capaz de generar por sí mismo ingresos que le den autonomía personal.

📌 En otras palabras, los programas de ayuda y asistencia gubernamental no resuelven a la pobreza sino que la mantienen dando vida artificial a ese segmento —no se deja de ser pobre mediante esos programas de ayuda, al contrario, se sigue siendo pobre.

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Y algo más para el interesado…

Ideas relacionadas:

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Urgencia caritativa

El Cristianismo y el Capitalismo fueron el tema de una conversación, la que resumo en sus puntos centrales.

— Como cristiano que soy, creyente y practicante, apoyo las ideas que ayudan a los pobres, lo que es un deber moral y, por eso, me inclino hacia políticas económicas de programas de gobierno para la ayuda a los pobres —dijo la persona.

— ¿Podría usted ser más específico? —pregunté.

— Bueno, pues que estoy de acuerdo con que el gobierno intervenga para evitar los efectos negativos de la competencia negativa y del capitalismo al ultranza. Se necesita con urgencia atender a los pobres.

— Usted es cristiano, me ha dicho. ¿Es también socialista o intervencionista? —pregunté.

— Bueno, no, lo que digo es que la situación de los pobres amerita que se hagan cosas con urgencia para resolver su situación y el capitalismo, la verdad, no lo hace, al contrario, crea más pobres.

— La evidencia apunta hacia el lado contrario: la pobreza es menor en donde hay más libertad económica, es decir, mercados libres o capitalistas —comenté.

— Bueno, pero lo que debemos hacer es ayudar a los pobres.

— De acuerdo, el punto es cómo hacerlo —dije.

— Exactamente y lo que digo es que los gobiernos tienen la obligación de tomar recursos de la sociedad para sus programas sociales, debiendo moderar a los mercados libres y todo eso.

— Usted quiere que el Estado intervenga en los mercados, ¿no es cierto? —pregunté.

— Eso creo, para moderar a la libertad económica y sus excesos y la competencia salvaje y el egoísmo humano del capitalismo.

— Usted quiere que el Estado intervenga en la libertad económica, que la limite. ¿Aceptaría usted que el Estado limite la libertad religiosa, o la libertad de expresión? —pregunté.

— No, no, cada persona es libre de elegir a su religión y de expresar sus opiniones.

— Entonces, si usted defiende a la libertad religiosa debería también defender a la libertad económica, como a la de expresión. ¿Por qué no lo hace? —pregunté.

— Bueno, pues lo que sucede es que el Estado puede aminorar los excesos de los mercados libres y corregirlos.

— Quisiera preguntarle quién es el Estado —inquirí.

— Bueno pues el Estado es el gobierno, la gente que gobierna.

— ¿Gente como usted y como yo? —pregunté.

— Pues sí, creo que sí, aunque a veces hay que reconocerlo que dejan mucho qué desear.

— Si el gobierno está formado por gente como usted y como yo, sería mejor que nosotros nos encargáramos de ayudar a los pobres en un ambiente de libertades. ¿Para qué darle esa responsabilidad a otros? —comenté.

— Bueno, pues por los excesos de los mercados libres.

— ¿No hay acaso excesos de gobierno? Cosas como corrupción, ineficiencia, desperdicios, clientelismo —dije.

— Pues sí, debo reconocerlo, pero los excesos capitalistas deben evitarse ¿no?

— Igual que los excesos gubernamentales, las fallas de gobierno.

— Pero se trata de ayudar a los pobres y en eso hay urgencia.

— ¿Tan urgente como para hacerlo sin pensar en las mejores maneras? —pregunté.

— No, no, por supuesto, hay que pensar bien las cosas antes de hacerlas.

— El Cristianismo tiene una amplia tradición en el uso de la razón y sostiene virtudes como el ser prudente. Además cree en la libertad religiosa. ¿Por qué no pensar las cosas dejando que sean las personas las responsables de ayudar a la gente en problemas? —comenté.

— Pero ¿y los excesos de la libertad?

— Pues para eso está el Cristianismo. No para recomendar que el gobierno se haga cargo de los pobres, sino para decir que Jesucristo ha colocado esa responsabilidad en manos de todos —dije.

— Está usted moviendo el tapete en el que estoy parado. No lo comprendo del todo.

— Piense lo que quiera, pero me parece que es miope usar al Cristianismo como un medio para propugnar modelos económicos, sistemas políticos, o políticas de gobierno. Especialmente cuando atentan contra la libertad humana. Esa religión va mucho más allá que eso.

— Pero es que hay católicos que son socialistas y quieren, por ejemplo, que aumenten los impuestos a los ricos para que el gobierno distribuya ese dinero entre los pobres.

— También hay católicos capitalistas y que opinan lo opuesto. Solo digo que el Cristianismo debe enfocarse a salvar almas con el mensaje de Jesús y no volverse una fuente de recomendaciones económicas y políticas.