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El significado de «proyecto de nación», sus características. usos, peligros, riesgos. Más una solución razonable a su interpretación y el síndrome de la esperanza imprudente en el gobernante.

Introducción

Una frase de uso común, «proyecto de nación» tiene un significado vago. Por ejemplo, en una propuesta se ha escrito:

«El Proyecto de Nación 2018-20241 recoge una nueva visión del país y presenta proyectos y propuestas en materia económica, política, social y educativa que tienen por objeto generar políticas públicas que permitan romper la inercia de bajo crecimiento económico, incremento de la desigualdad social y económica y pérdida de bienestar para las familias mexicanas, tendencias que han marcado a México en los últimos 35 años, y emprender un cambio de rumbo». contralacorrupción.mx

Aún más abstractamente, en otra parte se propone una definición:

«Un proyecto de nación es un plan que refleja una visión de futuro, que implica la mejora de una colectividad unida por el concepto de nación, en uno más ámbito de acción ciudadana, y que generalmente se establece a 20 años plazo. […] es un conjunto de esfuerzos en los cuales deben estar involucrados el gobierno y la sociedad civil, “que pactarán las mejores medidas para ayudar a que su colectividad evolucione” (página 87 del manual.), todos los ámbitos y valores de acción ciudadana». monografias.com

Proyecto de nación, sus elementos

De lo anterior es posible conocer mejor el significado de proyecto de nación determinando los elementos que lo conforman.

1. Nivel nacional

Todo proyecto de ese tipo tiene un alcance total al país al que se refiera. Sus propuestas y detalles son de aplicación nacional, en todas partes de todo el país.

Este tipo de proyectos dominan a todo otro plan regional, provincial, o estatal que pueda existir. Por tanto, el carácter general del proyecto nacional es centralista más que federal o regional.

2. Definición de objetivos

En su significado está implícita la idea de que un proyecto de nación contiene un elemento que establece los objetivos últimos y grandes metas que pretenden lograrse por medio de su implantación.

Son elementos como crecimiento económico, tasas de empleo, bienestar, prosperidad, sustentabilidad y similares, a veces con expresiones numéricas (como crecimiento del PIB de 4%).

Son las intenciones del plan presentado y no pueden usarse como justificación suficiente del resto de sus propuestas, intentarlo sería caer en una falacia. Las buenas intenciones del gobernante con un proyecto de nación no bastan para implantarlo sin otro examen.

3. Determinación de medios

Esta otra parte del proyecto de nación completa su significado al contener un detalle razonable de las medidas propuestas para llegar a los objetivos definidos antes. Es la parte que realmente debe estudiarse del documento que lo contenga.

Lo que plantea la idea de cómo evaluar propuestas y políticas de gobierno y significa ir mucho más allá de sus objetivos e intenciones. Deben examinarse las posibilidades reales de las medidas propuestas y, muy especialmente, sus costos de oportunidad y efectos no intencionales.

4. Utilización de consenso

Este otro elemento del concepto indica que él tiene un fuerte contenido consensuado, es decir, de acuerdos logrados entre las personas que han participado en su elaboración. Este es un elemento de diálogo democrático que confiere al proyecto una cierta validez.

En otras palabras, se persigue que el proyecto de nación evite connotaciones de imposición por la fuerza gracias a ser algo acordado por muchos. Cuántos, quiénes y en dónde, no son aspectos que tengan la especificidad necesaria.

5. Contagio ideológico

Ya que todo proyecto de nación, en su significado y características, es la propuesta de un régimen político, económico y social que abarca a todo el país, es inevitable que contenga buenas dosis de creencias y principios, en los que entra la ideología personal de quienes lo elaboran.

Este proyecto puede contender elementos liberales, socialistas, conservadores, o progresistas, dependiendo de cuáles ideas tengan mayor influencia en su elaboración.

Más, otro elemento considerable, el del riesgo de contener propuestas de medidas irrealizables y fines irreales. Es decir, hacer sufrido el contagio de ambiciones utópicas.

Un caso real, la URSS

El ejemplo de ese país, entre varios otros, ilustra las características y consecuencias de un proyecto de nación llevado al extremo de implantación. Propuso una sociedad igualitaria en la que entre otras cosas no debía existir libertad religiosa. Examino esta última parte solamente.

La Iglesia Ortodoxa en Rusia, la más cuantiosa en esa parte del mundo, no tenía cabida en el proyecto. Pero tampoco ninguna otra. Todas debían desaparecer, una condición que iba naturalmente en contra la cultura de una nación muy religiosa.

De inmediato se confiscaron propiedades de esa iglesia, se convirtieron en establos, prisiones y talleres a iglesias y conventos. Hubo sacrilegios con reliquias de santos. Al final de 1923, habían sido asesinados aproximadamente 2,700 sacerdotes ortodoxos, 3,400 monjas y 2,000 monjes.

En total, considerando el Gulag, los números calculados de muertos son: 600 obispos, 40,000 sacerdotes, 120,000 monjes y monjas. En 1937, durante el clímax de la persecución, fueron cerrados 1,100 templos ortodoxos, 240 católicos, 110 musulmanes y 61 protestantes.

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El riesgo implícito

La implantación de ese proyecto de nación significó la creación de enemigos, los contra-revolucionarios. Era todo aquel que no estaba de acuerdo con el proyecto.

Significó la necesidad de ser elevado a una posición incuestionable. El proyecto de nación necesitó ser un dogma de fe que no admite dudas, como una nueva religión que también posee santos.

Se cantaba a Stalin:

«¡Oh, Gran Stalin, Oh, líder de los pueblos! / Tú has traído al hombre a su nacimiento / Tú has purificado la tierra / Tú has hecho florecer a la primavera / Tu has hecho vibrar a las notas musicales /Tú, esplendor de mi primavera / Sol reflejado en millones de corazones».

Felix Dzherzhinsky, fundador de la policía secreta bolchevique, en 1917, estableció el principio al decir,

«No crean que tengo preocupación alguna con la ley formal. Ahora no necesitamos justicia. Lo que necesitamos es una lucha hasta los huesos. Yo ordeno, yo demando la forja de la espada revolucionaria que destruirá a los contra-revolucionarios».

Dificultades con el significado de proyecto de nación

1. Riesgo totalitario

No todos los proyectos de nación son como el de la URSS, pero ese caso ilustra el riesgo de usar el concepto y llevarlo hasta la imposición por la fuerza de quienes detentan el poder.

El proyecto chino de transformar industrialmente a la nación es otro caso que advierte sobre ese riesgo. Lo mismo que las reformas rurales de Pol Pot y el socialismo del siglo XXI de H. Chávez.

📌 Esta es una gran dificultad del significado y características de un proyecto de nación, el convertirse en una misión sagrada del gobernante que lo quiera implantar a toda costa.

Algo que le creará mundos virtuales alejados de la realidad, provocará su terquedad extrema y un enfrentamiento entre la realidad y el proyecto.

2. La dificultad del consenso general

Si el proyecto ambiciona ser nacional eso deriva en la necesidad de ser realmente total, es decir, todos los habitantes del país deben estar de acuerdo con objetivos y medios.

Un proyecto de nación, el que sea, contiene muchos detalles y es muy remota la posibilidad de lograr un consenso total, tal vez ni siquiera significativamente mayoritario.

Eso producirá dos cosas: la pérdida de tiempo en las discusiones y seguramente la imposición de un proyecto contra la voluntad de una buena parte de la población. No importa de qué signo o naturaleza sea el proyecto ganador, siempre va a tener oposición.

📌 Esta es otra gran dificultad del concepto, el no tener jamás un consenso realmente nacional de aprobación. No es algo que se solucione con el principio de mayoría, pues se trata del establecimiento de un régimen nacional para todos.

3. Modificaciones en el tiempo

Con un inconveniente adicional, si ese proyecto cambia en el tiempo, de acuerdo con quien haya ganado las elecciones o se propongan nuevos proyectos de nación, el país se vuelve un regímenes de reglas que impedirán la estabilidad necesaria para la prosperidad.

Por ejemplo, en un caso extremo, no se puede esperar avance si un gobierno los bancos son privados y en el siguiente gobierno se expropian. Igual que tampoco se puede prosperar si en un gobierno los impuestos son bajos y las fronteras están abiertas cuando en el siguiente gobierno los impuestos subirán y las fronteras serán cerradas.

La conclusión es obvia. Ningún gobierno puede imponer sobre la sociedad un proyecto de nación, así se trate de un gobierno con victorias electorales que le den la presidencia y el control del legislativo. Hablar de proyectos cambiantes de nación tiene esa dificultad de perder el tiempo y evitar el progreso.

Resumen de dificultades

• Un riesgo totalitario cuando el proyecto de nación se convierte en una misión mesiánica del gobernante, el que lo impondrá por la fuerza y no corregirá errores.

• Un riesgo de desacuerdo con el proyecto por partes sustanciales de la población, a quienes se obligará a vivir bajo condiciones que consideran impuestas por la fuerza y en el que ellas no serán escuchadas.

• Un riesgo de volatilidad de condiciones y reglas básicas de régimen con cada gobierno nuevo que es elegido, lo que produce desconfianza en el largo plazo.

¿Existe un proyecto de nación aceptable?

¿Cuál debe ser ese arreglo social de un país? Esta es la real pregunta que debe hacerse y su respuesta tiene una condición irrenunciable.

Si todas las personas son iguales en sus libertades, derechos y obligaciones, de allí se concluye que nadie tiene la facultad de imponer un proyecto de nación en los demás. Es decir, el significado acostumbrado de proyecto de nación se derrumba totalmente.

Y solamente puede sobrevivir una idea en extremo ingeniosa: el único proyecto de nación aceptable es aquel en el que cada una de las personas que habiten el país pueda realizar su propio proyecto personal de vida.

En otras palabras. el mejor proyecto posible de nación es aquel en el que las personas posean libertad, usen su razón y sigan reglas que están diseñadas para que sus proyectos individuales tengan potencial de realización. Un régimen imperfecto, pero posible, que no puede mejorarse.

El papel de los gobiernos

Bajo esta condición, los gobernantes no son ya proveedores de proyectos de nación que busquen consensos populares. Deben crear y mantener un medio ambiente de estabilidad y claridad de reglas que facilite, aunque no garantice, que las personas se esfuercen en alcanzar sus propias metas individuales.

Es un cambio sustancial de las responsabilidades que los gobiernos se adjudican cuando se convierten en agentes de la implantación forzada de sus proyectos de nación.

El papel de los ciudadanos

Bajo esa condición, ellos serán los responsable de tener y alcanzar sus propios proyectos personales bajo las reglas y el ambiente de estabilidad que es responsabilidad del gobierno.

No se les obligará a vivir en el proyecto de nación de nadie, porque ellos vivirán su propio proyecto, dentro de sus circunstancias y obedeciendo las reglas del régimen creado para eso.

Se llama estado de derecho

El mejor y más real significado de un proyecto de nación tiene un nombre ya conocido: estado de derecho. Un régimen que protege a la persona, a sus propiedades, libertades e intereses, en el que ella poco o nada teme a abusos de autoridad.

Con ese arreglo se soluciona esa discusión de proyectos de nación y se traslada a cada persona la responsabilidad de realizar su propio proyecto de vida bajo un estado de derecho.

Conclusión

Ha sido examinado el significado de proyecto de nación exponiendo sus componentes esenciales y, sobre todo, los riesgos que presenta y que alteran el bienestar general.

Concluyendo que el mejor significado de esa expresión en convertirla en la posibilidad de que cada persona realice su propio proyecto sin verse obligada a obedecer los dictados de quien quiera obligarlo a seguir el proyecto nacional que alguien ha definido.

Lo que estoy diciendo es que un gobierno no debe imponer un proyecto de nación, sino lograr las condiciones necesarias que faciliten a cada ciudadano la posibilidad de que él haga con su vida su propio proyecto personal. Todo bajo el imperio de la ley, bajo un sistema de estado de derecho. Mucho me temo que no haya otra solución que esta.


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Y unas cosas más…

Para completar la idea debe verse:

El poder aísla de la realidad y crea fantasías

Otras ideas relacionadas:

Los datos sobre la URSS los tomé de John Couretas, The Church and the Terror State, 10 diciembre 2008, Acton Institute.



[Actualización última: 2020-09]

Notas extras sobre la esperanza imprudente de los proyectos de nación

«La ciega coquetería / o esperanza imprudente / de inflamar más fuertemente / sirve a los celos de guía / Más este medio a fe mía / es contrario a la razón» Mr. Pradell

La conocemos como una virtud, la esperanza. Tiene un origen religioso indudable que no está mal, al contrario. Excepto por una cosa, eso que sucede cuando trasladamos a la esperanza fuera del contexto religioso y se usa entendiéndola así:

«Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea».dle.rae.es

La esperanza, en el terreno mundano, es entonces una suposición optimista acerca de un suceso futuro, que es el que supone que será realidad. Una especie de pronóstico idealizado, como por ejemplo:

«Cavani: “Tengo la esperanza de que todo va a salir bien”». prensafutbol.cl

Tampoco está mal. Es parte de nuestra naturaleza desear cosas que pensamos son buenas, suponiendo que se convertirán en realidad pasado el tiempo; como ganar un partido de futbol.

Esperanza sí, pero no sola

Y, sin embargo, la esperanza en sí misma no debe ser dejada sola. Las virtudes, una por una, actuando por separado, tienen excesos. En este caso, la esperanza que no va acompañada de prudencia, irá por caminos desbocados. Me refiero a la esperanza sin la brida de la cordura.

En pocos terrenos es más visible la esperanza irreflexiva que en el político y sus proyectos de nación. Usted y yo conocemos casos, y hemos oído de ellos, en los que la esperanza enloquece y lo hace a niveles que son perturbadores.

¿Cómo notar la esperanza infundada en un proyecto de nación?

Viendo lo refractario a cualquier cuestionamiento. Es una conversión de la esperanza en un sentimiento a prueba de toda realidad, de toda pregunta, de toda duda.

Es una esperanza convertida en seguridad absoluta que llega al fanatismo. No había titubeos en esa persona: ese candidato es un mesías que todo resolverá.

Cuando domina esa esperanza imprudente, la razón deja de funcionar y se adopta una emoción ansiada de la que depende la existencia misma de la persona, volviéndola hipersensible a cualquier pregunta y usando mecanismos mentales de defensa que son inexpugnables.

Veamos esto desde el otro lado, el de un optimismo rampante. Un libro de Roger Scruton profundiza en esto:

«Los optimistas sin escrúpulos creen que todas las dificultades y desórdenes de la humanidad pueden ser resueltos con algún ajuste de gran escala: es suficiente crear un nuevo arreglo, un nuevo sistema, y las personas serán liberadas, de su prisión temporal, al reino del éxito». The Uses of Pessimism: And the Danger of False Hope

Este es el campo de la esperanza imprudente, es decir, del optimismo insensato. Uno que lleva a suponer que si se hace tal o cual cosa, todo cambiará a lo perfecto.

En un libro del entonces cardenal Ratzinger, Joseph (1987), Iglesia, Ecumenismo y Política, se trata el mismo tema: es vana la esperanza en el creer que cambiando estructuras sociales se solucionarán problemas de justicia.

En fin, solamente quise llamar la atención sobre un fenómeno de nuestros tiempos, el de la esperanza imprudente, o del optimismo insensato que suelen colocarse en proyectos de nación propuestos por políticos que ignoran su real significado.