Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Noble y Libre Salvaje
Eduardo García Gaspar
12 enero 2017
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La repetición va de la mano con la necedad. A fuerza de reiterarse sin medida, las cosas adquieren auras de doctrinas intocables.

Sucede con frecuencia en las citas de frases célebres y no es que ellas sean malas siempre sino que algunas sencillamente no soportan un examen más cercano

Tomemos una de ellas, la que hace referencia a la noción del hombre en un estado natural, incluso salvaje, creryendoo que él es libre. En una fuente estándar se dice:

«Su herencia [de J. J. Rousseau] de pensador radical y revolucionario está probablemente mejor expresada en sus dos frases más célebres, una contenida en El contrato social, «El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado», la otra, presente en su Emilio, o De la educación, «El hombre es bueno por naturaleza», de ahí parte su idea de la posibilidad de la educación». es.wikipedia.org

Es lo que produce «el mito del buen salvaje»: un hombre noble y bueno, sin vicios y libre, que en la sociedad es echado a perder.

Parte de esa idea general repetida y reiterada es la creencia de que el hombre primitivo, el salvaje que no vivía en una sociedad, era realmente libre; y ya no lo es, pues la sociedad lo ha encadenado; ha perdido su libertad anterior.

¿Es cierto eso? La única manera de saberlo con evidencias tangibles es ver filmaciones de la vida real de esos nobles salvajes en tiempos inmemoriales. Ya que esa es una imposibilidad, podemos recurrir a la imaginación propia y pensar cómo sería nuestra vida en esos tiempos.

No sé usted, pero imagino mi existencia llena de preocupaciones y tareas de las que depende mi supervivencia. Cultivar, criar animales, construir una vivienda, hacer ropa, cuidarse de animales feroces, sufrir enfermedades, pero sobre todo una cosa: cuidarme de otros hombre que quizá quieran apoderarse de lo que necesito para vivir y hacerme su esclavo.

Bueno, y para tratar de protegerme de esos ataques de otros, quizá acepte la protección que me ofrezca alguien de quien tendré que depender sin estar muy seguro de que no abusará de mí.

Libre, lo que se dice libre, no lo seré en esas circunstancias. Se es mucho más libre en una sociedad en la que se tiene un estado de derecho y el progreso logrado así me permite tener tiempo libre. De mi parte, le pueden decir a Rousseau que prefiero mi libertad en estos momentos que la libertad que él suponía que se tenía en los tiempos del noble salvaje.

Mi punto es simple: la libertad es un producto posible dentro de una sociedad y creado por la creencia en la dignidad humana. No puedo imaginarme al salvaje noble argumentando con quien quiere robarle sus animales cazados que él posee libertad y que debe respetar sus derechos naturales.

E incluso dentro de una sociedad, la idea de libertad necesariamente ligada a la dignidad humana que sirve de fundamento a las leyes, no es una creación inmediata. Piense usted en lo que le pasaría si usted se niega a obedecer a un emperador azteca, o a un faraón egipcio.

Ha sido un largo proceso de maduración de la idea de la libertad, del estado de derecho, de los derechos naturales. Aún estamos en ese proceso de maduración y hemos tenido regresiones, como la URSS, Cuba, el Islamismo y, también, el fenómeno actual del estado benefactor y el estatismo.

La libertad, por tanto, es propia de tiempos recientes y producto de ideas acerca de la dignidad humana y los derechos naturales. La libertad puede tenerse solamente en sociedad y en una en la que exista un marco moral que respete a la persona y a sus propiedades.

Un marco moral expresado en leyes, costumbres y valores que permita a las personas tener una confianza razonable en un futuro estable y ajeno a, por ejemplo, abusos de su gobierno.

Esto tiene consecuencias, por ejemplo, en la idea de la mano invisible, esa idea de que las personas por sí mismas, actuando individualmente y siguiendo su propio interés, crean un orden espontáneo positivo para todos como nadie más podría producir.

Eso es cierto, pero la mano invisible necesita de ciertas condiciones, de ese marco general de ideas que se respetan y que producen normas que hacen reprobable al robo, al engaño, al dañar a otros, y que incluso acarrean castigos si no son respetadas.

Comencé con la idea del salvaje que en tiempos idos se considera que era libre y que nos produce envidia pues, supuestamente, la sociedad nos encadena.

No sé usted, pero en mi parecer, creo que puede probarse que la cosa es la revés. La libertad es un producto actual, muy reciente y del que aún recelan demasiados. Y solamente puede tenerse en una sociedad abierta que vive en un estado de derecho basado en normas y valores morales.

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