Los momentos de la libertad presentan una paradoja. Son las ocasiones en las que ejerciendo la libertad se renuncia a ella manteniendo el potencial de usarla de nuevo.

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Introducción

La libertad, por mucho que sea defendida, contiene una paradoja irremediable —necesariamente implica que ella tiene que ser renunciada en el momento en el que se toma una decisión. Es decir, la libertad tiene sus momentos —ocasiones en las que se renuncia a ella.

Quiero explorar este tema, que no es nuevo. San Pablo en la carta a los romanos (6, 17 y ss), dijo,

«… gracias a Dios, ustedes, después de haber sido esclavos del pecado, han obedecido de corazón a la regla de doctrina, a la cual fueron confiados, y ahora, liberados del pecado, han llegado a ser servidores de la justicia».

Incluso los que recelan de textos religiosos aceptarán la posibilidad de esa dualidad. Pablo ve a los romanos como, antes, esclavos del pecado, y, más tarde, servidores de la justicia.

Los momentos de renuncia a la libertad

Existe, por tanto, una realidad de aceptación de algo ante lo que la persona se rinde y sujeta —el momento de la renuncia a la libertad. El mismo texto continúa,

«Voy a hablarles de una manera humana, teniendo en cuenta la debilidad natural de ustedes. Si antes entregaron sus miembros, haciéndolos esclavos de la impureza y del desorden hasta llegar a sus excesos, pónganlos ahora al servicio de la justicia para alcanzar la santidad».

Los dos pasos anteriores son ahora aún más explícitos —primero, Pablo ve a los romanos como esclavos del desorden y, segundo, los exhorta a ponerse ahora al servicio de la justicia.

La libertad lleva a momentos de decisión en los que se renuncia a ella, al menos de momento. Cuando una persona con toda libertad toma la decisión de casarse en ese momento pierde la libertad de casarse otra vez —al menos en la intención del acto.

La ocasión es más complicada en realidad. Por ejemplo, un joven que ha decidido estudiar la carrera A con libertad ha renunciado también a estudiar otras carreras, B, C, D. Sin embargo, mientras estudia A sigue manteniendo el potencial de su libertad para estudiar otra cosa. Al no hacerlo, ha renunciado a su libertad de estudiar B, C, D.

La paradoja de la libertad

Pueden establecerse los siguientes elementos y que explican esa paradoja de la libertad, la de eventualmente, continuamente, renunciar a ella para aceptar algo superior —y conservar la renuncia a esa libertad de manera voluntaria.

Hay un primer elemento claro, el de una decisión personal, que es la selección de algo en lugar de otras cosas posibles —es el ejercicio de la libertad en su más pura concepción. La persona elige algo por encima de otras posibilidades: usa su libertad para ejercer esa selección que es voluntaria y propia. Es el momento de la renuncia a la libertad.

Un segundo elemento es mucho menos claro y tiene que ver con la importancia de la decisión, es decir, con la relevancia de aquello que es seleccionado —la influencia que tendrá en la vida que usa su libertad para decidir. Es eso por lo que de momento se ha dejado de ser libre —la decisión tomada, eso que ha sido decidido.

Momentos vitales

Decidir en un momento, como modo de ilustración, beber un vodka o un whisky, no tiene mayor repercusión —como sí la tendría el decidir abusar de la bebida de manera continua.

A lo que me refiero con los momentos de la libertad, por tanto, es a decisiones que dejan marcas en la vida, una definición demasiado vaga con la que no me encuentro satisfecho.

Quizá pueda aclararse esto algo más, haciendo referencia a la aceptación de reglas y mandatos sobre la vida que la persona considera debe llevarse —lo que me acerca mucho al campo de las decisiones morales que son libres y manifiestan un patrón consistente de conducta en cada individuo.

Aunque incompleto, puede ya intuirse un cierto colofón sobre el tema: la libertad presenta el dilema de rendirla frente a decisiones morales o éticas a las que se considera superiores.

Es el poder ser libre de hacer cualquier cosa y al mismo tiempo, de manera voluntaria, sujetar esa libertad rindiéndola ante lo que la persona considera que es más alto que la libertad de hacer todo.

El tercer elemento es sutil y consiste en aceptar que la libertad no desaparece, pues ella está presente en cada decisión en el tiempo.

Una persona, en este instante, por ejemplo, decide no aceptar una acción de soborno, lo que significa que ha rendido su libertad ante algo que considera superior, un mandato moral que reprueba esos actos.

Más tarde, en otras decisiones, enfrentará otras decisiones que podrán ser de muchos tipos, algunas de ellas  triviales, como el no aparcar en lugares destinados a inválidos —aunque también podrá decidir en otro momento, usando su libertad, aceptar un cohecho porque se encuentra en una situación económica apurada.

Poder hacer todo pero no deber hacerlo

La libertad no desaparece, aunque ella sea sujeta a una rendición momentánea en una decisión concreta —de lo que se desprende que a pesar de la renuncia momentánea a la libertad en cada decisión, la libertad reaparece con cada nueva decisión.

Algunas ilustraciones pueden ayudar a comprender la reaparición de la libertad.

Supóngase el caso de una persona que asalta a otra, una decisión libre por parte del autor del hecho —un acto que es libremente decidido y que significa la renuncia momentánea a la libertad a cambio de la consideración de que ese acto fue superior a la libertad del criminal: pudiendo decidir no realizar el asalto, decidió hacerlo por considerarlo un bien superior al de su libertad para no realizarlo.

La misma persona, después del asalto, de cuyo lugar huyó, ve reaparecer su libertad para realizar otras acciones posteriores. Puede usar su libertad para renunciar a ella momentáneamente e ir a otro lugar para un nuevo robo —o bien, puede renunciar a su libertad y presentarse en el cuartel de la policía declarando su culpabilidad.

Conclusión

Mi intención ha sido explorar a la libertad dentro del tiempo, como una serie de decisiones de la persona en las que existe una renuncia momentánea a la libertad —en el momento en que realiza una acción y lo hace porque la considera superior a todo, incluso a su libertad.

El principio de lo que he establecido aplica incluso en los casos en los que la persona actúa pensando en que solo cuenta su voluntad propia y argumentando que la libertad es hacer lo que a la persona se le venga a la mente en cada momento —lo que esa persona hace en realidad es colocar a su voluntad como superior a cualquier cosa, lo que en la siguiente decisión podrá modificar o no.

La gran variable es el tiempo —antes estaban ciertas personas entregadas a actos que el apóstol considera reprobables, sus decisiones libres habían considerado como superiores eso que hacían.

Pero la libertad reaparece y presenta de nuevo la opción de seleccionar algo que es distinto, que Pablo expresa como deseable, el ponerse al servicio de la justicia para alcanzar la santidad.

Por consiguiente, en cada acto libre que la persona decide hay una renuncia de la libertad a la que se sacrifica ante algo que se considera superior, en una decisión que puede ser equivocada o no.

Pero la libertad reaparece de inmediato cuando se toma la decisión siguiente, cuando de nuevo desaparece quizá por unos instantes hasta la nueva decisión.


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[Actualización última: 2021-06]