Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Para Qué Educarse?
Eduardo García Gaspar
5 diciembre 2016
Sección: EDUCACION, PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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Quizá sea una buena razón, pero de seguro no es la mejor.

Si se preguntara la causa por la que las personas se educan en escuelas y universidades, ella sería la de elevar sus ingresos, ganarse la vida.

Tiene sentido y se corrobora en la práctica esa asociación entre más educación y más ingresos. Por ejemplo:

«Es sabido que la educación es un importante determinante de la posición de las personas en el mercado laboral y los trabajadores más educados tienden a acceder a puestos de trabajo mejor pagos [sic] y, por lo tanto, reducen sus probabilidades de insertarse en ocupaciones de bajos ingresos. Además, en contextos recesivos, los trabajadores con mayor escolarización suelen estar más protegidos frente a la caída de los ingresos». Luis Beccaria – Fernando Groisman

No es un motivo malo, al contrario. La educación mayor suele producir ingresos mayores. Es lógico que los padres quieran que sus hijos tengan buenos ingresos y sean económicamente independientes. Las carreras universitarias serán útiles para esto (claro que dependerá de la carrera; algunas de ellas quizá no produzcan eso).

Muy bien, aceptemos que se desea educación para elevar la fortuna personal, para tener una mejor vida, una posición más elevada. No hay problema con eso, pero sí acarrea una duda sustancial. ¿Es esa la razón principal de la educación?

Seguramente no. En un libro de Christopher Lasch, se menciona algo que es útil en este tema: las ideas de un estadounidense, Horace Mann, a mediados del siglo 19.

Hay otros motivos más importantes, dice, como la difusión de conocimiento útil, la promoción de la tolerancia, la igualación de oportunidades, la elevación de recursos nacionales. el combate a la pobreza, la derrota de «la imbecilidad mental y la torpeza», erradicación de ignorancia y superstición… en fin una buena lista de motivos.

Hasta donde sé, esos motivos le sirvieron a H. Mann para justificar a las escuelas públicas estadounidenses financiadas con recursos de la comunidad local y a cargo del gobierno. Curioso razonamiento, pues al ser tan importante la educación habría sido posible argumentar lo contrario, que no se hiciera cargo de ella el gobierno.

Sea lo que sea, resulta fructífero examinar otras razones por las que la educación es deseable, más allá de servir para elevar el ingreso y la fortuna personales. Hay mucho más que solo eso.

Por ejemplo, razonablemente se supone que una sociedad libre necesita cierto nivel educativo en la gente: las personas ignorantes no pueden al mismo tiempo ser libres. Cierto, pero hay un caveat vital: debe educarse en libertad y para la libertad. La educación en Cuba difícilmente hará esto por buena que sea en otras áreas.

Lo anterior lleva a especulaciones como presuponer que se necesita una población educada si se quiere tener un recurso nacional que produzca prosperidad. Conocimientos básicos de matemáticas, razonamiento, cultura general, solución de problemas y otros similares producen diferencias notables mucho mayores que las de los recursos naturales del país.

Los educados tienen más probabilidad de dejar de ser pobres que los no educados. No es que se vuelvan millonarios, sino que vivirán mejor porque piensan mejor, porque razonan mejor, porque resuelven problemas mejor. Esto es eso de erradicar a «la imbecilidad mental y la torpeza».

También, sin duda, un gran motivo de la educación es la construcción de hábitos positivos, virtudes convertidas en costumbres, como la curiosidad por conocer y saber; o la lectura. Un buen índice de la educación de calidad es el número de libros leídos en promedio al año en el país (con una advertencia usualmente ignorada: el tipo de libro leído). Y también, una conciencia que sepa separar a lo debido de lo no debido.

Hace ya tiempo, un amigo definió el objetivo de la educación. En sus propias palabras: «Quitarnos lo tonto y lo idiota que naturalmente somos». Tiene su punto, aunque expuesto de manera escasamente elegante.

Otra cosa, elevar el vocabulario, saber escribir y hablar con propiedad y con poder explicativo. Esto es un requisito absoluto para el poder razonar y solucionar problemas, que es al final de cuentas la vida humana: tomar decisiones examinando opciones y valorando consecuencias.

En fin, todo lo que he querido hacer es resaltar motivos que hacen a la educación algo deseable, más allá de lo económico. Tan importante que no debía estar en manos gubernamentales, al menos tan marcadamente.

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