La idea y concepto de una conducta que van contra normas y mandatos religiosos, específicamente cristianos. Un significado que muestra comportamientos voluntarios que violan preceptos conocidos. ¿Qué es pecado?

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Introducción

Es un término que describe a la transgresión voluntaria y libre de preceptos divinos. Una de las palabras que hace referencia a acciones humanas que son consideradas malas e indeseables. Es una idea central del Cristianismo, el actuar en contra de la voluntad de Dios.

Sí, sí creo en eso que se llama pecado. La idea es central en el Cristianismo.

¿Qué es pecado?

El desacato de los preceptos divinos, mandados por Dios, se llama pecado. Es una falta de intensidad variable que va desde leve hasta grave, cuyo significado va más allá de la sola transgresión de esos mandatos.

El pecado tiene un efecto, que es el rompimiento de la relación con Dios, voluntario e intencional. Por eso se considera una ofensa en contra del Creador que aleja a la persona de lo bueno y correcto. Pierde ella la cercanía divina por voluntad propia, no de Dios.

Eso lleva a entender al pecado también como posible de ser perdonado, si es que la persona comprende su culpa y responsabilidad. La sinceridad de esa culpa conlleva a la intención de no volver a pecar y, por tanto, a la reconciliación con Dios.

Muerte espiritual

Así como existe una muerte biológica, del cuerpo, existe una muerte espiritual del alma. Esa muerte la produce el pecado grave. Es algo serio en verdad. La muerte espiritual es una situación de separación total entre Dios y el alma de cada uno. Y la causamos nosotros mismos cuando decidimos con total conocimiento hacer algo que es malo.

¿Qué es lo malo? La respuesta es directa: la desobediencia de los mandatos de Dios. No es complicado. Más todavía, si se es cristiano se entiende que uno tiene un sólo propósito en la vida y ése es amar a Dios. Se ama a Dios respetando lo que Él manda.

Cuando con pleno conocimiento no se respetan sus mandatos, eso es un acto consciente de separación y se cae en el pecado. Eso es igual a «ir al infierno» por voluntad propia, siendo el infierno la separación de Dios.

El pecado es al final de cuentas un acto por el que la persona libre y voluntariamente rechaza amar a Dios y lo manifiesta desobedeciendo sus mandatos. Desobedeciéndolos por actos cometidos y por actos omitidos.

Lo bueno y lo malo

En la raíz de todo lo anterior hay una premisa que suele pasarse por alto, la de cómo se define lo bueno y lo malo, lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer. La respuesta es directa: eso lo define Dios. Si Dios lo quiere, eso es bueno. Si Dios no lo quiere, eso es malo.

Esto lleva a tener que encontrar esa información sobre su voluntad. Otra respuesta directa: lo que Dios quiere está contenido en la palabra misma de Dios, que está en la Biblia, en la naturaleza humana y en la tradición interpretativa.

Capitales y veniales

Luego están los tipos de desobediencia, con pecados que pueden ser menores o veniales, y graves o capitales.

Los serios tienen sus condiciones para que lo sean. Primero, tienen que ser eso, graves, como una mentira que permite cometer un fraude. Segundo, tienen que ser cometidos sabiendo lo que se hace, o no se hace (incluso lo son cuando la persona no quiere enterarse del asunto).

Y, tercero, la clave, tienen que se cometidos voluntariamente, con libertad e intención, que es donde radica la gravedad. Incluso es pecado el tener la resolución clara de hacerlo, aunque no llegue a realizarse.

Imperfección humana

Lo más sutil, sin embargo, es el concepto de debilidades humanas, las pasiones más comunes a las que sucumbimos y que Dios nos manda evitar. Son los llamados pecados capitales, no por ser necesariamente graves en sí mismos, sino por ser nuestras debilidades más principales.

Casi todos los conocen: soberbia, avaricia, lujuria, gula, envidia, pereza. Dios nos manda no sucumbir a ellos porque son malas. Sucumbir a ellos es desobedecer a Dios.

Del otro lado, están las virtudes opuestas: humildad, generosidad, castidad, templanza, caridad, diligencia. Seguirlas es bueno, Dios quiere que lo hagamos.

La existencia del pecado reconoce a la debilidad humana, una imperfección natural que le pone en posición de poder cometer esas faltas y hacerlo. Y, sin embargo, tener la posibilidad de corregir, es decir, arrepentirse y volver a la situación de relación con Dios.

Coincidencias

Algo más llama la atención es todo esto, una cuestión de coincidencias. Resulta que eso que Dios manda coincide admirablemente con lo que intuitivamente consideramos bueno y malo.

Y no solamente coincide con eso, también coincide con lo que sucedería en una buena sociedad, una en la que querríamos vivir. Una sociedad en la que la honradez, la caridad, el esfuerzo y otras virtudes prevalecieran. Una en la que no existiera la mentira, la deshonestidad, la avaricia, ni otros vicios.

En otras palabras, esos mandatos de Dios tienen una gran coincidencia con lo que es aceptado como bueno y como malo, por tradición o raciocinio, y que produce una mejor vida material. Pero, además, producen la salvación espiritual.


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[Actualización última: 2021-08]