Es un amor total, absoluto, el que Dios tiene por nosotros. Por eso es lógico que su mandato sea el de amarnos también. Es un mandamiento universal en el que todo se resume.
• El evangelio (Juan 10, 11-18) contiene la poderosa imagen del buen pastor, el que da la vida por sus ovejas. Toda la lectura consiste en palabras de Jesús. Dice, “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; no como el jornalero que ni es verdadero pastor ni propietario [...]
Comprender a Jesús es aceptar su saludo, cuando nos dice “La paz esté con ustedes”. Y responder a eso con “En ti, Señor, confío.” De lo que seguirá una sana inclinación a seguirle, es decir, cumplir su palabra por voluntad propia.
Es la absoluta y total certeza de que Dios sí está junto a nosotros y de que por eso, todo lo que nos falta hacer es decir, “¡Señor mío y Dios mío!” desde nuestro más profundo interior. Las cosas serán nuevas para nosotros.
• La segunda lectura (Filipenses 2, 6-11) nos da una gran visión de los sucesos recordados este domingo. “Cristo Jesús, siendo de condición divina, no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición [...]
“El que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él?”