¿Tiene una posición política la Iglesia Católica? ¿Puede ser ella evaluada de acuerdo con las tradicionales dimensiones aplicables a gobiernos? ¿Es conservadora o progresista, liberal o socialista?

El tema examinado

Es parte del panorama cotidiano el usar dimensiones usuales de la política para enmarcar la posición de la Iglesia Católica. Por eso es común el uso de calificativos como ‘conservador‘, ‘progresista’, socialista‘ y ‘liberal‘ aplicados a esa institución.

Por ejemplo:

«Los críticos de Francisco abrazan al otro “papa”, Benedicto XVI. Los tradicionalistas están en desacuerdo con el estilo relativamente liberal de Francisco, mientras encuentran mérito en el conservadurismo de su predecesor». economist.com

E igualmente:

«Los cardenales católicos han elegido al cardenal ultraconservador Joseph Ratzinger de Alemania, que fue el “ejecutor” del Papa desde hace mucho tiempo, como el nuevo Papa. ¿Es el Papa Benedicto XVI el tipo de líder que la Iglesia Católica necesita ahora?». thetimes.co.uk

Ha sido reportado: «Con respecto a los 6 años que el Papa Francisco ha sido el Sumo Pontífice, recordamos por qué el ‘Papa liberal’ es amado por muchos y despreciado por otros». Y también:

«Francisco: 5 años del papa socialista. A pesar de que Bergoglio diga que “los comunistas robaron la bandera de la pobreza” a la iglesia, su enfoque para solucionar el problema es claramente estatista, dirigista y antimercado». es.panampost.com

El problema concreto

Se busca fijar la posición política de la Iglesia Católica usando esas facetas de conservador o progresista, y liberal o socialista. Las mismas variables que son aplicadas cuando se determina la posición política de un gobierno cualquiera.

La pregunta que sigue es la inevitable. ¿Son o no aplicables esas dimensiones aplicables por igual a gobiernos y a esa iglesia?

El hecho de hacerlo significa que se suele creer que sí, que la Iglesia Católica puede ser descrita con los mismos criterios que se usan para los gobiernos.

Inicio de la discusión: el tiempo

Esa iglesia es una institución que tiene dos milenios y cuyos terrenos son religiosos, no políticos. Es una institución que es depositaria de fe de una religión que afirma ser la verdadera.

La cosa es muy distinta en este caso que con partidos que pueden cambiar en el tiempo. Esta institución no puede andar de un lado a otro variando posiciones para atraerse popularidad dependiendo del clima intelectual que domine. No depende de votos.

Ella predica buscando convencer a otros de aceptar sus creencias. Más aún, ella debe ser congruente consigo misma.

El corazón de esas creencias no puede cambiar, por mucho que se insista y de hecho corresponde a la razón misma de ser de la iglesia. Aunque lo que sí puede haber es cambios de actitudes, de prioridades, de acciones, e incluso, corrección de errores… como el célebre de la tasa de interés, más influido por los griegos que por las escrituras.

Sobre todo, esa iglesia data de tiempos en los que no eran aplicables esas dimensiones políticas modernas, las que fueron creadas más en tiempos recientes. Una forma de expresar esto es esta:

«La elección de Benedicto XVI, un hombre serio, profundo y valiente, es un regalo. Tiene muchos enemigos … Quieren asegurarse de que su papado comience con una batalla … Lo cual es una pena porque incluso sus enemigos admiten que es considerado, ansioso por el diálogo, sensible, honesto … ¿Qué hacer para ayudar? Ver a sus enemigos por lo que son, y verlo por lo que es. Léelo, es escritor, un comunicador natural y un pensador sobre ideas desafiantes. Escúchelo … y vea si no apunta al norte verdadero. Mire lo que dijo al comienzo del cónclave papal: es nuestra responsabilidad especial en este momento ser maduros, creer como creen los adultos. “Ser un” adulto “significa tener una fe que no sigue las olas de la moda actual o las últimas novedades”. Ser adulto es amar lo que es verdadero y estar de acuerdo con ello. Esto no es radical ni conservador. Y el orador no es un ejecutor, un policía o un rottweiler. El es católico. ¿Cuál pensaría que es bueno tener como líder de la Iglesia Católica?». Peggy Noonan wsj.com

Sigue la discusión: los terrenos

La determinación de la posición política de la Iglesia Católica, además de la anterior, tiene otra dificultad. La dificultad que presenta lo sobrenatural.

La posición política de la Iglesia Católica podría ser determinada bajo el esquema de conservadora/progresista, o socialista/liberal si se cumple una condición. La condición de presuponer que nada espiritual existe, que todo lo que existe es materia.

Sin embargo, la Iglesia Católica está cimentada en la existencia de lo sobrenatural —la existencia real de Dios, creador del universo y la vida, y que ha dejado su palabra entre los humanos.

Bajo esta visión diferente, sobrenatural, las cosas cambian radicalmente. No son aplicables esos adjetivos políticos.

Pero si efectivamente Dios existe, si Cristo vino al mundo y dejó su Iglesia en manos de los apóstoles y quienes le siguieran, la posición política de la Iglesia Católica es un concepto escasamente aplicable a ella.

Otra posición, no política

Si Cristo fundó esa Iglesia, entonces ella es literalmente una misión evangelizadora cuya tarea consiste en difundir la palabra de Jesucristo —incluso cuando ello choque contra las ideas predominantes del momento.

No está esa Iglesia en un concurso de popularidad, ni de modernismo. A ella no son aplicables las etiquetas de conservador o progresista. Ni de socialista o liberal.

Es por eso que siempre existirá una tensión entre lo que sucede en el mundo y lo que predica la Iglesia.

En resumen, usar las ideas políticas para determinar dónde se ubica el Catolicismo sería atinado solamente bajo la perspectiva secular que presupone que Dios no existe —si Dios, por el contrario, sí existe no tiene caso hablar de su posición política.

Los Papas y sus posiciones políticas

Los esfuerzos para buscarle una posición política a la Iglesia Católica tienen una manifestación muy notoria en el análisis de los Papas. Es a ellos que se les aplican las dimensiones políticas acostumbradas.

Usualmente sucede con cada elección papal, lo que produce la calificación del sucesor y del antecesor de acuerdo con esas dimensiones de la política material. Siguen un proceso de este tipo:

  • Acciones y dichos del Papa son interpretados por partidarios de cada corriente calificándolos de acuerdo a su concordancia con lo que ellos piensan.
  • Le dan calificación positiva cuando se percibe que el Papa concuerda con los partidarios de tal o cual posición política.
  • Le dan una calificación negativa cuando se percibe que el Papa concuerda con las ideas de los opositores.
  • Se concluye con un festejo o una reprobación general de esa iglesia dependiendo de los resultados anteriores.

Hacer eso es cometer el mismo error de buscarle una posición política a la Iglesia Católica usando dimensiones modernas y materialistas. [Véase abajo la larga cita al respecto]

Entendiendo a los Papas

• Considerar al Papa como un personaje político, similar a un presidente, es erróneo.

Un presidente puede cambiar drásticamente las políticas de su gobierno, pero el Papa no tiene esas facultades y no puede ser visto como el elegido de un nuevo gobierno.

• El Papa es claramente un sucesor de una línea papal que se remonta a San Pedro y tiene un papel central.

Es la cabeza de la Iglesia que custodia la palabra de Dios a partir de las Sagradas Escrituras y la tradición interpretativa.

• Cada Papa tiene su personalidad propia, más la imagen creada por los medios.

Pero esto no puede ser la base para entender a la Iglesia Católica y menos aún, cuando se anhela que ella coincida con las opiniones propias, y eso ocasione interpretaciones fallidas.

El error es primitivo: creer que la personalidad de un Papa lo es todo en la Iglesia Católica. Pensando así se comete el error de buscar e interpretar todo lo que haga y diga a la luz de las opiniones propias.

Y eso empeora gracias al ansia desmedida de querer que esa iglesia coincida con lo que piensa el progresista. Uno de los Papas recientes lo expuso admirablemente:

«En una conversación de marzo de 1996, el Papa Juan Pablo II me dijo, casi melancólicamente: “Tratan de entenderme desde afuera, pero solo puedo ser entendido desde adentro”. Su tono de esa noche fue menos crítico de lo que era divertido, incluso resignado. Pero si su arrepentimiento involucraba a biógrafos que lo trataban como un político trotamundos o periodistas que analizaban cada una de sus palabras y hechos en categorías convencionales de izquierda a derecha, la visión desde el exterior, él sabía, no iba a acercar a nadie a la esencia de Karol Wojtyła». George Weigel, wsj.com

La continua desilusión

Es un fenómeno común que la Iglesia Católica desilusione a muchos porque perciben que ella y el Papa no coinciden con sus preferencias políticas.

Su papel como custodio de la palabra de Dios hace imposible que ella puede ser evaluada bajo los mismos parámetros con los que se evalúa a un gobierno. Esto es lo que ocasiona desencanto igual al que se tiene cuando es elegido un gobierno con ideas opuestas a las propias.

Los medios y su sesgo político

Los medios noticiosos viven dentro del marco mental que en buena parte les hace pensar en las posiciones políticas acostumbradas de derecha e izquierda, de progresista y conservador, de socialista y liberal.

Y así reportan las noticias acerca del catolicismo. Un ejemplo, en 1991, fue la publicación de Centessimuus Annus, la encíclica de Juan Pablo II que celebrada los cien años de la célebre Rerum Novarun. Los siguientes fueron los encabezados que reportaron esa publicación.

  • Associated Press: «Papa emite encíclica sobre peligros del capitalismo».
  • St. Louis Post Dispatch: «Encíclica previene sobre capitalismo».
  • New York Times: «Encíclica papal urge al capitalismo remediar injusticias».
  • Washington Times: «Mercados libres obtienen bendición papal».
  • Orange County Register (editorial): «Benditos son los capitalistas».

Los medios noticiosos, al enmarcar las noticias dentro de esa marco aplicable a los gobiernos, ellos influyen en sus audiencias y promueven el error de encontrar a la posición política de la Iglesia Católica en dimensiones meramente politicas, modernas y materialistas.

Conclusión

Para encontrar la posición política del catolicismo se usan las mismas dimensiones empleadas para determinar la posición de los gobiernos. Se le trata de colocar en las facetas de liberal-socialista, de conservador-progresista, de izquierda-derecha.

Eso es erróneo porque esas dimensiones modernas no aplican a una institución milenaria cuya base es lo inmaterial y sagrado.

Y unas cosas más para los curiosos…

La parte de la encíclica que habla directamente del capitalismo dice textualmente lo siguiente (tomado de Encuentra.com Centessimus Annus

«Volviendo ahora a la pregunta inicial, ¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los Países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los Países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil? La respuesta obviamente es compleja

«Si por “capitalismo” se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de “economía de empresa” “economía de mercado”, o simplemente de “economía libre”. 

«Pero si por “capitalismo” se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa. … La Iglesia no tiene modelos para proponer. 

«Los modelos reales y verdaderamente eficaces pueden nacer solamente de las diversas situaciones históricas, gracias al esfuerzo de todos los responsables que afronten los problemas concretos en todos sus aspectos sociales, económicos, políticos y culturales que se relacionan entre sí. 

«Para este objetivo la Iglesia ofrece, como orientación ideal e indispensable, la propia doctrina social, la cual -como queda dicho- reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados hacia el bien común. Esta doctrina reconoce también la legitimidad de los esfuerzos de los trabajadores por conseguir el pleno respeto de su dignidad y espacios más amplios de participación en la vida de la empresa, de manera que, aun trabajando juntamente con otros y bajo la dirección de otros, puedan considerar en cierto sentido que «trabajan en algo propio», al ejercitar su inteligencia y libertad».