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Las trampas de la obsesión con el petróleo. Los problema de atender un problema de producción de petróleo sin comprender que se trata de un problema de producción de energía general. Y cómo solucionar esa miopía.

Obsesión con el petróleo

Regresando a hace unos 12 años, el precio del petróleo sí llegó a un récord histórico en marzo de 2008 —el tercer día de ese mes alcanzó ese nivel, que ajustado por inflación corresponde al de 1980. El petróleo se convirtió en noticia y eso produjo varias reacciones que era predecibles.

En México, por ejemplo, hubo alegría nacional. También se dio otra reacción  —buscar un chivo expiatorio y lo fueron las grandes empresas petroleras que llenas de utilidades explotan al mercado por lo que era imperativo la intervención de los gobiernos.

En todas estas reacciones hay un común denominador, la obsesión con el petróleo y la necesidad de intervención estatal, sin darse mucha cuenta de las trampas en la que se cae.

Lo que persigo en esta columna es apuntar esas trampas de una obsesión innecesaria ya que, al final de cuentas, si existiera una obsesión ella debería ser la producción de energía. El petróleo es solo una manera de producirla.

Un caso ficticio

Los sucesos son una buena oportunidad para saber más —tomo una columna de R. Murphy este propósito. Lo que él argumenta es que la pregunta de que si nos quedaremos sin petróleo es la pregunta equivocada.

Incluso en el caso de tener la certeza de que no haya más yacimientos por descubrir y de que todos los existentes sean controlados por un monopolio, no nos quedaremos sin ese recurso repentínamente.

En ese escenario calamitoso de no más yacimientos y una sola empresa monopólica mundial, los precios del petróleo irán subiendo de manera predecible, de acuerdo con la tasa de interés.

La acción del libre mercado

En ese proceso de precios crecientes, los consumidores irán adaptando sus hábitos para el consumo de un bien que se acaba y los productores tendrán incentivos para la generación de fuentes alternativas de energía.

Alterar ese proceso significaría alterar patrones de consumo e incentivos de creación, lo que dañaría a todos. En otras palabras, debe dejarse libre al mercado para que los precios sean reales y produzcan incentivos para producir energía por otros medios.

Si acaso el gobierno alterara los precios y no permitiera que subieran, se crearía una real situación de escasez energética y no solo de petróleo.

Volviendo a la realidad

Se sabe que existen varias empresas en competencia, que hay diversos costos de producción y que hay un cártel que maneja grandes volúmenes de producción (OPEC). La certeza futura del escenario más extremo es mucho menor en la realidad.

Existen yacimientos en varias partes del mundo y ellos tienen diversos costos de extracción, dependiendo de dificultades y profundidades.

Lo más lógico es actuar, como dice Murphy, atendiendo los yacimientos existentes con menores costos de extracción para luego ir a yacimientos más difíciles y desarrollar técnicas mejores —que es lo que se ha hecho y para lo que sirven las utilidades.

Conforme se desgastan los recursos actuales se abren las oportunidades futuras.

Las reservas probadas en 1944 eran de 51,000 millones —en 2003, de 1.3 billones y 1.65 en 2014. Su descubrimiento y explotación no es gratuito.

Pero aún así el precio se ha elevado y eso se debe, en parte, a mayor cantidad demandada —la menor pobreza en países como China e India no fue prevista en las inversiones realizadas años antes, lo que está siendo remediado ahora con retraso.

Al invertirse las utilidades causarán una mayor oferta y un menor precio, aunque se siguen teniendo riesgos de pronósticos erróneos.

Entendiendo el problema

La conclusión de Murphy es razonable —el problema no es que el petróleo sea un recurso no renovable, sino que su oferta y su demanda son impredecibles, a lo que añado que la situación se agrava por los largos tiempos, altos riegos y grandes costos de las tareas de explotación.

La opinión pública y muchos gobernantes, sin embargo, no comprenden esta diferencia pues están acostumbrados a ver al petróleo como un recurso no renovable. Esto les lleva a pensar que el problema es que se acabará, cuando el problema real es el desconocimiento de su demanda y oferta.

Esa es solo una parte de los problemas y trampas que produce la obsesión con el petróleo. Verlo con la urgencia de lo que se acabará y reclamando intervención estatal, sin atender a los movimientos de precios reales.

La trampa de la obsesión petrolera: miopía

En su fondo, adicional a lo anterior, existe otra faceta del problema y que es el verdadero origen de las trampas en las que hace caer la obsesión con el petróleo. Es un engaño general ocasionado por miopía política.

Esa miopía impide ver que el petróleo no es el asunto real, sino que lo es la energía.

Es un argumento igual al de hace muchos años en un artículo clásico llamado Marketing Myopia de T. Levitt y que criticaba las definiciones estrechas de los negocios.

Por ejemplo, el pensar en ferrocarriles como tales y olvidar ver que son transportación. Lo que apunto es que ver un problema de petróleo es miope, pues se trata de un problema de energía.

¿Cómo resolver las trampas de la obsesión con el petróleo?

La respuesta estándar está en las reacciones que anoté al principio y que piden la intervención estatal para limitar las utilidades de las empresas petroleras y subsidiar fuentes alternas de energía.

Eso es una gran campaña de relaciones públicas de los gobiernos, pero provocará distorsiones en la creación y oferta de energía.

Pero, no es eso todo, para entender que el problema real es la producción de energía y no de petróleo, deben tomarse en cuenta las siguientes consideraciones.

Olvidar el nacionalismo

Esto es dejar de ver al petróleo como un elemento de soberanía nacional y, mucho menos, como una base para el crecimiento económico de un país.

El crecimiento y la soberanía nacionales dependen al final de la disponibilidad de energías, no de la producción petrolera. Esto evitará que se dediquen recursos a inversiones petroleras y que podían ser empleadas en la producción de otros recursos, un problema de costo de oportunidad.

Olvidar al intervencionismo

Es mucho mejor atender el problema de la producción de energía por medio de un sistema de precios libres que aplicar intervencionismo económico al asunto de la producción de petróleo.

El real problema es la creación de fuentes productoras de energía y no la producción de barriles de petróleo. No reconocer esto es una de las mayores trampas en las que puede caerse por causa de la obsesión con el petróleo.

Aceptar al mercado

Esto es dejar libres a los mercados y aprovechar las acciones de los que quieran especular con los precios del petróleo. Ellos van a dar más estabilidad a los precios que las acciones de los gobiernos.

Todo lo que hago aquí es defender lo que cualquier persona hace en realidad —ella tratará de aprovechar las situaciones de abundancia y precios bajos para beneficiarse en situaciones de escasez y precios altos. El talento está en predecir mejor el futuro que otros.

Un ejemplo

Murphy usa un ejemplo —el de un especulador, motivado por su propio beneficio que tiene una pieza de información que nadie más conoce: uno de los gobiernos propietarios de petróleo cortará su producción totalmente en un mes.

Es decir, en 30 días puede esperarse que el precio se eleve mucho y por eso compra futuros hoy que venderá en más de un mes aliviando en alguna proporción la escasez que entonces se produzca.

Esto es un anatema para muchos, pero al final es cierto —los especuladores tienen una función social que está muy bien oculta detrás de su codicia y hacen el bien sin quererlo.

Ellos producen precios menos volátiles. Su egoísmo es más beneficioso que el altruismo de los gobernantes.

Concluyendo

He planteado que poner atención central en la producción petrolera es un error de miopía económica, pues el asunto que merece atención central es la producción de energía de cualquier fuente.

Y que esa miopía es producida por las trampas de la obsesión con el petróleo, las que nacen de verlo como un símbolo nacional que amerita ser manejado por los gobiernos convirtiéndolo en sustento de todo su desarrollo económico.

Y unas cosas más…

Conviene ver: