¿Qué es consumismo? Sus características, definición y significado. Más el concepto de lujo y bienes innecesarios.

Consumismo su definición

Es una de las críticas que se usan en contra del sistema capitalista. Se le acusa de promover el consumo exagerado, de hacer que las personas pongan atención sólo en lo material, de producir personalidades sustentadas en las apariencias.

Tres de sus definiciones ayudan a encontrar las características del fenómeno. Una definición estándar es esta:

«El consumismo es la compra o acumulación de bienes y servicios considerados no esenciales. El consumismo a gran escala en la sociedad contemporánea compromete los recursos naturales y la economía sostenible». es.wikipedia.org

Otra definición afirma:

«Pero nuestra sociedad está envuelta, más que en el consumo, en el “consumismo” o sobreconsumo que nos empuja a adquirir más y más cosas. Esta tendencia, de la que depende en gran medida el actual sistema económico, tiene graves consecuencias para la salud del planeta y la nuestra». greenpeace.org

Esta otra lo entiende así:

«El consumismo se refiere a la tendencia de adquirir, consumir o acumular bienes y servicios que, en muchas ocasiones, no son necesarias para las personas. El consumismo es un fenómeno económico, social y político que se ha desarrollado a lo largo del siglo XX como consecuencia de los diversos modelos de producción y consumo implementado tras el capitalismo y reforzados por la publicidad». significados.com

Características del consumismo

De las ideas anteriores es posible derivar características que mejorarán la comprensión del fenómeno.

1. Un suceso de utilización de bienes y servicios

Es claro que hace referencia a los actos de consumo para la satisfacción de necesidades de personas. Ellas tienen necesidades y deseos que pueden ser satisfechas con bienes producidos por ellas o por otras.

2. Con exceso y más allá de lo básico

Este es el centro del concepto. Todo él se sustenta en la existencia de un monto de consumo más allá del cual existe un monto exagerado que no se considera necesario ni recomendable.

Significa la existencia de una línea que marca una frontera entre lo debido y lo indebido.

Llamemos a todo esto materialismo consumista. Esta bien definido en una de las definiciones cuando dice que «en muchas ocasiones, no son necesarias para las personas». O en la palabra ‘sobreconsumo’.

3. Provocado por el capitalismo

Esta característica del consumismo apunta el tremendo éxito del sistema de libertad económica para producir bienes en abundancia y poder ser acusado de demasiado exitoso.

Parte de esta característica es la acusación a la publicidad que, se dice, fomenta ese consumo excesivo de bienes innecesarios usado por empresas que crean necesidades inexistentes con fines de lucro.

4. Produce daño a la naturaleza

El consumo excesivo, se afirma, es satisfecho con una producción de bienes innecesarios que «tiene graves consecuencias para la salud del planeta y la nuestra» y «compromete los recursos naturales y la economía sostenible».

5. Reclamo de acción

La crítica de compras, acumulación y consumos de bienes clasificados como innecesarios, contiene un reclamo de acción correctiva que llama a evitar el fenómeno.

Puede ser un reclamo persuasivo a las personas a que mediten y reflexionen sobre el tema. O bien, con facilidad, puede significar una llamada el intervencionismo estatal

Discusión y precisiones

Crítica al éxito

La crítica tiene su fondo real. Pero también conviene poner esta crítica al capitalismo frente a otra, la que dice que el capitalismo no produce riqueza en la gente, ni bienestar y que por eso es mejor el socialismo.

Curiosa paradoja de atacar al capitalismo, por un lado, diciendo que crea demasiada riqueza material y por el otro lado, no la necesaria.

Lo que sabemos es bastante confiable: la libertad económica tiene el efecto de crear gran riqueza material para todos, mucho más que economías socialistas e intervencionistas. El consumismo es un efecto no intencional del éxito capitalista.

Y esa gran riqueza material, a la que todos aspiramos, tiene sus riesgos y sus problemas. No todo es color de rosa, ni siquiera la riqueza.

¿Dónde está la línea divisoria?

El sustento del consumismo está en el establecimiento de una frontera clara que separe universalmente al consumo necesario del innecesario, a los bienes esenciales de los superfluos.

El problema es insoluble y solamente puede reflejar opiniones personales individuales que, por ejemplo, digan que dos pares de zapatos son suficientes, o que no hay necesidad de más de comer carne dos veces a la semana.

Opiniones entre las que no podrá llegarse a un acuerdo final que establezca, por ejemplo, que tener más de un bolso de mujer es indebido. ¿Es un lujo malo tener más de 30 libros, o tres estilográficas?

¿Quién implanta la línea divisoria?

En caso de que llegue a definirse en alguna nación esta línea divisoria entre lo necesario y el lujo superfluo, alguien tendrá la responsabilidad de forzarla en toda la población. Eso implicaría, por ejemplo, revisar casa por casa para que nadie tenga más de las cinco camisas especificadas y ninguna cartera de diseñador.

Más aún, tendría que regularse la actividad económica para eliminar lo no esencial, con efectos no intencionales, como desempleo y salarios menores. Las innovaciones se frenarían. ¿Es esencial una app, un teléfono inteligente, una memoria USB, un internet más rápido?

La confusión central

El consumismo no es un fenómeno económico con un culpable exitoso. Es una falla humana de materialismo y egoísmo que no tiene un remedio en el cambio de estructuras sociales ni en la intervención económica.

A un pobre se le acusa, muchas veces, de tener un desarrollo personal bajo, de ser víctima de una conciencia poco desarrollada. Es la misma acusación que se le puede hacer al rico también. Su materialismo es efecto de su bajo desarrollo personal y de su poco desarrollada conciencia. Son los mismos problemas.

La culpa no está en la escasez de bienes ni en su abundancia, la culpa está en la persona misma y sus fallas.

El capitalismo simplemente resuelve el problema de la pobreza. No tiene como función resolver nuestros problemas personales morales y éticos. Eso es responsabilidad de nosotros, de cada uno.

Es cierto que el materialismo consumista es reprobable. Nos distrae de nuestro propio desarrollo, cambia nuestras prioridades naturales, hace vital a lo irrelevante.

Pero eso no significa que debamos culpar de nuestras fallas al que tiene capacidad de resolver buena parte del problema de la pobreza. Culpando a los mercados libres incrementaremos la pobreza, pero seguiremos con las mismas fallas.

¿Quiere alguien encontrar la causa del materialismo consumista? Que busque dentro de las personas, de su conciencia y encontrará un escaso desarrollo personal, una conciencia primitiva, una educación fallida.

Las causas del materialismo consumista no pueden ser asignadas a un sistema económico. No son externas. Son internas. Están en nuestra conciencia y de ella no se encarga el capitalismo.

Conclusión

Ha sido definido y aclarado el significado del consumismo, especialmente por medio de sus características. Han sido mencionadas sus dificultades y aclarado la confusión que lo distorsiona. Se trata de un problema humano, de materialismo, no de éxito económico que necesita intervencionismo.

En otras palabras, esta columna argumenta que el materialismo consumista es causado por un vacío moral y no por el capitalismo. Ese vacío moral afectaría igualmente al socialismo y a cualquier otro sistema económico.

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Y unas cosas más…

Debe verse:

El odio a los ricos. Un análisis

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Notas extras acerca del consumismo: el rico y los consumos de lujo

Cuando vemos algún consumo dispendioso, la reacción usual es la de la indignación. Lo reprobamos moralmente, creyendo que ese dinero gastado en banalidades debería ser mejor empleado en otros menesteres, como la ayuda a algún orfelinato. Es humano reaccionar así.

Ese consumo puede indignar, pero esa reacción inicial es limitada. Desde luego, ese consumo beneficia a sus proveedores, como a los meseros de restaurantes de lujo.

Además, si quiero ser libre no puedo hacer otra cosa que tolerar ese consumo odioso. Y, por si fuera poco, es atrevido emitir un juicio total sobre una persona que tiene un bolso de Vuitton o una corbata Hermes.

El argumento en contra de ese consumo es el del uso alternativo del dinero gastado en esas cosas superfluas.

Casos concretos

Vayamos a casos concretos para ilustrar la situación.

Suele producir esa reacción la conducta de quienes van a jugar miles de dólares y más en Las Vegas, la compra de corbatas de más de cien dólares, o de camisas de quinientos. Gastar miles de pesos en los lujos de un restaurante exclusivo o en zapatos de diseñador.

La queja al respecto de conductas como esa es la siguiente.

Se percibe el gasto hecho al mismo tiempo que se piensa que ese mismo dinero podía haber sido usado en la ayuda a personas que en un año no ganan lo que se ha gastado en, por ejemplo, una comida.

La calificación dada a conductas como esas es directa: son acciones inmorales e injustas. La mayoría de las personas aprueban ese juicio sin mucha consideración. Todo un clisé.

Más en el fondo

Por mi parte, no estoy tan seguro de ese juicio tan drástico y que tanto agrada a los políticos tratar en sus discursos. Sí, no me agrada el exceso de ese tipo de conductas y las acciones de muchas de esas personas me parecen odiosas.

Pero no sé dónde está la frontera a partir de la que una compra de ese tipo de bienes es ya injusta o inmoral. ¿Es una pluma fuente de 500 dólares una compra inmoral? ¿O tiene que rebasar los 750? Muy difícil determinarlo.

Por el otro lado, si soy partidario de la libertad tengo que soportar conductas con las que no estoy de acuerdo, como esas.

Si alguien prohibe la existencia de esas pulseras, eso es un ataque a la libertad, la misma que tengo yo para escribir. Defendiendo a la libertad termino por defender la de quienes hacen esas compras.

Lo que no se ve

Está además, en lo profundo, la teoría de los efectos no intencionales. Ese odioso consumo de miles de pesos en una comida, termina por dar empleo a meseros, cocineros, comerciantes, proveedores y demás gente que deriva sus ingresos de esos lujos.

Sin ese consumo criticable, ellos estarían sin empleo, igual que los mecánicos de talleres de autos de lujo. Prohibir esos bienes de lujo produciría el desempleo de muchos.

Y luego, también, debemos considerar a la persona separada de sus acciones. Es fácil percibir la acción de quien compra un reloj de miles de dólares y criticarla sintiéndose uno moralmente superior.

Es mucho más difícil ver el resto de las acciones de la persona, las que no se ven y que pueden incluir acciones encomiables.

¿Cómo poder criticar a la persona sólo por algunas de las cosas que hace y no por el total?

Criticar a los críticos

Cuando criticamos a los demás, hay algo de soberbia en nosotros: si los demás hacen cosas que reprobamos, estamos diciendo que somos superiores a ellos, que nosotros de tener ese dinero no lo usaríamos para comprar bienes innecesarios y superfluos.

No me agrada esta actitud y por eso trato de evitar los juicios generales a las personas, a menos que tenga mucha información al respecto, y aún así me es difícil.

Lo que he tratado de hacer es complicar los juicios críticos de quienes ven como inmorales o injustas las compras de bienes de lujo. No es tan sencillo evaluarlas. Pero hay una forma razonable de tratar con ellas, bajo dos principios razonables.

Primero, si usted cree en la libertad humana, no hay de otra que tolerar acciones con las que usted esta en desacuerdo y una de ellas es la de esas compras. Defendiendo su propia libertad, usted también defiende ese exceso aparente.

Segundo, aceptar el otro lado de la moneda de la libertad, el de la responsabilidad personal. Las consecuencias de esas conductas aparentemente indebidas afectarán a la persona en algún momento de su vida, para bien o para mal. Es la consecuencia de la libertad humana, el tener responsabilidades personales.

Pero si usted no cree en la libertad humana, entonces hay otras opciones, como la de quitar a las personas sus fortunas para que no las usen irresponsablemente según el criterio del que se las quita.