gobernantes imperfectos

La guía para la correcta evaluación de los gobernantes sugiere principios, criterios y una mentalidad sustentadas en la sana sospecha y desconfianza. Un manual de instrucciones para tener opiniones políticas razonables.

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Guía para la evaluación de gobernantes

Los criterios para este propósito comienzan con una advertencia de riesgos. Sigue con la mente correcta para evaluar y los criterios para tener opinión sobre ellos.

¡Avisos de peligro!

Lo que sigue es una lista parcial de avisos de precaución sobre los candidatos, como cuando en alguna puerta se lee: «Peligro, alta tensión».

• No suponer que el gobernante es honesto y ha sido sincero en sus promesas. Es mejor suponer que sus discursos de campaña han sido una exposición desordenada de promesas exageradas para ganar votos.

• No suponer que el gobernante es inteligente y tiene las mejores ideas para el país. Es mejor suponer que es listo, en el sentido de sagaz, para elevar su posición y mejorar su bienestar propio, no necesariamente el ajeno.

• No suponer que todo lo puede hacer y que sus promesas serán realizadas, lo más probable es que no. Es mejor suponer que se trata de un ser humano como cualquier otro, que no tiene superpoderes, que no puede crear prosperidad por decreto ni encargarse de la felicidad de cada ciudadano.

• No suponer que el gobernante cree que los votantes son listos e inteligentes y que por eso necesariamente votarán por él y tendrá apoyo popular importante. Lo más realista es pensar que el gobernante piensa que los votantes no son inteligentes.

• No suponer que el gobernante o el candidato son más inteligentes y saben más que el promedio. Ellos no son mejores ni peores que el resto, con alguna probabilidad de que sean peores.

• No suponer que las motivaciones del gobernante son altruistas y que tiene una enorme vocación de servicio. Son ellos seres humanos con defectos y tienen un interés primario en su avance personal.

Si un elector tiene en mente esta guía de avisos de peligro, mucho habrá avanzado en su evaluación de gobernantes.

Mentalidad de elector

Una buena guía para la evaluación de gobernantes o candidatos a puestos públicos, debe incluir el estado mental del elector y cómo gracias a él podrá decidir votos o tener un juicio crítico razonable del gobierno.

1. Mente fría y calculadora

Esto es abandonar todo sentimentalismo y emoción. Los gobernantes suelen ser expertos en despertar emociones y sentimientos que impiden pensar a las personas. Tener una mente así es más difícil de lo que se piensa.

2. Actitud de sospecha y escepticismo

Creer la mitad de lo que dicen los candidatos, como máximo. Los gobernantes, todos, exageran, distorsionan, sesgan e incluso mienten. Y son expertos en volver aceptables a las más desorbitadas propuestas, a las que justifican por sus intenciones.

3. Moderar expectativas de desempeño

Esto es aceptar como realidad que los gobernantes son simples seres humanos como el resto y, como dije, incluso peores que el resto de la gente. Por eso es que es inverosímil que afirmen tener vocación de servicio social. No la tienen, ninguno la tiene.

Y también, aceptar como realidad que los candidatos persiguen su propio beneficio antes que el ajeno, como lo hace el resto de la gente. No es que sean malos y deshonestos todos, pero sí es que buscarán desarrollar su carrera gubernamental antes que ver por el bienestar general.

Se trata de no desarrollar grandes expectativas de ningún gobernante sin excepción.

4. Considerar a la burbuja en la que vive el gobernante

Es aceptar como realidad que los candidatos viven en una burbuja que los aísla del mundo real. Están rodeados de personas que son una especie de acólitos fieles y se rodean de personas que los aplauden y vitorean. Esto les hace creerse omnipotentes salvadores nacionales.

Y aceptar la realidad de que los candidatos están en un estado mental de alta tensión que les mueve a estar dispuestos a hacer lo que sea que se necesite para ganar la elección o conservar su popularidad. Sí, todo lo necesario.

Criterios de evaluación general

La guía para la evaluación de gobernantes y candidatos a gobierno sigue con estas otras sugerencias. Las destinadas a desechar malos candidatos o dar mala calificación a los que ya están en funciones.

Con estos principios se podrá tener una base sólida para emitir opiniones razonables sobre el gobernante.

1. Intervencionismo mal calificado

Dé mala calificación al gobernante que aumente el nivel de intervencionismo y retire de su lista de opciones viables al candidato que más sustente esa idea.

Cuando más gobierno pida un candidato, más caro será su gobierno, más impuestos cobrará, más corrupción tendrá y menos éxito logrará.

2. Reprobación a la ensoñación

Califique negativamente al gobernante y al candidato más soñadores y utópicos, que se vean a sí mismos como visionarios y redentores.

No quiero decir al que haga promesas de campaña, pues todos las hacen, sino al que consistentemente es un romántico iluso con promesas ingenuas de una sociedad perfecta. Este es el síndrome del optimismo sin escrúpulos.

3. Desaprobar la sordera

Repruebe al candidato que muestre indicios ser sordo a opiniones opuestas a las suyas y al gobernante que sufra de lo mismo. Son los que sienten que los demás son ignorantes y el único sabio es él.

Especialmente peligroso es el gobernante que es hermético a las críticas y que, por eso, no dispone de mecanismos de corrección de sus errores.

4. Vigilar la creación de culpables

Esto es tener mucho cuidado con candidato cuyo punto central y casi único sea la crítica del gobierno actual. Como también con el gobernante que tenga por costumbre culpar al gobierno anterior o la la lista usual de culpables.

5. Examinar el respeto a la división de poderes

Esto significa ver con lupa las acciones del gobernante que puedan tener como consecuencia el debilitamiento de la división de los poderes gubernamentales.

Esa división es lo que más importa para la supervivencia de libertades y, su consecuencia, la prosperidad. Es mejor sufrir las inconveniencias de la división del poder que las de su concentración.

Las varias capas del gobernante

Los gobernantes y los candidatos están formados por varias capas de personalidad, que toda buena guía de evaluación debe ayudar a descubrir para ver los niveles más ocultos que posee.

Primer nivel

Es el más superficial, la gran variable es ser conocido por el mayor número de personas. De allí que desde el mismo puesto que ocupan, los gobernantes suelan realizar actividades de proyección personal que manejan imágenes y percepciones que sean positivas.

Segundo nivel

Es algo menos superficial y la gran variable es ser asociado con una imagen positiva, la de ser un buen gobernante, alguien que da resultados y es honesto y capaz.

Alguien que es agradable de ver y atrae a la gente por entenderla. Se trata de lograr verse como parte del pueblo. Jamás como miembro de élites.

Tercer nivel

Es mucho más profundo que los anteriores, es el de la orientación ideológica del gobernante. Me refiero a su inclinación a posturas socialistas o liberales, progresistas o conservadoras.

En parte, los mismos candidatos suelen ocultarlas para no producir rechazo en el electorado ni material para críticas en los medios. Buscan, muchas veces, disfrazar su orientación ideológica, a menos que eso sea parte integral de su posicionamiento político.

Cuarto nivel

Es el más profundo de todos y ya no se trata de saber si el gobernante es socialista o no, progresista o no.

Es el nivel de las virtudes y concretamente una de ellas, la prudencia. Esa habilidad producto de la inteligencia y la experiencia de años, que permite conocer las consecuencias futuras de las acciones presentes.

La prudencia no es una habilidad, no es una técnica, es realmente una virtud y un hábito, que vuelve pausada a la persona y la hace medida y circunspecta, muy poco propensa a hablar de más y a prometer lo que a la larga empeora el presente.

La moderación que produce la prudencia frena los sueños de sociedades utópicas. Es una cualidad de mesura que solo se adquiere con la experiencia (de allí que sea una virtud poco común en los jóvenes). Es la mejor cualidad posible de todo gobernante y si alguno no la tiene, eso es malo, muy malo.

Concluyendo

Lo anterior es una especie de manual de instrucciones para el elector que quiere hacer una evaluación de sus gobernantes y emitir opiniones políticas razonables.

Y todo comienza con una mentalidad de escepticismo saludable que indica que el pero error que puede cometer un ciudadano es convertirse en un fan incondicional de algún gobernante.


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Y unas cosas más…

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La ventaja del filósofo diario

El libro es una novela. Una de Anatole France. Se llama Opiniones de Jerónimo Coignard y posee su encanto. Narra conversaciones íntimas entre maestro y alumno.

Hay ideas y frases notables en la novela. Son la ventaja del filósofo, del que asimila experiencias, saca lecciones y las expresa de manera que todos las entiendan.

Desconfianza como punto de arranque

Dice, por ejemplo, que conviene desconfiar de los gobiernos «concebidos entre cábalas y motines». No es mala idea y tiene su aplicación mexicana, con candidatos que proponen gobiernos fantásticos basados en conjeturas, suposiciones e incluso misticismo.

La filosofía sigue. Se dice que es inevitable que seamos mal gobernados, por lo que es preferible tener «príncipes y ministros que hayan perdido ya sus primeros ardores».

No es alta filosofía, es simple meditación sobre la vida diaria y que se resigna ante el destino, consolándose en encontrar al gobernante sin la fogosidad del novato.

Cuidado con las pasiones de los gobernantes

Es otra manera de destacar el temor que debe tenerse frente a un gobierno con demasiados afanes, pasiones exageradas, vivacidades sin límites, que se siente como el joven capaz de resolverlo todo.

Esta es la filosofía que necesita haber vivido, que solo puede producir la ingenuidad perdida con la continua experiencia de promesas incumplidas.

Siguen las opiniones. Dice que «los cambios bruscos de Estado son, sencillamente, cambios de hombres» y que los hombres son «en general, todos lo mismo, igualmente vulgares en el mal y en el bien».

El maestro ha vivido lo suficiente como para darse cuenta de lo que sucede. No hay cambios de gobierno, hay cambios de personas y los cambios de personas significan poco, pues la naturaleza humana es la misma.

Es un llamado al sentido común, al evitar caer en esperanzas irreales, en proyectos imposibles, en promesas irracionales.

Ningún gobernante, ninguno, es lo que promete. ¡Cuidado con las apariencias angelicales, con los intereses altruistas! Es eso de Lord Acton: nadie tiene la preparación suficiente como para gobernar.

Escepticismo ante el bien público

Sigue esa filosofía de la experiencia, con la idea de que «el bien público está formado por gran número de males particulares». Las grandes promesas de sociedades ideales y felicidad general, siempre van acompañadas de la infelicidad individual de muchos.

No extraña que se diga que, «Un robo vulgar es punible, pero se permite al rey que nos sustraiga nuestras vajillas de plata para gastos de guerra».

Las leyes

Dice que ellas no son tan buenas o malas en sí mismas, sino «por la manera de aplicarlas». La «barbarie legal» solo puede ser evitada por «la corrección de las costumbres y la templanza del espíritu».

Por tanto

Pocas cosas desilusionan más que la ilusión desbocada, la ingenuidad sin riendas y la candidez suelta del ciudadano, que lo lleva a creer todo, que tal o cual gobernante es la respuesta mágica, que la vida depende de él.

Toda guía para la correcta evaluación de los gobernantes debe contener un sano escepticismo, una filosofía de apego a la realidad. Es la ventaja de la sospecha que lleva a ver con recelo las promesas alocadas de políticos.