Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Futuro Sin Vikingos
Eduardo García Gaspar
21 agosto 2017
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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No creo que sea complicado. Es un asunto de incentivos y motivaciones.

Podemos comenzar con una situación hipotética, aunque con una base histórica.

Suponga usted que tiene un campo con una casa, en la que siembra y tiene algunas gallinas. Vive más o menos bien, para la época, que es el siglo 8, alrededor de Sevilla o Lisboa.

Piensa usted mejorar su propiedad, de la forma que sea, quizá con un nuevo techo y sembrar para cosechar el año que viene. Resulta, sin embargo, que hay una variable imprevista que causa incertidumbre: las invasiones vikingas que saquean periódicamente la zona.

Eso cambia las cosas. Usted no estará muy motivado a sembrar si no tiene una razonable certeza de recoger los frutos en unos meses más. Usted ha dejado de hacer cosas para el futuro y tal vez no le interese reparar el techo de la casa que quemaron los vikingos la última vez que invadieron la zona.

La variable central en esas decisiones es la confianza razonable en el futuro, la suficiente como para que usted decida trabajar hoy y disfrutar sus resultados más adelante. Es una suspensión voluntaria de su trabajo hoy, del empleo de sus recursos y sus talentos.

La consecuencia es un futuro malo en relación al que se tendría en caso de que los vikingos no hicieran sus incursiones de saqueo. Y, si eso sucede, entonces quizá a usted o a otro se le ocurra construir un molino de agua. Toda una inversión que necesita a ese sentido de un futuro confiable.

Muy bien, suena todo eso muy bien, pero falta definir una cosa. ¿Qué es un futuro confiable para usted en esa situación? Que no invadan los vikingos, me dirá. Correcto. Eso significa que futuro confiable es la creencia en que usted disfrutará mañana de los frutos de su trabajo de hoy.

Esa es la clave: usted no quiere vikingos en su futuro, es decir, no quiere incertidumbre. No quiere vivir con el riesgo de que alguien llegue y le robe sus propiedades, ni lastime a su familia. Lo fascinante de esta situación es que los vikingos ocupan un lugar que otros pueden tomar.

Si no hay ya vikingos, puede haber bandas de ladrones que van por el país robando y saqueando. Puede haber invasiones de otras tierras y naciones. También, puede ser que el monarca en turno decida ir a la guerra con su vecino para reclamar su trono y decretar un impuesto que a usted le significa perder gallinas y cosechas.

Lo que bien merece una segunda opinión es pensar en un futuro sin vikingos cuyos saqueos crean incertidumbre y eso impida el trabajo actual que da resultados futuros. ¿Para qué construir un molino de agua si pasado mañana lo queman los vikingos? Se pierde lo que así se hubiera producido.

Nada de esto es ideológico, ni teórico. Es simple sentido común. La lección es un principio obvio: usted se sentirá motivado a trabajar en el monto en el que los frutos futuros de ese trabajo puedan ser gozados por usted y quien usted decida.

Ahora vamos a otra situación, en la que el riesgo de los saqueos vikingos ya no existen. Los vikingos se han refinado mucho y comprendido que en cada saqueo obtienen menos porque la gente trabaja menos. Han entendido el principio anterior y le proponen a usted un trato.

Vendrán cada año y le confiscarán el 40% de los frutos de su trabajo. No es una buena situación, pero es mejor que la anterior cuando le confiscaban todo y quemaban su casa. Usted acepta, pero lo hace con desgano pues casi la mitad de los resultados de su trabajo le será confiscado. Y, peor aún, usted sufre además los saqueos de bandas de ladrones.

Los vikingos, al cabo del tiempo, se dan cuenta de que recogen menos de lo que esperaban y deciden hacer algo realmente novedoso. Le dicen a usted que cada año pasarán a recoger solamente el 10% de los frutos de su trabajo y que a cambio de eso le darán servicio de protección contra invasiones de otras partes y contra ladrones.

La cosa ha cambiado totalmente. Los vikingos refinados seguramente recogerán más de lo que esperaban y cada año en aumento. Usted piensa que el intercambio vale la pena y se siente motivado a trabajar confiando en un futuro razonablemente seguro. El resto de sus vecinos pensará igual y todos serán menos pobres, o más ricos, como quiera usted verlo.

El punto es ese principio de conducta humana: las personas trabajarán más y con más esfuerzo en la proporción que calculen que podrán gozar mañana de su trabajo presente. Esa confianza en el gozo futuro es el principal motivador del trabajo y el incentivo central de la innovación.

Toda política económica que no considere ese principio estará mal diseñada y tendrá alta probabilidad de fracaso.

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