¿Qué es liberación personal? La definición de un tipo de decisión personal que pone atención en eso que deja atrás pero descuida a lo que que dirige. El sentido. la razón y los problemas de las personas liberadas.

Introducción

La idea de ‘liberación’ forma parte del vocabulario usual de estos tiempos. Es una que se repite casi siempre en tonos positivos, que le dan una connotación de avance y progreso. Es el caso de la persona liberada.

La impresión que se deja es la de que es mejor estar liberado, que la de no estarlo. Pero con un problema que se deja sin resolver, el de qué es eso de lo que la persona se ha liberado, como en este caso:

«[…] es un acto de liberación personal, en la que una persona afirma y reivindica la verdad absoluta de que ella significa. Es un acto de aceptación, perdón y gratitud por el don de la propia vida y el valor de vivir una vida auténtica y libre». lamenteesmaravillosa.com

¿De qué se libera la persona?

Sin determinar qué es lo que la persona ha dejado atrás, eso de cuyo yugo se ha liberado, es lógicamente imposible saber si la liberación de la que se habla es positiva o no.

Esto es algo usualmente ignorado. Al afirmar que la liberación personal es buena, suele olvidarse eso de lo que se ha liberado, lo puede cambiar notablemente las cosas.

Por ejemplo, es posible definir a un delincuente como alguien que se ha liberado de su obligación de cumplir con la ley. Es una liberación real y palpable a la que sería aberrante considerar favorablemente.

Significado de liberación personal

En lo que sigue trato esquemáticamente el significado de liberación personal, con el propósito de demostrar que no merece la imagen inevitablemente positiva que tiene.

1. Salir de una situación de yugo

La esencia de liberación personal es la de librarse y dejar atrás un dominio que limitaba a la mente y la conducta personal. Un ejemplo claro es el de la liberación de la esclavitud, a la que se le da un significado positivo.

2. Liberación personal ¿de qué?

Una correcta evaluación de un acto de liberación necesita claridad en el apuntar qué es eso de lo que se libera la persona. Es un dato sin el que es irrealizable un juicio sobre tal liberación.

Es posible que la persona se libere de la esclavitud que le hacía trabajar cultivos de algodón bajo la autoridad ilimitada de un capataz. Pero también es posible que ella se libere de su obligación de respetar la propiedad ajena. Obviamente son dos liberaciones dispares.

3. Liberación personal ¿hacia qué?

Igualmente la correcta evaluación de un acto de liberación requiere conocer hacia qué se libera. Es decir, la dirección a la que lleva esa liberación —y que como en el caso anterior pueden variar.

Esta dirección de la liberación no suele entenderse con claridad. Significa aceptar que la liberación desde algo tiene una aprobación hacia algo. Toda liberación tiene una dirección: se deja algo atrás y se va hacia algo delante.

Una persona puede decir que se libera de las convenciones sociales y que ha decidido consumir drogas sin hacer caso de lo que el resto piense. Un caso en el que se sale desde las convenciones sociales y se dirige hacia el consumo de droga.

El tránsito en el sentido opuesto es muy diferente. Salir desde la adicción hacia su no consumo.

El punto central y otras precisiones

El punto básico aquí es que una liberación personal en abstracto es imposible de evaluar si no se hace claro desde dónde se realiza y hacia dónde se dirige la persona liberada.

Esos dos elementos son los que dictarán un juicio sobre si la liberación es positiva o no.

Adicionalmente deben hacerse consideraciones de retórica. Cuando se usan palabras que significan liberación personal pero que son diferentes —como cuando se habla de ‘renovación’, ‘cambio’, ‘modernización’ y similares.

Hay en ellas siempre un contenido, a veces oculto, de abandono de algo y aceptación de otra cosa. La misma idea de dejar algo atrás y aceptar algo diferente. Algo que muestra una obsesión por lo nuevo, sea lo que sea.

Esto presenta un peligro real y presente, que consiste en liberarse de algo y dirigirse a lo nuevo por el solo hecho de ser nuevo. Y hacerlo sin saber exactamente qué es eso nuevo. La falla de la decisión es obvia: lo nuevo no puede asegurar que es mejor que lo existente.

El terreno más ilustrativo de la liberación es seguramente el de la sexualidad y donde puede demostrarse ese problema de querer liberarse de normas sexuales sin plena conciencia de a dónde lleva esa liberación.

El error es también obvio. Juzgando opresivas ciertas normas se dejan ellas atrás en un acto de liberación y esa liberación se dirige hacia algo no muy claro y conocido. Quizá sólo reducido a una idea de tener relaciones sexuales sin límite.

¿De qué se quiere liberar? Esa es la pregunta

Toda defensa de la libertad contiene el riesgo de cambiar la naturaleza de eso que defiende. Un problema de miopía que solo ve al objeto de su culto sin considerar lo que la rodea.

Atrapados en la libertad

El defensor de la libertad con frecuencia cruza límites sin mucho darse cuenta. Lo hace cuando propone la liberación humana con respecto a reglas, principios, normas, tradiciones, cultura y de todo lo que se vea como un límite a la libertad personal.

Llega así a construir una especie de sociedad ideal en la que la libertad es la única consideración aceptada y en la que rige un principio solo, todo acto, el que sea, es bueno si se realiza libremente. Una curiosa utopía que recuerda al enemigo central del liberalismo, el socialismo y su propia utopía.

Riesgos de la liberación personal total

Si se quiere defender a la libertad y hacerlo con resultados, habrá que reconocer que ella tiene límites. Si no se reconoce, se entrará en una zona peligrosa. La libertad no puede ser comprendida como la liberación humana que olvida reglas, principios, normas, tradiciones, cultura y demás.

Sin esos límites, la defensa de la libertad convertida en liberación total, destruirá a la libertad misma. 

No podrá ella sobrevivir en una sociedad en la que no existan reglas, principios, normas, tradiciones, cultura y cosas que hacen pensar en los demás construyendo relaciones y lazos, y desarrollen una idea del fin último de la libertad.

Sin la idea del fin último de la libertad, sin el significado de su razón de ser, la defensa de la libertad se torna inestable yendo por un camino que solamente reclama más y más liberación personal sin otro propósito que ese.

El problema de la liberación

La debilidad de la defensa de la libertad entendida como liberación está en un olvido, el olvido de la idea de lo «bueno» y la exaltación de «derecho». 

La libertad justificada solo por reclamos y derechos hace de lado a la idea de lo correcto y debido. Uno de los claros riesgos de la liberación personal total. 

Curiosa situación porque la defensa de la libertad siempre parte de que ella es buena. Pero más tarde, cuando se convierte en liberación, olvida la idea de lo bueno y adopta una visión limitada a hacer reclamos y exigir derechos.

Significados de la liberación

La persona liberada dice: «Me he liberado ya de todo mandato moral, del Dios que quiere que yo haga cosas que no quiero. Soy libre al fin y hago lo que quiero y me gusta». Esa es una manera de entender ‘liberación’. No es la única. Hay otras y el contraste es fascinante.

Adiós a la moral

Para unos, la liberación consiste en hacer de lado los mandatos morales. No todos, pero típicamente los que tienen que ver con el sexo y algunos preceptos religiosos.

Es como una libertad que permite poner de lado normas seleccionadas. El resultado en una moral a la carta. La persona según su criterio, preferencia y conciencia escoge qué piensa que le conviene hacer y qué no.

Es como producir una nueva versión de los Diez Mandamientos. Una modalidad flexible, hecha a modo personal (ahora serán dos o tres o cuatro, dependiendo de cada persona, o ninguno). Y pueden modificarse de última hora.

Bienvenida la moral

Para los otros, la liberación tiene otro significado, el opuesto. Liberarse es seguir los mandamientos morales, generalmente los cristianos. La razón central es pensar que esas normas permiten ejercer el control sobre uno mismo y así ser dueños de la vida propia.

Budziszewski lo expresa bien al decir que «Todo acto de auto control nos hace internamente más auto controlados, todo acto de permisividad nos hace internamente más permisivos».

Esta es la liberación buscada, la liberación de lo permisivo. Para los otros, hacer de lo permisivo algo permitido es la liberación personal total que buscan.

La diferencia

El contraste es pasmoso. Para unos es el renunciar a mandatos morales que consideran restrictivos. Para los otros es renunciar a los actos que consideran ablandan su voluntad. Un ejemplo ilustrará esas diferencias tan notables. 

Piense usted en un atleta que se prepara para las competencias olímpicas. Para prepararse sigue un proceso de entrenamiento diario, el que sea. 

Esos son sus mandatos, las cosas a las que le obliga su preparación. Y esa es su liberación, la renuncia a lo que le distraería de su objetivo personal.

Si este atleta se liberara de la disciplina de su entrenamiento, no llegaría a su objetivo. Podría él sentirse liberado de obligaciones molestas, impuestas por su entrenador, pero no lograría lo que quiere. 

Galimatías moral

Más aún, cuando la persona crea sus propias reglas se abre la puerta a que todas hagan lo mismo. Otro de los riesgos de la liberación personal total. El resultado es una variedad de morales personales que entran en un conflicto inevitable. No habrá posibilidades de juzgar a nadie. 

Un ejemplo exagerado, pero real: para algunos, abusar de menores no será falta alguna, pero para otros constituirá una falta terrible.

No habrá maneras de conciliar casos como esos. Será imposible condenarlos cuando el criterio moral ha sido creado por la persona misma a su gusto y conveniencia. 

Y, además, será creado un medio ambiente de permisividad y desmesura. En busca de la liberación moral se logrará un descontrol libertino en el que nada realmente estará prohibido.

La moral viene de la realidad externa

Lo que sucede es que somos una especie que no tiene la capacidad de crear por sí misma su propio código moral uno por uno. Cualquiera que intente hacerlo seriamente tendrá que estudiar de tiempo completo el asunto y mientras lo hace tendrá que seguir el mandato moral de prepararse y saber para hacerlo.

No es nada mala la idea de liberarse, pero antes hay que saber de qué se quiere uno liberar. Algunas liberaciones llevan directo a una esclavitud.

¿Diferencia entre libertad y liberación?

La idea de las tres formas de libre albedrío de Adler ayuda a ver la diferencia.

Tengo la impresión de que en nuestros tiempos hay una mentalidad que interpreta al libre albedrío como una liberación general por la que todo es considerado un freno a la libertad, especialmente la noción de autoridad y la de normas culturales o tradiciones.

Un autor ha expresado de esta manera la redefinición de la libertad para entenderla como liberación absoluta:

«[…] tres revoluciones básicas de pensamiento, redefinen la libertad como la liberación de los humanos de la autoridad establecida, la emancipación de la cultura y la tradición arbitrarias, y la expansión del poder humano y el dominio sobre la naturaleza mediante el avance del descubrimiento científico y la prosperidad económica». Deneen, Patrick J.. Why Liberalism Failed (Politics and Culture) (p. 27). Yale University Press. Mi traducción.

El problema es de consideración para quienes defendemos al libre albedrío pues significa un cambio sustancial. Para defenderse, debe respetarse a sí mismo y eso implica ciertas limitaciones. La liberación, en cambio, no admite esas limitaciones, ninguna.

Las emancipaciones de la liberacción

1. Emancipación de las autoridades

Es la liberación de toda idea de autoridad externa y que convierte a la persona en una autoridad inapelable de su propia conducta.

La persona es autora de sus propias normas y juez inapelable de sus actos. Nada hay fuera de ella que pueda reclamarle la menor autoridad.

2. Emancipación de la cultura

Es la liberación de todo lo creado antes, normas, tradiciones, costumbres, creencias y que se interpreta como un impedimento de la libertad.

La persona, a partir de la nada, creará por sí misma el futuro desde el presente que ella quiera.

3. Emancipación de la naturaleza

Es la liberación de las limitaciones físicas que tiene su cuerpo y el mundo que le rodea, lo que será posible dados los avances científicos y tecnológicos.

Esta liberación está bien ilustrada en:

«El transhumanismo se llevará a cabo mediante ingeniería genética, eugenesia embrionaria y prenatal, nanotecnología y biotecnología aplicada al cerebro y a potenciar las capacidades sensoriales y cognitivas del hombre. Mediante fármacos que controlen el bienestar emocional y reduzcan el impacto negativo de ciertas experiencias actuando sobre los centros de control y neurotransmisores». bioeticaweb.com

En conjunto

Esas tres emancipaciones muestran bien la diferencia entre libertad y liberación, la que puede resumirse en la creencia de ser capaces de regirnos cada uno con una autonomía absoluta.

Para poner esto en una perspectiva más aterrizada en la realidad debemos hacer una pregunta simple.

La de si cada uno en lo individual tiene la capacidad para crear desde la nada una moral nueva, sin autoridad alguna; una sociedad nueva desde la nada, sin atadura alguna al pasado; y crearse una naturaleza nueva personal.

La capacidad requerida en cada persona, para poder realizar eso, sería fenomenal. Piense usted en esa frase de Newton de que le ha sido posible ver más lejos porque estuvo parado en hombros de gigantes. Una manera de expresar la necesidad de los adelantos de otros anteriores.

Me parece una hipótesis demasiado atrevida, en realidad imposible, el que cada persona tenga la preparación, el conocimiento y las capacidades como para construir de la nada todo eso que supone la liberación a la que se aspira. 

Por el contrario, creo sinceramente que nuestra naturaleza, reconociendo su imperfección, hace bien en interpretar al libre albedrío dentro de las limitaciones que existen de autoridades y códigos morales, de los frenos que imponen las tradiciones producto de siglos de experiencias y de la aceptación de esa misma naturaleza sin la que dejaríamos nuestra condición de humanos.

En otras palabras, la liberación está sustentada en la debilidad que tiene la soberbia, la fragilidad de la arrogancia y la flaqueza del orgullo.

En resumen

Lo que he querido hacer es enfatizar que la liberación personal en sí misma no puede ser calificada de buena ni de mala, sin conocerse esos dos elementos:

Desde dónde se realiza la liberación personal, eso que deja atrás, la vieja situación que se abandona —y que significa el abandono de algo.
Hacia dónde se realiza la liberación personal, eso a lo que se dirige, la nueva situación que se busca —y que significa la aceptación de algo.

Finalmente, también he querido prevenir sobre una posibilidad —una que lleva al despeñadero. La de quien en sus avidez de liberación solo pone su ímpetu en lo que abandona y olvida entender cuál es la nueva situación a la que se dirige.

Al menos el lector debe quedarse con una idea, la liberación personal no es solo el abandono de algo, es sobre todo la aceptación de otra cosa. Si la libertad se usa para dejar atrás algo, ella se rinde necesariamente a la aprobación de otra cosa.


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[Actualización última: 2021-05]