Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cercanía de la Verdad
Eduardo García Gaspar
3 enero 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El problema es fascinante. Una paradoja del conocimiento.

Se refiere a si somos capaces de lograr una objetividad perfecta, una imparcialidad pura. La respuesta es, me parece, un no muy claro.

Si somos imperfectos no tenemos posibilidad de objetividad perfecta.

Vamos a suponer un escenario extremo, en el que se acepta que la imparcialidad del conocimiento es imposible, que nunca podremos tener un conocimiento objetivo de la realidad. ¿Qué sucede si se acepta esta idea?

Algo que no es deseable: una situación en la que cualquier cosa que diga cualquier persona recibe el mismo valor que lo que sea que diga cualquier otra persona. Para entender este escenario: sería igualmente (des)acertado decir que la Tierra es plana que decir que es redonda.

Entonces, hasta aquí, tenemos las dos condiciones que presentan esa paradoja del conocimiento.

• Somos seres imperfectos, lo que significa que no podemos alcanzar la objetividad plena, ni la imparcialidad pura.

• Dado lo anterior, debemos reconocer que no es posible tener conocimientos perfectos y objetivos, lo que nos obliga a aceptar que cualquier opinión es valiosa, al menos de igual valor que las demás.

¿Debemos en serio aceptar esa conclusión de no poder conocer la verdad objetiva e imparcial? Esto nos haría relativistas en su total dimensión, algo que me imagino que nadie quiera y que no tiene mucha lógica.

¿Hay solución? Sí, la que usted ya se imagina: si bien no tenemos posibilidad del conocimiento total objetivo e imparcial, sí tenemos otra posibilidad, la de la cercanía con ese conocimiento total. Los adelantos científicos son una prueba de esa posibilidad de cercanía.

Sabemos que la Tierra no es plana, que es más bien un elipsoide, o incluso algo más acertado, un geoide.

Los adelantos científicos muestran que puede existir la cercanía con la verdad, con el conocimiento imparcial. No es una garantía de avance siempre hacia la reducción de la distancia, pero aún así, el concepto subsiste: podemos acercarnos y alejarnos de la objetividad perfecta.

Lo que nos conduce a otro problema. ¿Cómo saber qué tan cercanos estamos de la verdad, de la objetividad?

Las ciencias nos ayudan dando explicaciones que pueden ser comprobadas, como el vuelo de un avión: es obvio que los conocimientos sobre los que está basado están muy cerca de la verdad, igual que la comprobación de las ideas de A. Einstein mediante un eclipse.

También, tenemos ayudas como la idea de K. Popper: «El conocimiento científico no avanza confirmando nuevas leyes, sino descartando leyes que contradicen la experiencia». Lo que pone en grandes apuros, por ejemplo, a las ideas de S. Freud y a otras.

En los asuntos no sujetos a ser comprobados científicamente, en laboratorios, en estudios, en comprobaciones prácticas, tenemos entonces un problema que no puede resolverse así. ¿Qué hacer?

Tome usted a, por ejemplo, la discusión sobre la existencia de Dios, los conceptos de bueno y malo, los milagros, la conciencia humana, la libertad. Estamos en un terrenos distinto al científico y que sería ridículo negar por no sujetarse a ser estudiado científicamente.

Entra aquí en ayuda nuestra eso que llamamos lógica, el arte de pensar correctamente, de encontrar la verdad por medios racionales. No está mal, nada mal, aunque tiene el inconveniente de no ser tan fácil de ser aceptado por no ser tan convincente para la mente actual como la ciencia tangible.

Más otro tipo de conocimientos que son más complejos y suelen estar afectados por creencias previas personales. La discusión entre socialistas y capitalistas es un ejemplo notable, como la del aborto, en las que aún las evidencias racionales no son capaces de convencer acerca de la cercanía con la verdad. La contundencia de los argumentos es menor.

En fin, la paradoja que presenta la imperfección humana que lleva a la imposibilidad de la objetividad pura del conocimiento no nos lleva necesariamente a la desesperación del relativismo. Es posible entender que podemos acercarnos a la verdad, o alejarnos de ella, es decir, no, no todas las opiniones valen lo mismo.

Post Scriptum

Piense usted en quien niega la posibilidad de que seamos objetivos, imparciales, conocedores de la verdad; para quienes todo tiene igual valor. Pues sí todo tiene igual valor entonces da lo mismo ser imparcial que no serlo, acercarse a la verdad que alejarse de ella, por lo que el reclamo de querer ser imparcial no tiene sentido.

Y, peor aún, si se asegura que es imposible el conocimiento imparcial se está asegurando también que eso que dice es verdadero e imparcial. No tiene sentido.

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