Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Opciones de Orden Económico
Eduardo García Gaspar
30 marzo 2017
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No es simple. Comprenderlo requiere cierto refinamiento.

La sociedad es un ente muy complejo. Complejo y frágil cuyo funcionamiento debe ser mejor comprendido antes de decidir el orden de su diseño.

Bien vale esto una segunda opinión para valorar propuestas de gobierno. Comencemos por el principio.

Suponga usted un país cualquier con un gobierno democrático y republicano. Un régimen de libertades, en el que el gobierno tiene una responsabilidad vital. Está a cargo de proteger esa igualdad de libertades, a las personas y a sus bienes. Un estado de derecho fuerte y sólido.

¿Qué sucederá en esa sociedad? Un libro da una respuesta directa y real:

«[…] hace posible la evolución de un creciente complejo orden de cooperación voluntaria y espontánea» Hayek, F. A. The Fatal Conceit.

Esto es un gran descubrimiento. Esa sociedad de personas libres produce una compleja red de procesos de colaboración mutua. El talento en uso de las personas produce eso que es contribuciones, colaboraciones y especializaciones complejas, enredadas y enmarañadas, que no podrían haber sido previstas.

Pero sucederá eventualmente algo que parece ser inevitable.

«Tarde o temprano, sin embargo, [los gobiernos] tienden a abusar de ese poder y suprimir la libertad que tenían asegurada antes para implantar su propia supuesta mayor sabiduría y no permitir que “las instituciones sociales se desarrollen de manera desordenada”». Ibíd.

El aviso de precaución es claro. La sociedad libre que ha creado esa complejísima red de procesos de colaboración tiene siempre una apariencia desordenada que resulta repelente a muchos. Y, no siendo una red perfecta, la visión será la de un desorden que debe ser corregido.

Esto es lo que sucede en la mente de muchos. Ven en el complicado sistema de redes de cooperación algo incomprensible a primera vista. Y tienen razón, pues no es nada sencillo entender eso que resultó de la planeación de nadie, del diseño de ninguno. El asombro que eso causa con facilidad se convierte en reprobación.

Más aún, esas redes de cooperación no son perfectas, ni producen resultados ideales; y son dinámicas, lo que las hace imposibles de evaluar en momentos concretos sin ver su movimiento.

En fin, se crea una tentación irresistible para el gobernante. Hoy, mañana o pasado mañana, sin remedio, surgirán gobernantes, teóricos, filósofos, activistas, académicos que tendrán una idea: «Yo puedo ordenar ese desorden y yo puedo corregir sus fallas».

Comienzan así las acciones que hacen desaparecer las libertades que crearon ese desorden social. Conforme el gobernante impone su idea de orden, se pierde el orden impuesto por las personas y sus iniciativas libres.

Esta tentación irresistible para el gobernante está bien expresada en el caso mexicano (pero que no es excepcional)

«[…] lo primero que debemos hacer es recuperar democráticamente al Estado y convertirlo en el promotor del desarrollo político, económico y social del país. Hay que desechar el engaño de que para crecer el Estado debe diluirse o subordinarse en beneficio de las fuerzas del mercado». López Obrador, A. M., 2018 La salida: decadencia y renacimiento de México.

No es diferente a la intervención de Trump en esa compleja red de colaboración para imponer su idea de orden alterando libertades de comercio libre.

La cuestión es, por tanto, la respuesta a cómo se crea un orden mejor de cooperación y colaboración entre las personas de una sociedad, mediante la espontaneidad de la conducta libre de personas o por medio de la implantación de un diseño central. Esta es la gran pregunta.

Con la ventaja de que puede ser contestada razonablemente. Hay medios para hacerlo. Puede usted acudir a un análisis teórico, plenamente racional; o a las evidencias que existen en un sentido o el otro; e incluso a la prudencia, examinando las consecuencias no intencionales de cada opción.

Esta última, el examen de los efectos colaterales indeseables es usualmente descuidada a pesar de su importancia. Un par de ejemplos.

Uno, no espere que ninguna de las opciones sea perfecta. Las dos tienen sus fallas. No debe cometerse el error de comparar las fallas de una con el desempeño ideal de la otra. Deben admitirse fallas. Este mundo no es perfecto.

Dos, incorpore la desventaja de la acumulación de poder en el gobierno. Me refiero al viejo principio de Montesquieu, de que todo poder tiende a ser abusado. La mejor solución, ceteris paribus, es la que menos poder otorgue al gobierno.

En fin, solamente quise poner sobre la mesa la idea de esas dos opciones acerca de quién diseña a la sociedad, y hacerlo sin prejuicios como un problema racional que es quizá el mayor de todos para poder tener una sociedad próspera.

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