Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Herencias e Impuestos
Leonardo Girondella Mora
8 diciembre 2016
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en:


«Causar un impuesto por el simple y fatal hecho de morirse es ridículo» Everardo Elizondo

Las ansias ilimitadas de tener más dinero son un rasgo universal de la naturaleza humana —demostrado en los deseos de aumentar la fortuna propia.

Esta zozobra siempre presente de aumentar los ingresos personales suele ser objeto de crítica moral: un materialismo indebido que revela codicia y egoísmo en los humanos, como una severa falta ética. Un pecado.

Resulta paradójico que esa misma angustia por disponer de más dinero se vea como moralmente positiva cuando la padece otro —cuando la padecen los gobiernos.

Que las personas quieran más dinero es juzgado muy severamente como reprobable y, sin embargo, cuando los gobiernos afirman que desean tener más dinero, eso es una ocasión para celebrar.

Teniendo esa inquietud por aumentar sus ingresos, los gobiernos encuentran ocasiones que manejadas de cierta manera, le crean oportunidades de aumentar sus ingresos —siendo el impuesto a las herencias una de esas oportunidades.

La justificación resulta interesante: la persona que muere, por el hecho mismo de morir, debe pagar al gobierno una cantidad generalmente proporcional a la fortuna que ha acumulado y heredado.

Tiene un cierto humor negro ese impuesto. Si en vida la persona estaba obligada por la fuerza a pagar impuestos, los gobiernos lamentan la pérdida de esa fuente de ingresos y le hace objeto de un último impuesto como un festejo fúnebre.

En una columna de hace tiempo de Everardo Elizondo, «Para Alentar la Confianza» (El Norte, 26 septiembre 2016), se apuntan cinco razones por las que el impuesto a las herencias no tiene sentido —las que uso brevemente añadiendo mis observaciones:

• No parece tener efectos positivos al contrario, tiene «efectos negativos sobre la equidad y la eficiencia» —eso según lo decidido en Suecia, donde ese impuesto llegó a ser del 70% y ahora ha sido anulado.

Esto es un razonamiento basado en resultados reales —a lo que puedo añadir un razonamiento simple: el dinero en manos particulares será consistentemente mejor usado que el dinero en manos estatales. Para la prosperidad, conviene que permanezca en manos privadas.

• Otra consideración práctica: la herencia crea un problema de liquidez al que hereda —por posiblemente carecer de fondos para pagar los impuestos que representan los bienes no líquidos que ha recibido, como una casa.

• Otro punto: « Es absurdo gravar algo que contribuye a fortalecer la “red de seguridad” de los sobrevivientes, que les ayuda a no depender de eventuales apoyos gubernamentales».

Es cierto. Ese impuesto significaría trasladar dinero el gobierno y de allí devolverlo a la población. No tiene sentido pagar los costos de la burocracia, disminuir la autonomía del heredero inmediatamente y luego devolver fragmentariamente lo restante.

• Además, si existiera ese impuesto a las herencias, eso formaría un incentivo al consumo en los últimos años de vida esperada —gastarse todo lo posible antes de que se lo lleve el gobierno, lo que disminuye el ahorro.

Esto daña a la economía evitando la creación de capital, es decir, disminuyendo la productividad y, por ende, la prosperidad.

• Finalmente, un razonamiento de lógica irrebatible: la persona ya ha pagado impuestos sobre lo que tiene —por lo que no hay razón alguna que legitime un impuesto adicional sustentado en el fallecimiento de la persona.

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Elizondo tiene razón. Falta ahora ver las razones que se proponen para justificar el impuesto:

«Eliminar la desigualdad que hay en el país y establecer políticas recaudatorias que garanticen la redistribución de la riqueza acumulada son los dos principales motivos para la iniciativa que propone cobrar impuestos a las herencias». ElEconomista.com.mx

«El jefe de Estado [Rafael Correa] explicó que la Ley de Herencia es justicia social». reforma.com

«Quién recibe una herencia no realizó el esfuerzo de quien acumuló dicha riqueza. Seguramente un padre quiere darles un mejor futuro a sus hijos, pero el impuesto que proponemos no impide que herede y el heredero tiene un compromiso con la sociedad en la que vive. Si él o ella ya heredaron seguramente tendrán parte de su futuro garantizado, a diferencia de muchos que no tienen nada que heredar». AnimalPolitico.com

Puede confiadamente concluirse que las justificaciones de este impuesto son las que caben en la categoría «justicia social/redistribución de ingresos».

Es decir, el impuesto a las herencias como el resto de muchos impuestos, se legitiman con el razonamiento de que los fondos recolectados por la autoridad política serán redistribuidos para lograr que quienes tienen menos ingresos los eleven mediante ayudas y programas sociales.

Entonces en el fondo, este impuesto lleva a la interrogante final —la de quién gasta e invierte con mejores resultados finales, para la prosperidad general, el producto del trabajo de las personas, ellas mismas o el gobierno.

La respuesta es obvia. Y eso sin considerar el asunto de derechos, justicia y simple sentido común.

Nota del Editor

En Estado de Bienestar hay una idea de M. Friedman acerca de los cuatro tipo de gastos que pueden realizarse y que ilumina este tema.

Un amigo tiene una opinión lógica al respecto: «Si se decreta un impuesto a las herencias será necesario también incluir un impuesto a los regalos dados en vida, en cumpleaños y Navidad, y nombrar oficialmente al gobierno como un heredero general de todo ciudadano muerto».

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