Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Optimismo Imprudente
Eduardo García Gaspar
14 marzo 2017
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una venta de utopías. Promesas de mundos ideales. Usted las ve en las campañas políticas, cuando los candidatos hablan prometiendo acciones que resolverán problemas.

Pero también las encuentra en libros, en periódicos, en clases de escuelas y universidades. Abundan y son muy clásicas en las propuestas intervencionistas y socialistas: es posible tener un mundo ideal si tan solo se hace esto y lo otro.

No es algo nuevo. Tiene sus siglos, quizá desde la Ilustración, un

«[…] movimiento de renovación intelectual, cultural, ideológica y política que surgió en Europa, como resultado del progreso y difusión de las Nuevas Ideas y de los nuevos conocimientos científicos; los mismos que iluminaron la mente de los hombres, a la vez que contribuyeron a modificar su espíritu. La ilustración alcanzó su mayor desarrollo en el siglo XVIII, llamado, por ello “Siglo de las Luces”» MiHistoriauniversal.com

Todos los avances que allí comenzaron produjeron un gran optimismo y no era para menos. La razón fue exaltada pero se encontró con un problema que no podía negarse: las personas no siempre se comportan racionalmente. ¡Ah, pero si ellas lo hicieran, este sería un mundo ideal!

El contraste entre la realidad de muchas conductas supuestamente irracionales y el ideal del comportamiento racional necesitaba una solución. Gracias a la solución el mundo sería maravilloso, ideal, con todos comportándose racionalmente.

Muy bien, pero el problema es claro, se trata de dar respuesta a cuál es esa solución que permitiría llegar a esa sociedad ideal en la que imperara la razón. La Ilustración no dio una gran respuesta concreta más allá de «la panacea de la libre discusión y la libertad», como escribió A. MacIntyre.

La fórmula para llegar a la sociedad perfecta fue esa precisamente, la de fomentar la educación de todos y hacerlos libres. Los libres y educados producirían esa sociedad ideal futura. No es una mala idea, al contrario.

Puede acusársele de imprecisa con bastante razón, pero aún así no puede ella desligarse de la naturaleza humana. Hay en ella capacidad de pensamiento y decisión, lo que sería absurdo sin libertad. Muy bien, la libertad debe defenderse, especialmente contra las amenazas gubernamentales y la educación debe elevarse para todos.

Curiosamente la educación poco a poco terminó en manos de los gobiernos, ese ente que amenaza a la libertad. Curiosa paradoja que muestra la irracionalidad que se mantuvo a pesar de niveles de educación crecientes en casi todo el mundo, especialmente en los países desarrollados.

La solución no dio el resultado esperado. Era demasiado optimista. La mayor educación aunada a la mayor libertad no borró las conductas irracionales.

Entre 1816 y 1965 hay un total de 74 guerras internacionales. Las utopías políticas de la URSS, China y Camboya solamente produjeron millones de muertes. Y eso sin mencionar las hambrunas causadas por medidas gubernamentales, ni el Holocausto.

La solución de la Ilustración fue demasiado optimista, un vicio que compartieron Marx y Hitler al ver futuros ideales según sus teorías pronosticaban. Y es que había sido ignorada una constante: esa irracionalidad humana, o mejor dicho, su imperfección. Erramos, fallamos, hacemos lo que no se debe; tenemos vicios y defectos.

Cierto, al mismo tiempo, acertamos, hacemos lo debido, practicamos virtudes, descubrimos, pensamos.

En fin, somos una llamativa mezcla de aciertos y errores que nos debe hacer aceptar una imperfección inevitable. Piense usted, por ejemplo, en esto. Para la Ilustración era posible lograr una moral sólida por medio de la razón y ella sería aceptada por todos los educados que usaran su cerebro.

La realidad fue que proliferaron una serie de códigos éticos que volvieron a las decisiones un asunto de selección de opciones cómodas y acomodaticias, que siguen multiplicándose hoy en día.

¿Qué sucedió? Esa falla del optimismo desorbitado, de la euforia desmesurada, que causa el creer que se ha encontrado una solución a la imperfección humana. Lo siento mucho, pero no la hay. Aceptando eso viviremos mejor.

Viviremos mejor por una razón, así nos desharemos de las utopías, de los mundos perfectos, de las propuestas sociales irreales que tanto daño han producido. Algo que hace aconsejable eso que podemos llamar pesimismo prudente (un rasgo muy convincente del conservadurismo).

Por mi parte, he aprendido a sospechar de todas aquellas propuestas que creen tener soluciones sencillas. Soluciones como una muy llamativa: si el gobierno reduce la desigualdad se remediará la obesidad.

Propuestas que provienen de personas imperfectas en los gobiernos para obligar a personas imperfectas a dar resultados perfectos.

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