El tema de este resumen es el rescate de una palabra y su significado. Esa palabra es “régimen” y para explicarla se acude a una obra de Leo Strauss acerca de la historia del derecho natural. Concretamente a uno de sus capítulos, el de la concepción clásica del derecho natural.
No es una trayectoria sencilla y nos llevará hasta Sócrates, pero en el viaje habrá paradas fascinantes, como una definición de filosofía y una justificación de las opiniones personales. El destino final es el entendimiento de la idea de régimen, lo que ella revela de una sociedad y su superioridad sobre la más usada palabra en esto días, la palabra civilización.
La idea reportada fue encontrada en Strauss, Leo (1965). NATURAL RIGHT AND HISTORY. Chicago. University of Chicago Press. 0226776948, chapter IV, Classic Natural Right, p. 120 y ss.

El capítulo da inicio hablando de Sócrates, el fundador de la doctrina clásica del derecho natural y que fue desarrollada por Platón, Aristóteles, los Estoicos, y pensadores cristianos, notablemente Santo Tomás de Aquino. Es la doctrina clásica y no la moderna, surgida posteriormente, en el siglo 17.
Un par de páginas después, Strauss menciona que Sócrates comenzaba con el entendimiento de las cosas, derivado de las opiniones sobre ellas. La opinión vale y está sustentada en una percepción acerca de algo. La implicación es lógica: deshacerse de las opiniones tiene consecuencias, el poner de lado la forma más importante que poseemos para conocer. Las opiniones son como señales o porciones de la verdad que puede ser alcanzada.
Sobre esto es posible entender a la filosofía como el avance de las opiniones al conocimiento y la verdad. El camino hacia el conocimiento tiene peldaños que son las opiniones. La dialéctica de Sócrates es esa, la habilidad y arte de la conversación, del alegato amigable, la controversia civilizada. Ella se realiza entre opiniones que por ser opuestas o contradictorias ayudan a avanzar.
Con opiniones opuestas, la conversación amigable reconoce esa contradicción y se fuerza a ir más allá de esas opiniones hacia la naturaleza de las cosas. De esta manera se percibe la verdad parcial que existe en cada opinión y se adelanta a una mejor posición, más cercana a la verdad. Las opiniones son trozos de la verdad, porciones “manchadas” de lo real.
Por esto es que es posible comprender que existan opiniones diversas acerca de la justicia y el derecho. Nada irregular es eso, al contrario. La idea de una justicia y un derecho natural es perfectamente concordante con la existencia de opiniones variadas y contrapuestas sobre ellas.
El que existan diversas opiniones acerca de la justicia o del derecho puede provocar que se piense poder por eso objetar la existencia de justicia o de derecho naturales. Pero de acuerdo con lo anterior, la existencia de una realidad no está condicionada al consenso o acuerdo de todos al respecto. Todo lo que se requiere es la
posibilidad de un consenso al que puede llegarse.
Tómese, en una situación extrema, la más alocada opinión acerca de algo y puede estarse seguro que esa opinión va más allá de ella misma. Quien la sostiene al mismo tiempo la contradice de alguna manera y se verá forzado a ir más allá de su opinión si es que se tiene esa conversación dialéctica, la de las opiniones que se usan como formas de avance del conocimiento.
Ahora el autor pone lo anterior en términos más generales. Todo conocimiento, primitivo o refinado, supone una visión comprensiva dentro de la que ese conocimiento es factible. Ese conocimiento supone a su vez un entendimiento básico del todo.
Para tener opiniones el ser humano requiere ese entendimiento del todo.
Las visiones que se tienen del todo pueden diferir. Es el mismo todo, pero diversas sociedades y personas tienen opiniones distintas e incluso contradictorias. Cada una de las visiones es una opinión que llama por sí misma a remontarla para avanzar y acercarse más a la verdad, pero sin garantía de lograr avances reales pasando de la etapa de la discusión a la del acuerdo.
¿Una tarea interminable? Sí, así es la búsqueda del conocimiento verdadero, lo que no es causa para darse por vencido y creer que la filosofía deba limitarse a una parte del todo, no importa qué tan importante sea. El significado de esa parte depende del significado del todo.