ambición de poder

¿Qué es personalismo político? Definición del concepto, síntomas y consecuencias. Un fenómeno público característico de sistemas muy centralizados de poder que producen el culto a la personalidad del líder.

Definiciones

Para comprender el significado de la expresión, puede empezarse con esta definición:

«El personalismo en política es la adhesión de un movimiento o partido político a una persona y a sus ideas,​ más que a una ideología en particular. Es decir, que el partido o la ideología adquieren menos importancia que el propio líder o dirigente. También se entiende el personalismo como el subordinar el interés de un partido a las aspiraciones personales de alguno de sus líderes». es.wikipedia.org

En otra parte, ha sido expresado así:

«Hablamos de personalismo cuando el representante no solo concentra en sí a los poderes públicos, sino cuando su presencia cubre todos los ámbitos de la política hasta el punto de que en lugar de representar un proyecto, el proyecto pasa a ser la propia persona del gobernante». elmostrador.cl

Se entiende en una de sus acepciones como la «Adhesión a una persona o a las ideas o tendencias que ella representa, especialmente en política»

Elementos del personalismo político

Las definiciones anteriores permiten examinar los elementos de ese fenómeno.

1. Un tipo de régimen político

El personalismo político es un tipo de régimen que puede adoptar la política de un país. Uno de los sistemas de poder concentrado y muy asociado con regímenes autoritarios, tiránicos y totalitarios.

2. Un fenómeno de transferencia o adhesión

En un régimen de este tipo las creencias, los valores, las doctrinas y las ideologías políticas son reconvertidas y se convierten en la voluntad de una persona a la que se adhieren sin condiciones sus allegados, su partido, sus partidarios.

El lugar que ocupaban las doctrinas e ideologías es ahora ocupado por el líder convertido en fuente doctrinal e ideológica incuestionable.

3. Culto a la personalidad

El personalismo político necesita adicionar carisma al líder, lo que equivale a colocarlo por encima de todos en un nicho de superioridad que justifique el ejercicio ilimitado de su voluntad.

Son cualidades del iluminado con visiones y ambiciones poco comprensibles al resto.

«El culto a la personalidad (como concepto influido por Nikita Jrushchov en su discurso del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en el año 1956) es una elevación a dimensiones casi religiosas o sagradas de figuras de líderes carismáticos en la sociedad o la política. En los regímenes totalitarios es a menudo una forma de culto a la persona del líder supremo». es.wikipedia.org

Un síntoma de este régimen es el uso abundante de sus imágenes en lugares públicos, fotografías y frases. Más el uso frecuente de su nombre en calles, construcciones, instalaciones, programas, leyes. Y la constante presencia en medios del líder.

4. Devoción incondicional

Siendo el líder la personificación de la nación, ya no existe distinción entre el gobierno y él. Toma como deber cívico la devoción de la gente, sin condiciones ni limitaciones. Se le ensalza en las escuelas y los medios.

Esto tiene una contrapartida, la del enemigo definido como aquel que no participa en la devoción incondicional al culto del líder. Un ente enemigo que tiene utilidad enorme pues sirve de chivo expiatorio a los errores del líder y, por eso. es combatido arduamente.

5. Unidad nacional

La devoción al líder y el culto a su personalidad persiguen crear unidad a su alrededor, especialmente entre los segmentos más numerosos que brinden apoyo sustancial al gobernante.

Personalismo político y lealtad

Ella es uno de los anhelos del personalismo político. La lealtad es una actitud, un sentido de afecto y unión con alguien, algo que crea una alianza de confianza entre personas.

Sus sinónimos ayudan a entenderla: adhesión, devoción, fidelidad. Es un lazo que une y que suele ser en muchas ocasiones la cualidad más admirada entre los gobernantes.

Esta cualidad es particularmente necesaria en regímenes autoritarios. A más autoritarismo, mayor importancia cobra la lealtad. Llega a ser la gran cualidad buscada por los superiores y culmina en el personalismo político que aspira al siguiente nivel de lealtad, la devoción al líder.

Si bien, en abstracto, la lealtad es una cualidad admirable y celebrada, tiene una faceta oscura cuando ella se convierte en lo único de valor. Piense usted en esta posibilidad, la de la lealtad convirtiéndose en una causa para romper con la individualidad.

En Aída, la ópera, Radamés, el jefe de los ejércitos egipcios se angustia entre su lealtad a su rey y su amor por la esclava hija del rey enemigo. La confrontación es inevitable en muchas circunstancias, como cuando la lealtad pide hacer algo que va en contra de principios propios.

Al menos, hasta aquí es clara una cosa. La lealtad, por buena que sea, no es el único criterio de valor.

De lealtad a devoción incondicional

En regímenes como el de Venezuela y el de Cuba muestra el fenómeno de la transformación que exige el personalismo político.

Siendo la cualidad primera y casi única, la lealtad al líder se transforma en una obligación general, la devoción incondicional. Seguir las órdenes del líder es la felicidad máxima:

«¡Fidel, nuestra bandera socialista / jamás se caerá de nuestras manos! / ¡Ordene, Comandante en Jefe! / díganos cuál batalla librar / nuestra victoria será inevitable». Poema. antorchacampesina.org.mx

En esos regímenes no hay tanto ideologías ni escuelas de pensamiento, como lealtad a toda prueba. Un síntoma de eso es la creación de sustantivos basados en el nombre del líder.

Son términos como ‘stalinismo’, ‘maoísmo’, ‘chavismo’ y que en México produjo palabras como ‘carrancismo’, ‘zapatismo’, y, más recientemente, ‘salinismo’, foxismo’ y ‘lopezobradorismo’.

Todos esos regímenes pueden resumirse en un credo político de lealtad absoluta al líder en turno: «creo en el líder y haré todo lo que él diga». Lo que canaliza el uso de los talentos y habilidades de las personas.

En un régimen de libertades, las personas usan sus habilidades para lograr sus objetivos personales de bienestar, pero en un régimen de personalismo político los utilizan para quedar bien con el líder de cuya benevolencia depende su bienestar.

Personalismo político e ideas

Este tipo de gobierno, sustentado en la devoción y culto a la personalidad del líder, es totalmente dependiente de él. Cuando él desaparece también lo hace su régimen, por lo que mantenerlo «vivo» es asunto de supervivencia del gobierno, como en Venezuela.

Consecuentemente el culto a la personalidad produce un régimen sin dirección ni ideas, que se mueve al vaivén de la voluntad y decisiones diarias del líder. Exactamente lo opuesto a un sistema de división del poder.

Las ideas del poder personal

El personalismo político o culto de la personalidad se alimentan de dos ideas que les son vitales.

1. Maquiavelo simplificado

Sus consejos y sugerencias al gobernante tomadas como excepciones de la moral que aplica al resto. Por tanto, el líder está más allá del resto de la humanidad y sigue sus propias reglas, las convenientes para él.

2. Nietzsche resumido

El vacío religioso es llenado por la voluntad de poder que es la nueva fuente de la moral. El poder crea su propia moral a conveniencia.

Un autor lo califica como «incuestionablemente un nuevo fenómeno en el mundo occidental: un predicador consciente del mal entre la clase gobernante» (Rothbard, Murray Newton, Economic thought before adam smith: an austrian perspective on the history of economic thought)

Combinación fatal

Llama mucho la atención esa frase, la del predicador del mal para los gobernantes, a quienes da formas de legitimar sus acciones, las que sean. Maquiavelo es el apologista del abuso del poder y Nietzsche convierte al poder en origen de la moral.

Esa combinación dice y justifica que nada limita sus acciones, que él no está bajo el mandato moral que los demás tienen, que su poder no debe tener límites, que lo que vale ante todo es su poder y conservarlo. Esto es miel pura en los oídos del gobernante que ha creado un régimen de personalismo político.

La adicción justificada

El poder es un tipo de adicción. No quiere límites. Y, por eso, los gobernantes son especialmente susceptibles a sucumbir a los autores que justifican la acumulación del poder.

Unos más, otros menos, pero la razón de ser del gobernante es su poder sobre el resto. Esta es la razón por la que los gobernantes tienden a ser más socialistas que liberales.

El socialismo les provee de teorías económicas, políticas y morales, que legitiman la centralización del poder. Muy pocos gobernantes tendrán como libro de cabecera alguna de las obras de Mises, pero muchos tendrán a sus opuestos. Por eso ven al keynesianismo con buenos ojos, pero no a economistas como Hayek.

Ha sido ya expresado por otros que el resorte que mueve con más fuerza al gobernante es uno muy sencillo: la adicción al poder. Ha sido llamada, «la más flagrante de todas las pasiones». También, «el mayor de todos los afrodisiacos».

Piense usted en esto: si alguien tiene como pasión al poder, lo más lógico es que aspire a un puesto gubernamental.

Son los gobiernos las organizaciones que mayor poder poseen. No extraña que sean un imán para cualquiera que tenga esa «flagrante pasión», como la llamó Tácito, un historiador y político romano del siglo 1. De ese «afrodisiaco», como lo calificó H. Kissinger.

Nada más apasionado hay para un gobernante que el hacer vivir a todos bajo sus proyectos e ideas. Una pasión adictiva, que ciega la razón y conduce a lo obvio, la soberbia. Es este el otro terreno poco explorado de la mente política, el orgullo, la altivez y el engreimiento.

Culto al poderoso

Piense usted en esto: el poder ha sido confundido con la grandeza, cuando el poder solo lleva a la pedantería y las ínfulas. Grande en verdad es el que estando en el poder, prefiere no usarlo y lo abandona en cuanto puede.

La pasión por el poder, que padece la mente política, es buen instrumento para el aprovechamiento del gobernante. Las personas que se benefician de él querrán que su político tenga más y más poder. Cuanto más tenga, mayores beneficios gozarán.

Es esa cohorte de aduladores que endiosan al gobernante, no porque sea un ser excepcional, sino porque ello les rinde frutos importantes.

La posición del político es una que presenta tentaciones que solo un ser excepcional ignoraría. Una posición que es peligrosa para la naturaleza humana. Es eso que dijo Lord Acton, el poder corrompe en la proporción que se tiene. Y es también eso que añadió B. Tuchman: no sólo corrompe el poder embrutece también.

Personalismo político deriva en tiranía

El culto a la personalidad del líder tiene el efecto irremediable de concentrar el poder en él y hacerlo con intensidad. Las instituciones políticas se desvanecen y pasan a ser parte de la voluntad del poder sin limitación.

Es el uso del poder por el poder mismo. Es el dejar al arbitrio de un solo hombre, sin importar nada más, el gobierno de la nación. Lo conocemos como tiranía y es un arreglo político defectuoso y equivocado en su misma naturaleza.

Consecuencias

La concentración del poder lleva sin remedio a abusos de poder.

Esa misma concentración de poder lleva a errores colosales en las decisiones de gobierno, pues ninguna persona tiene el conocimiento suficiente como para gobernar de esa manera.

No hay mecanismos de corrección de errores, por lo que ellos se agrandan cada vez hasta producir una situación crítica que cancela toda oportunidad de bienestar.

Conclusión

Ha sido explicado el concepto de personalismo político, con una definición que lo une al culto de la personalidad. Sus elementos y características, más consecuencias y problemas.



Y unas cosas más…

Debe verse para completar la idea:

El polo de atracción para el autoritario

Otras ideas relacionadas:

Notas extras sobre el culto a la personalidad política: un caso reciente

Obtuvo el 53.19% de los votos para presidente en México, más de 30 millones de votos, con un abstencionismo de casi 37%

Poco después de su inauguración, las encuestas de popularidad le dieron resultados altos, muy altos. Incluso más que los de presidentes populares previos.

Así estaba la posición de López Obrador, cuando un amigo me hizo un comentario interesante. «Los mexicanos, por mayoría, han querido elegir a un monarca. Quieren una dictadura de la mayoría que resuelva todos sus problemas. Tienen una necesidad innata de rendir culto al gobernante».

Tiene su punto la frase. Buena parte de la cultura política mexicana es la concepción de un gobierno al que se presiona para obtener beneficios personales. 

Un gobierno que es algo como un reparador de entuertos, un remediador de problemas, de todos los problemas, y que actúa por presión popular real o fingida. Eso, mucho me temo, tiene sus costos y no son pequeños.

Querer tener a un rey

Una historia en la Biblia da una buena perspectiva sobre ese deseo de la mayoría de querer más a un monarca que a un gobierno.

La historia comienza con Samuel, juez de Israel, ya viejo y con hijos que siendo jueces «se dejaron llevar por el afán de lucro, aceptaron regalos y pervirtieron el derecho».

Para remediar el problema de un mal gobierno, se reúnen los ancianos, van con Samuel y le dicen que quieren un rey. «Tú ya eres viejo, le dijeron, y tus hijos no siguen tus pasos. Ahora danos un rey para que nos gobierne, como lo tienen todas las naciones».

La petición disgustó a Samuel, como también a Dios, quien pide a Samuel advertir al pueblo lo que significará el tener un rey. Reúne al pueblo y les previene acerca de los riesgos de lo que piden:

«Este será el derecho del rey que reinará sobre ustedes, los destinará a sus carros de guerra y a su caballería, y ellos correrán delante de su carro. Los empleará como jefes de mil y de cincuenta hombres, y les hará cultivar sus campos, recoger sus cosechas, y fabricar sus armas de guerra y los arneses de sus carros.Tomará a las hijas de ustedes como perfumistas, cocineras y panaderas. Les quitará a ustedes los mejores campos, viñedos y olivares, para dárselos a sus servidores. Exigirá el diezmo de los sembrados y las viñas, para entregarlo a sus eunucos y a sus servidores. Les quitará sus mejores esclavos, sus bueyes y sus asnos, para emplearlos en sus propios trabajos. Exigirá el diezmo de los rebaños, y ustedes mismos serán sus esclavos. Entonces, ustedes clamarán a causa del rey que se han elegido, pero aquel día el Señor no les responderá».

La advertencia de Samuel sirvió de nada. El pueblo dijo ««¡No! Habrá un rey sobre nosotros, y así seremos como todas las naciones». 

En conclusión

Lo sucedido en México, la historia de la Biblia en el primer libro de Samuel, la fábula de Esopo y otros muchos casos en diversos lugares y tiempos, parecen mostrar esa tendencia popular. 

La de buscar al Gran Gobierno suponiendo que la acumulación de poder es una solución a la mejor vida de todos. Elección democrática de un rey absoluto.

¿Lo es? La experiencia indica lo opuesto, pero también indica otra cosa, la de que a pesar de experiencias y advertencias, las lecciones no han sido asimiladas. Hay pruebas de ello incluso en países de historia liberal. 

Este es el riesgo que la democracia presenta, el de la voluntad de la mayoría y la búsqueda desquiciada de un tirano. La paradoja de la elección democrática de un rey absoluto.

Más que elecciones para elegir presidentes y legisladores, los mexicanos y muchos otros creen que las elecciones son para buscar un monarca todopoderoso. Un real culto a la personalidad del gobernante.

[Las citas de la Biblia fueron tomadas de la página de El Vaticano.]

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