El significado de soberbia y sus consecuencias. Definición del término con atención especial a los efectos que él produce en la conducta de quien padece este vicio.

Introducción

Se le supone el mayor de todos los vicios. Ése que es el origen del resto de ellos. Es la soberbia, una valoración excesiva, irreal y desordenada del valor de uno mismo.

Implica, por tanto, un desprecio mayúsculo al resto de la gente, una desagradable consecuencia de la soberbia.

Definición

Sus sinónimos ayuda a entenderla: orgullo, arrogancia, vanidad, engreimiento, presunción. Todo llevado a un nivel extremo, que se contrapone con lo opuesto: humildad, modestia, timidez, docilidad.

Su sentido usual está bien expresado en esto:

«Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás». dle.rae.es

Y bien descrita en esto otro:

«La soberbia es el sentimiento que posee aquel que se sitúa a sí mismo por encima del resto de las personas. La persona soberbia se siente superior y menosprecia los logros, atributos o conocimientos de los demás. […] Una persona soberbia expone en forma desmedida sus logros (académicos, económicos, deportivos, laborales, artísticos) ante otros. […]El término “soberbio” suele utilizarse como sinónimo de arrogante, vanidoso, intolerante y egocéntrico». ejemplos.com

¡Advertencia!

No es fácil de usar, pues tiene sus sutilezas de significado.

Por ejemplo, un sentido negativo, cuando realmente puede llamarse soberbia, y significa esa valoración presuntuosa de la propia persona que lleva al desdén del resto. Con frecuencia se le llama ‘hubris’.

En un sentido positivo, cuando se usa la palabra orgullo, y hace referencia a un sentimiento de satisfacción personal, como cuando se ha tenido un gran logro.

Aquí quiero referirme al significado negativo, reiterando que la soberbia es vista como el clímax de los vicios. Ella es una percepción consistente y continua del valor propio muy por encima del valor de los otros, a los que se desprecia.

Un vicio severo

Tan grave es el vicio de la soberbia que para el Cristianismo es un pecado capital, el mayor de todos y que provoca la sustitución de Dios por el amor a uno mismo.

«Consiste en una estima de sí mismo, o amor propio indebido, que busca la atención y el honor y se pone uno en antagonismo con Dios (Catecismo Iglesia Católica 1866)». encuentra.com

Ha sido un tema literario, como en la novela célebre de Mary Shelly, donde Victor Frankenstein sucumbe a la soberbia de lograr un descubrimiento médico que luego reprueba. Igual en La Divina Comedia de Dante.

La sombra de Frankestein“La sombra de Frankestein” by Kirby York is licensed under CC PDM 1.0

Las consecuencias de la soberbia

En fin, nada que no sepamos. Las cosas, sin embargo, se ponen interesantes cuando nos damos cuenta de una de las consecuencias y efecto de la soberbia en la persona que la padece.

La soberbia atonta y embrutece

La apuntó Barbara Tuchman en su libro The March of Folly: la soberbia ciega, impide ver, frena la razón, cierra el entendimiento. Es lo que hace que quien la padece haga cosas sorprendentemente idiotas, opuestas a su propio interés.

Esto tiene sus consecuencias derivadas y no son ellas pequeñas. Suceden en todas partes, en todas las personas que exageran la confianza que tienen en sí mismas.

Derrotas bélicas, elecciones perdidas, quiebra de empresas, crisis predecibles… muchos de esos sucesos tienen su causa central en la ceguera de sus protagonistas. Ceguera que produce la soberbia.



Estas consecuencias de la soberbia puede verse más analíticamente.

1. Lleva a errores más frecuentes

Ya que el soberbio desprecia a los demás, hace caso omiso de opiniones ajenas. No se beneficia del conocimiento de los demás y eso le hace cometer errores que podía haber evitado.

2. Impide medidas correctivas

Los errores cometidos por el soberbio tienen poca probabilidad de ser enmendados porque eso le significaría haberse equivocado y eso no lo admite él fácilmente.

3. Aleja de la realidad

El soberbio crea su propio mundo basado en la idea de que él es quien más sabe y conoce, en el que no necesita de nadie más. Un mundo que él conduce según sus deseos y antojos.



4. Crea ambición de poder

Sintiendo ser el mejor y más capaz, la soberbia produce deseos de poder sobre los demás, los que por su propio bien deberán obedecer al soberbio sin cuestionamientos.

5. Anula el sentido de responsabilidad

Siendo él el mejor es obvio que no podrá admitir responsabilidad alguna por errores y fallas propias porque no las tiene. Si hay equivocaciones, eso es la culpa de otros.

6. Sus fines justifican cualquier medio

Ya que el soberbio siente ser superior al resto, sus fines tienen que ser también superiores a los del resto. Deduce él que, por tanto, cualquier medio está justificado y puede emplearlo sin limitación alguna. Entonces para el soberbio no existen restricciones legales ni morales.

La humildad es el remedio

El antídoto de la soberbia es la humildad, el reconocer debilidad propia, desconocimiento e incapacidades. No es aceptar que se es un tonto sin remedio que nada puede hacer, sino aceptar que mientras que es capaz de grandes cosas, también pueden cometerse terribles fallas.

Quizá en buena parte el defecto sustancial de la soberbia se encuentre en su falta absoluta de prudencia. El soberbio rechaza la prudencia, mientras que el humilde la tiene en alta estima.

En otro terreno, la creencia en Dios sólo es posible en quien tiene una cierta dosis de humildad, la de reconocer que existe alguien superior y que sabe más. Cuando deja de creerse en Dios, la soberbia convierte a la persona en su propio dios incapaz de errar.

Conclusión

La soberbia es quizá el vicio mayor de todos y está sustentado en dos creencias, que el soberbio toma como verdades absolutas:

  1. Yo soy superior al resto en todo sentido.
  2. Los demás son inferiores a mí en todo sentido.

Dos creencias complementarias entre sí y que hacen que la soberbia tenga consecuencias considerables en la conducta de quien la padezca y en la vida de quienes él domina.

El sentido que el soberbio da a su «Yo soy superior al resto en todo sentido» es el de la perfección propia. Niega, por tanto, la idea de la imperfección humana que tan evidente es.

Los soberbios son ciegos y los ciegos no saben por dónde van ni a dónde se dirigen. Quizá sea ésta la manera más simple de apuntar los riesgos que corre el soberbio y quien se deja guiar por uno.



Y unas ideas más solamente…

Notas extras sobre la soberbia histórica y necrofilia ideológica

Habiendo tratado el significado de la soberbia y las consecuencias que produce, resulta fascinante tratar un par de ideas relacionadas.

La soberbia histórica y uno de sus derivados, la necrofilia ideológica. Vayamos paso por paso.

Soberbia histórica

Este tipo de soberbia funciona tomando como verdades a dos ideas:

  1. Los tiempos actuales son superiores en todo a los pasados
  2. Las generaciones anteriores fueron en todo inferiores.

Un síntoma clave de la soberbia histórica es el tratamiento de las malas conductas con enfermedades que pueden ser curadas con nuevas medicinas. ¿Tiene alguien un vicio, como el golpear a su mujer? No importa, se le pueden dar unas píldoras y asunto resuelto. No hay culpas, hay enfermedades. La soberbia no tiene sentido de culpabilidad.

Charles Taylor, el filósofo canadiense, apunta que «conforme crece la confianza en los poderes humanos, y en particular, en los poderes de la razón», son más difíciles de aceptar las afirmaciones de las iglesias sobre su autoridad en la fe.

¿La noción del ser humano imperfecto? Falsa nos dice la soberbia histórica. Lejos de ser imperfectos, somos capaces de todo. Nada puede impedirnos avanzar porque todo lo podemos.

Podemos crear nuestra propia moral, podemos actuar como si los recursos fueran ilimitados. Esto es lo que preocupa, al menos a unos cuantos. ¿Para qué buscar experiencias previas en la historia si las generaciones anteriores son inferiores y nada tienen que enseñar?

Sin embargo, la historia nos avisa. Es como un tablero de notificaciones de precaución. Es como el amigo que nos grita «¡Cuidado!» cuando estamos a punto de tropezar.

Lleva esto a cosas como desechar a Bastiat y sustituirlo con T. Piketty , simplemente por ser nuevo y popular. O a poner de lado a Los Miserables para quedarse con Paolo Coehlo.

Eso que llamo soberbia histórica y que hace pensar que solo lo nuevo es digno de consideración, equivale a una pérdida grande en la comprensión de lo que vivimos, sean asuntos religiosos, económicos, políticos, o culturales.

Necrofilia ideológica

Suponer que en nuestros tiempos se sabe lo suficiente como para creer que las generaciones anteriores eran una punta de ignorantes, produce el olvido de la real posibilidad de estar cometiendo errores iguales o mayores que los cometidos antes.

Puede verse como un edificio en construcción, en el que los cimientos son históricos. Si usted habla de Economía, será algo miope olvidarse, por ejemplo, de los Escolásticos Tardíos.

Eso ha sido expresado en la muy citada frase «Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes». Si no se pone atención en esos sobre los que uno está sostenido, está uno en riesgo de caer.

Esto nos lleva a eos dos componentes de la soberbia, lo que en la soberbia histórica lleva al orgullo de lo nuevo y el desprecio de lo viejo.

Esto puede verse en el desprecio de las tradiciones, lo que equivale al desaire de las lecciones del pasado, un camino que lleva a cometer los mismos errores otra vez.

Y plantea, creo, a una pregunta muy actual:

«¿Cómo explicamos entonces la popularidad del intervencionismo económico gubernamental mostrado, por ejemplo, en el apoyo juvenil al socialista aspirante a candidato presidencial Bernie Sanders?» PanamPost

Hay una respuesta en un concepto fascinante, más oscuro que el de la soberbia histórica, la necrofilia ideológica:

«La necrofilia ideológica es el amor ciego por ideas muertas. Resulta que esta patología es más común en su vertiente política que en la sexual. Encienda su televisión esta noche y le apuesto que verá a algún político apasionadamente enamorado de ideas que ya han sido probadas y han fracasado. O defendiendo creencias cuya falsedad ha quedado demostrada con evidencias incontrovertibles». El País



.

Los síntomas de la soberbia, un muy breve video, aquí llamada ‘hubris’: