Políticas redistributivas crean más concentración. Cuanto más riqueza trata de redistribuirse, más es la concentración que en realidad se tiene. Un efecto no intencional de los intentos de igualar la riqueza.

La mentalidad redistributiva

Usar al gobierno como medio para igualar ingresos o riqueza —esa es una propuesta común y frecuente por parte de gobiernos obsesionados con la igualdad.

Es una noción general que sostiene que quien tiene «mucho» debe dar a quien tiene «poco» usando al gobierno como agente redistribuidor. Algo que se suele admirar como de estricta justicia, que todo gobierno tiene el deber moral de hacer.

Fundamentos de la filosofía redistributiva

Para mostrar que las políticas redistributivas crean más concentración de riqueza necesito apuntar los fundamentos de la mente igualitaria.

Colectivismo

Es una mente que entiende a la sociedad en colectividades —pero sin personas—, que son colectivamente villanos ladrones y víctimas robadas.

No hay en esa mentalidad la idea de la individualidad, ni de una identidad personal única. Todos son grupos preclasificados en pobres y ricos. Dentro de cada grupo se considera que todos son iguales.

Fundamentalismo

Es la creencia incuestionable en una teoría económica o política que propone que lo que unos tienen es lo que le han quitado a otros —una visión económica de suma cero.

Este fundamentalismo está sustentado en una explicación única de la riqueza: ella no puede ser creada solamente repartida. Esta explicación es tomada como incuestionable y capaz de explicar toda desigualdad.

Activismo

Es la adopción de la postura que adopta un agente solucionador del problema descubierto y que es una distribución desigual de la riqueza.

La misión del activista está enfocada solamente en ese problema y ningún otro, al que dedica todas sus acciones. Es una misión igualadora que no admite consideración alguna que no sea la acción transformada en políticas redistributivas intensas.

El agente activista es uno distinto a los dos grupos grandes anteriores —el de los que tienen «mucho» y el de los que tienen «poco». El agente activista es una especie de árbitro y juez que ha determinado que debe imperar la justicia de la igualación de riqueza.

Estatismo

La mente redistributiva tiene un fuerte componente estatista, pues utiliza al gobierno para lograr su propósito que es doble.

Por la fuerza quita riqueza a quienes tienen «mucho» y toma decisiones de reparto y distribución. Este rasgo es uno de los motivos centrales por los que las políticas redistributivas crean más concentración de riqueza.

Suma cero

La mentalidad redistributiva comete el error de la falacia de suma cero. Implícitamente presuponen que la riqueza no se crea, solo se distribuye.

Eso es lo que justifica a estas políticas: el activismo distributivo gubernamental, el que tiene problemas serios.

Cuando se pide igualdad material de las personas, necesariamente se presupone como cierta la hipótesis de que la desigualdad actual que debe remediarse ha sido producida intencionalmente por alguien.

Esa hipótesis es inevitable, aunque no sea expresamente reconocida por los partidarios de la redistribución de la riqueza.

Mecanismo básico de redistribución

El proceso de redistribución de la riqueza, emprendido por el gobierno, actúa mediante un mecanismo sencillo que tiene los siguientes pasos centrales.

1. Retiro de riqueza

Los recursos quitados a los ricos pasan a ser propiedad del gobierno, usando mecanismos generalmente fiscales que están fundados en tasas progresiva. Los ricos, se dice, deben pagar proporcionalmente más.

2. Propiedad estatal de recursos

Los recursos retirados de las personas que tienen «mucho» pasan a ser propiedad gubernamental. Este es un paso intermedio necesario de las políticas redistributivas y la razón por la que producen más concentración de riqueza.

Por ese mecanismo, el gobierno acaba convirtiendo la entidad más rica de la sociedad y por una enorme diferencia. Toda una paradoja, pues tratado de remediar una mala distribución de la riqueza se alcanza una aún más extrema desigualdad.

Esta es la causa central por la que las políticas redistributivas crean más concentración de riqueza.

3. Concentración de recursos en el gobierno

Los recursos expropiados a los que tienen más suelen mantenerse como propiedad estatal, sin pasar a ser propiedad de los pobres. Estos últimos en realidad no elevan su riqueza personal, sino se convierten en clientes cautivos de programas estatales que los vuelven dependientes del gobierno.

Por ejemplo, al dar servicios de salud o educación, los que tienen menos no reciben dinero con el que pagar al proveedor de su elección. Lo que reciben es esos servicios de proveedores monopólicos propiedad del gobierno.

Se produce así relaciones de clientelismo que crean más concentración de riqueza causado por la naturaleza misma de las políticas redistributivas. Los ciudadanos pierden libertades al convertirse en personas cuyo estándar de vida depende del gobierno y del apoyo que a él den.

El factor tiempo y la redistribución de la riqueza

Una manera adicional de entender las razones por las que se crean mayores montos de concentración de riqueza aplicado políticas redistributivas es examinándolas en el tiempo.

Desigualdad en el momento T1

Por necesidad lógica, se parte del supuesto que existe un momento actual, T1, en el que existe una distribución desigual de la riqueza y que debe ser modificada.

En T1 existen condiciones tales que, se piensa, hacen deseable la implantación de políticas redistributivas.

Transición de T1 a T2

Para llegar de T1 a T2 se deben tomar acciones concretas e intencionales por alguien y que en su esencia misma consisten en quitar recursos a unos para dárselos a otros.

Es un período de tiempo en el que se aplican esa medidas y políticas que modificarán la redistribución de la riqueza, a la que se espera llegar en el período T2.

El momento T2

Si la distribución desigual en el momento T1 es corregida en el momento T2 y la autoridad distribuidora desaparece dejando en libertad a las personas, ella comenzarán a actuar espontáneamente.

Pasado el tiempo, la distribución inicial lograda por el gobierno al principio del momento T2, tendrá otro patrón distinto al inicial.

Los momentos T3, T4, T5…

Llegará un momento T3 en el que de nuevo se tenga una distribución desigual de la riqueza que de nuevo haga necesaria la implantación de políticas redistributivas en el momento T4.

Pero si en T4 la autoridad se retira y deja libre a la iniciativa de las personas, de nuevo se formará otro patrón de distribución de riqueza que obligará a otro ciclo de redistribución y así incesantemente.

Es decir, la distribución de la riqueza necesita de forma continua y constante la existencia de una autoridad muy grande y poderosa que continuamente redistribuya la riqueza —con los consecuentes riesgos de abuso, como el favorecer a ciertos grupos, nepotismo, corrupción y otros de igual naturaleza.

El supuesto del gran distribuidor de riqueza

Si la desigualdad que se pretende corregir se encuentra dentro de un sistema con muy escasas o nulas libertades, entonces sí puede asignarse la responsabilidad de la desigualdad a alguien en concreto quien ha aplicado medidas que han dado ese resultado intencional de desigualdad.

Pero si la desigualdad se encuentra dentro de un sistema con amplias libertades, ella no ha sido creada por nadie en concreto —porque en una sociedad abierta de amplias libertades no existen medidas distributivas de riqueza, todo lo que existe son procesos de intercambios de bienes.

Por consecuencia, aplicar medidas que distribuyen la riqueza en una sociedad libre no tiene sentido, porque en ella no hay distribuciones de riqueza, sino intercambios y lo que debe ser merecedor de atención son los intercambios porque nada más existe en este sentido.

La implantación de políticas redistributivas que crean mayor concentración de riqueza, por tanto, parte del supuesto que existe una entidad que distribuye y redistribuye propiedades entre las personas.

Ese agente redistribuidor existe cuando se implantan esas políticas, pero no puede existir en un sistema de libertad económica. En este sistema no hay distribuciones de riqueza, sino un sinnúmero de intercambios económicos voluntarios entre las partes que no pueden considerarse injustos

Propiedad y redistribución

La tesis de que las políticas redistributivas de las propiedades personales crean una concentración aún mayor de riqueza, necesita examinar la idea de propiedad personal.

La razón es simple: las políticas de redistribución de riqueza son políticas que afectan derechos de propiedad.

Justificación de la propiedad

La propiedad privada ha sido justificada tradicionalmente por los beneficios que ella produce —más y mejores que los de su opuesto, la propiedad comunitaria. En esta defensa de la propiedad individual suelen exponerse tres razones:

  • Toda persona está más inclinada a cuidar las cosas que le pertenecen que las cosas que son de todos y que, por eso, suelen descuidarse.
  • Los asuntos humanos se organizan de mejor manera si el cuidado de las cosas se convierte en una responsabilidad personal y no es una colectiva.
  • La paz se preserva de mejor manera cuando cada persona está satisfecha con su propiedad que cuando las cosas son de todos e imposibles de dividir.

Quizá puedan agregarse dos razones más en defensa de la propiedad privada:

  • Los recursos que son propiedad privada se usan con mayor eficiencia que los recursos que son de propiedad pública —lo que produce un beneficio adicional: más posibilidad de satisfacer más necesidades con los mismos recursos.
  • La propiedad privada es un mucho mayor incentivo personal que la propiedad común para que la persona utilice su talento en el cuidado y uso de los recursos de su propiedad —movida por su interés propio, la persona se esforzará más en el cuidado y aprovechamiento de lo que es suyo.

Intercambios de propiedades

En un sistema de propiedad privada ya establecido son justificados y legítimos los cambios de propiedad —la compra-venta de bienes. Sin esta posibilidad no existiría propiedad privada. Si lo que yo poseo no puede ser vendido, la realidad es que no soy su propietario.

En una compra-venta, por necesidad lógica, hay dos partes, el comprador y el vendedor —lo que lleva a apuntar que por necesidad también, el precio del bien comprado-vendido, es un asunto de acuerdo mutuo, voluntario y libre.

Sin esta posibilidad no existiría propiedad privada: si yo no puedo decidir el precio al que compro o vendo, la realidad es que noy soy propietario.

Ya que las comunidades muestran especializaciones de sus miembros —división de trabajo—, se tienen por necesidad lógica dos tipos de bienes: (1) los producidos por los recursos, como el trigo que produce (2) la tierra propiedad de una persona.

Ambos tierra y trigo son propiedad personal, y pueden ser vendidos por el productor y adquiridos por otro.

Un arreglo de este tipo producirá sin remedio diferencias de ingresos y propiedades —algunas personas tendrán más propiedades que otras. La desigualdad en estos términos es inevitable bajo un sistema de propiedad privada, que es lo que ha ocasionado quejas y reclamos que llaman a la adopción de medidas que redistribuyan ingresos o propiedades o ambos.

Consecuencias de la redistribución de propiedades

Las políticas redistributivas crean mayor concentración de propiedades, pero es no es todo. También afectan el cuidado con el que son aprovechados los recursos.

Ellas producen:

  • Descuido en el uso de recursos y desaprovechamiento de ellos: la comunidad tendrá en general menos bienes menos utilizados.
  • Alteración en el arreglo social, convertido en uno menos eficiente.
  • Elevación de las oportunidades de conflicto interno —rivalidades y pérdida de paz por causa de la lucha que busca hacerse de lo redistribuido.
  • Desperdicio del talento humano en el uso de recursos y desaparición del incentivo de usarlos con más cuidado y eficiencia.

¿Qué es la riqueza a redistribuir?

La percepción común de todos —o casi todos— es entender a la riqueza como algo sólido, visible, posible de contar y partir. Una cosa que es posible guardar en una habitación, que puede ser atesorado, acumulado.

Algo como una fortuna que se puede tocarse y transferirse de un lado a otro, o al menos dividirse. Las políticas redistributivas presuponen que la riqueza es algo que puede dividirse.

Esa percepción general tangible de la riqueza ha variado en el tiempo —hubo momentos en los que era la tierra un equivalente de riqueza y en la tierra se ponía toda la atención. Hubo otros en los que se creía riqueza a lo metálico, oro y plata, creyendo que en ellos estaba depositada la riqueza.

Otros tiempos creyeron que la riqueza eran los recursos naturales, especialmente el petróleo —y que una nación era rica solo por el hecho de contar con esos recursos en abundancia.

Igualmente, otras épocas pensaron que la riqueza era abrir plantas productoras de electricidad, o tener ferrocarriles, o fundidoras.

Todas estas ideas, por diferentes que sean, son similares en un sentido: son posibles de tocar, ver, dividir, contar, acumular.

La tierra puede verse, el oro puede contarse, el petróleo obtenerse, las fábricas construirse. Pero además, pueden dividirse, repartirse —la conclusión es obvia: sí, la riqueza puede repartirse, llega a pensarse, puede distribuirse.

No hay promesa más atractiva que la de dar gratuitamente —de allí que sea el reparto de riqueza un tema continuo en la política. El gobernante propone un mecanismo sencillo, tomar la riqueza de algún lugar, digamos tierras, y dividirlas. Toma esa llamada riqueza de su propietario y la divide entre otros.

Pero la real riqueza

La riqueza no es una cosa tangible, ella está dentro de las personas: son sus ideas, sus iniciativas, las implementaciones, todo eso que toma lo ya existente y le da valor.

Un ejemplo: el petróleo de nada vale sin una idea de qué hacer con él, de cómo usarlo, procesarlo, modificarlo —y todas esas acciones están dentro de la persona, son sus ideas y sus proyectos. Nada de esto puede ser repartido, dividido, distribuido.

Esta es la razón por la que las políticas redistributivas fracasan y solo crean una mayor concentración de propiedades en el gobierno. Porque las propiedades son el producto de la real riqueza que es el talento de las personas.

Confunden a la riqueza, por ejemplo, con tierras, y las reparten sin considerar que la riqueza está en la mente de la persona que emplea ese bien mejor que otros —las tierras terminan en manos del que no tiene ideas para darles valor, para convertirlas en algo improductivo.

En resumen

Lo que se ha sugerido es que las políticas redistributivas de riqueza tienen un efecto neto negativo, pues crean concentración de propiedades en el gobierno. Esto aumenta la desigualdad al hacer del gobierno una autoridad de poder excesivo.

Pero no solamente eso, también tienen ellas efectos negativos al retirar incentivos económicos y fomentar el desaprovechamiento de los recursos disponibles.

E ignoran que la verdadera riqueza no es material, sino humana.

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