Cristianos y liberales 

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Pongamos al liberalismo frente a frente con el cristianismo.

El resultado usual, con notables excepciones, es un choque opositor. El cristiano, con frecuencia, reprueba al liberalismo (aún recuerdo al sacerdote que hablaba con vehemencia en contra del «salvaje capitalismo manchesteriano»).

Al menos, en lo general, el cristiano recela y sospecha del liberalismo.

Lo contrario, o casi, sucede cuando se ponen frente a frente el socialismo y la religión, entre los que suele darse al menos una simpatía amistosa, si no alianzas abiertas (como aconteció con la teología de la liberación).

Veamos esto con cierto detenimiento.

El liberalismo y el cristianismo, vistos sin aspavientos, pueden convivir sin problemas mayores.

Uno de ocupa de cosas materiales, de este mundo, con ideas que toman a la libertad humana y la propiedad personal como cimientos de la prosperidad material. El otro se ocupa de cosas espirituales, del mundo futuro, con ideas que se fincan en el amor a Dios y al prójimo.

Entre ellos llegan a chocar cuando se invaden mutuamente. El liberal que dictamina asuntos cristianos y el religioso que ordena asuntos económicos, son quienes causan esos conflictos.

El sacerdote que apoya políticas económicas socialistas y el liberal que fomenta creencias opuestas al cristianismo son culpables de ese conflicto que no debería existir.

El socialista, en cambio, logra la simpatía de muchos cristianos, porque coincide con ellos en el motivo de la caridad y la compasión. Cristianos y socialistas, motivados por las ansias de ayudar a los desfavorecidos, suelen apoyarse mutuamente proponiendo medidas económicas que son contrarias al liberalismo (y que usualmente fracasan).

El liberal, entonces, al oponerse a las medidas socialistas, que también apoyan algunos cristianos, da la apariencia de estar en contra del cristianismo. No lo está en realidad, sino que solamente se opone a las medidas socialistas que proponen algunos cristianos. Pero, como este caso es frecuente, el liberal adquiere la apariencia de oponerse al cristianismo.

¿Qué sabe el experto en Economía acerca de la Teología, y qué sabe el experto en Teología acerca de la Economía, como para opinar con fuerza y enjuiciar severamente? Usualmente extraordinariamente muy poco.

Pero, cuando lo hacen, sucede algo negativo, el cristiano se vuelve un compañero inconsciente de viaje del socialista y un promotor de políticas económicas que generalmente terminan en fracaso.

Sin darse realmente cuenta de los efectos colaterales de su apoyo al socialismo, el cristiano muy bien termina por apoyar decisiones que lastiman a esos a quienes busca ayudar.

La solución del conflicto es obvia, la combinación de sabiduría, prudencia y humildad en todos. Una mezcla que, sin embargo, es poco común y causa la irrupción de conflictos que en realidad carecen de razón. Pero, en fin, así es la vida dada nuestra imperfección.

Las palabras de un amigo ilustran esto admirablemente:

«Es mi compasión por los pobres, mi deseo de ayudar a que mejoren su vida material que me convence a apoyar las ideas económicas que más prosperidad producen y esas son las políticas liberales. Esto es lo que me ha convertido en alguien odioso para el socialista y alguien sospechoso para el religioso».

Y una cosa más…

Apunto algo que me parece notable. El liberal sostiene como mayor valor a la libertad y esta, me parece, es también un gran valor para el cristianismo. Que ninguna de las dos partes se dé cuenta de ello es un gran misterio de nuestros tiempos.

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