Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Caridad Despersonalizada
Eduardo García Gaspar
3 abril 2017
Sección: ETICA, GOBIERNO
Catalogado en: ,


«La caridad no puede ser anónima, impersonal, chata, funcional, repetitiva». Alessandro Pronzato

La caridad ha cambiado. La preocupación por otros ha sido modificada. La compasión ha mutado, ha sido despersonalizada.

Esta reconversión a lo impersonal es un rasgo muy propio de nuestros días. Merece muy bien una segunda opinión.

En su sentido original, la caridad y la compasión resultan obligaciones personales, íntimas propias, intransferibles. Recaen ellas en el individuo concreto y específico, usted y yo. No hay posibilidad de delegarlas, ni de alterarlas.

Es la obligación aceptada por el buen samaritano. Admitida por él, realizada por él. Dos personas antes que él habían visto al herido y ambas lo ignoraron. También en ellas había esa obligación, pero no la reconocieron.

Así se entendía la obligación de la misericordia con los demás. Era la aceptación personal de generosidad y magnanimidad. Ayudar a otros que lo necesitan, sean quienes sean. Es el hacer personal para dar auxilio, socorro y ayuda.

La idea ha cambiado en nuestros días. Se ha despersonalizado. La obligación compasiva ha sido transferida a los gobiernos, quienes son ahora los operadores ejecutivos de la compasión centralizada. Los ciudadanos han transferido esa obligación al estado y se sienten libres de ella. La caridad es ya algo impersonal. Otra función estatal.

Esto es como si el samaritano pasara también de largo y los tres pensaran que el gobierno debiera hacerse cargo del herido y del resto de los necesitados, pobres y miserables. Un mal gobierno es, para ellos, el que no los socorre. Y ni siquiera les pasa por la cabeza que la obligación es realmente de ellos.

Esta transferencia de la obligación caritativa tiene su propia naturaleza.

Es altamente sentimental y está llena de sentimientos humanitarios y de indignación. La situación de los necesitados preocupa e irrita. Produce enojo y llamados urgentes de ayuda, reclamos de combate a la pobreza y programas estatales de ayuda social.

Es altamente colectivista, olvidando a las personas y poniendo su atención en los grupos y segmentos. No hay, para esta caridad impersonal, seres individuales, sino conjuntos, comunidades y colectividades.

Está altamente aislada, viendo en unos reclamos y en otros obligaciones, como si se tratara de la posición de un espectador en un partido de futbol. Solamente se examina sin participar. Solo se grita y se exige que unos den al gobierno para que este dé a los necesitados. El grito y la exigencia es impersonal, jamás se refiere a uno mismo, siempre es a otros.

Es una compasión despersonalizada que exigen que otros sean compasivos por la fuerza. Para esto el gobierno sirve muy bien, pues usando la fuerza podrá quitar recursos a unos para dárselo a otros, en un escenario de malos contra buenos, de villanos contra víctimas.

Es altamente contagiosa, pues atrae y persuade a quienes olvidan la naturaleza personal de la compasión. Usted las ha visto, personas muy religiosas que terminan diciendo que es justo que se centralicen en los gobiernos las ayudas a los pobres, olvidando la esencia del buen samaritano.

La caridad despersonalizada es muy propia de una élite intelectual que entiende a la realidad como un escenario de lucha y conflicto entre colectividades, donde la élite es una especie de guía moral que sufre con los necesitados y se indigna frente a los ricos. A estos últimos asigna la obligación de dar aunque sea por la fuerza. La élite no siente la obligación personal.

En fin, lo que he querido apuntar es el fenómeno de la despersonalización de la compasión y de la ayuda a otros. Bajo esta nueva condición, las inmensa mayoría de las personas dejan de ser responsables, dejan de tener obligaciones caritativas, las que han pasado a los gobiernos.

Y los gobiernos adquieren las obligaciones caritativas mediante el retiro por la fuerza de recursos de terceros, esos que son clasificados como ricos. Es la estatización de la caridad y tiene un efecto natural: convierte a los ciudadanos en creadores de peticiones y reclamos que debe satisfacer el gobierno quitando recursos a otros.

Un escenario que no es sostenible a la larga. Usted no puede modificar a la caridad retirando a la obligación personal que ella contiene para volverla una función gubernamental. Y si lo intenta, eso tendrá consecuencias considerables.

Una buena parte de esta despersonalización de la caridad proviene de la mutación de los derechos humanos, convertidos en reclamos dirigidos al gobierno y sin obligaciones.

La despersonalización de la caridad es parte de un proceso general de despersonalización dentro de una sociedad en la que los gobiernos retiran libertades y obligaciones de las personas para convertirlas en funciones públicas (algo muy marcado, por ejemplo, en la pasada campaña electoral de H. Clinton).

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