Identificador de tema. Economía: negocios

¡En construcción¡ Terminación programada a final de 2021.

Tipos de ejecutivos que ejercen tipos de administración muy distintos. Un poco de humor de oficina para una clasificación de características de la administración.

Un estudio del Institute for the Study of Peculiar Management Practices, ISPMP, encabezado por Ludwig von Pfaffpfaff, arroja los siguientes resultados.

Se trata de una clasificación de los diferentes tipos de administración que las empresas practican. No son grupos excluyentes, dice el mismo von Pfaffpfaff, pues esos tipos de administración pueden presentarse combinados en muchas empresas.

Administración tipo Montessori

Un sistema ya conocido, pero que merece ser repetido. Dentro de él, cada miembro de la empresa hace lo que quiere, cuando lo desea.

Por ejemplo, el responsable de asuntos jurídicos interviene en labores publicitarias, o el gerente de almacén decide cambiar las políticas de contabilidad.

Todo el punto es dar libertad a las personas para hacer lo que quieran, sin límites ni restricciones.

Administración por crisis

Un sistema interesante, otro de los tipos de administración, que consiste en no tomar decisiones ni realizar acciones que prevengan problemas y crisis futuras.

Toda la administración de la empresa sigue trabajando como si nada cambiara en el entorno hasta que la crisis se presenta y entonces se preocupa de cómo enfrentarla.

Este sistema tiene la ventaja de proveer al ejecutivo con períodos de tranquilidad, en los que no hay estrés y puede jugarse golf un par de días a la semana. Al llegar la crisis, el ejecutivo siempre tiene la opción de salir de la empresa y entrar a otra en la que no exista crisis.

Administración por sí-logismo

Otro sistema basado en la ciencia (logos) de decir sí a todo, siempre que eso aplique a lo dicho por el superior inmediato.

Tiene el grave problema de impedir las contribuciones de empleados y tener una sola fuente de iniciativas, las del mandamás.

Pero, tiene la gran ventaja de dar una vida deliciosa, apacible y placentera al ejecutivo, pues su único deber es seguir las instrucciones superiores; no hay instrucciones, no hay trabajo y ya se puede salir al golf.

Administración por oratoria

Dentro de este sistema, sube en jerarquía aquél que mejor emplea sus dones verbales, siempre que ellas estén destinadas a ensalzar al superior máximo.

Suelen usarse expresiones como «gran visión», «enorme capacidad» y otras similares al hablar del superior, no importa que lo que haga y decida sea una reverenda estupidez.

Siempre hay para él los más grandes elogios, especialmente al jugar golf.

Administración por gemido

Este tipo de administración está sustentado en la queja asignada a factores externos ajenos al control propio.

Si bajan las ventas, esa realidad es causada por cuestiones como la situación económica, la actividad de la competencia, las tasas de interés, la falta de colaboración de los intermediarios, cualquier cosa antes que aceptar responsabilidades personales.

Este tipo de administración consiste en la convocación infinita de reuniones en las que se da oportunidad a todos de sugerir acciones para tomar una decisión final que no cause el menor malestar en nadie.

Su objetivo es lograr un equipo ejecutivo en el que todos sienten que tienen razón y nadie es contradicho. Las decisiones, desde luego son tibias e inadecuadas, pero se tiene la ventaja de evitar frustraciones en los ejecutivos, quienes salen a jugar golf sin complejos.

Administración en pasillos

Consiste este sistema en producir las decisiones grandes del negocio en los pasillos y no en las oficinas, ni en las salas de reunión. Las reuniones se siguen realizando pero en ellas no se toman las decisiones.

Administración por caos

Consiste en una serie de decisiones diarias, numerosas, que tienen relaciones al menos ortogonales entre sí, muchas veces opuestas y contradictorias.

Es decir, carecen de relación al menos, son numerosas, y entre ellas casi siempre hay oposición lógica. La gran ventaja de este sistema es la novedad, pues el ejecutivo siempre tiene cosas diferentes que hacer, lo que es un gran tema de conversación cuando después del golf se toma una copa.

Administración por contienda

Este sistema, muy popular, consiste en guiar las acciones propias de cada ejecutivo por un criterio simple, el hacer lo contrario de lo que intenta realizar otro ejecutivo del mismo nivel.

Si alguien propone, por ejemplo, lanzar un nuevo producto, al menos uno de los ejecutivos hace todo lo posible por evitar ese lanzamiento. Estas peleas son una gran tema de conversación en el golf y permiten la formación de equipos rivales al jugarlo.

7 ‘nos’ Para Ejecutivos

30 junio, 2006

1. No a la soberbia.

Cuando crees que eres el mejor y nadie hay como tú, estás ciego y la realidad tarde o temprano te comerá.

2. No a la concentración de riesgos.

Así como es tonto concentrar la inversión comprando acciones de la misma empresa en la que trabajas, es absurdo tener una sólo interés, el de tu trabajo. 

3. No a decir “sí” al superior.

Cuando tu permanencia en el trabajo depende del número de veces que alabas a tu jefe incondicionalmente, tu talento deja de usarse para tu provecho y el de la empresa.

4. No a ver hacia atrás.

Cuando tu mirada está puesta en los logros y éxito del pasado, te tropezarán con los obstáculos que el futuro pone frente a ti bajo tus pies.

5. No estar siempre ocupado.

Si tu agenda te ocupa todo el día e incluso los fines de semana, no es que tengas mucho trabajo, sino que no sabes manejarlo colocando prioridades.

6. No a las mentiras.

Cuando tus palabras no corresponden a la realidad y tú lo sabes, estás introduciendo información falsa en la empresa. No esperes que con esa información se tomen buenas decisiones.

7. No a los logros inmediatos.

Si lo que te interesa son sólo los resultados de hoy, no tienes mañana, ni tienes futuro.

Tener Tiempo Para Pensar

31 enero, 2005

El comentario es frecuente. El ejecutivo que menciona ir a la oficina en días en los que no hay personas allí y, por eso, trabaja mejor, adelanta cosas, limpia el escritorio, o simplemente piensa.

Todos hemos pasado por esa experiencia, la de estar en la oficina un fin de semana, o durante vacaciones como las de diciembre, cuando nadie anda por allí.

Más aún, esas reflexiones son adicionadas con otra realidad, la de los teléfonos que no suenan. Y, como se cree que en esos días de vacaciones o de fin de semana nada de trabajo puede lograrse, la oportunidad la pintan ideal como para alejarse de la oficina… para encontrar carreteras atascadas desde el viernes hasta el domingo o centros vacacionales llenos.

Mi punto aquí es sencillo: el ambiente de oficina no es, demasiadas veces, el propicio para lograr las mejores potencialidades humanas.

Llamadas, reuniones, emergencias, correos, revisiones, pláticas innecesarias, esperas desesperantes, ruido, todo está en buena dosis cooperando para distraer la atención mental y hacer algo que es esencial, pensar. Conocí una empresa que se manejaba bajo el principio de “management by crisis.”

Es decir, nadie hacía cosas de fondo para remediar problemas ni para aprovechar oportunidades. Se dejaba todo como estaba hasta que la crisis explotaba y entonces se reaccionaba, sin haber hecho caso a las señales de la crisis que se avecinaba. Es un estilo de administración en el que el pensar no existe.

Allí, los asuntos triviales se atendían con prioridad y los importantes con lentitud. Lo que intento decir es que a los humanos nos caracteriza una cualidad, la de poder pensar, razonar y anticipar el futuro.

Cuando la agenda está llena, sucede eso, lo poco importante toma el lugar de lo muy importante porque la visión diaria se nubla: la siguiente llamada telefónica es todo en lo que se piensa. Una vez escuché decir que el tiempo de los ejecutivos es como el espacio disponible en los hoteles, a los que causa daño estar al 100 por ciento de ocupación. Supongo que con la agenda suceda lo mismo.

El 100 por ciento del tiempo ocupado es malo, pues no da tiempo para pensar y el pensar es parte de la responsabilidad ejecutiva. Recuerdo un alto ejecutivo que conocí un día, en cuya agenda no cabía un alfiler. Otra manera de ver esto es el ocio, un recurso en extremo necesario y valioso que permite “ver” con mayor profundidad la realidad.

Llamemos tiempo libre a ese recurso que es un lujo que debe fabricarse por obligación y como parte necesaria de la administración. Más o menos como las utilidades de las empresas, las que más que deseables son en verdad un costo necesario de subsistencia.

Y es que en esos tiempos libres, como los de esos días en los que la oficina está vacía, el ejecutivo puede concentrarse, analizar y ver más allá de su agenda. Son las horas en las que el nada que hacer se convierte en el algo mejor para hacer.

Por esto, me parece, que el ejecutivo de la agenda atascada es también en ejecutivo de una mentalidad tonta. Porque al final el darse el lujo de tiempo libre es algo difícil de entender. Las personas con facilidad verán desperdicio cuando lo único que está pasando es que las neuronas se mueven y las cuerdas vocales están en reposo.

El Peor Error

20 diciembre, 2004

Es una impresión mía, quizá muy posiblemente una verdad, que las equivocaciones de estrategia son las peores por dos razones. Una, la obvia, es lógica, la estrategia marca una decisión esencial, que marca una dirección a tomar.

La segunda y más preocupante no es tan clara.

Una estrategia decidida implica el uso de una visión personal, una manera de entender el mundo y, si la estrategia es mala, será poco menos que imposible comprender el error que hay en ella. Un ejemplo de esto es la visión de los marxistas. Su manera de entender la realidad usa ideas como lucha de clases, plusvalía, explotación y demás.

Son ideas equivocadas y sobre ellas toman decisiones estratégicas, por ejemplo, para manejar la economía de un país. Esa economía fracasará por malas decisiones estratégicas. Pero será poco menos que imposible convencer a esas personas que el error se debe a que su manera de entender a la realidad está equivocada y por eso sus acciones fallan.

Otro ejemplo de error estratégico es la administración del poder ejecutivo federal mexicano.

El presidente Fox y su equipo personal cometieron un error estratégico muy claro. Su estrategia para ganar la presidencia fue la correcta: elevaron el nivel de conocimiento de Fox como candidato y lo colocaron como la única opción para vencer al PRI. El error consiste en haber mantenido la misma estrategia como candidato, pero ahora ya en la presidencia.

Como presidente, la estrategia debía ser diferente, muy diferente. El error de esa presidencia fue el no reconocer que la realidad había cambiado. Se entendió al mundo como igual, antes y después de ganar la presidencia. Obviamente, la realidad no es igual para un candidato que para un presidente.

Mi punto es sencillo: los errores de estrategia provienen en buena parte de que esas decisiones están basadas en la manera en la que uno comprende la realidad. Y si esa manera es errónea, las estrategias seleccionadas conducirán a traspiés y fallas, seguramente graves. Y a eso añado un elemento que no he visto tratado con amplitud.

Cuando se dan errores de estrategia, ellos serán muy difíciles de explicar a quien los cometió. Y será aún más dificultoso el hacer que sean corregidos. Las personas no somos propensas a cambiar, sin severas luchas, nuestra forma de entender la realidad.

Lo que eso produce es terquedad mental, un atributo no necesariamente malo en sí mismo, pero que lleva a una corrección lenta de errores básicos.

Otro ejemplo adicional es el de la negativa de algunos gobernantes para ceder terreno en la privatización del sector energético mexicano. Independientemente de motivos egoístas, mucho de ello se debe a una forma de entender la soberanía nacional, la de creer que ella es igual a la propiedad estatal de recursos esenciales.

Desde luego que soberanía tiene otras mejores interpretaciones. Sin embargo, cambiar esa manera de ver el mundo será tarea casi imposible.

Los negocios no se libran de este peligro. Tanto es así, que un emprendedor puede ser definido como alguien que percibe la realidad de una manera mejor que los demás y sobre ese conocimiento propio actúa para beneficio propio y ajeno. Un emprendedor no es otro que un tipo que sigue estrategias mejores, basadas en la realidad que otros aún no ven.

Comunicación Ejecutiva

13 diciembre, 2004

Hace bastantes años, un ejecutivo norteamericano del que fui buen amigo, me hizo un comentario muy severo acerca de los ejecutivos mexicanos. Solíamos él y yo tomar un par de tragos después de salir de la oficina y filosofar sobre la vida y los negocios.

Fue en una de esas conversaciones que me dijo que los ejecutivos mexicanos que había conocido en sus varios viajes a México tenían dificultades para comunicarse. Le pedí que fuera más específico y lo fue.

Me dijo que muchos de ellos no sabían escribir con claridad y que la verbalización de sus ideas era deficiente. En pocas palabras, afirmó que había demasiados ejecutivos que no podían organizar sus ideas y que por eso no podían expresar con fidelidad lo que tenían en su mente.

Pensé que era una exageración lo que mi amigo dijo y no le hice mucho caso hasta que otra persona me hizo el mismo comentario. Pero esta persona me dio detalles concretos, el de un ejecutivo, su jefe, que le solicitaba escribirle sus cartas, memoranda, todo.

La razón de esas peticiones era la incapacidad de escribir del otro. Vaya no podía ser claro ni siquiera hablando. Y tenía un puesto muy alto en una empresa jumbo. Y a partir de allí comencé a poner atención en el tema, para concluir que, efectivamente, hay una buena cantidad de ejecutivos que no tienen habilidades de comunicación.

No hablo de errores de ortografía, lo que es dramático en una persona de nivel. Hablo de vocabularios limitado en extremo, de falta de organización de ideas, de vaguedad en los conceptos. ¿Cuántos tienen estas fallas? En mi experiencia, quizá un 30 por ciento, tal vez algo más.

Es una cantidad enorme. No hablo de ser un Shakespeare de los escritos de negocios, sino de las más mínimas de las habilidades para expresarse. Preguntando sobre el tema a otras personas, encontré una confirmación de mi temor. También ellas habían hallado ese defecto en buena cantidad de ejecutivos.

Pero lo más interesante eran sus explicaciones, las razones por las que no tenían habilidades de comunicación. Por ejemplo, la falta de lecturas, pues quien no lee no está en contacto con vocabulario adicional y organización de ideas. Otra causa que mencionaron fue una deficiente educación universitaria, en la que no se puso atención al lenguaje hablado ni escrito.

Como uno me dijo, “Salimos de la universidad con buena preparación ingenieril, pero creyendo que universidad se escribe con ‘h’.”

Desde luego, exageraba, pero quería mostrar un punto muy gráficamente, el de que los profesores quizá tampoco sabían escribir y por eso no podían corregirles. El asunto es grave.

Recuerdo haber leído que el 80 por ciento de los problemas que puede tener una empresa siempre tiene que ver con la mala comunicación dentro de ella. Quizá sean malas instrucciones dadas a subalternos, información malinterpretada, lo que usted quiera.

Pero la realidad está a la vista, probando lo que he mencionado: presentaciones mal hechas, cartas con faltas de ortografía, memoranda confusa, cotizaciones inentendibles. Vaya, hasta publicidad mal escrita y menús en restaurantes que tienen errores serios. ¿Ha tenido usted esta misma impresión? Ojala pueda usted comentarme un ejemplo de un caso de este tipo.

La Esencia Del Negocio

9 junio, 2003

Uno se encuentra lecciones de sentido común en los lugares menos sospechados. Le voy a contar un caso de esos.

Hace algo más de un año, una de las noticias que más impacto generó fue la de los abusos sexuales en algunas diócesis de los Estados Unidos. Por una inquietud mía personal, compré un libro que se llama The Courage to be Catholic, algo así como El Valor de ser Católico.

Su autor es un buen tipo y una fuente creíble, capaz de buenos razonamientos y sin pelos en la lengua. Se llama George Wiegel.

Ese libro trata el tema de los abusos sexuales en Estados Unidos y lo hace con valentía. Sostiene una tesis que es toda una lección de negocios. En esencia dice que las diócesis en las que esos abusos se dieron fueron las que descuidaron el verdadero papel que a ellas se les ha asignado.

Sus obispos se volvieron administradores y olvidaron la esencia de su papel. En vez de ser apóstoles fueron administradores. Ignoraron su razón de ser, eso que justifica su responsabilidad última y, desde luego, eso ocasionó problemas muy serios.

Ahora traslademos eso a campos más terrenales y saquemos una lección muy clara. Cada negocio tiene una justificación, una razón de ser, la que no debe ser olvidada jamás.

Cuando ella se relega a un rincón olvidado y el negocio se confunde con una labor administrativa, la empresa va a tener problemas. Pongo un ejemplo que jamás se me ha olvidado y que tiene treinta y tantos años.

Es algo que dijo el gran Leo Burnett, una de las más grandes figuras de la publicidad.

En un discurso al jubilarse, dijo que la razón de ser de su agencia de publicidad, Leo Burnett Co., es la creatividad que se da al cliente y que “el día que haya más contadores que creativos en su empresa”, él regresaría y quitaría su nombre a la agencia.

Más claro no se puede decir. Un síntoma de haberse olvidado de la razón de ser del negocio es, desde luego, eso, el tener más personal administrativo que personal que hace lo que el negocio vende.

Otro es el poner toda la atención de la empresa en los estados contables. Cuando todo lo que usted ve son estados financieros, usted sólo podrá utilizar remedios financieros.

Porque al final de cuentas todas las empresas, sin excepción, existen porque producen algo que llega a convertirse en un producto destinado al último consumidor, quien sólo busca elevar su bienestar personal.

Cuando la empresa deja de hablar de sus clientes, hace a un lado a quien le da para vivir y mantenerse.

Y no es una cuestión de olvidarse de las finanzas, sino una cuestión de poner en primer lugar al cliente y reconocer que lo que le sucede a las finanzas es el resultado de lo que los clientes hacen.

Si usted trabaja en una empresa, su sueldo no es pagado por la empresa, sino por los clientes de la empresa. Lo único que la empresa hace es administrar el dinero que los clientes le dieron. Y eso es incontrovertible. Sí, la razón de ser de la empresa es hacer algo bueno para los clientes.

No hay más. Si usted hace paletas heladas o computadoras o lo que sea, ésa es la razón de ser de su empresa: dar una paleta helada con valor para los clientes y ellos así eleven su bienestar.

Las anotaciones en los libros de contabilidad son un resumen de lo que los clientes piensan de su empresa, no la razón de ser de ella.