Una evaluación de los riesgos propios del socialismo. La naturaleza propia del socialismo, un régimen imperfecto como el resto, presenta peligros particulares que ayudan a la implantación de sistemas autoritarios que atacan libertades.

La naturaleza socialista

Examino dos facetas del socialismo. La primera en su versión original que es fácilmente visible y de intensidad fuerte. La segunda, de menor visibilidad, y que tiene dosis variables de intensidad.

Socialismo ortododoxo

Es la modalidad socialista clásica, la versión intensa y muy visible. La que se tuvo en la URSS y se tiene en Cuba. Es el socialismo del siglo XXI de Venezuela.

La característica central del socialismo ortodoxo es la propiedad y control de los medios de producción y la consecuente planeación económica del país.

Intervencionismo económico

Es la modalidad socialista de menor visibilidad e intensidad variable que va desde un régimen casi liberal hasta un socialismo de facto.

En el intervencionismo económico, el gobierno no llega al extremo de expropiar los bienes de producción. Sin embargo, entra a regular y condicionar a la actividad económica de tal forma que sustituye al poder de las decisiones individuales.

El común denominador

De lo anterior puede concluirse que el socialismo, en sus diferentes versiones e intensidades, tiene dos tendencias que facilitan la evaluación de sus riesgos.

  1. La centralización de decisiones en el gobierno
  2. La unión del los dominios políticos y económicos en ese gobierno

Es un común denominador representado por la concentración del poder en una sola entidad, el gobierno. Un suceso opuesto a la conocida división integral del poder que implanta un mecanismo para la preservación de libertades.

Lo más notable es la unión del poder político con la actividad económica, lo que tiene un efecto neto de concentración de fuerzas significativas en el gobierno.

Esta naturaleza propia del socialismo es lo que sirve de base para la evaluación de sus peligros y riesgos.

El socialismo, una evaluación de riesgos

El socialismo es, por tanto, una de las modalidades de los regímenes de poder concentrado. Una naturaleza que presenta contingencias merecedoras de análisis.

1. Más probabilidades de autoritarismo

El socialismo eleva mucho las probabilidades del establecimiento de un sistema autoritario, incluso totalitario, en el que el gobierno concentre demasiado poder y se convierta en eso, en un despotismo.

Es un riesgo real producto de la esencia socialista, la que se sostiene en la concentración y acumulación de funciones y responsabilidades políticas y económicas.

Esta naturaleza autoritaria es de especial atractivo a gobernantes con ambiciones de poder. Ninguno de ellos optaría por regímenes liberales que apoyan a gobiernos limitados y mercados libres. Y, más aún, el socialismo abre la puerta a una inercia de crecimiento gubernamental.

2. Pobre crecimiento económico

Otro riesgo muy significativos es la alteración de los procesos económicos para establecer precios reales. El socialismo tiende a alterar precios y, con eso, eleva la probabilidad de tomar decisiones sobre información falsa.

Un caso clásico es la reducción de las tasas de interés, que al principio produce un boom económico y termina sin remedio en una crisis.

Más el conocido problema de falta de información económica que necesita el gobierno para planear a la economía y los tipos de acciones que toma. Un problema de cálculo económico debido a la alteración en la formación de precios.

3. Oportunidad mayor de corrupción

La concentración del poder político y económico crea riesgos adicionales del socialismo que su evaluación debe considerar.

El socialismo crea una oportunidad de negocio que no produce riqueza. Siendo el gobierno tan poderoso y rico, muchos se organizan para allegarse a la autoridad y vivir de sus favores y privilegios. Es el capitalismo de amigos y el peligro de la cleptocracia.

Es cierto que esos defectos son propios de todo régimen político. Sin embargo, lo que sucede con el socialismo es que el crecimiento del aparato estatal y los recursos que maneja, los hacen más probables.

4. Alteración de la conducta del ciudadano

Finalmente, el riesgo mayor del socialismo es una modificación en el comportamiento humano. Bajo ese sistema, las personas se vuelven dependientes de dádivas, concesiones y permisos gubernamentales.

La evaluación de los riesgos del socialismo quedaría muy incompleta sin la mención de este peligro. Es una modificación de la conducta que es muy marcada en el caso del estado de bienestar ya que altera los incentivos económicos.

Pierden su sentido de iniciativa y propósito en la vida. Dejan de luchar y esforzarse. Se sientan a esperar pasivamente la ayuda gubernamental prometida. Dejan de tener ambiciones individuales y abandonan su sentido de libertad.

La gente se vuelve pasiva, desinteresada, inactiva, indiferente, inerte. Su sola ambición es recibir la visita de un gobernante con un regalo.

Y si acaso llega la situación que hace inevitables medidas de austeridad gubernamental, lo único que se les ocurre hacer es salir a la calle a protestar pidiendo que no se suspendan esos regalos.

5. Altera a la propiedad privada y a las libertades

La conexión entre el respeto al derecho al la propiedad y el resto de las libertades, apunta otro de los riesgos del socialismo en esta evaluación.

Al debilitar los derechos de propiedad, el socialismo también debilita al resto de los derechos y libertades. El gran poder gubernamental se torna en un otorgador de derechos según sus criterios.

El desconocido problema ético

La evaluación de los riesgos y peligros del socialismo provoca un problema ético considerable. ¿Es moral implantar al socialismo a pesar de sus notables peligros?

Los peligros del socialismo no pueden desecharse con facilidad:

  • Concentra poder y facilita el camino de tiranos y dictadores
  • Frena la prosperidad al impedir el cálculo económico y alterar incentivos.

Y unas cosas más para el curioso…

Conviene ver:

Bonus track: más sobre el socialismo y la evaluación de sus riesgos.

Unitarismo del socialismo

El socialismo es una doctrina político-económica que tiene una naturaleza unitaria —contiene una regla de indivisibilidad que es muy diferente a su opuesto, el liberalismo.

La indivisibilidad del socialismo proviene de su manera de entender a la sociedad como un algo que puede ser manejado, administrado, conducido, por la unidad gubernamental.

No hay en esta concepción partes en la sociedad, todo es unitario, monolítico y ella puede ser guiada en su totalidad por el aparato de gobierno.

Esto es demostrable con facilidad. Basta ver las propuestas socialistas para ver ese común denominador unitario en la autoridad política.

Manejo y conducción centralizados

Si se trata de, por ejemplo, conducir a la economía, se acude a los planes económicos estatales. Si se trata de la educación infantil, se recurre a la educación en escuelas del estado —y así en todo.

No hay en el socialismo nada que no sea capaz el aparato gubernamental de dirigir, guiar y conducir —esta es la naturaleza unitaria del socialismo, definida como la conducción estatal de la sociedad.

Reto a cualquier a que me dé un ejemplo de política socialista que no tenga en el fondo esa naturaleza unitaria.

Esto tiene consecuencias importantes, como ha apuntado M. Novak, en Visión renovada de la sociedad democrática (1984) —especialmente el retroceso a sistemas autoritarios, regímenes de poder concentrado, unitario e indivisible, en la autoridad política.

En este sentido, el gobierno de Chávez en Venezuela, o el de Castro en Cuba, son perfectamente socialistas pues han concentrado la conducción de la nación entera en la autoridad política.

Un partidario del socialismo de seguro tiene una opinión favorable sobre él —como consecuencia tenderá a verlo positivamente ignorando este riesgo real de concentración de poder, que deriva en peligros tiránicos.

El peligro tiránico del socialismo es inevitable —nace de su esencia misma, de su creencia en la capacidad del gobierno para la conducción de la sociedad.

Todas las medidas socialistas tienen en común la asignación de funciones y responsabilidades al gobierno, sin excepción.

La imposible condición el éxito socialista

Esto es lo que revela la hipótesis central, subyacente, de la defensa del socialismo: la única manera en la que puede ser implantado sin peligros tiránicos es la existencia supuesta de un gobierno bondadoso —la hipótesis del tirano bueno y sabio.

Sin esta hipótesis, el socialismo lleva a peligros seguros de tiranía, como lo ilustran los casos de Stalin, Mao Zedong y Pol Pot.

No sorprende, por tanto, la tesis socialista del gobernante que tiene un conocimiento privilegiado que nadie más posee —es el gobernante especial, una encarnación de la voluntad social de todos, al que por eso nadie puede oponérsele. Hacerlo sería traición.

De aquí es fácil comprender el rechazo del líder iluminado a los mecanismos democráticos de separación de poderes que son obstáculos al ejercicio del poder.

Entiendo, comprendo y simpatizo con las intenciones socialistas que proponen una mejor vida para todos —nadie puede oponerse a esas metas, pero lo que intento decir es que esas buenas metas que mueven los sentimientos de tantos, ocultan un riesgo grande, el del retroceso a regímenes de concentración excesiva de poder contra los que se ha luchado.

Tengo la impresión de que los cambios de opinión que se han operado en personajes que originalmente eran partidarios del socialismo —como Octavio Paz y Mario Vargas Llosa—tienen en común la aceptación de realidades como la soviética y la rusa y la china.

Se dieron cuenta de la realidad, el socialismo y su concentración de poder, llevaron a la cancelación de las libertades que ellos valoraban.

La evaluación de los riesgos del socialismo será siempre incompleta si no se agregara este peligro: la destrucción de la libertad por parte de un régimen tiránico.