Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Conciencia: Precisiones
Eduardo García Gaspar
21 marzo 2017
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


¿Qué es la conciencia?

Un elemento interno. Algo que tenemos de manera innata. Le llamamos con esa palabra ‘conciencia’.

Una especie de disposición natural a reconocer lo bueno y lo malo. Más una inclinación a hacer lo bueno y evitar lo malo.

El punto clave es que eso está en la misma naturaleza humana. Es parte de nuestra esencia, como si lo tuviéramos escrito internamente. Tiene su nombre especializado, es la palabra ‘sindéresis’:

«Del griego “syntéresis” (discreción) que deriva, a su vez, de “syntéreo” (estar atento, observar) el término sindéresis se refiere a la capacidad del alma para distinguir el bien del mal, para captar y reconocer los primeros principios morales».webdanoia.com

Más aún:

«Santo Tomás considera la sindéresis como el hábito intelectivo (inclinación/disposición a conocer) de los primeros principios del orden moral, no adquiridos mediante un proceso cognoscitivo, sino conocidos naturalmente. Así como existe un hábito intelectivo innato de los primeros principios de la vida especulativa (como los de identidad y de no contradicción), que se llama «inteligencia de los principios», de la misma manera existe otro hábito de los primeros principios de la vida práctica (en primer lugar: «hay que hacer el bien y evitar el mal»), que es precisamente la sindéresis». mercaba.org

Insisto en ese punto clave, el de ideas sobre el bien y el mal y que no son producto de lo externo. Son, o mejor dicho, están dentro de cada uno de nosotros por el hecho de ser humanos.

Esto tiene consecuencias: quien no sea ya capaz de distinguir entre lo bueno y lo malo siquiera crudamente y, por eso, sea incapaz de sentir responsabilidad (culpa o mérito) por sus acciones, sufre una perturbación en su naturaleza.

El «silencio de la conciencia» es un trastorno aún peor que el actuar mal y sentir culpa:

«Quien ya no se da cuenta de que matar es malo ha caído más que quien aún reconoce lo vergonzoso de sus acciones, porque el primero está más alejado de la verdad […]». Benedicto XVI, On Concience.

Esto tiene una debilidad sustantiva cuando no se pone sobre la mesa otro elemento de la conciencia, la universalidad. Me explico.

Si por conciencia se entiende una disposición natural hacia el bien y un rechazo natural del mal, y eso se deja así nada más, se corre el riesgo de hacer que la conciencia sea igual a la creencia personal más o menos racionalizada de cada uno. Esto llevaría al relativismo moral y, entonces, se concluiría que la conciencia dice cosas distintas a cada persona.

La conciencia es esa predisposición igual en todos, una constante humana. Tiene el mismo contenido. No es jamás el producto de una racionalización personal que justifica alguna creencia individual que crea diferentes concepciones del bien y del mal.

La conciencia es como una «voz de la verdad» dentro de la persona misma y frente a la que se somete voluntariamente (de allí el gran valor de la libertad humana). Eso es lo que permite otras precisiones sobre la conciencia.

Primero, quien sea una persona de conciencia no hará de lado a la verdad, incluso cuando el hacerlo le presente ventajas de fama, de éxito y riquezas. Y, si acaso llega a sucumbir en algún momento, sentirá culpa y corregirá.

Segundo, quien sea una persona de conciencia entiende que sus deseos y gustos pueden no corresponder a lo indicado por su conciencia. A ella no se le puede manipular haciéndole creer en racionalizaciones cómodas que justifiquen lo anhelado.

Tercero, quien sea una persona de conciencia actúa con dirección. La dirección de la verdad, que es la única posible para no perder rumbo.

Cuarto, quien sea una persona de conciencia entiende a la libertad de una cierta manera muy distinta a la actual. En nuestros días la libertad se entiende como el poder hacer lo que uno quiera, sea lo que sea. La conciencia plantea a la libertad como la oportunidad de hacer lo que se debe hacer. Todo puede hacerse, pero no todo debe hacerse.

Quinto, quien sea una persona con conciencia ha pulido, refinado y educado eso que estaba dentro de ella, la tendencia natural a hacer el bien y evitar el mal. Ha dado significado real a lo que ya traía dentro escrito en su mente.

Sexto, quien sea una persona con conciencia encontrará una admirable coincidencia de creencias con otros que hagan lo mismo. Esta es la universalidad que produce la conciencia educada. Sí, habrá discusiones y desacuerdos, pero todas ellas estarán iluminadas por las mismas nociones centrales.

¿Por qué hablar de esto?

Una razón. En nuestros tiempos, mucho me temo, la educación se esfuerza más por acallar la conciencia que por instruirla.

Post Scriptum

Para está columna me apoyé en la obra de Benedicto XVI, On Concience, de la que saqué los entrecomillados no asignados en el texto principal.

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1 comentario en “La Conciencia: Precisiones”
  1. Celia Palacios Dijo:

    Su artículo me parece excelente para hablar de un tema que no todos están dispuestos a reflexionar, sobre todo porque no asocia el concepto de conciencia a ninguna religión o corriente espiritual (no porque sea malo esto, sino porque lo aleja de ciertas personas bienintencionadas que han tenido malas experiencias con el clero moderno).
    Es decir, usted ha tratado un tema de la manera más “ascéptica” posible, y lo ha hecho con éxito.
    Le deseo la máxima divulgación posible y que usted no se aleje de estos temas y pueda incidir en la educación de nuestro país, que lo necesita. Si requiere de una “mano amiga”, cuente conmigo.
    NOTA DEL EDITOR: gracias por su comentario; quizá usted quiera ayudarnos difundiéndolo. Gracias anticipadas.





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